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Cartas de paz y revolución -Erick Benítez Martínez-

Publicado: Mié Ago 21, 2019 8:47 pm
por Erick Benítez Martínez
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Jueves 20.

Buenas tardes amigo Pedro. Me dirijo a ti por la siguiente cuestión:
El día de ayer hubo una manifestación en la que tu grupo de compañeros actuaron de manera violenta, generando disturbios con lo que sucedió que la policía nos reprimió a todos. Hubo quienes no participamos en los hechos violentos, y sin embargo nos tocaron los gases lacrimógenos y algún golpe de la policía. Te escribo porque me parece importante detener las protestas violentas, y puesto que estabas en los disturbios de ayer, me he tomado la libertad de escribirte.
¿No le parece compañero que ya hay demasiada violencia como para que generemos más?
El país vive una situación de extrema violencia. México se destaca de entre todos los países por las ejecuciones del narcotráfico, por la matanza de estudiantes e incluso por la delincuencia común que azota nuestro país. No es raro que haya incluso muertos por asaltos en las colonias populares. Todas esas cosas hacen que ya cualquier tipo de violencia se haga detestable; debemos eliminar la violencia de la sociedad, ya tenemos demasiada.
Volviendo al motivo de escribirle, le recuerdo que en la marcha de ayer se había acordado que todo fuera pacífico, porque pensamos que no podemos exigir nada al gobierno al mismo tiempo que violentamos las leyes. Aunque es verdad que la policía provocaba, nosotros debemos evitar caer en sus provocaciones, porque actuando violentamente solo conseguimos romper todo diálogo que pudiera conseguirse con las autoridades, y con ello las demandas que tenemos se pierden en los actos violentos.
Por ese camino, compañero, nunca conseguiremos nada.
¿Qué hay también de los daños que ustedes causan a cosas que no tienen nada que ver con las demandas que tenemos? Destrozar un banco, un establecimiento de comida rápida o incluso pelearse con los reporteros (trabajadores también) son actos irracionales, sin sentido, que añaden más leña al fuego de la violencia.
Tenemos por otro lado el hecho de que el gobierno manda infiltrados a las marchas a provocar actos violentos, que luego sirven para criminalizar nuestras demandas y generar detenidos. Nada mejor para el gobierno que haya violencia, pues de esa manera se justifica su represión y nuestras demandas quedan en el olvido, lo que en nada ayuda a nuestro movimiento y solamente le genera un daño.
Entendemos que la policía suele actuar con violencia, pero siendo violentos les damos el pretexto perfecto para que nos repriman. Además he de dejarle claro que la policía no es el enemigo. Son gente salida del pueblo que busca como ganarse la vida. Son pueblo al que hay que convencer de la necesidad de pasarse de nuestro lado.
Debemos usar los recursos legales, las leyes que indican que podemos exigir justicia e incluso destituir presidentes si lo exigimos masivamente.
Seamos pues inteligentes. Nosotros somos mejores, no somos como ellos, por lo tanto no podemos actuar violentamente como hacen ellos.
La violencia es horrible, y sería lamentable que el país cruzara por una etapa de guerra civil entre miembros del mismo país. Y si a ello sumamos que todo conflicto bélico trae el hambre, las matanzas y la desolación, un conflicto de esos grados es algo que debemos evitar a toda cosa.
Sé que eres un buen compañero a pesar de todo, por ello es que me he tomado la confianza de escribirte, esperando comprendas mi preocupación y te sumes con nosotros a las protestas pacíficas, civiles y respetuosas.
Sin más, un saludo lleno de amor. Paz hermano.





Viernes 28.

Buenos días compañero Javier.
Ante todo he de agradecerte el que te hayas tomado la molestia de escribirme. ¿Sabes? He tardado 8 días en responder a tu carta porque estuvimos haciendo presión en las calles para que soltaran a nuestros compañeros que tenemos presos. Te agradezco que me escribas, porque muchos de tus compañeros no solamente no se toman la molestia de dialogar con nosotros (lo que sí buscan con el gobierno), sino que además nos han señalado públicamente en una campaña de desprestigio en la que se sitúan justo al lado de los medios de comunicación que dicen detestar. Ambos se unen en santa alianza contra los anarquistas. Pero vayamos a las cuestiones que tocas.
