Historia del pensamiento socialista III

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Erick Benítez Martínez
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Historia del pensamiento socialista III

Mensaje: # 197Mensaje Erick Benítez Martínez »

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Es muy buen libro.
En el prólogo Cole se muestra agradecido con varias personas, como es común en un trabajo así, pero llama la atención su comentario sobre si la vida le permitiría escribir un cuarto volumen. ¿Cuantos años tendría Cole al escribir este tremendo trabajo en 7 volúmenes para indicar desde el tercero su duda sobre su posterior existencia?
En fin. La introducción es un repaso simple de los años estudiados en este volumen, creo que estaba de más.
El primer capítulo sobre los primeros años de la llamada Segunda Internacional es bastante bueno. Desmenusa las posiciones tomadas en el movimiento obrero mundial y sobre todo cómo parte del socialismo de entonces se desmarcaba de los anarquistas debido a que estos rechazaban la acción política mientras los marxistas la apoyaban.
Una de las resoluciones de esos años fue la adopción del 1 de mayo como día mundial del trabajo. Aunque sabía que inicialmente la propuesta había sido adoptada en París en 1889, no sabía que por entonces la American Federation of Labor (posteriormente horriblemente reformista, sobre todo en los 20 y 30) había lanzado también la propuesta.
El capítulo "Segunda internacional: primeros años" engloba perfectamente la relatoría de los primeros años de la segunda internacional, pero respecto de los congresos hay una maraña muy complicada de desenredar: se habla de los congresos de 1880, 1889, 1893 y 1896 de manera enredada, sin una clara definición entre unos y otros. Aunque es gracioso ver como indica Cole que los socialistas se querían deshacer de los anarquistas y los rechazaban constantemente, para verlos luego de vuelta como representantes de secciones sindicales jajajajaja. Recuerdo haber leído en las Memorias de Rocker cuando este se encuentra en la puerta del congreso con Kropotkin y Domela Nieuwenhuis, en el congreso de 1896 (creo que fue en este congreso. Disculparán ustedes si no lo recuerdo exactamente).
El siguiente capítulo trata también sobre la Segunda internacional, pero ya en sus últimos años. Habla del congreso de París en 1900 y el de Ámsterdam en 1904 primero, estos dos marcados por el combate contra el revisionismo de Bernstein que a pesar de las palabras ultrarrevolucionarias en realidad no significaba nada cuando no les expulsaba y les dejaba actuar dentro de la Internacional. Así es que a esto se sumaba el ataque a la táctica de huelga general que impulsaban por esos años los anarquistas porque el marxismo no quería que sus políticos se distrajeran de sus deberes con la política burguesa. En todo caso, decían, si aceptaban la huelga general sería con fines políticos (😳) y en el caso de Alemania, en su propio congreso posterior, decían que la declaración de la huelga, si un día se aceptaba (la habían combatido mucho), no correspondía a los sindicatos declararla, sino al partido.
El congreso de Stuttgart (1907) se realizó bajo el influjo de la primera revolución rusa (1905) y también se destacó por nuevamente atacar la huelga general, aunque se dejaba ver su posible utilización pero dentro del marco marxista de la utilización política. También se discutió el tema de la colonización y se vio que casi la mitad de congreso estaba a favor de la colonización, si bien con fines "socialistas" (y más 😳).
En al siguiente congreso de Copenhague (1910) se discutieron entre otras cosas el tema de las cooperativas, que los socialistos querían poner bajo control de sus ideas y se negaban a reconocerles autonomía y descentralización alguna. Se habló también del paro obrero y se pedían solamente una serie de medidas proteccionistas estatales que en nada les hacía ver como los Revolucionarios que se decían ser. El tema de la huelga general, en este caso contra la guerra, se volvió a poner en el orden del día y se decidió darle largas de hablarlo en un próximo congreso. Según Cole es un congreso que refuerza el reformismo, y a la vista de las cosas, es así.
