
Comentarios al libro:
La verdad es que esperaba llegar a las fechas relatadas en el libro por lo importante que son históricamente.
El preámbulo es un tanto largo, pero muy, muy interesante. Yo tenía a Cole como un socialista marxista, pero desde las agudas críticas a Marx en el II volumen, ya veía a alguien dentro del socialismo pero no del marxismo (no, no son lo mismo, jóvenes marxistas deslumbrados). En este preámbulo Cole se define como socialista gremial. Es muy interesante también sus críticas al despotismo bolchevique, sus denuncias de la masacre de Kronstadt, en fin, de la llamada Dictadura del proletariado.
Ya entrados en el texto, el primer capítulo es una chulada: narra la convocatoria de la llamada Conferencia de Zimmerwald (mayo 1915) por la casi difunta segunda internacional, donde mientras Lenin llama a hacer de la primera guerra mundial un pretexto para desatar la revolución mundial (estupidez enorme), la mayoría de la Conferencia solo quiere conseguir detener la guerra y obtener la paz... Aunque como hemos visto antes, en Alemania los socialistas y marxistas votarían los créditos para la guerra (diciembre 1915). Semejantes locuras marxistas solo pueden dar un espectáculo cómico y yo, claro, lo estoy disfrutando como enano. La Conferencia posterior a inicios ya de 1916 dan un giro, pues se habla ya de que la paz solo será cuando el proletariado salte el poder político. Tontería enorme, pero bueno, un cambio al fin de cuentas en estas locuras rojas. Vinieron después otras discusiones principalmente con el centro de atención la guerra, lo cual influyó también en la aceptación humillante del Tratado de Brest-Litovsk del que he escrito y hablado mucho en tiempos pasados.
Un capítulo tremendo le sigue a este, llamado "Las dos revoluciones rusas de 1917". Es en verdad de lo mejor que he leído en años. Bastante preciso, directo, imparcial y crítico al mismo tiempo. Narra los inicios de la revolución, los problemas de los bolcheviques para tomar el poder político y los giros que tuvieron que dar para llegar al mando del gobierno. De Kronstadt habla un poco, aunque demasiado poco, solamente para indicar como procedieron en los inicios de la revolución. Esperemos el ataque cobarde del bolchevismo a Kronstadt sea narrado más adelante.
Alemania durante la guerra es otro capítulo maravilloso, bien documentado y detallado. La influencia de Marx en lo que se llamó "La gran Alemania" es denunciada correctamente por Cole, porque evidentemente y como dijo Bakunin en sus días, ese germanismo conducía a la primicia de Alemania sobre los eslavos, pero además significaba un acercamiento peligroso, pero lógico en el marxismo, hacia Bismarck.
Narra también las divisiones en el Partido Social Demócrata cuando muchos de ellos votaron los créditos de guerra y adoptaron una posición alejada de la lucha de clases en favor del nacionalismo alemán.
Respecto de la revolución rusa, en Alemania causó gran revuelo en las filas social demócratas la idea de dictadura del proletariado, pero para posicionarse en contra, porque decían que en realidad era la dictadura de los bolcheviques y en especial de los cercanos a Lenin. Pero lo más curioso es que quienes, con Kautsky, denunciaban la dictadura del proletariado, giraron no en sentido revolucionario, sino hacia la derecha
La revolución en Alemania surgió, no de un proceso revolucionario como tal, sino del desastre de la pérdida de la guerra de Alemania contra los demás países. Los ataques de los Aliados demostraron que el ejército alemán no podía combatirles y ante la presión por continuar la guerra comienzan los amotinamientos de Marinos, lo que llevó poco a poco la huelga en varias ciudades hasta hacer caer gobierno tras gobierno; el poder caido de esta manera, sin apenas derramar sangre, cayó en manos de quienes estaban dispuestos a tomarlo, en general socialistas y grupos de Obreros y soldados.
