Historia del pensamiento socialista VI

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Erick Benítez Martínez
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Historia del pensamiento socialista VI

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Es un buen libro, aunque como el volumen IV, complemento del anterior, lo que en muchos casos ya es un poco redundante cuando se pudo escribir en partes y no como complementos.
El capítulo de Francia es bastante bueno. Se desarrolla en los tiempos anteriores a la promulgación de los famosos 21 puntos que la Comintern rusa quería imponer a todos los partidos socialistas, pero con el agravante de someter a su vez a todos los sindicatos a Moscú. Esto es muy importante, porque explica muy claramente los motivos por los cuales los anarcosindicalistas con Rudolf Rocker a la cabeza refundaron la AIT, para salvar al sindicalismo de las garras centralistas del marxismo ruso que quería someter no solo al pueblo ruso a su dominio, sino también al sindicalismo internacional. Semejante aborto del socialismo era sumamente peligroso, aberrante para quienes quisieran cambiar el mundo y no ponerlo bajo el dominio de solo unos pocos en nombre de un socialismo y comunismo que solo lo eran de nombre.
En cuanto a Francia, hubo discusiones internas en el Partido socialista que tenía, curiosamente y como todos los Partidos socialistas del mundo, sus alas derecha, centro y revolucionarios. Curiosamente los Revolucionarios no eran tales, sino quienes querían someterse a los dictados de Moscú y sus 21 puntos.
Estos ganaron las votaciones internas y transformaron al Partido Socialista en el Partido Comunista, consiguiendo a su vez que las minorías se separaran del congreso y reconstituyeran al Partido Socialista que, pese a sus fallos de buscar el poder político, querían tener un mínimo de independencia sindical. A esos grados dañaba el marxismo ruso incluso a quienes tenían similitud de ideas con ellos.
Simplemente aberrante. Aunque es bueno conocer esto en forma detallada.
Sobre Bélgica y Suiza también hay un capítulo, no muy largo pero bien explicado, sobre todo de Bélgica, sobre las rupturas también con motivo del apoyo a la Comintern y sus 21 puntos.
También hay capítulos sobre Holanda, Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia, estos dos últimos muy interesantes por su relato sobre las discusiones con motivo del infame Tratado de Brest-Litovsk.
Sobre España y Portugal hay un estupendo artículo, aunque respecto a España algunas cosas deberían ser matizadas con notas al pie de página. Al narrar por ejemplo la Huelga de la Canadiense dice que los militares formaron el mando y expulsaron a las autoridades, lo que es por lo menos desviado de la realidad. Aunque los militares efectivamente tomaron el mando cuando engañan a los huelguistas, en realidad fueron mandados por las mismas autoridades. Luego dice que la jornada de 8 horas se consiguió por decreto real, pero no dice que esto fue efecto directo de la huelga de la Canadiense y lo presenta como sucesos distintos, cuando no lo son. Cuando habla de la adhesión de la CNT a la III internacional (La Comintern) lo dice como si la CNT hubiera de verdad deseado esa adhesión, presentandola así como afín al marxismo. En realidad la CNT se afilió, o la afiliaron, mejor dicho, debido a que muchas de sus personalidades destacadas estaban en prisión o escondidos por el acoso policial de ese tiempo. Poco después la CNT tiene un poco más de respiro y denuncia a esa afiliación a la que la metieron Andreu Nin y Joaquín Maurín, declarados enemigos del anarquismo ambos y que saldrían de la CNT al ver que no la podrían controlar. Curiosamente estos datos sí los dice Cole (escribo mientras leo), pero antes los ha dejado sentados y la apariencia del lector no se borra sino hasta después. Hay otras cosas por lo menos curiosas, como cuando dice que los anarcosindicalistas eran partidarios de la autonomía regional, o nombra al periódico Solidaridad Obrera "Solidaridad", pero hay otras molestas por el desconocimiento de Cole sobre el anarquismo, como cuando dice que el anarcosindicalismo no dio un dirigente notable. Se puede entender que no se refiere solamente a un dirigente en el sentido de la palabra, sino de una figura representativa y en ese caso Cole comete un serio error porque el anarcosindicalismo español tuvo muchas personalidades, hombres y mujeres.
Decir que solo se podía considerar un "dirigente" (o personalidad) a Ángel Pestaña y que este desempeñó un papel importante en las negociaciones para afiliar a la CNT a la Comintern, es una mentira gigante: Pestaña fue a Rusia y regresó con un informe que no pudo entregar por ser detenido, pero básicamente solicitaba a la CNT dejar de participar en la III internacional roja y denunció bastante al bolchevismo por su carácter reaccionario. Cole nos muerta nuevamente que respecto al anarquismo no conoce absolutamente nada más allá de lo básico... Y con errores.