Siento mucho que hayas tenido que pasar bajo el tolete de la policía, pero compañero, creo que es por demás evidente que las marchas ya consuetudinarias y monótonas ya no impresionan a nadie. Suelen ser hasta ensalzadas por los medios de comunicación como un ejemplo de protesta cívica, porque saben que todas esas marchas que ustedes realizan no pasan para el Estado y los intereses de la burguesía más que como un día de fiesta cualquiera.
Incluso los llamados “paros nacionales” no significan en realidad ningún golpe significativo para los intereses del capitalismo que posee grandes fondos de los cuales echar mano, cosa que no puede realizar el pueblo trabajador, por lo que estos “paros” afectan más la economía del pueblo que los del capitalismo, para el que representa quitarle un pelo al gato.
Un paro, lo mismo que una huelga, para que sean efectivos requieren que se fuerce al comercio pequeño y grande a cerrar, es decir, se necesitan piquetes. Y estos piquetes, desde el mismo momento en que obligan a los comercios esquiroles a cerrar, están ya apelando a la violencia, puesto que la policía puede intervenir. Pero compañero, la violencia es algo a lo que siempre estaremos en riesgo de pasar. Pero aquí solo quedan dos opciones: o seguir con manifestaciones que lejos de ser una presión son más actos simbólicos, o radicalizar la protesta, con lo que se llega irremediablemente al enfrentamiento.
Porque si echamos un ojo rápido a las últimas manifestaciones de al menos 15 años, veremos que estas se desarrollan sin afectar en nada al capitalismo, y rara vez consiguen las demandas que exigen. En palabras más claras: todo movimiento social en las calles que no se radicaliza, termina por estancarse y perderse. Los gobiernos apuestan claramente al agotamiento de los movimientos, porque saben que es difícil que las personas aguanten mucho tiempo protestando en las calles. Ante todo se debe comer, y los fondos del pueblo son tan escasos (aun contando la solidaridad) que terminan por agotarse.
Para ejemplificar el tema podemos recordar el movimiento de los maestros de Oaxaca (México) en el 2013, cuando hicieron su campamento en el Zócalo capitalino. Apostaron por la no violencia, llegando incluso a entregar a compañeros anarquistas a la policía por enfrentarse a esa misma policía. Sucedió que los desalojaron, y cuando llegó diciembre los maestros se regresaron a Oaxaca, sin haber conseguido echar atrás la reforma educativa contra la cual luchaban. Los cansaron, los agotaron, y ellos mismos terminaron en disturbios contra la policía (lo que criticaban a los anarquistas) en pleno Zócalo capitalino… con nutridos grupos anarquistas luchando con ellos pese a sus actos de hacía unos días.
¿Puedes tu recordar más ejemplos similares? Prefiero dejar el tema en el aire y que lo medites, porque de verdad hay muchos más ejemplos similares donde agotan los movimientos, o donde quieran o no terminan en enfrentamientos con la policía.
Por otro lado he decirle que efectivamente la violencia nos parece detestable como principio ético, por lo que no hacemos los anarquistas un culto a la violencia. Si se recurre a ella es la mayoría de las veces como forma de autodefensa y como recurso para enfrentar al enemigo.
Tengamos pues en cuenta que para los anarquistas la violencia nos parece detestable. Pero ya que usted nos habla de lo espantosa que es y nos recomienda no hacer uso de la violencia haciendo alusión a las condiciones de violencia en la que vivimos, nos parece increíble que se tema a una violencia que ya existe en realidad y que ya nos azota diariamente. Es el mismo argumento de quienes se espantan de la anarquía pensando que es caos, desorden, confusión, guerra, violencia, injusticia y demás horrores… pero que no meditan que es precisamente eso que temen lo que vivimos día a día bajo el gobierno.
De la misma manera usted se espanta con toda razón de la violencia, pero no repara en que ya vivimos en medio de ese mundo de guerra al que tanto teme. Porque violencia son los millones de pobres de los que somos parte, violencia son los privilegios de unos cuantos en medio del mar de pobres donde vivimos, violencia es el alto costo de la vida que cada día aumenta, violencia son trabajos malpagados bajo la bota de patrones insolente y vividores, violencia es el capital, violencia es la destrucción de nuestro planeta; Muerte es la ignorancia en medio de la época de la tecnología, muerte es tirar costales de comida al mar por no quererla regalar a los pobres, muerte es la condición de Somalia y del mal llamado tercer mundo, mientras la riqueza se concentra en unas cuantas manos.