Sin embargo la mediocridad del socialismo alemán era visible cuando, a pesar de sus diferencias entre Independientes y Mayoritarios, ambos apostaban por una revolución burguesa hecha desde las instituciones estatales. Se negaba incluso a llamar a la socialización de los medios de producción por considerarlo apresurado según las tonterías dichas por Marx para que se procediera a la socialización solo cuando los medios de producción capitalistas estuvieran desarrollados... En ese entendido, el marxismo debe ser capitalista para lograr la socialización
En fin, que en las elecciones no lograron siquiera la mitad de los votos los socialistas, que además estaban divididos entre Independientes y Mayoritarios. El fisco de esto significó las matanzas de trabajadores por los reaccionarios, pero lo curioso del asunto es que el socialismo no apelaba a la toma de los medios de producción porque eso significaría, en el contexto de la firma del Tratado de Versalles, que los Aliados impusieran mayores restricciones a Alemania e incluso que se ligara la revolución alemana a la rusa y se diera el golpe a las dos revoluciones. Esto es medianamente entendíble pero ¿Porque no comprenden que es algo similar lo que pasó en la España de 1936, para la que se lanzan de lo lindo a decir tonterías sin comprender el contexto internacional?
En fin, que la Constitución de Weimar vino a sepultar toda aspiración hacia el socialismo. Téngase en cuenta una cosa fundamental: el socialismo alemán había sido siempre poderoso, sobre todo después de la fusión de los partidarios de Marx con los de Lasalle. Sirvió de inspiración para los partidos social demócratas de Estados Unidos, Italia, España, y Rusia, a pesar de que las condiciones de este último país eran totalmente distintas de Alemania. Ese poderoso movimiento no sirvió para impulsar el socialismo real (ni siquiera el marxista) en la revolución alemana, no fue un apoyo para la revolución en Rusia, y esto porque el camino del parlamentarismo que tanto pidió Marx, le incapacitó para hacer las cosas cuando la oportunidad se le presentó.
Una segunda oportunidad vendría a presentarse para la revolución a raíz de un intento de golpe de Estado, sofocado por una huelga general (esa misma que el socialismo, marxista y no marxista, había negado tantas veces). Las divisiones dentro del socialismo imposibilitaron todas las opciones de triunfo y demostraron una vez más no estar listos para una revolución, a pesar de que en Alemania sí se cumplían las locuras, perdón, designios de Marx, de hacer la revolución cuando el capitalismo estuviera desarrollado.
Las consecuencias de esta incapacidad de llevar la revolución por el camino correcto, y no burgués, habrían de ser desatrosas: los Tratados de paz llevaron el hambre a Alemania, que no había podido hacer su revolución (lo que habría reducido los efectos del Tratado de Versalles), pero que tampoco podía hacerla del todo debido a una posible invasión Aliada hacia Alemania. La miseria generada tuvo efecto en el jovel Hitler, entonces soldado del ejército alemán, quien cobraría un fuerte rencor hacia los Aliados por los efectos de los Tratados de paz, lo que lo llevaría sin duda a llevar su movimiento en la década de los 30. Podríamos decir, como hacen los marxistas, que la incapacidad del marxismo alemán provocó el fascismo, pero sería absurdo, y yo hago análisis con el cerebro, no con las tripas. La revolución alemana estuvo condicionada por los efectos de la pérdida de la guerra. Un invasión Aliada era totalmente posible, así que en ese contexto debe entenderse el fracaso de la revolución alemana, aunque eso no disculpe que el marxismo alemán se haya puesto estúpidamente a perder décadas de tiempo en conquistar escaños políticos en lugar de prepararse para una revolución realmente social.