Incluye un pequeño apartado sobre Portugal, bastante pequeño, de una página y media como mucho. Insuficiente, desde luego, para analizar nada.
En el capítulo "Rusia desde la Nueva Economía Política hasta el Plan quinquenal" es muy bueno, retomando Cole su nivel luego del pésimo estudio en cuanto respecta al anarquismo en España.
La NEP que pretendía sustituir al Comunismo de guerra (vergüenza mundial de quienes se precien revolucionarios) no hizo sink acelerar el capitalismo de Estado y la especulación de mercado. Los sindicatos que Trotzky pretendía hacer un apéndice del Estado no servirían para detener este avance hacia el capitalismo ni siquiera cuando se les dio independencia del Partido pero siendo infiltrados por este.
Poco después, un poco antes de la muerte de Lenin, hay ya serios enfrentamientos entre Trotzky y Stalin, entonces apoyado low Zinóviev y Kámenev, que después del 14 congreso se voltean contra Stalin ahora en alianza con Trotzky, vamos, todo un baile de traidores. Curiosamente Stalin se los echaría a todos poco tiempo después. Aunque es gracioso ver al payaso miserable de Trotzky pidiendo tolerancia en el Partido para la disidencia, cuando el muy criminal exterminó sin remordimiento alguno a miles de anarquistas.
Luego analiza las disputas por el poder entre Stalin y Trotzky de una forma precisa. En realidad ambos deseaban más o menos la misma dictadura, solo se diferenciaban en que veían las cosas un poco distintas a la hora de ejercer el poder, pero no diferían en cuanto al ejercicio del poder en sí.
También analiza el pensamiento de Lenin del que ya nos ha hablado en el volumen III, aunque aquí lo hace respecto de los hechos rusos y no en pura teoría. Sin embargo Cole atribuye a Lenin la casi paternidad de la revolución rusa y eso es por lo menos una mentira: la revolución fue un movimiento social y hasta los bolcheviques eran minoría y despreciado. El mismo Cole lo indica en los volúmenes IV y V. Atribuir a Lenin semejantes dotes es una mentira vulgar. Donde sí es crítico y acertado Cole es en su juicio sobre los defectos de Lenin, porque sí, el stalinismo ya tuvo sus antecesores en el mismo Lenin desde el Congreso de 1904.
De Ucrania hay otro capítulo, el VI, pero se basa más en los movimientos socialistas. Aunque esto es lógico dado el mismo título, respecto a Ucrania tuvo que atender más al movimiento de Makhno. Del anarquista ucraniano solo dice poco menos de una página, y no indica las traiciones bolcheviques a los anarquistas. Todo pasa como que rompieron relaciones y la misma huida de Makhno se muestra como un escape forzado por la lucha, pero no dice nada sobre las miserias de los bolcheviques. Insisto, como en un volumen anterior, que el movimiento de Makhno no debía ser desconocido para Cole más que por ignorancia consentida, porque para cuando escribe estos volúmenes ya se habían publicado las obras de Volin y Archinoff.
Tampoco se habla de la revuelta de Tambov. Es verdad que este movimiento no se definía abiertamente como socialista y menos como anarquista, pero debido a los problemas que puso a la URSS no mencionarlo deja un hueco bastante importante.
Sobre Polonia también hay capítulo, muy interesante al detallar las distintas ocupaciones rusas, alemanas y prusianas a Polonia y como reaccionaron no solo los socialistas sino el pueblo polaco respecto a las invasiones.
La República de Weimar también tiene su capítulo, aunque como con el volumen IV, ya se había hablado antes de este episodio aunque en años distintos, pero que en muchos aspectos son los mismos años y procesos. Esto es repetitivo en muchas cuestiones, si bien no en todas. Es interesante, en lo que respecta a los años no tocados antes, como se desarrollaron las cosas en el contexto de los nazis comenzando a actuar y los dirigentes del socialismo alemán (Brandler) viajando a Rusia para que la Comintern decidiera si quería una revolución en Alemania o no (😳), dando con esto manga ancha a los nazis para expandirse. La derrota del alzamiento "Comunista" les puso en un viraje hacia la derecha como había sucedido en Rusia, al grado de que en 1931 los comunistas alemanes tienen coincidencias con los nazis en el plebiscito de 1931 para derrocar al gobierno social demócrata.
El capítulo "La gran Bretaña hasta la caída del segundo gobierno laborista" es más sobre luchas electorales que de manera personal apenas me representó algún interés.
Pero el de "La batalla de las internacionales" ya es más nutrido en contenido. Aunque comienza con su repetida mentira de que Makhno "abandonó" Rusia en lugar de decir que fue traicionado varias veces por el bolchevismo. En fin, que esto marca un despido del anarquismo ruso en palabras de Cole.
