Agitando los anarquismos

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Erick Benítez Martínez
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Agitando los anarquismos

Mensaje: # 210Mensaje Erick Benítez Martínez »

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Bueno, pues un nuevo libro de Tomás Ibáñez. Dice en el prólogo que es una especie de continuidad de "Actualidad del anarquismo" que curiosamente terminé de leer.
No espero mucho ya del autor: él mismo dice en "Actualidad del anarquismo" (título engañoso porque no habla de eso) que apenas conoce el anarquismo en su filosofía clásica ni en su historia... Pero aún así escribe sobre ello. Además su reformismo es terrible y sus ganas por meter la política en el anarquismo es vomitivo.
En este mismo libro (página 11) ya comienza diciéndonos que el anarquismo solo es anarquismo a condición de ser cambiante. Esto es una verdad relativa, no absoluta como pretende Ibáñez: lo que le da carácter, origen incluso, personalidad y razón de ser al anarquismo es su negación de todo lazo con el Estado y el gobierno. Fuera de ello, este mismo rechazo gubernamental marca las demás tendencias. Ejemplo: no se puede ser anarcosindicalista dándose la mano con el gobierno o recibiendo subvenciones del gobierno, como insiste Ibáñez en que suceda, ni tampoco aceptar el poder político como también desea Ibáñez ("Anarquismo es movimiento").
Es verdad que Proudhon (Bakunin no, en esto cae en falso Ibáñez) dice que "La idea nace de la acción y vuelve a la acción" (página 14. Ibáñez emplea palabras distintas, pero yo las pongo así citando directamente a Proudhon). En mi libro "Propuestas proudhonianas" podrán encontrar más explicaciones de esta idea. Lo importante aquí es que esto es verdad, pero que el hecho de que la idea nazca de la práctica y regrese a la práctica, no implica un movimiento necesariamente cambiante del cuerpo constitutivo. Bien puede salir de la práctica la idea confirmada. Esto es que a pesar de las décadas, el anarquismo sigue confirmando una y otra vez la verdad sobre el Estado y su necesidad de rechazarlo y destruirlo. La idea sale de la práctica en forma confirmativa y no negativa. Eso también es movimiento, pero Ibáñez no alcanza a verlo.
Las demás páginas, hasta la 18, habla de lo mismo de siempre: batallitas del archi meneado mayo del 68, el 15 M y su discurso de Ibáñez de que eso es "Anarquismo de extramuros", planteamiento absurdo porque en realidad todo movimiento social e incluso político tiene siempre tintes de libertad (muchas veces solo en apariencia) y no por eso debemos llamarle anarquismo ni ir a olerle los pedos a cualquier movimiento social. En fin, que Ibáñez piensa que si, y en ese mar de difusas ideas Ibáñez (como Taibo) se lanza a crear sus propias palabrejas: anarquismo posestructuralista, postanarquismo, neo anarquismo, anarquismo extramuros, etc., palabras que buscan una originalidad que Ibáñez no tiene, pero que además buscar jalar brazos y piernas del anarquismo para desmembrarlo hasta que ya no sea anarquismo. Por fortuna esos "guardianes del templo" de los que se burla Ibáñez para justificar su aberrante reformismo, si existen, el mismo Malatesta los recomendaba, y no seré el primer en levantar la voz para señalar la miseria de ideas en Ibáñez y negar que el anarquismo sea esa serie de manipulaciones que buscan llevarlo hacia el reformismo y la política burguesa.
En página 25 Ibáñez insiste en que el anarquismo debe tener mayores adaptaciones de pensamientos ajenos a él sobre el poder. Leer a Bakunin quizá le vendría bien a Ibáñez que, por palabras suyas, no ha leído mucho de anarquismo, pero pretende saber lo que es el anarquismo ¿Cómo es eso posible?
