Anarquismo es movimiento
Publicado: Sab Jul 12, 2025 10:06 am
Pues la verdad tomo el libro un tanto desconfiado por el título. Nunca he creído en esos discursos de actualizar el anarquismo, no porque el anarquismo no se actualice, de hecho lo hace todo el tiempo y yo mismo he escrito un par de libros hablando al respecto. Pero cuando se habla de actualizar al anarquismo en los últimos tiempos se hace para meterlo a empujones hacia la democracia burguesa y otras disparidades ridículas y demócratas que nada tienen que ver con el anarquismo, así que es normal que no me agraden esos intentos.
Desde la página 6 Ibáñez se muestra muy dudoso de que el anarquismo vaya a triunfar, y en página 11 echa pestes sobre los "guardianes del templo", cosa que siempre augura malas cosas en manos de reformista, así que comenzamos mal, aunque he de decir que el capítulo "El impetuoso resurgir del anarquismo en el comienzo del siglo XXI" empieza bastante bien negandose a esa rareza de separar anarquía y anarquismo, con la que tampoco estoy para nada de acuerdo. Comenzamos a desmembrar las ideas para ingertarle otras, y eso desdibuja nuestras ideas anarquistas.
El siguiente capítulo "La forma que toma el resurgir del anarquismo: neoanarquismo", aunque tiene cosas buenas la identificación de ciertas condiciones anárquicas en otros movimientos y que afirma Ibáñez que esto no significa llamarles anarquistas, lo cual me parece un acierto, tiene el defecto, a mi parecer, de creer que el anarquismo puede ser "neo", cuando no es más que el mismo anarquismo de siempre adaptado en los tiempos actuales. Pretender que haya una nueva modalidad "neoanarquista" es negar sus valores originales para reemplazarlos con... A saber qué.
En página 33 nos dice que el anarcosindicalismo en España goza de implantación con dos organizaciones ¿a cuáles se referirá Ibáñez?
En página 41, como en páginas atrás, da muestras de un cierto derrotismo porque el anarquismo no puede ganar a los 7,000 millones de personas en el mundo. Es absurdo eso, ni siquiera la ideología estatal y todas sus armas ha logrado obtener un resultado así. Ibáñez dice que en vista de esto dejemos de pensar en la sociedad futura (así se entiende) y hagamos anarquismo ahora. Desde luego que si, el anarquismo debemos practicarlo ahora, pero eso no quita que podamos hablar o pensar como sería una sociedad anarquista, no le veo nada de malo, como tampoco le encuentro lo malo a las organizaciones anarquistas qué Ibáñez dice también (página 40) que tiene sus defectos burócratas y de vanguardia. En fin, cuando se piensa así... Pues no tiene sentido perder el tiempo discutiendo algo tan absurdo.
En página 45 tenemos una definición de anarquismo bastante rara: un anarquismo que por su cercanía a otros movimientos toma de ellos ciertas cosas o se deja influir y añade a su estructura nuevas cosas. No es que lo nuevo sea malo, pero no debemos ir dejando los girones de nuestras ideas en el suelo por "convivir" con otros movimientos. Debemos convivir con ellos manteniendo nuestra estructura ideológica, nuestra personalidad, no dejando que nos metan la democracia o el gobierno (ni aun el autogobierno) en nuestro cuerpo ideológico. Eso no es anarquismo, es reformismo puro, aunque de le quiera llamar ahora "neoanarquismo".
El capítulo "Las razones del resurgimiento/renovación del anarquismo" es un intento por definir al anarquismo como cambiante y adaptable al contexto. Desde luego que no puedo contradecir esto, pero si esos cambios implican apertura a la política burguesa, a alianzas con grupos o sindicatos estatales, que se ahorre el discurso Ibáñez, porque en lo personal y con mucha más gente, hemos de negarnos a semejante cosa. No creo sinceramente que sea a eso a lo que de refiere Ibáñez, pero vale más decirlo desde ahora... Veremos, porque de entrada (ya veo por donde va Ibáñez) en página 53 nos dice que las propuestas de Castoriadis, Deleuze, Foucault o Chomsky les acercan al anarquismo y por esta feliz coincidencia, de alguna forma, bordean al anarquismo y este recibe de esa gente sus ideas y las adopta a su cuerpo doctrinal. En fin, que ya vemos por donde va la cosa: en vías de una apertura (que nadie niega) del anarquismo, es preciso aceptar las ideas de cualquiera, sea marxista, socialista, socialdemocrata o cualquier cosa.
