Bueno, pues después de la amarga experiencia de la lectura de "Anarquistas de ultramar" tomo este otro libro ya un tanto predispuesto a un mal trabajo, mea culpa, pero debido a las cosas tan horribles leídas en el anterior libro.
El libro presente comienza con una introducción que es más explicativa del contenido del libro que otra cosa; no abona nada a la discusión ni introduce al lector/a más allá de saber lo que verá en el libro.
El primer capítulo sobre "Anarquistas y libertarias" comienza ya cojeando: en "Anarquistas de ultramar" leímos muchos reproches sobre que el anarquismo no se había acercado lo suficiente, a ojos del autor siempre pero tomado como una verdad absoluta, a los pueblos indígenas y buscaba descolonizar al anarquismo, pero en pagina 14 del presente libro encontramos que su definición de anarquista es quien sigue las ideas de Bakunin, Kropotkin y Malatesta, pensadores y agitadores anarquistas europeos. Es una inconsistencia, porque queriendo descolonizar al anarquismo la definición hubiera sido ideológica y no personal, pero en fin, que encontramos en la siguiente página (15) nuevamente el tema de las prácticas libertarias, girando una y otra vez en círculo sobre el mismo asunto, pero, además, repitiendo que "el adjetivo libertario conviene reservarlo para identificar la conducta (...) de gentes que (...) se vincularían de manera expresa con la práctica de la autogestión, de la democracia... ". Para Taibo, pues, la democracia aún merece ser apoyada y está en todo su derecho, pero lo que no puede hacer es hacer decir al anarquismo que apoya un sistema que precisamente busca destruir. La defensa de la democracia pertenece más a los postulados de los socialdemócratas del socialismo inglés, francés y alemanes del siglo XIX y buena parte del XX que al anarquismo.
Al final de la misma página 15 y parte de la 16, Taibo indica su incomodidad cuando alguien se define como anarquista. La suposición se podría entender si se quiere debido a muchas personas que tras la etiqueta se comportan de maneras ajenas al anarquismo, pero el argumento entraña un grave peligro: legitimar a quienes diciéndose anarquistas también están en sindicatos con subvenciones del Estado o quienes en los últimos años han atacado a la internacional del anarcosindicalismo. Eso, me parece, es un riesgo que se debe evitar y, personalmente, prefiero a quienes reclaman quizá sin mucha educación y buenos modales algo justo, que quienes tras la mesura y la cordialidad defienden desdibujar al anarquismo para hacerlo cualquier cosa, menos antiestatal y anárquico.
Esto es muy importante tenerlo en cuenta, porque los argumentos siguientes estarán marcados por reclamos insistentes hacia quienes se niegan a que el anarquismo sea demócrata como pide Taibo por segunda vez (la primera en “Anarquistas de ultramar” y la segunda aquí) o por ver que tras las banderas rojinegras se encubren muchas veceslas financiaciones del gobierno. Por supuesto que Taibo está en su derecho de defender lo que se imagina que es el anarquismo, pero no lo está al tratar de callar a quienes tienen su propia idea (mucho más lógica) del anarquismo y luchan por alejarlo de los postulados demócratas y sindicales estatales. Ellos y ellas están también en su derecho.
Así que ante esa perspectiva, el argumento de Taibo carece de sentido. Se puede y debe exigir que quienes se digan anarquistas actúen siempre como tales (el mismo lo hace en página 25), pero intentar que se borre quienes se asuman así es injustificable. Además en la introducción se nos ha dicho que el primer capítulo de dedicaría a hablar de quienes no diciéndose anarquistas lo son sin embargo: no hay nada de este tema en el primer capítulo y sí agudos reclamos por llamarse anarquistas porque, dice citando a otro autor (rara vez veremos en su obra lecturas de primera mano), “la anarquía no pertenece a los anarquistas”; así es que está denominación lleva la anarquía a buenos puertos como los pueblos indígenas o al peligro de legitimar la socialdemocracia, los sindicatos subvencionados y cuanta cosa se quiera. Total, si alguien reclama se le puede decir que es un dogmático. De esta manera el anarquismo deja de ser poco a poco lo que siempre ha sido y se convierte en un puerto más donde atraque la democracia burguesa (ni el autor del libro se ha referido nunca a su etimología al menos en los libros que he ido leyendo de él), los nexos con el Estado, las elecciones sindicales, etc., porque todo se vale ¿No?