Véase sobre todo que en "Anarquismo es movimiento", "Actualidad del anarquismo" y lo que llevo de este libro, Ibáñez apenas puede poner una cita de algún anarquista, pero abunda siempre en citas de Castoriadis y Foucault. ¿Cómo se puede analizar al anarquismo sin siquiera citarlo, sin conocerlo, sin saber lo que dice? Claro, por eso para Ibáñez es importante la literatura externa, porque no conoce lo interno, y todo le deslumbra. Pobre.
El apartado "La naturaleza humana: un concepto excedentario en el anarquismo" es quizá de las pocas cosas buenas que se pueden leer en Ibáñez. Es un trabajo detallado muy bien logrado, aunque no concuerdo con él (página 37) donde dice que el anarquismo es ajeno al concepto de naturaleza humana, entendido, claro, como esencialismo. No estoy de acuerdo porque el anarquismo debe estudiarlo todo, y no se si Ibáñez está en lo correcto cuando dice que el anarquismo debe mostrarse beligerante sobre la influencia del concepto. Creo que el debate debe darse, plantearse, adoptar una postura, pero son términos filosóficos, así es que la posición es por lo menos difusa, de otro modo no sería filosofía. Tampoco puedo estar de acuerdo en cuanto a la manipulación genética del ser humano. Ibáñez dice que no se puede rechazar en base a una supuesta naturaleza humana, pero sí en nombre del anarquismo. Pero el anarquismo, a pesar de que no esencializa la naturaleza humana, si tiene cierta base en ella, por lo cual su rechazo, aunque moral, tiene base humana. Creo que en esto Ibáñez se equivoca, pero insisto, cosa de opiniones, el artículo es bueno.
"Chequeo de la revolución y de su imaginario" comienza bastante bien en cuanto a la revolución y de las mutaciones del capitalismo. Esto es un buen punto para Ibáñez, porque en los tiempos en que se predice (como en tiempos del tonto de Marx) que el capitalismo va a morir por algún fatalismo, es importante recordar que la historia no se da por fatalismos. El capitalismo muta, y quienes creen que está por morir tienen un análisis muy flojo de las cosas. El capitalismo cae cuando los pueblos se deciden a destruirlo, no por fatalismos.
También me parece muy bien trabajado el tema de las tecnologías y su utilidad por el sistema capitalista, lo que a su vez, si bien pinta muy mal el panorama para el movimiento social, obliga a desmitificar que el colapso y demás chifladuras vayan a ser inevitables (sin negar el cambio climático, claro). La revolución debe ser repensada, dice Ibáñez, me parece de forma muy acertada. Analiza con este motivo el movimiento social y anarquista actual, en el que los colectivos de todo el mundo tratan de tener un movimiento acorde con las ideas anarquistas, aunque esto no es nuevo y viene desde Bakunin, pero es verdad que cosas como el machismo antes no se combatían tanto como ahora, o la liberación de los animales que aunque estuvieron ambos temas presentes siempre en el anarquismo, hoy se les da mayor atención con total justeza. Aunque no estoy de acuerdo con Ibáñez en que por esto ya no ha que pensar en la revolución futura y económica (página 61). Creo que en el contexto de las luchas en América latina, Grecia y otros países, es preciso siempre pensar en la sociedad futura. Quien sabe, el panorama no es del todo adverso y esos movimientos Revolucionarios cualquier día nos ponen la posibilidad ante las narices y si no hemos pensado en ello, vamos a fracasar, como ya ha sucedido por ejemplo en el estallido social chileno. El artículo, pues, es bueno pese a diferencias de opinión que son puramente personales.
Luego viene otro capítulo sobre "Los símbolos no nacen, se hacen" nuevamente sobre la creación de la A circulada. Aunque aporta algunas reflexiones más (como la de la mercantilización del símbolo) resulta ya repetitivo cuando ya ha escrito en "Actualidad del anarquismo" sobre el mismo tema.