Hay ambigüedades respecto al poder en página 58 ¿qué es ese poder que dice Ibáñez que el anarquismo se ha equivocado al querer destruir radicalmente y que Foucault ha venido a poner el claro al anarquismo que estaba equivocado? Si se refiere a las relaciones de poder, como parece ser, es evidente que el anarquismo jamás ha propuesto que se erradique el mal de la humanidad, es absurdo e Ibáñez demostraría que tiene muy poca formación ideológica al afirmar algo así; si se refiere al poder político, efectivamente, el anarquismo busca aniquilarlo totalmente, y si Ibáñez piensa que no es posible, demostraría que su lugar está entre los socialdemócratas y no en el anarquismo. Es que son ya varias las veces que Ibáñez intenta abrir al anarquismo, decir que está mal, que debe aceptar otras ideas, etc., de manera que esta afirmación sobre el poder no puede sino generar repulsa y cuestionar al propio autor.
Para más tontería del texto, y disculpen, pero en verdad es molesto leer estas cosas, viene a la pantalla el "postanarquismo" que dice Ibáñez que ya forma parte del cuerpo ideológico del anarquismo... Así, porque sí. Históricamente las cosas que forman parte del cuerpo ideológico del anarquismo han tardado muchos años. Véase por ejemplo las discusiones para pasar del colectivismo al comunismo anarquista: fueron cosa de congresos internacionales, de años de discusión, de certámenes, de muchas discusiones. Pero ahora llega alguien, cualquiera, publica alguna estupidez y le llama anarquista y ya cree tener cabida en las ideas anarquistas aunque no diga nada de anarquismo o aunque contradiga o reforme el anarquismo. Así es que este "postanarquismo", dice Ibáñez citando a Jason Adams (¿y ese quien es?), es esos movimientos que "se identifican más con el "espíritu" del anarquismo que con este considerado como "tradición"" (página 67) ¡Ajá! O sea que esa burrada de postanarquismo no es otra cosa que la tivieza de quienes no se quieren asumir anarquistas con todas las consecuencias y que toman del anarquismo solo el nombre, o lo transforman y desfiguran para adaptarlo a sus ideas reformistas, y esto dice Ibáñez que forma parte del anarquismo. Menuda tontería.
En página 72 dice que "el anarquismo participaba, en buena medida, de la creencia moderna en la existencia de 'un sujeto autónomo' qué bastaría con arrancar de las garras del poder para pudiera realizarse finalmente, ser libre y 'actuar por sí mismo'" sería bueno que Ibáñez nos dijera donde se dice semejante cosa, porque el anarquismo nunca ha hablado de algo así. Podría decir muchas cosas, pero ya que esto está dicho en el apartado "La crítica del anarquismo clásico", remito a los clásicos del anarquismo a quien quiera comprobar que es mentira lo que dice Ibáñez.
El apartado termina sin que haya dicho una sola crítica buena al anarquismo clásico ¿de que se trata entonces cuando se pone título a apartados o capítulos y luego no se atiene al tema anunciado?
Así es que, según esta serie de cosas, el anarquismo se vuelve postmoderno, dice Ibáñez "lo queramos o no, tengamos consciencia de ello o no". Por cojones, vamos. En fin, pues que es lo que piensa Ibáñez, pero no es verdad en absoluto y hay varias personas que nos negaremos siempre a esas tonterías, se nos llame como se nos llame.
Finalmente hay un apartado de Crítica al postestructuralismo y al postmodernismo, cosas que no son suficientes para que Ibáñez se cuestione su afirmación de que el anarquismo es esto o lo otro forzosamente.
Un tercer capítulo llamado "Adendas" cierra el libro. El primer capítulo, aunque interesante, no tiene nada que ver con el anarquismo del que en teoría se trata el libro. El segundo capítulo comienza diciendo, así a empujones, que el postestructuralismo ejerce influencia en el postanarquismo, porque claro, en la mente del autor y como ya nos ha dicho antes, el postanarquismo existe así, porque apetencia del autor. No hay nada que permita afirmar que el postanarquismo exista más que en la mente de Ibáñez, pero ya lo tenemos encima. Que cosas.
Luego viene un capítulo final sobre el relativismo y el absolutismo, interesante igual, pero que no guarda relación con el título del libro. Personalmente, además, hubiera preferido una lectura de "Filosofía del progreso" de Proudhon, donde habla del mismo tema, pero orientado por la dialéctica proudhoniana.
En fin, que "adendas" me parece un simple relleno en el libro.