Aunque ya se ha hablado de Rusia en un capítulo anterior, se incluye otro llamado "Rusia en la revolución y la guerra civil" que aunque nos lleva un tanto a lo ya relatado en un capítulo anterior, es bastante bueno. Me agradó la parte donde habla sobre cómo los Social Revolucionarios de Izquierda, en realidad llamadas "Socialistas Revolucionarios de Izquierda", de donde saldrían varios que se irían al anarquismo desde la revolución de 1905 (Cole no menciona esto). La salida se debió sobre todo a la denuncia del Tratado de Brest-Litovsk, que Lenin y compañía aceptaban tan de buena gana entregando Ucrania y otras regiones a los saqueos y maltratos de los generales alemanes. Este grupo de Socialistas Revolucionarios de izquierda sería también combatido y aplastado cuando el bolchevismo tuviera el poder total.
La decepción, o mejor dicho, confirmación del nulo, por no decir poco pero torcido conocimiento de Cole del anarquismo, viene al final de este capítulo: habla de los anarquistas, pero de los anarquistas marino, de los anarquistas que había en Kronstadt (no todos eran anarquistas, pero muchos sí) no dice absolutamente nada. De Makhno es realmente penoso leer a Cole en este asunto. Repite las mismas burradas de los marxistas bolcheviques de que Makhno hacía progromos, lo cual es absurdo es ridículo, pero que la prensa de la época repetía constantemente. Era parte de las calumnias del marxismo (dignos herederos de Marx, que también era un calumniador) para liquidar al anarquismo, pero Cole lo repite. Es imperdonable sobre todo porque para los años 50 en que escribe esta obra ya se conocía ampliamente la denuncia de Volin "La revolución desconocida" o los relatos de Archinoff "Historia del movimiento Makhnovista", por mencionar solo dos en comparación con los cientos de artículos de anarquistas denunciando la barbarie bolchevique, como para decir la clase de tonterías que repite Cole.
Del anarquismo en Rusia dice que tuvo presencia hasta 1918, cuando se tiene mucha información sobre los anarquistas desde la revolución de 1905, y mucho más antes en el tiempo, porque recordemos que Bakunin era ruso y tenía mucha influencia en su tiempo. En fin, que es mentira que el anarquismo solo se manifestara hasta 1918, pero también sus afirmaciones, entre varias calumnias, de que Makhno sale de Rusia. No señor, no salió, el marxismo bolchevique lo traicionó cobardemente y luego aniquiló sus unidades, saliendo Makhno casi muerto rumbo a Rumania y luego se establece finalmente en Francia, no desaparece del mapa como dice Cole, porque sigue siendo visitado por múltiples anarquistas, Durruti y Ascaso entre ellos.
Aunque molesta leer las calumnias en este libro contra el anarquismo, Cole ha demostrado que de Proudhon no conoce apenas nada, que de la historia del anarquismo desconoce demasiado. Su terreno es el socialismo, y aunque el anarquismo es el más fiel reflejo del socialismo, para Cole es un total desconocido y del socialismo solo conoce la forma gremial, política, revolucionaria marxista. No es un mal autor, pero respecto al anarquismo si es penoso leerlo.
Vienen luego dos largos artículos sobre la revolución en Austria y Hungría, Austria, Hungría y Checoslovaquia, así como en los Balcanes, Bulgaria, Rumania, Yugoslavia y Grecia. No dejan de ser interesantes, pero Cole ya habló de varios de estos temas en el tomo anterior, por lo que, aunque se refiere a un periodo de tiempo distinto, queda ya como relleno.
El siguiente capítulo "Las internacionales rivales" Es buenísimo. Me interesó sobre todo la Conferencia de Berna en 1919, donde una mayoría se declara contraria a la dictadura en Rusia y una parte minoritaria encabezada por Jean Longuet, hijo de Charles Longuet, yerno de Marx (a su vez ex proudhoniano), se encarga no de defender la dictadura, pero se declara incompetente para dictaminar
Después de esta conferencia, y visto el rechazo de la dictadura, se convocó en Moscú un congreso para rechazar la conferencia de Berna, pero además se le atacó violentamente insultando (Raro en marxistas ¿no?) a sus componentes y llamando a atacarlos sin piedad, así como a formar la Tercera Internacional.
