
Es un buen libro, hay que decirlo.
Salvo algunas cosas que me parece importante indicar, es un buen libro. Van algunos comentarios.
La introducción nos habla sobre el origen de los alebrijes, esos seres míticos que son como parte de lo real y la fantasía, con los cuales los autores juegan para generar la dinámica del libro.
Los comentarios (página 53) sobre que el anarquismo no es un regreso a un punto cero son bastante acertados. Efectivamente, es inútil pensar en los inicios de la autoridad o que ciertos acontecimientos definieron el inicio del Estado, porque el surgimiento de la autoridad y el Estado fueron acontecimientos dispares en su localización y tiempo, un surgimiento contemporizado en varios sitios y épocas, un tanto indefinido. Esto nos da la pauta para afirmar que no se puede romantizar, o en este caso, idealizar el surgimiento del Estado y la autoridad en un punto fijo, sino como una serie de acontecimientos. Los autores nos dan aquí una invitación abierta a estudios que parten de una base distinta a las que muchas veces se usan de manera afirmativa. Esto es un puntazo a su favor, bastante bueno. Es que además de podría enriquecerse el argumento con lo dicho por Bakunin: el Estado en un momento fue una necesidad histórica, pero el avance humano hace que esa necesidad inicial haya cesado y que sea ahora necesaria su destrucción. Acertadamente los autores se preguntan (realizando una cita) ¿Cómo es que nos hemos estancado? (página 55), y aquí es donde Bakunin aparece de fondo en el argumento.
Más adelante hay otro acierto, ahora de igual o mayor profundidad que el anterior: en página 62 se acierta al decir que la carencia de gobierno no implica necesariamente la existencia de organización política. Esto es muy, muy bueno, y engarza con algo que he venido diciendo en charlas, debates y escritos: la ausencia de gobierno no significa anarquía o, para los autores, anarquismo. El anarquismo tiene sus propios objetivos, objetivos digamos positivos que no son para nada sinónimo de la ausencia de gobierno (ausencia de objeto). Un pueblo sin gobierno puede existir repitiendo los mismos errores esclavistas del gobierno o reproduciendo por si mismo la existencia de las instituciones de la desigualdad.
Párrafos adelante (ya en página 63) se habla de esto, pero de la mano del federalismo. La lectura de "Idea general de la revolución en el siglo XIX" de Proudhon se hace aquí imprescindible por los violentos argumentos de Proudhon contra la denominación de autogobierno o gobierno directo, sinónimos ambos. Entiendo que para los autores (no sé si para ambos por igual, el libro no indica de quien es cada texto; un error quizá a la hora de repartir méritos y responsabilidades) la denominación de autogobierno tiene otro matiz, así que omito mis opiniones al respecto, pero la lectura de Proudhon en estas páginas hubiera sido una fuente de agua fresca y vigorosa para nutrir estas páginas.
El diálogo establecido entre Bookchin y Krenak es bastante bueno. Personalmente conocía a Bookchin (ver referencia de "La ecología de la libertad" en mi álbum de fotos "Libros 2024") e hice varias críticas a sus ideas, buenas y malas (como debe ser en cada autor), pero de Krenak no tengo conocimiento alguno, y leer aquí algunos paisajes suyos me ha parecido bastante interesante. Salvo algunas cosas (lo de "Desarrollo sustentable" se refiere lo sustentable a mantener la vida de la sociedad, así me parece interpretarlo y no como mantenimiento del status), creo que es muy interesante su perspectiva.
No separar la naturaleza de la humanidad me parece un apartado fundamental y que pocas veces se trata en el anarquismo: también he insistido en este sentido en varios casos. Desde los clásicos del anarquismo, pero sobre todo en Reclus ("El hombre es la naturaleza que cobra conciencia de sí misma"), se ha rechazado esa idea de separación. Desgraciadamente se nos filtra constantemente el argumento de separación cuando se afirma que "La anarquía es el orden natural", porque la naturaleza solo concibe hechos, no ideas, por lo que podríamos decir que para el anarquismo su idea fundamental es la naturaleza salvaje que contiene cierto orden que podemos aumentar gracias a nuestro pensamiento. Pensar que la naturaleza es un pensamiento humano como el anarquismo es generar una separación, como si pudiéramos interactuar con la naturaleza cuando solamente podemos obedecerla. En fin, disgregaciones más o menos, presentar nuevamente este argumento de que no hay separación alguna es importante y ojalá genere más debates sobre el tema.
