
Tengo que decir que el libro me ha sorprendido muy agradablemente el trabajo desarrollado por la autora. Me sorprendió porque pocas veces se encuentran textos que realmente lleven a reflexionar y conectar con otros puntos ideológicos.
Tal es por ejemplo cuando la autora dice que los problemas de subsistencia son comunes (naturaleza) pero la forma de afrontarlos distintos (cultura). Esto me ha dado a pensar muchas cosas, no solamente concordando con la autora, sino incluso estar en contra de la definición y gracias a ella sacar conclusiones que conectan con otros temas. Este tipo de cosas que generan pensamiento y reflexión siempre se agradecen y por desgracia son pocas las veces que se me encuentran.
También es una estupenda reflexión cuando la autora dice que la presencia en los medios digitales es permitida en contra de la presencia en las organizaciones presenciales. Desde luego, la lucha se da en persona y profundizar las interacciones sociales digitales es un serio problema: la gente no acude a asambleas, a eventos. Todo lo quiere en la comodidad de su casa, como si la revolución fuera a hacerse en el smartphone. La autora dio al clavo de forma muy certera en este aspecto.
El capítulo "Autogestión y antiautoritarismo en la educación libertaria" es muy bueno, aunque la concepción de la autogestión como autodeterminación no me parece correcta. La autogestión es la gestión de los medios de producción, al menos en su sentido histórico. Quitarle ese sentido para darle sentido de autodeterminación aplicado a cualquier actividad siempre me ha parecido un argumento falso, pero es una concepción personal nada más.
En cuanto a la obligatoriedad de la escuela la autora es bastante acertada al decirlo: no es un derecho sino una obligación, por lo que la educación estatal toma un matiz de clase defensora del orden existente. De ahí los contenidos que reproduce y la simbología de la que se dota.
El resto del libro, último capítulo, se dedica a analizar las propuestas pedagógicas entre quienes destacan muchos anarquistas.
En general el libro es pequeño, no se le puede pedir mucho, no obstante lo cual Ana Siguenza hace un trabajo muy bueno, profundo y detallado. Quizá hasta un día lo editemos en México.
Muy recomendable de leer.