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El dilema de la libertad -Erick Benítez Martínez

Publicado: Lun Jun 08, 2026 9:51 pm
por Erick Benítez Martínez
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¡La libertad!
¿Quién no ha gritado su nombre, aspirado a conquistarla y admirado las luchas por ella?
Cualquier persona con un mínimo de dignidad rechaza renunciar a ella. Considerada el valor más preciado, nadie renuncia a ella de buena manera. El crimen más cruel que se ejerce sobre las personas es privarles de su libertad; más que las condiciones penosas de existencia en una prisión, es la pérdida de la libertad la que se configura como el mayor castigo.
La historia de la humanidad está repleta de movimientos sociales que luchan por la libertad. La alfombra roja de sangre es la ruta por la que se le obtiene y todas las conquistas sociales en la historia humana han recibido su dotación de sangre pues ningún gobierno ha cedido de buena manera a reconocer los derechos de los pueblos.
Los propios tiranos se cobijan bajo su manto y se llenan la boca de ella, aunque sea para mancharla con la vulgaridad gubernamental. Justamente en ese contexto es preciso hablar de la libertad.
¿Qué es la libertad? Es una pregunta vana, pero que sin duda es preciso hacerla.
Para cualquier persona la libertad es la capacidad de hacer lo que desee hacer sin más impedimento que el de no transgredir la libertad ajena; para el anarquismo es la capacidad de expandir todas las capacidades humanas para la conquista de su bienestar. Este bienestar se configura por la libertad y la justicia, pero la libertad, siguiendo a Bakunin, no se limita donde comienza la libertad ajena: se expande con ella, de manera que la libertad de las demás personas constituye la propia libertad reflejada en el prójimo, pues no se puede ser libre más que cuando todas las personas que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres (Bakunin). Sin embargo hay otra cara de la libertad, la de los regímenes gubernamentales.
Para los gobiernos la libertad no es la misma que conciben los y las anarquistas y esto ya nos debería hacer dudar sobre el concepto de libertad como único. Para los regímenes gubernamentales la libertad toma el carácter de libertades, es decir, aquellas cosas que su régimen puede permitir a sus ciervos. De esta manera las personas, a pesar de ser esclavas del salario, tienen la libertad de elegir para quién trabajar; a pesar de sufrir la discriminación económica, tienen la libertad de exigir el respeto a su persona; a pesar de no poseer más que lo básico para su subsistencia las personas tienen la libertad de transitar de un sitio a otro a pesar de que deban comprar como un salvoconducto en tiempos de guerra sus debidos pasaportes, visas y demás documentos; el mismo sistema del capitalismo se basa en estas libertades: puedes elegir para quien trabajar pero no si deseas o no ser esclavo del salario; elegir entre trabajar jornadas agotadoras o no tener lo suficiente para vivir y en un extremo incluso elegir entre trabajar y ser explotado/a o morir de hambre. Las libertades, pues, son ciertos reconocimientos sobre la capacidad de elección de las personas por más que estas elecciones no sean reales y se limiten a lo que permite el Estado y el capitalismo.
La libertad unida a la propiedad, por ejemplo, es un lema de los gobiernos y capitalistas actuales por más que los términos sean contradictorios, pues nada puede haber más opresivo que la propiedad privada; en boca de los gobiernos la libertad no es otra cosa que aquella que les permita explotar hasta el cansancio a sus esclavos asalariados para los que, claro está, no reconoce la libertad que tanto pregona; les reconoce capacidad de elegir, pero la libertad real no se las reconoce porque sabe que ella entrañaría el peligro de que aquellas personas a quienes explota terminen con su dominación. Cuando los capitalistas hablan de reconocer la libertad a quienes explota lo hace con una saña digna del rencor de las clases trabajadoras: ustedes son libres —dicen— de montar sus propias empresas si no quieren ser explotados y contratar a otras personas para librarse del trabajo. En la sociedad actual no hay nada que les impida hacerse millonarios.
Esa vulgaridad de argumentos son el límite máximo al que se pueden alzar los capitalistas, argumento de engaño, desde luego, y digno de desprecio cuando se dice esto mientras hay personas padeciendo de las cosas más básicas para vivir.