A Krenak lo apunto como autor por si un día puedo conseguir algo suyo impreso.
El capítulo, capitulazo "¡Que ardan todas las patrias!" está escrito de forma magistral, amén de la andanada de argumentos contra el colonialismo y el nacionalismo, apoyado siempre en abundantes datos históricos.
En el tema de la independencia de Catalunya no creo que se hubiera reducido a una nota: es verdad que Catalunya es una especie de colonia de Castilla, pero no del todo ya que goza de cierta autonomía. Sin embargo creo que se debió abundar más en el tema y cómo el anarquismo no puede apoyar ni siquiera ese Estado menor o débil que algunas personas argumentan como solución al problema catalán.
Catalunya jamás será libre mientras se busque su independencia para crear un gobierno, ni siquiera un autogobierno (mantenimiento de las instituciones pero reguladas mediante asambleas populares), porque mientras se queden en pie las instituciones del Estado, el nombre que se adopte es secundario: nunca habrá libertad real.
Esto no obstante es algo que no se puede exigir a los autores más que como petición a posteriori.
Respecto de la descolonización, encontré cosas sumamente interesantes, como la propuesta de nación sin Estado, aunque queda alguna laguna porque ¿qué nos dice la propuesta de los medios de producción? Un pueblo puede vivir sin Estado, como hemos visto antes, pero reproduciendo los sistemas de explotación aunque se hable de anticapitalismo. ¿Los medios de producción son privados o colectivos? ¿Colectivos o se ha suprimido la propiedad privada de los mismos? (no es lo mismo una cosa que otra); los productos ¿Cómo se distribuyen? ¿Mutualismo, colectivismo o comunismo, respecto de la economía de los mismos? Son cosas que el texto no indica, posiblemente porque la respuesta no exista en estas propuestas de nación sin Estado o de municipalismo libertario como en Rojava. La incógnita no puede ser necesariamente aplicada al cargo de los autores del libro, sino a la teoría en sí. El asunto es que la ausencia de estas preguntas deja un vacío muy grande para quienes no se conforman con la solemne declaración de negar al Estado o al gobierno (aunque se le reconstituya en forma de autogobierno).
Sin embargo, al hablar sobre la propuesta de descolonizar el anarquismo, palabras que personalmente me suenan mucho a nacionalismo, los autores tratan el tema de una forma quirúrgica y precisa: no se trata de hacer un anarquismo indigenista, sino de saber leer el anarquismo y aplicarlo en los distintos contextos, y añadiría yo: hacer nuestras propias variantes teóricas del anarquismo sin estar machacando eternamente con la descolonización porque la acción directa, el "hazlo tú mismo", baluartes del anarquismo, son justamente eso: si algo falla, si vemos que algo falta, hay que poner manos a la obra en lugar de estarse quejando eternamente. El anarquismo no es una idea cerrada. Excepto la negación del Estado y el gobierno (el anarquismo jamás ha propuesto el autogobierno, sino la eliminación del gobierno, que no es lo mismo: autoejercer/suprimir), la propiedad privada, la socialización inmediata de los medios de producción y de consumo, todo lo demás es teorizable. Adelante, pues, a formular ideas propias. Es un deber para con las ideas anarquistas. El anarquismo contiene ya en si las propuestas contra la colonización al manifestarse contra toda forma de dominación; toca, pues, hacer la teoría anarquista enfilada hacia ese camino. O mejor aún, como se propone al final del texto, prácticas anticoloniales, acción directa anarquista.
El capítulo "¡Alebrijes, Alebrijes, Alebrijes!" nos brinda el relato del anarquismo desde la práctica de las comunidades indígenas en México (la relación entre Zapata y Ricardo Flores Magón), Perú (Comité Tahuantinsuyo) y Bolivia (las cholas, la FOL y la FOF).