Luego viene otro capítulo "En torno al poder, el Estado y la libertad" que me hace suspirar de cansancio al pensar lo penoso de su reflexión sobre el poder en su "Actualidad del anarquismo", espero que no sea así (aunque se contradeciría), pero llama ya la atención que hay un artículo titulado "Foucault o la ética y la práctica de la libertad". Artículo que, una vez más, me pregunto ¿qué tiene que ver con un libro llamado "Agitando los anarquismos"? Porque vale que Ibáñez esté enamorado de Foucault, nos lo menciona en cada capítulo de manera insistente como si no tuviera más en que pensar al grado que es bastante molesto que no nos diga lo que él (Ibáñez) piensa, sino todo el tiempo lo que decía Foucault, pero vale, es su forma de escribir. Pero ahora este capítulo sin sentido en la temática del libro, queda bastante mal. Después de 3 capítulos buenos pensé que Ibáñez ya había tomado un buen rumbo, pero vamos, era mentira.
En "La razón gubernamental y la metamorfosis del Estado" (página 103) tiene cosas buenas, como cuando dice que la desaparición del Estado no es el fin del anarquismo si continúan las relaciones de dominación. Es algo que he criticado bastante cuando alguien habla de autogobierno o de la desaparición o falta del Estado como sinónimo de anarquismo. Es un argumento muy, muy falso que es preciso destruir. Las demás cuestiones sobre el uso de la libertad para el ejercicio del gobierno son muy buenas. Ibáñez siempre me da malos ratos, pero en este libro tiene algunas cosas que son buenas.
El apartado sobre "La gobernanza" es bastante bueno, muy recomendable. También "Poder y Libertad: una tensión inherente al campo político" es bastante bueno aunque tiene sus taras: en páginas 129-130 Ibáñez dice que el anarquismo concibe la libertad y el poder como excluyentes uno del otro, mientras Foucault considera que uno está inserto en el otro. De hecho desde páginas anteriores sugiere esto. Es evidente el error en Ibáñez: desde la dialéctica proudhoniana ha sido motivo de estudio la dialéctica entre ambos términos y muchísimos otros con bastantes años de anticipación a Foucault. Pero además hay una rendija peligrosa en Ibáñez: además de decir por ignorancia que el anarquismo no debería caer en este dilema de considerar la libertad como enfrentada al poder (en términos filosóficos, claro) sino como una asumida en el otro, lo cual es falso desde Proudhon como he dicho, decir que el poder debe existir siempre como contrapeso a la libertad, si bien es aceptable en primera instancia, legítima la existencia del gobierno, del Estado, del capitalismo y de la autoridad. Proudhon dice que cuando los polos no se pueden equilibrar (Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria) uno destruye al otro. En el método de Ibáñez el poder subsiste, lo que lo hace reformista o hasta marxista; en el método de Proudhon, al destruir un polo al otro, nos da la lucha anarquista por la aniquilación del poder político.
Que Ibáñez no conozca esas discusiones por su corto conocimiento del anarquismo no significa más que desconocimiento de su parte y decir que el anarquismo carece de algo por ignorarlo es algo terrible. Ibáñez debería estudiar el anarquismo antes de hablar de él, a pesar de que este apartado sea bueno.
"La razón científica como dispositivo de dominación" es interesante en cuanto a cuestionamiento de la ciencia como herramienta del poder político, pero cuando Ibáñez se pregunta como la ciencia no se puede cuestionar a sí misma en sus métodos, cae en un dilema falso: los mismos elementos de la ciencia ya son una crítica a sí misma, de otra forma no sería ciencia. Establecer una verdad total y absoluta es lo menos científico posible y sería sencillo indicar que aquello que aspire a eso deja de ser ciencia en el mismo momento de establecerse como verdad absoluta. Al rechazar la ciencia Ibáñez, nuevamente quizá sin advertirlo, se coloca a lado de la metafísica, de lo ideal, y es un terreno muy resbaladizo. También hay que notar que este tema no guarda relación alguna con el tema central del libro, una vez más.