Esto marcará todo el libro al parecer: defender a toda costa la posibilidad de llamarse anarquista a pesar de que las conductas sean otras bajo el argumento de la pluralidad y de ser abiertos y no "dogmáticos"
No es un asunto menor leer en página 21 montones de insultos a quienes, dice Taibo, se erigen en defensores del ideal. Es verdad que esto se puede dar de maneras poco amistosas dada la molestia de muchas personas al ver cómo tras la etiqueta de anarcosindicalismo (¿Ahí si pueden usar la etiqueta que antes rechazaban?) se da la mano con el Estado. Pero el asunto es que todo esto se encuentra un tanto cubierto; los reclamos de Taibo aparecen como justos y como detestables quienes son cerrados en su pensamiento. Por eso cosas como "Unas veces lo hacen desde la atalaya jacobina, que invita a rechazar eventuales pluralismos que romperían la unidad sagrada de la tribu..." hacen pensar que qué malas personas son esos anarquistas ¿Verdad? Pero la cosa cambia cuando se pone en perspectiva de las relaciones de ciertos "anarcosindicalistas" que se dan la mano con la CGT, con Podemos (el mismo Taibo lo reclama. Página 25) y con cuánta cosa se les ocurre y, entonces para defender su postura reformista, usan los argumentos aquí vertidos por Taibo.
También desde luego que quienes están en esos espacios están en todo su derecho, pero seamos serios, la cuestión reviste profundidades ideológicas e históricas que no se tapan con un dedo y las demás personas tienen derecho también a decir lo que piensan y sienten.
Es justamente lo mismo que hace Taibo (y no en redes sociales como él indica, sino en la seriedad de un libro) cuando cuestiona como puede alguien decirde anarquista (página 25) y estar en Podemos o como se pueden defender las guerras (página 26) y decirse anarquistas. Él mismo reclama de manera aguda ¿Le podemos llamar anarcotestosteroneo, anarcobolchevique o alguna más de las palabrejas que insertó para atacar a quienes critican posturas que él defiende? ¡Ah, es que es más fácil hacer a que nos hagan! Hay que ser serios y no tomarse las cosas a pecho cuando deben ser motivo de reflexión.
Para no dejar este tema sin conclusión creo importante retomar las palabras de Errico Malatesta que nos recuerdan que sí, debemos ser defensores/as del ideal:
“A los anarquistas les compete la especial misión de ser custodios celosos de la libertad, contra los aspirantes al poder y contra la posible tiranía de las mayorías”
En página 33 se inserta el tema "El sindicalismo libertario" en el que Taibo hace un auténtico revoltijo entre anarcosindicalismo y sindicalismo libertario a los que menciona indiscriminadamente. En teoría y según palabras del propio autor, libertario y anarquista o anarcosindicalista en este caso tienen sus diferencias. Esto no se nota en el texto y los confunde sin razón alguna, pero cuando dice (página 35) que el anarquismo de fábrica está en decadencia en pro del anarquismo de calle nuevamente roza el peligro de legitimar a la parte contraria al anarcosindicalismo aunque párrafos más adelante corrige el rumbo.
Los demás capítulos resultan interesantes aunque no revelan nada nuevo tampoco. Pero donde las cosas comienzan de nuevo a temblar (Taibo es un sismo humano) es en la página 46 donde dice que "el anarquismo clásico, que, aunque formalmente defensor de las virtudes revolucionarias del campesinado, en los hechos, la mayoría de los casos y pese a los preconceptos de Hobsbawm, se desplegó en la forma de movimientos urbanos que engrosaron mayormente trabajadoras de la industria". Esto dicho, ojo, en España, donde el movimiento campesino forjó las comunas de Aragón. Increíble.