En la página 145 el texto (creo ver diferencia de escritura, por lo que me indica que este texto pertenece a uno de los dos autores, aunque por desgracia no pueda decir cual) habla directamente de socialización de los medios de producción y rechaza el "Estado popular". Esto nos puede indicar la manera en la que se tratará próximamente el tema del autogobierno, así que el debate se antoja interesante.
Ya entrados en el tema del PLM, el texto es muy bueno en su análisis de la evolución del anarquismo en el PLM y su influencia en la revolución mexicana. Incluso, sumando a lo reconocido en la página 145 sobre la socialización de los medios de producción, al comentar el Manifiesto del 23 de septiembre de 1911 se recuerda expresamente que el anarquismo busca la abolición de la propiedad privada (aunque se mezcla abolición de la propiedad privada y propiedad común: no son lo mismo) y la distribución de los productos según las necesidades.
Pero donde el texto es brillante, pero muchísimo ya que pocas veces se cuestiona esto, es donde (página 154) habla sobre el termino magonismo y lo encuadra como un arma de los enemigos de los anarquistas del PLM en su momento. También he dicho muchas veces (leer mi texto "Huecos y errores en la historia del anarquismo en México" en Regeneración) que el término es algo que no se debe reivindicar desde el anarquismo por varios motivos. Los autores del texto dan aquí argumentos parecidos y me parece que deberían servir para que se rectifique ese funesto error de llamarse magonistas. Se trata del anarquismo del PLM, nada más. Lo de magonistas es un asunto lamentable. Aunque el texto al final termina contemporizando su postura, pero el análisis inicial ahí queda y creo que debería mantenerse así, son contemporizar.
Sobre las relaciones del PLM y los zapatistas es un estupendo trabajo, poco hay que añadir a lo dicho. Quizá, en el contexto de la unión con comunidades indígenas, hubiera sido deseable insertar los trabajos del PLM con la comunidad Yaqui y los Mayos, pero es ponerse un poco exigentes.
Podría decir lo mismo del tema de Perú (hay poco más que decir), pero el tema del Comité Tahuantinsuyo, que tan, pero tan interesante me parece, ha sido algo maravilloso poder leerlo. Una organización indigenista, pero abiertamente anarquista, me parece algo maravilloso. No juegan a los vocablos, a deformar las palabras, son anarquistas abiertamente. Para desgracia mía he podido solamente leer algunos trabajos al respecto, por lo que este apartado del libro me ha fascinado, no hay otra forma de decirlo.
Lo mismo sobre Bolivia: magistral. Aunque personalmente he leído sobre el anarquismo en Bolivia, han sido lecturas no necesariamente pobres, pero si insuficientes, y leer este capítulo fue algo verdaderamente estupendo. Rellenó algunas lagunas que tenía, me brindó otros datos, ordenó aquellos que tenía confusos. Debo agradecer, pues, y de manera personal, el estupendo capítulo realizado.
Como bien se indica en varias partes del libro, el anarquismo no es europeo, considerarlo así es un error. Es preciso que, como los aymaras y quechuas, se apropien de las ideas anarquistas y las adapten a sus propios contextos sin renunciar a sus puntos neurales y fundamentales.
El capítulo 4 "Todo es de todos" analiza brevemente a la comunidad como espacio de encuentro bajo las premisas de Bauman y Martín Buber. Hubiera si muy interesante, dado el carácter proudhoniano de varios artículos, insertar el analizis de la comunidad de Proudhon de "Idea general de la revolución en el siglo XIX" y sobre todo en "Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria". Proudhon se opone a la comunidad, pero se entiende, en un sentido filosófico y no como individualismo exacerbado según la óptica del marxismo. En este sentido el análisis proudhoniano hubiera aportado bastante al texto.
Los términos comunismo, Comunalismo, comunitarismo o comunalidad son empleados sin apenas distinciones entre conceptos. Es verdad que en nota (página 215) se indica que esto se hace en una abstracción Libertaria, pero la confusión de términos puede provocar no solamente lecturas distorsionadas, sino también postulados ideológicos dispares; veremos más adelante.