Como usted verá, compañero, hay muchas formas de violencia y muchas formas de matar. Y ante ellas todos los cristales rotos, todos los disturbios y todas las pintas en las paredes no son sino cosas mucho menores de las cuales espantarse.
Por otro lado, y para referirme al tema de los “infiltrados”, le pregunto a usted ¿No hay también infiltrados en los movimientos pacíficos? Está comprobado que el gobierno infiltra siempre todo movimiento social.
Por otro lado ¿han sido necesarios los infiltrados violentos para que los Mossos de D’Escuadra abrieran la cabeza a los acampados de Barcelona en mayo del 2011? ¿Lo han sido para las masacres de 1968 en Tlatelolco, o en Acteal, o en Aguas Blancas, Atenco, etc.? Si bien han existidos infiltrados el gobierno ha actuado de manera descarada masacrando poblaciones. Ni las capuchas ni los infiltrados han sido necesarios para esos actos, e incluso podemos preguntar lo mismo para muchas manifestaciones pacíficas donde los manifestantes han sido masacrados a golpes por la policía.
Tenemos, pues, que ese fantasma de los infiltrados no es tal como ustedes lo toman. Infiltrados hay siempre, tanto en los violentos como en los pacíficos. Así pues, su argumento carece de un análisis verdadero y únicamente se basa en un temor vivido recientemente, el cual, y si nos hemos entendido al comienzo, es un pago a realizar si deseamos conseguir algo y no que nuestras demandas se estanquen o se cansen y se releguen al olvido.
Pasemos al tema de la policía, la cual nos dices que son parte del pueblo y que debemos convencerlos. Para demostrar mis argumentos debo preguntarle a usted ¿Para qué sirve la policía? “Para evitar el delito y asegurar la paz” me podría responder. Sin embargo ¿Qué tipo de delito es el que supuestamente evita la policía?
En todos los países y en todos los tiempos se ha visto que siempre los grandes capitalistas y gobernantes se llenan los bolsillos con turbios negocios que se van descubriendo a veces por fortuitas coincidencias, y muy rara vez alguno de ellos va a parar jamás a la cárcel, e incluso cuando eso sucede es con todas las comodidades. No nos referiremos, para no entrar en temas económicos que podrían hacer de esta una larga carta, al robo diario a los trabajadores a mano de los capitalistas, hecho del cual ninguna ley se ocupa sino para legitimar dicho robo y que ninguno de los medios de comunicación dicen ni la menor palabra.
Una multa que en nada se compara con los beneficios de los negocios turbios que realizan, o una fianza, e incluso un amparo que solo se pueden pagar los burgueses, evitarán que los mayores ladrones de la sociedad sean tocados en absoluto.
Un obrero empujado por el hambre y la desesperación del desempleo que se le ocurre recurrir al robo de una miserable cantidad de dinero o de algo de comida, será encarcelado y enviado a una de esas pocilgas llamadas cárceles.
El delito de los burgueses es tolerado y solapado por la ley; cualquier robo miserable del pueblo será castigado sin rechistar ¡Ese es el delito que dicen evitar!
¿Qué decirle por ejemplo de los asesinatos, violaciones, secuestros, etc?
Ninguno de ellos, por mucho que se agranden las penas sobre ellos y por mucho que se ensanchen los cuerpos represivos, ha logrado que se reduzcan la cantidad de asesinos, violadores o secuestradores. Ello se debe a que esos fenómenos sociales se dan en mayor medida no por una depravación de la especie humana (la cual nace sin inclinación a nada, sino que el ambiente los determina en mayor medida a determinadas conductas dependiendo de donde se desarrolle la persona en cuestión), sino a un ambiente depravado donde la competencia, la insolidaridad, pero sobre todo la incultura son recurrentes.
La policía, pues, no solo no disminuye la cantidad de estos crímenes, sino que es impotente para realizarlo aunque fuera ese su deseo. Se debe cambiar ante todo la estructura social para que ese ambiente no reproduzca esas conductas.
La existencia de la policía desde que se instituye como cuerpo al servicio del poder jamás ha sido capaz de suprimir ni el robo, ni el secuestro, ni las violaciones ni los asesinatos. E incluso las leyes de pena de muerte como en EEUU tampoco han podido suprimir nada de lo que dicen combatir. La ley, entonces, es igual de inútil que su guardián el policía.
Tenemos entonces que la policía no combate el delito, la ley tolera el delito si es proveniente del capital. Tenemos que tampoco combate ni puede combatir los delitos de otro tipo pues es impotente de detener un fenómeno que se reproduce sin cesar pese a sus miles de efectivos.