En otras cosas en los textos pasados Taibo se esfuerza por hacer ver que el anarquismo tiene múltiples defectos y carencias que al parecer solamente él ha sido capaz de ver.
Claro que el anarquismo tiene carencias ¿Quién no las ve o quién las puede negar? Todos los movimientos sociales tienen esas carencias, pero al parecer al anarquismo no se le pueden perdonar. El anarquismo es un movimiento social compuesto por personas y estas no son perfectas. Errores habrá siempre, idealizar al anarquismo es algo que debemos alejar de nuestros análisis.
Sin embargo, mientras al anarquismo se le señalan tantos defectos que pareciera una crítica maliciosa, en página 47 se inserta el apartado "Escarbar en otras visiones de la realidad", título pomposo para hablarnos... De fútbol
"El diálogo con creyentes" es otro apartado carente en su totalidad de interés. Habla de personas que han sido creyentes y anarquistas, algunos libros al respecto, pero no aporta un hecho concreto de cómo llegar a ese diálogo si es que se quiere, que tampoco es obligado por mucho que esté en un libro. La verdad es que esa unión es bastante difícil por cuanto la religión es un soporte siempre de las tiranías pese a algunas excepciones y a las que creo que jamás se les ha cerrado la puerta en ningún lado, pero que tampoco se les sigue en sus discursos. Ejemplos: desde la formulación de la AIT en 1864 el ateísmo se ha dejado de lado para abrir la puerta a todas las personas del mundo del trabajo; aunque buen es cierto que la Alianza bakuninista era atea hasta en sus mismos estatutos, pero era una organización específica del anarquismo naciente, por lo cual no le veo nada de malo. Vamos, antes se ha hablado de lo justo que es que haya agrupaciones solo de mujeres o juveniles ¿Tiene algo de malo ser ateos/ateas de manera abierta en nuestros estatutos? Yo creo que no.
La CNT-AIT desde sus inicios tuvo la cuestión religiosa también aparte y sin significado para quienes quisieran afiliarse.
No hay nada novedoso, pues, en el texto de Taibo que por otro lado sobre la aplicación de esto en la actualidad, por muy complicado que sea hacerlo.
Para más INRI del libro se habla de tender puentes de diálogo con el marxismo "libertarizante" (nuevamente más palabrejas sacadas de la manga). Sería curioso que se nos dijera que tiene el marxismo de libertarizante, pero más aún que se nos dijera qué tiene que ver el comunismo libertario proclamado por la CNT-AIT en su congreso de mayo de 1936 (de hecho desde antes se proclama el Comunismo libertario como objetivo de la CNT-AIT) con el comunismo concebido por el marxismo. El comunismo es únicamente un concepto económico y en ese sentido tienen algo en común, pero la cuestión política los separa totalmente y hace que no tengan absolutamente nada que ver unos con otros. La formulación de Taibo carece de sentido.
En páginas 54-55 encontramos nuevamente los reclamos de que, según siempre Taibo, el anarquismo clásico no se ocupó de la descolonización. El mismo arrebato-berrinche para lanzar lodo sobre el anarquismo que encontramos en "anarquistas de ultramar". Por desgracia para el autor las apetencias intelectuales no eran importantes para los anarquistas clásicos ni se ha inventado la máquina del tiempo para regresar a reclamarles que escriban sobre un determinado tema.
Hace bastante bien Taibo en reclamar (página 57 "El cambio que seduce a organizaciones entera") que haya militantes de organizaciones que se dejen seducir por Podemos, y lo hace en términos duros (espero lo aquí escrito se tome como la misma crítica que él hace con razón), pero cabe preguntarse ¿No abre el la misma puerta de los transfugas cuando recomienda unirse a cristianos, marxistas y llama cerrados y dogmáticos a quienes cuestionan esto? A mí me parece que sí, y no considero justo hacer recomendaciones de ese calibre para luego lanzar las baterías sobre quienes siguen sus consejos y se unen a Podemos. ¿Somos o no somos? Esa es la pregunta, y si somos anarquistas, tengamos el valor de asumir las cosas abiertamente y sin tapujos en lugar de buscar como difuminar las ideas para que no incomoden.