Donde sí acierta el texto es la nota 3 de la página 216 al hablar sobre el mutualismo, el colectivismo y el comunismo anarquistas. Esto es fundamental, no solamente para esclarecer las diferencias económicas entre los tres sistemas, sino para tener presente cómo se distribuyen los productos en ellos. Quizá hay un detalle al decir que Kropotkin fue quien trajo el Anarco-comunismo: fueron Errico Malatesta, Andrea Costa y Cafiero quienes (Congreso de Florencia, 1876) dieron las primeras versiones del comunismo anarquista. Este error es muy repetido debido a la fama que Kropotkin tuvo por su propaganda activa del Anarco-comunismo, pero fue a los italianos a quienes debemos su primera formulación. Error mínimo, vamos, en el que cae mucha gente.
Otro error se encuentra en página 220 donde se dice que "El Anarco-comunismo mexicano, inspirado también en las tempranas aportaciones de Rhodakanaty..."; error, porque Rhodakanaty llega en 1861 a México. Faltarían aun 15 años para el congreso de Florencia. No se podría, pues, hablar de comunismo anarquista en esas fechas. Estas cosas me parece importante señalarlas, porque al hablar así de ligero sobre un comunismo anarquista en fechas que no se había formulado puede generar confusión en las personas. Es necesario llamar a cada cosa por su nombre preciso.
El capítulo se enfoca sobre todo en hacer ver la relación entre el comunismo anarquista y las comunidades indígenas de México (zapatistas) y Rojava, aunque enfocado más a México.
El quinto y último capítulo versa en su introducción sobre la necesidad mutua entre feminismo y anarquismo como complementos mutuamente para la emancipación de la humanidad entera. En ese sentido la relación que establece el texto parece bien argumentada teóricamente, lo cual se agradece.
A continuación se estudian los ejemplos del periódico La voz de la mujer (argentina) y de las polleras de Bolivia.
La relatoría sobre María Lacerda de Moura me pareció bastante buena ya que la conocía, pero solo de nombre. Saber un poco más de ella y de su activismo fue algo bastante bueno. Ojalá se pudiera editar o traducir alguna obra completa sobre su vida porque al menos en lo personal nunca he visto algo así sobre ella.
También es muy interesante el apartado sobre las polleras. Aunque ya había leído sobre ellas en el libro de Silvia Rivera y Lehm que presentamos en el 2024 en la FAM junto a la autora de este texto, leer de nuevo sobre ellas me pareció importante.
El siguiente capítulo sobre el feminismo burgués es una verdadera maravilla ¡que pluma de quien escribió el texto! Documentado, analítico, bien estructurado, el análisis sobre las mujeres anarquistas y el feminismo burgués es bastante precioso. Lo mismo para el siguiente texto sobre las mujeres y el machismo imperante incluso en algunas organizaciones de lucha.
Finalmente se habla sobre el disfrute como un derecho reivindicativo de las mujeres, tanto en el caso de Emma Goldman y su reclamo por su derecho a bailar, como en el caso de las cholas y sus fiestas que reivindicaban sus derechos a no ser simples máquinas de trabajo. Desde un punto de vista revolucionario el baile y la diversión pueden tener dos filos, tanto de alienación como de reivindicación de la libertad como en este caso.
Finalmente el último apartado se refiere a la lucha de las mujeres anarquistas (sobre todo desde el órgano argentino La voz de la mujer) en las propias filas del anarquismo argentino por la dignidad de la mujer. Algunas cosas se pueden leer en "Diego Abad de Santillán. La FORA", donde también se menciona esta lucha aunque de forma más pequeña que en este texto, de ahí que su importancia sea de mayor si en un historiador como Santillán el tema apenas ha sido tocado.