"Cuando el árbol nos impide ver el bosque" es un apartado sobre la tecnología y la vigilancia que ejerce. Es interesante, aunque como informático estoy muy al tanto de estos temas, pero el asunto es que esto tampoco guarda relación directa con el título del libro. Es verdad que la represión es un tema que atañe al anarquismo pero ¿Cómo agita a los anarquismos este tema? El autor no aporta respuestas.
Luego viene, ahora si, y casi al final del libro, el subtitulo del libro. Cosa curiosa: Ibáñez consume páginas y páginas a hablar de otros temas, pero del anarquismo y de mayo del 68 (redoble de tambores de fondo), apenas dedica de la 165 a la 213, de estas, consume 8 páginas (8 de 48 páginas en total) a lanzar loas a su batallita sin descansar en anunciarlo como el acontecimiento del siglo y ojo, él tuvo la suerte (azar puro) de haber nacido años antes y vivir ese glorioso acontecimiento. Nunca he entendido cómo alguien puede ser importante por haber nacido por azar en un sitio y fecha X y vivir acontecimientos así, por pura fortuna. Creo que la importancia de alguien se basa en lo que realiza en su vida y no en lo que le tocó vivir por casualidad. En fin, que después de 8 páginas de párrafos y párrafos sobre lo bello de mayo del 68, al fin estamos ante los acontecimientos... Al parecer.
La cronología ofrecida es bastante buena, aunque creo que muy corta: de la 173 a la 188, unas 15 páginas apenas, aunque precisas. De las páginas 189-198 nuevamente regresamos a la retórica de lo bonito de mayo del 68, esa poesía cancina de repetir una y mil veces lo mismo, aunque nos promete enlazar ese mayo del 68 con los tiempos actuales (en que se escribió el libro, claro) pero ¿cuales son esos tiempos actuales? ¿Los va a enlazar con el anarquismo cuyo título aparece en el libro? Naaaahhhh, para nada. Los enlaza con el 15M, pero aunque tiene similitud con mayo del 68 por la ocupación de plazas, sigo preguntándome qué tiene que ver eso con el anarquismo del que en teoría se ocupa el libro por su título. Para acabarla de amolar al final del apartado (página 200) Ibáñez habla de que este texto es un prólogo ¿de qué libro? ¿Porque ni el autor ni los editores/as han colocado una nota al pie de página indicando de qué se trata el texto? En fin.
Finalmente se incluye otro apartado "Un vendaval libertario que llegó para quedarse". Un refrito total de lo dicho antes, pero descarado.
Creo que sobre este tema hay algunas cosas que reflexionar, no dentro del anarquismo, Ibáñez no se ocupa apenas de él, sino en la teoría. Dice Ibáñez que lo importante de mayo del 68 es que negaba al sujeto, preparación y todo esquema organizado y que eso es una fuerza. Yo lo dudo demasiado: negar el sujeto no significa que no debamos organizarnos ahora mismo, eso lleva al inmovilismo y a petrificar las ideas sin discusión alguna para cuando, a saber como, nos encontremos con la revolución de frente. Coincidiendo con Malatesta creo que las personas deben empujar hacia la revolución, aunque no esté a la vista, porque todo se consigue con voluntad y no improvisando.

En fin. Aunque hay algunos capítulos buenos del libro, muchos no tienen relación con el anarquismo, y otros tantos se dedican a hablar de otras cosas, como Foucault, dejando al anarquismo en tercer plano (ya ni en segundo). Hay una carencia importante de documentación y bibliografía anarquista, y en un libro que pretende hablar de anarquismo queda por lo menos mal, por no decir horrible.


“El campo de batalla del anarquismo, ínterin se espera la revolución social, tendría que ser la pluma, la palabra y el ejemplo […] Revolucionarios, meditad que la hora de nuestra emancipación tanto más tardará en sonar cuanto más tiempo permanezcamos en la ignorancia. Eduquémonos, instruyámonos, que el porvenir es nuestro”

José Llunas
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