Pero respecto al tema de las internacionales, se centra en las internacionales socialistas marxistas y la AIT instalada a propuesta de Rudolf Rocker apenas es mencionada. Esto es fundamentalmente desastroso, porque la AIT se constituyó precisamente para no dejar caer al movimiento obrero en manos de la Comintern y sus famosos 21 puntos que no eran más que la exigencia de someter el movimiento obrero al Bolchevismo. Que Cole no mencione estas cosas es desastroso. Aunque ciertamente El capítulo no es malo, porque entre la participación de la AFL estadounidense, las disputas entre Stalin, Trotzky y Bujarin, resulta de interés el capítulo.
Sobre América latina hay otro capítulo. Lo leí interesado porque no lo esperaba, pero es que es un capítulo malo en realidad. Habla del anarcosindicalismo mexicano, pero apenas de refile. A la CROM la ve como socialista sin mencionar que era un sindicato del gobierno. De la CTM la menciona, pero no dice cómo Toledano y sus grupos de mercenarios aplastaron el sindicalismo mexicano. La CGT ya no es mencionada a pesar de su importancia en esos años.
El siguiente capítulo de China es de interés general, pero nuevamente giramos sobre el eje de la formación de partidos comunistas y socialistas aspirantes a más asientos en el gobierno. De la Comintern se sigue hablando y es interesante, pero siento que a estas alturas se va desinflando el trabajo de Cole. Quizá muy desgastado ya por estar siempre en el carril de cómo los socialistas y marxistas querían, ansiaban el poder político.
A continuación hay un capítulo sobre Japón, pero Cole nos queda nuevamente a deber muchísimo. El anarquismo no existe para Cole más que a razón de título, pero no dice apenas nada de él; una línea solamente. Esto es terrible, porque Cole sabe perfectamente que el anarquismo es una rama del socialismo y en el caso de Japón una rama muy interesante y nutrida de información. Omitirlo es dejar su trabajo incompleto. Lo demás que narra es lo mismo de los últimos 3 volúmenes: formación de Partidos socialistas, divisiones, ocupación de escaños.
De la India hay también un capítulo bastante interesante, porque aquí no hubo un movimiento socialista sino hasta la década de los 30. Antes todo se movió entre la represión gubernamental y el fuerte movimiento de Gandhi (objeciones aparte). Cabe mencionar que personalmente me ha aportado un dato importante este artículo: sabía de correspondencia entre Kropotkin y Gandhi, pero no sabía de una declaración abiertamente anarquista de Gandhi, y Cole dice que si bien en su círculo privado, Gandhi sí se asumía como anarquista.
El penúltimo capítulo "El socialismo y los derechos de la mujer" también nos queda debiendo. Cole se refiere únicamente al movimiento de las sufragistas y del apoyo, tanto de los grupos conservadores como socialistas al movimiento porque eso significaba más votos para sus fines políticos. Sin embargo olvida horriblemente decir nada de las mujeres anarquistas. Ya que habla de mujeres importantes en la política bien podría hablar de las mujeres revolucionarias y anarquistas que sin ocupar puestos de poder eran muy importantes: Petronila Infantes en Bolivia, Moura Lacerda en Brasil, Emma Goldman en Rusia en esos años, Federica Montseny y las miles y miles de Mujeres Libres, etc, etc. Tengas en cuenta que Mujeres Libres se constituye con 30,000 personas y Cole indica que la Internacional Obrera y Socialista contaba en todo el mundo con 1,000,000 de mujeres afiliadas ¿porque no decir nada de una organización en un solo país con 30,000 afiliadas?
Nuevamente, Cole deja incompletos sus estudios Al basarse únicamente en el socialismo parlamentario y si acaso marxista, pero al faltarle el estudio del anarquismo su trabajo sobre el socialismo es incompleto siempre. Cuando intenta tocar el tema se nota a leguas su falta de preparación y documentación.
Finalmente hay una conclusión sobre Comunismo y socialdemocracia que sin ser malo es un poco bulto ya: llevamos dos volúmenes sobre el mismo tema, volúmenes que no solo se complementan, sino que resultan un poco repetitivos. Más de 1,000 páginas se han consumido sobre el mismo tema como para que la conclusión sea de lo mismo sin apenas reflexiones distintas de lo ya leído.
Vamos por el volumen VII.


“El campo de batalla del anarquismo, ínterin se espera la revolución social, tendría que ser la pluma, la palabra y el ejemplo […] Revolucionarios, meditad que la hora de nuestra emancipación tanto más tardará en sonar cuanto más tiempo permanezcamos en la ignorancia. Eduquémonos, instruyámonos, que el porvenir es nuestro”

José Llunas
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