Esa libertad pregonada por el capitalismo y por los gobiernos de todas las clases no es otra cosa que los privilegios de unos pocos que exigen que no se les limite al explotar a las clases trabajadoras cuanto puedan y que se les reconozcan sus derechos a vivir en la vagancia mientras otras personas trabajan para ellos y ellas. Desde luego que esta libertad para unos cuantos basada en la esclavitud de las demás personas no es la misma libertad que quieren los y las anarquistas, pero el hecho de que el concepto de libertad pueda ser utilizado para cimentar la esclavitud nos hace girar unos cuantos grados la brújula para poder encontrar y afinar bien el tino a la hora de explicar la clase de libertad que queremos.
¿Cuál será el barómetro que nos sirva de guía, de indicativo de la libertad por la cual luchamos?
No puede haber justicia donde no hay libertad, pues para que esa justicia sea real es preciso que se desenvuelva en la libertad, es decir, sin restricción alguna para poder discernir lo justo de lo injusto; sin embargo, aunque sea en términos de propaganda, se puede hablar de libertad sin justicia, como hacen los capitalistas. Estos toman a la libertad como adjetivo aislado de la justicia y, separado de aquello que le da valor de justa, la libertad puede ser cualquier cosa. En el ejemplo de poder decidir entre ser explotado y morir de hambre se puede hablar de libertad de elección, pero no de justicia. En el ejemplo de poder hacerse millonarios en la sociedad actual se puede hablar de libertad de poder hacerlo, pero no de justicia cuando no se tienen los medios para salir de la pobreza. La libertad de elección, pues, es la máxima de las libertades que otorgan los gobiernos y los capitalistas, pero estas libertades son ficticias y limitadas por un sistema que carece de justicia, por lo que esas libertades no significan nada, no pueden ser la libertad basada en la justicia y por lo tanto son libertades injustas.
El anarquismo afina su tino cuando no considera a la libertad como aspiración susceptible de todas las manipulaciones posibles. La libertad solo puede ser real cuando es resultado de la justicia.
¿Una cosa es justa? Entonces es libre. Por esa regla podemos esquivar las divagaciones del capitalismo y cuestionar ¿Es justo que las clases trabajadoras trabajen por un salario insuficiente mientras los capitalistas se quedan con las mayores ganancias vagando por el mundo? NO, no lo es y entonces esa máscara de libertad que usaron los capitalistas cae por los suelos.
¿Es justa la propiedad que da el beneficio de uso y abuso a unos pocos mientras despoja a las mayorías debido a su carácter acumulativo? NO, no es justo, y entonces la propiedad debe desaparecer, aunque se le disfrace de libertad.
La justicia es el cimiento sobre el que se debe basar la libertad por la que lucha el anarquismo; por sí sola la libertad es presa de todas las manipulaciones posibles pues unos cuantos pueden apelar a su libertad para esclavizar a otras personas y aunque sus actos estén basados en la injusticia, la libertad a la que apelan, personal, individualista y ególatra, les sirve de argumento.
Es entonces cuando la Justicia (con mayúsculas) nos sirve para afinar el tino e indicar que si algo no es justo no puede ser libre y que todas las personas que aspiren a la libertad deben primero justificarla en base a la justicia y no tomarla como elemento individual.
La libertad como tal no puede tener limitaciones, porque esa misma limitación, esa pequeña porción de la cual se le limita, es ya la negación de la libertad. Para ser real la libertad debe ser completa, no restringida ni limitada en ninguna especie de circunscripción. Esto es lo que se puede llamar libertad integral, aquella que no conoce límite alguno, ni de la ley ni de las instituciones de la burguesía. Libertad real y no restringida en tanto que es resultante de la Justicia; libertad que no se limita al encontrarse con la libertad ajena pues, siendo esta integral, es también social y al ser social no es individual por lo que la libertad de una persona no es más que la confirmación de la libertad de las demás personas y que lejos de limitarse unas a otras se sirven de confirmación mutua y de expansión sinalagmática.

Esta es la libertad por la que lucha el anarquismo, la única libertad que no se enfanga en los pantanos del capitalismo y del Estado y que, por ser estos la negación más flagrante de la justicia, se constituyen a la vez en los enemigos de la libertad integral y que más temprano que tarde habrán de sucumbir ante la revolución, que no es otra cosa que la Justicia y la Libertad tomadas de la mano y en marcha contra el Estado y el Capital.

Erick Benítez Martínez. Abril del 2026.