El capítulo 4 sobre la cuestión catalana es interesante, aunque nuevamente presenta taras. Cuando en página 65 Taibo habla de que Bakunin salía a la defensa de la resistencia de los pueblos al dominio de los imperios europeos, aunque es verdad, es necesario aclarar que se refiere al movimiento de los eslavos sobre todo y que esto sucede antes de su derengios en 1849 en la insurrección de Dresde (Alemania), por lo que no podemos hablar de un Bakunin anarquista. Por esos años aún podemos leer a un Bakunin arrastrando concepciones hegelianas y si vamos apenas unos años antes, nacionalistas y hasta religiosas. Es importante subrayar esto y situar a Bakunin en su tiempo cuando hace ciertas declaraciones. Ni Bakunin ni nadie nace anarquista ni con la bandera negra en la mano.
Aunque interesante, me parece que los comentarios de chismes sobre "me dijeron que una persona había hecho tal cosa" (página 69) dan poca seriedad al texto. Hablar de chismes para decir que hay anarquistas catalanfóbicos, otros que hablaban de defender las leyes, etc., no es precisamente hacer un estudio serio. Lo mismo decir como argumento contra los anarquistas (página 83) que la CNT-AIT tiene en su nombre la palabra "Nacional". Quizá en una de esas debería llamarse Confederación Interplanetaria del Trabajo para que no desagrade a Taibo
Resulta desagradable que a 8 páginas de comenzar el capítulo no se de comienzo a cuestiones de fondo y se siga con que "un n día en un encuentro... ". Las batallitas no dan profundidad casi nunca a los debates. Pero en pagina 71 encontramos la siguiente frase: "no es la misma la naturaleza de los nacionalismos que nacen de un Estado y la de aquellos que ven la luz para enfrentarsena un Estado" "¿No es lícito concluir que bien pueden estimular, dadas determinadas circunstancias, proyectos descentralizadores y aurogestionarios?"
Esto es muy complejo y creo que a Taibo se le cuela una cosa por las ventanas ideológicas: ¿Cómo construir un proyecto de autogestión rodeado de fronteras con España y con otros países capitalistas? No lo indica Taibo, pero lo más grave del asunto es que esa propuesta recuerda mucho al "socialismo en un solo país" de Stalin, que no funcionó precisamente bien en términos de justicia y libertad.
El clímax del texto nos lo da Taibo en página 72, donde dice "¿Desde donde hablan algunas de las compañeras que critican agriamente a la CUP, por mucho que sus críticas sean -lo repito- plenamente suscribibles. ¿Se expresan desde un movimiento anarquista fuerte y coherente?..." A mí me parece absurdo el argumento: si solamente se puede criticar desde un movimiento fuerte ¿Qué movimiento es ese? ¿No se está poniendo a salvo a la CUP y a toda la clase política porque no les puede criticar un movimiento pequeño e incoherente? Yo creo que la crítica debe existir siempre. Así fuera una sola persona su crítica es válida, todo lo que contribuya a minar la política burguesa no está de sobra ni debe ser menospreciado como se hace.
Sobre el Referendo, en página 73 dice que "fue muy común en el mundo anarquista" sería bueno que diera ejemplos donde el anarquismo ha hecho referendos de cualquier clase (una asamblea a mano alzada en posiciones difíciles no lo es) y todavía más, cuando han sido sobre problemas nacionalistas.
Del referendo de 2017 dice (página 74) que fue "un gesto de resistencia frente al Estado español". Creo que ideológicamente es absurdo pensar que el gobierno de España iba a permitir la salida de Catalunya del pacto federal, pero lo es más todavía considerar que una separación así se daba mediante un acto propio de la política burguesa como un referendo. Históricamente las regiones que han obtenido su independencia ha sido mediante revoluciones (no anarquistas, claro estaá) alzamientos populares en los cuales se imponen a ser parte de algo que no desean. Considerar un referendo un enfrentamiento al Estado es seguir creyendo en las instituciones burguesas; craso error ideológico. Pero es que además incita a quienes no gusten de la autodeterminación de Catalunya que vayan a Palestina a decir lo mismo. En fin, en comedia sí que encontramos buen material en el libro.