Esta nueva internacional dividió al socialismo marxista de varios países. Aunque muchos apoyaban a la Internacional de Rusia, muchos otros no la apoyaban, y la Conferencia de Ginebra de 1920 rechaza el camino que habían seguido los Bolcheviques y proponen una especie de gobierno demócrata burgués que iría expropiando poco a poco las industrias remunerando a los expropiados. En fin, que entre la Conferencia de Ginebra y los Bolcheviques, la elección era pésima en ambos casos. Visto el apoyo a la international de Moscú, los 15 puntos de admisión de 1919 se convirtieron en 21 puntos en los que se pedía una adhesión sin reservas a la Comintern. El centralismo se exigía sin condiciones no reservas. El camino hacia Stalin estaba abierto.
Una conferencia posterior en Viena resulta también interesante porque, aunque reconoce la utilización de la dictadura donde su Partido pueda tomar el poder político mediante las elecciones, donde ven que no es posible recomiendan la Acción directa (
Viene luego un capítulo sobre el colonialismo, tema que ya se ha visto en otro volumen, aunque en este es más extenso. Pero donde realmente agarramos nuevamente carril es en el siguiente capítulo sobre "Italia hasta la victoria fascista". El relato de Cole es bastante bueno y nos muestra a un Mussolini aún socialista y cómo a raíz de su apoyo a la primera guerra mundial es expulsado del Partido Socialista para comenzar su propio movimiento fascista. Luego, ya en 1920, aunque Cole hace un buen trabajo al narrar el primer choque entre la CGL y la patronal, esto deriva en una primera ocupación de fábrica que se extiende por todo el país rápidamente. Por desgracia de Malatesta, muy activo en esta ocupación de fábricas, no dice nada, ni de los anarquistas en general. Habla de los Arditti del popolo, donde también hubo participación anarquista de los que no dice nada, ni siquiera de los Arditti dice gran cosa.
De Mussolini y su llegada al poder es muy certero al explicar su ascenso y conversión al fascismo, así como de la Marcha sobre Roma y como se destruyó al movimiento socialista, en gran parte responsable del ascenso de Mussolini por su debilidad a la hora de asumir una revolución.
Sobre todo me sorprendió ver en este contexto a Togliatti, un dirigente del marxismo italiano que aunque sufrió la persecución de Mussolini, en los 30 hizo su famoso llamado a los fascistas donde habla de unirse fascistas y comunistas
Al analizar la ocupación de fábricas y su posible desencadenamiento de una revolución, Cole se equivoca: dice que hacer una revolución habría provocado una guerra civil en la que el socialismo pagaría las consecuencias. Pero fue eso justamente lo que pasó por no hacer la revolución. Malatesta advertía por esos años muy claramente que había que hacer la revolución o la burguesía (el fascismo) haría pagar con sangre la osadía. El miedo a las consecuencias es siempre lo que genera las consecuencias.
Después de este capítulazo regresamos a Inglaterra con el capítulo "La gran Bretaña desde 1914 hasta la huelga general", interesante sobre todo por la descripción de la situación de Inglaterra durante la primera guerra mundial. Sobre todo es muy interesante cómo los sindicatos aceptaron lo que se llamó "Leyes de pertrechos de guerra" mediante las cuales se comprometían a no hacer huelgas ni otros actos que dañaran la industria de guerra inglesa, por esos años tan necesitada de municiones para hacer frente a la guerra.
Las huelgas, sin embargo, se comenzaron a esparcir de un sitio a otro hasta crear serios problemas al gobierno, pero el término de la guerra tuvo su reflujo y los líderes del movimiento pudieron ser desplazados medianamente fácil por la patronal. Es quizá la huelga más importante de esos años antes de la huelga de 1926 con motivo de la rebeldía de los cajistas de un periódico que se negaron a publicar una nota, lo que desató una huelga intensa que a pesar de todo fue siempre ordenada y sin violencia. Raro, pero así fue.
Este es el último capítulo del libro, así que vamos por el volumen VI.