¿Qué defiende entonces la policía?
Contiene las manifestaciones, apalea manifestantes para ahuyentarlos de la protesta, ejecuta desalojos y vigila porque la ley que mantiene la pobreza sea respetada, por muy injusta e inhumana que esta sea. Fuera de ello carecen de toda utilidad en bien de la sociedad.
Y además, al defender el privilegio de unos pocos, se convierten en los sostenes de los enemigos del pueblo, en los defensores de aquellos que tienen al pueblo en la miseria. Tal es que defienden este sistema desde el policía vigilante de la propiedad privada hasta el antidisturbios que abre cabezas en las manifestaciones. No existen, pues, ninguno de ellos que sea inocente. Los policías de ecología que existen en algunos países no son más que una máscara para dar algo de legitimidad al resto de las corporaciones policiales, verdaderos sicarios al servicio del gobierno.
Además de todo esto y si los comparamos con el albañil que construye casas, el obrero manufacturero o el transportista, veremos que la policía no produce nada, ni da un servicio de utilidad alguna más que para los privilegiados.
Habiendo descartado entonces toda utilidad del policía para el pueblo, habiendo demostrado que no es capaz de suprimir y ni siquiera de reducir el crimen (no hablaremos de delitos porque no creemos los anarquistas en los códigos del Estado) y habiendo establecido que no son trabajadores pues no producen nada ni ofrecen servicio alguno, le estaría muy agradecido que se abstuviera de llamarlos pueblo o trabajadores.
Me indicas también que usemos los cauces legales y que con la ley es posible derribar presidentes y demás.
Yo le pregunto, compañero ¿La misma ley que indica que el presidente puede decretar el estado de sitio, anular las “garantías constitucionales” y proceder a las matanzas? Porque eso, compañero, está en ese vetusto líbelo llamado “constitución mexicana”, leamos:

“Articulo 29. en los casos de invasión, perturbación grave de la paz pública, o de cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto, solamente el presidente de los Estados Unidos Mexicanos, de acuerdo con los titulares de las secretarias de Estado, los departamentos administrativos y la procuraduría general de la república y con aprobación del congreso de la unión, y, en los recesos de este, de la comisión permanente, podrá suspender en todo el país o en lugar determinado las garantías que fuesen obstáculos para hacer frente, rápida y fácilmente a la situación; pero deberá hacerlo por un tiempo limitado, por medio de prevenciones generales y sin que la suspensión se contraiga a determinado individuo. Si la suspensión tuviese lugar hallándose el congreso reunido, este concederá las autorizaciones que estime necesarias para que el ejecutivo haga frente a la situación, pero si se verificase en tiempo de receso, se convocara sin demora al congreso para que las acuerde”

He marcado en negritas algunas cosas vitales para entender que las leyes no sirven nunca a un movimiento popular que se propone cambiar las cosas aunque fuere por métodos pacíficos. La constitución mexicana (la que he citado, pero que dicho código está en todas las constituciones de todos los países aunque de formas diferentemente escrita) es bastante clara: si algo pone en peligro la paz pública, o altera el llamado orden, el gobierno puede suspender toda garantía para someter a las poblaciones, porque ¿Cómo puede ser entendido por el Estado una situación en la que ellos no controlen las riendas de la sociedad, sino como una “perturbación grave de la paz pública” aunque ello se consiguiera sin violencia? Las huelgas, cuando afectan realmente a los intereses de la patronal, suelen ser reprimidas duramente para obligar a los trabajadores a retomar la producción. Aun en el supuesto imaginario que alguno de ustedes aún –inocente e ignorantemente- sostienen de que nadie acudiera a votar el gobierno se impone por la fuerza, pues como hemos visto la policía no tiene ninguna otra función. Y el ejército en un estado donde no hay invasiones extranjeras ni guerras demuestra que su función es igualmente respaldar y hacer respetar las leyes burguesas.
Es inútil entonces apelar a la ley para cambiar las cosas cuando dicha ley no es neutral, sino que la maneja el enemigo.
Ya si tomamos en cuenta que dicha constitución se confeccionó sin nuestra opinión y que no se nos pide tampoco opinión sobre ella sino que nos es impuesta desde el nacimiento, será muy claro que no podemos sino rechazar sus leyes impuestas.