En página 79 dice que no respalda un Estado catalán, pero tampoco "quiero alinearme, sin embargo, con quienes lo rechazan de manera esencialista, visceral y represiva". Creo que aparte del carácter heróico de la cita, es necesario decir que el anarquismo, al menos el propio y el de muchos y muchas compañeras de allá, no trata de rechazar el derecho de las personas catalanas a autodeterminarse, aunque sí rechazan el Estado catalán que dice Taibo que se rechaza de manera "visceral un represiva". Esto precisamente por su carácter de anarquistas. Si a Taibo le agrada la idea de no apoyar una propuesta de un Estado independiente en Catalunya pero tampoco se opone a él (página 79, último párrafo), está en su derecho. No lo está al reclamar a las personas anarquistas a oponerse a ese Estado.
Creo que aunque el tema es interesante Taibo no está capacitado para analizar el tema: cree que todo se reduce a... No se sabe qué. Decir que es complejo, que no apoya un Estado catalán pero tampoco lo combate, bueno, tiene cierta base social y ya. Nada de habla de tomar los medios de producción y abolir la propiedad privada, lo que sería el verdadero derecho a la autodeterminación y no un simple nacionalismo catalán con gobierno propio.
En fin, que para Taibo la cuestión no se resuelve y no porque sea dialéctica proudhoniana, claro.
Concuerdo plenamente con él cuando dice "antes de demandar de la además que se liberen del virus nacionalista conviene, y con urgencia, barrer la casa propia". Esto es lo que debería pensar el autor cuando reclama a quienes simpatizan con Podemos: antes hay que barrer la casa propia y no insultar a quienes cuestionan las uniones con figuras ligadas al Estado (sindicatos por ejemplo) y recomendar unirse con creyentes y marxistas. No se puede reclamar una cosa y pretender validar otras.
Finalmente y después de llamar de todo a los anarquistas y pretender que es una idea incompleta porque no abarca en la cantidad que Taibo quiere algún tema, es hora de bajar los humos a los insultos y decir que el anarquismo es algo bueno a lo que deben acercarse. Ese acelerón con freno, o insulto descalificación y aprobación del mismo tema, es una manipulación de la persona lectora: le dice que el anarquismo es absurdo e incompleto, los anarquistas son idiotas y extremistas... Pero que se acerque a eso. Sinceramente preferiría un ataque frontal a estos ataques bajo tierra. Como ese que en página 89 (último párrafo) que dice que "la certeza de que es más importante el ejemplo cotidiano que las sesudas teorizaciones". Copia de Amorós cuando dice que es más importante saber hacer pan que leer a Bakunin. Claro, es que parece como si nos dijeran "abandonen todo bagaje teórico del anarquismo. No sirve, y lo que les sirve es lo que yo les digo: que el anarquismo es absurdo pero bonito".
Total, que en la definición de anarquismo de Taibo cabe de todo. Es respetable la concepción de cada quién, pero en la calidad de militantes del anarquismo (creo hablar por bastante gente en este sentido) rechazamos tajantemente esa difuminación del anarquismo que propone por ser más cercana a la socialdemocracia barnizada de anarquismo que al anarquismo como tal.
Personalmente no creo que sus propuestas sean válidas. Eso de que viene un colapso como un apocalipsis y que debemos ser destecnologizados, decrecimiento, desurbanización (con los demás concuerdo) no puede ser un dogma que todos deseen. Pensarlo así, aparte del aire de superioridad del que enseña a los demás cómo deben ser las cosas, es hacer de las ideas un dogma que debemos, eso sí, rechazar.
El libro es muy poco serio al hablar de chismes y batallitas, al pretender regañar a unos y quejarse de otros.
Nuevamente, un libro que a mí parecer le falta bastantes lecturas para entender el anarquismo si es que de manera sincera se le quiere dar propaganda.