El final "¿La cola del alebrije?" son palabras finales, pero hay una cosa que me gustó: cuando se dice que el "Ni Dios ni amo" no es un "anti" sino un "sin", se le da la connotación adecuada a las cosas. Comúnmente se considera que el anarquismo es la "filosofía de la contra", como si fuera una filosofía de la necedad de estar en contra de todo por el simple hecho de estarlo y no por estarlo basado en amplias investigaciones de casi siglo y medio. El anarquismo tiene partes en las que está en contra, efectivamente, pero otras en las que simplemente se indica la carencia "de". Esto es importante indicarlo y el libro acierta mucho en este sentido.
En general me pareció un buen libro. Como todos, algunas cosas pueden gustar más o menos, pero creo que hay puntos del libro verdaderamente buenos, pero además de la calidad del texto, debe resaltar lo bueno de que un libro así sea escrito. En estos tiempos donde pese a los mares de información hay quienes siguen pensando que el anarquismo es caos y desorden, cosas de jóvenes inexpertos o "utopías bonitas pero irralizables" para algunos sectores de la izquierda política, un libro como el presente colabora en la urgente tarea de mostrar que el anarquismo tiene historia, una filosofía social (la más avanzada y heterodoxa) y una actualidad que nadie le puede arrebatar.
Quienes puedan conseguir el libro no duden en leerlo, comentarlo, cuestionarlo, debatirlo. Es lo que le da vigencia al anarquismo.
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Comentario a la autora del libro (mi compañera) al terminar una de sus presentaciones del libro:
El alebrije es un ser mítico, salido de la fantasía. No tiene lógica, ni la necesita, es lo que es por sí mismo.
El anarquismo es similar.
Desde tiempos de Bakunin los socialdemocratas de su tiempo le reclamaban a Bakunin la carencia de un programa específico del anarquismo.
Bakunin no tenía ese programa pero ¿lo necesitaba? No tenía tiempo para escribir tal programa, porque mientras otros ideologos escribían desde su escritorio, Bakunin estaba en las trincheras.
Perseguido por la policía desde su juventud por la causa eslava, preso por luchar en la revolución alemana de 1849, encadenado a la pared durante su prisión, llevado luego a Siberia de donde se escapa vía Japón-Estados Unidos-Inglaterra. Llegado apenas a Londres se pone frenéticamente a organizar las fuerzas que hasta entonces se podrían encaminar a su anarquismo madurado en la prisión.
Bakunin, como se ve, no tenía tiempo para programas.
Posteriormente en el anarquismo hubo serias discusiones cuando a partir del congreso de Florencia en 1876 Malatesta, Andrea Costa y Cafiero hablan por primera vez de anarco-comunismo.
Del mutualismo de Proudhon al colectivismo de Bakunin; del colectivismo de Bakunin al anarco-comunismo, y de la discusión colectivismo comunismo anarquistas a la propuesta de Tárrida del mármol de anarquismo sin adjetivos, el anarquismo ha tenido varias propuestas de programa... Pero ninguna en especifico.
Y es que el anarquismo no es un cuerpo ideológico rígido, estático, inmóvil para toda la eternidad. El anarquismo es un camino, una idea, pero que se adapta a todas las circunstancias y regiones. Invita de hecho a que se adapte. Sea en Japón (Museihushugi) o en cualquier parte del mundo, el anarquismo es uno, adaptado a las condiciones donde se desarrolle.
Indicar un programa único significaría matar la propia dinámica del anarquismo: la uniformidad es la muerte, decía Bakunin.
Esa carencia de un programa único no significa carencia de propuestas (hemos visto que las tiene), sino que a pesar de las propuestas hechas ninguna es fija e inmóvil. El anarquismo es dinámico ante todo, se adapta a la sociedad china como a la neoyorquina, a la alemana como a la boliviana, a todas por igual.
No hay un cuerpo único, sino múltiples formas de anarquismo adaptadas a cada circunstancia y lugar. El anarquismo es un alegrije por excelencia: indú o mexicano, argentino o abgano. No hay una verdad única, no hay una idea inmóvil. Con cola o sin cola, con alas o sin alas, el alebrije existe por sí mismo, como el anarquismo.
Pensar un alebrije único o un anarquismo único, es quitarle a ambos su dinamismo, su naturaleza, su característica propia de su existencia. El alebrije, como el anarquismo, es libre o no es nada.