Queda solamente por referirme a su temor a que en el país estalle una guerra civil o una revolución.
Una revolución trae hambres si se hace para intereses burgueses. Si se hace por y para el pueblo no hay grandes riesgos de que eso suceda una vez que los medios de producción (punto fundamental de una revolución del pueblo y para el pueblo) son socializados. Si buscamos solo encumbrar a un nuevo burgués al poder entonces temamos al hambre en una revolución, porque al quedar paralizada gran parte de la producción esta traerá el hambre al pueblo. Si se hace por y para el pueblo no temamos que ello suceda, porque los productos existentes y los medios de producción serán descentralizados y puestos al servicio del pueblo y gestionados por el propio pueblo.
Pero sucede, amigo mío, que esa hambre a la que se teme que traiga una revolución (conflicto bélico al que usted teme) ya existe en la actualidad, pues en el mismo México tenemos una población de más de 120 millones de personas, de las cuales más de 85 millones de personas viven en condiciones de pobreza, y no hablemos ya de las condiciones de pobreza extrema que se vive en las zonas más pobres de Guerrero, Chiapas o Oaxaca.
Tenemos ya hambre por todos lados bajo estas condiciones de paz en las garras del gobierno.
¿La violencia? Tú mismo has dicho que ya tenemos mucha violencia a nuestro entorno ¿A qué más violencia temes, cuando ya matan a nuestros estudiantes, cuando salir por la calle ya representa caer muerto en un tiroteo, o que seas robado y termines muerto por no dar tus pertenencias?
No hay, pues, nada que traiga una revolución por muy mala que sea que no exista ya en grandes niveles en la actualidad. No tema, pues, de aquello que ya el gobierno se encarga de darnos diariamente.
Ahora bien, y para que usted esté tranquilo, además de finalizar esta carta:
No deseamos la violencia por la violencia, no somos de levantar cultos tampoco a ningún método. Pero las marchas simbólicas e ineficaces requieren que de vez en cuando, en el momento en que la policía ataca o cuando es necesaria una protesta enérgica, a veces requiere que se agiten esas aguas calmadas.
No propongo yo (lo digo a modo personal) la violencia en cada marcha, me parece que eso es un error puesto que esta debe usarse no como un rito, sino como una herramienta cuando sea necesaria; la violencia recurrente, sin objetivo alguno, puede conducir a extremismos absurdos que no nos interesan, puesto que nosotros somos radicales, pero de ninguna manera extremistas. Porque el extremismo puede conducir a cualquier lado y ser usado por cualquier fanatismo.
No propongo tampoco la paz a ultranza. La paz de los cementerios de la sociedad dominada por el Estado no es tampoco algo deseable, porque esta explotación a la que se somete al pueblo, estas condiciones de miseria en la que vivimos y estos embates del gobierno hacia el pueblo son intolerables, y toda persona con siquiera un ápice de dignidad y sentido de justicia no debe permitirlos.
En pocas palabras, no propongo ni la paz ni la violencia como método indefinido.
No es el método el que debe determinar los acontecimientos, es decir, ni la paz ni la violencia deben determinar de manera inamovible la manera en la que hemos de actuar.
Deben ser los acontecimientos los que determinen el método a seguir. En palabras más claras, deben ser las circunstancias y gravedad de las mismas las que determinen si actuamos con paz o con violencia.
Cualquiera de los dos extremos son absurdos, inútiles y perjudiciales a la lucha cuando se emplean de manera consuetudinaria, como un rito a seguir.
Nosotros seguiremos haciendo propaganda y trabajo de base (métodos de paz) y saliendo a las calles de manera pacífica cuando ello sea necesario. Pero cuando haya que defenderse de la policía o las exigencias deban ser radicales, no dudaremos en levantar barricadas y pretender, siempre y en todo momento y bajo todos los aspectos (paz o violencia) realizar una revolución social que termine con este sistema de muerte que nos tiene asolados a todos.
Me despido de usted, compañero, esperando haberme hecho entender y dejar en claro que los anarquistas estaremos aquí siempre, que nunca esperen que nos cansemos o nos vayamos, porque cuando nosotros ya no estemos otras generaciones tomarán el relevo y continuarán la lucha hasta conseguir ese mundo nuevo por el que luchamos los anarquistas.
De ello no le quepa la menor duda.

Salud, paz, revolución, amor, odio y lucha incesante contra el opresor.
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Erick Benítez Martínez. Diciembre del 2014.