El congreso de 1912 en Basilea fue un intento por detener la guerra de los balcanes, pero a pesar de los discursos el socialismo carecía de fuerza. Pienso que su empeño por no adoptar la huelga general y tomar el camino del reformismo político, le restó fuerzas. Es que cuando se tiene la fuerza del número se debe avanzar. Tener el número y apostar por una paz burguesa política jamás va a conducir a nada bueno.
Viena y París, el derrumbamiento de la Segunda internacional, es un capítulo maravilloso. Me encanta leer sobre este periodo de la primera guerra mundial porque estoy convencido de que hay mucho que aprender de ese periodo.
El socialismo que se había negado durante años a apoyar la guerra, a pesar de que ya había resquicios de eso desde el congreso de 1907 cuando casi la mitad apoyan el colonialismo, nunca supo leer claramente el panorama: su denuncia de los anarquistas y de la huelga general, así como su camino por la política burguesa, les llevó inevitablemente a apoyar los créditos de guerra en Alemania (de 111 diputados socialistas solo 14 votaron en contra). Esto demuestra a donde les conducían sus ideas.
Hasta este punto es bastante interesante el libro, y como lector me quedo con ganas de seguir el hilo... Pero Cole nos regresa nuevamente al siglo XIX para hablarnos de "El socialismo antes del Partido Laborista" y los fabianos de los que ya nos había hablado en el primero volumen. Está sentando el precedente del Partido Laborista, vale, pero dedicar tantas páginas a un tema que ya se estudió en el primer tomo, y sobre todo el giro de 1914 a nuevamente 1884, es brusco y queda mal en la lectura. Sin embargo el capítulo no decepciona. Cole hace un buen trabajo.
La exposición de las tácticas e ideas de los fabianos es muy precisa, y termina cuando se analiza la ampliación de las sociedades fabianas a partir de la publicación de los "ensayos fabianos" y su caída numérica a partir de la aparición del Partido Laborista de Inglaterra, al que estaba afiliado y al cual digamos que brindó gran parte de su base militante (de los fabianos).
En este mismo capítulo viene otro apartado llamado "El nuevo sindicalismo y sus antecedentes", también muy interesante por las relaciones entre la Federación Social demócrata y el Partido Laborista Independiente, pero para estas alturas del libro ya demasiado extenso el capítulo sobre Inglaterra. Había socialismo en otros países, y extenderse tanto a un solo país ya hace el texto un poco pesado. Pero es que además falta un cuarto capítulo llamado "Robert Blatchford y The Clarion" insisto, interesante, pero que representa ya demasiado sobre el socialismo inglés. Sobre Blatchford, es interesante la comparación de su obra "Merrie England" con la de "News from nowhere" de Morris, pues dice Cole que Blatchford no solamente era más leído que este, sino también más popular que Bernard Shaw. A Shaw y Morris les conozco de varias lecturas, sobre todo a Morris por los comentarios que de él hicieron Kropotkin y Nettlau, pero de Blatchford no había conocido nada y dentro del espectro socialista y aunque se presentó como candidato del Partido Laborista Independiente, sentía repugnancia por la política, así que con sus detalles, es interesante leer sobre él, por lo menos hasta mediados de la década de 1890, porque después tiene un viaje a Alemania que le coloca a lado del movimiento obrero, pero de derechas, y esto le provoca serias críticas del socialismo alemán sobre todo, aunque años después y como he comentado antes, el socialismo alemán no tendría problema en apoyar los créditos de guerra para 1914; en fin, periodo interesante.
El siguiente capítulo, nuevamente sobre el Partido Laborista y "El gran malestar" no sitúa ya a finales del siglo XIX, al fin, parece ser, porque seguimos estancados en el relato del socialismo inglés, lo cual ya es excesivo, si bien interesante. Este capítulo nos habla sobre los tejemanejes del Partido Liberal Independiente y el Partido Laboralista Socialista, al que se sumaba en cierta medida la Federación Social demócrata, para conseguir ser partidos políticos. Esto es algo lamentable, pero herencia terrible del reformista de Karl Marx, que fue quien impulsó esa tontería gigante de partidos obreros... Eso sí, "independientes".
Sobre "El Partido Laborista y el Gran malestar" el capítulo es muy bueno, aunque seguimos enfrascados en el socialismo inglés (demasiado espacio ya), pero es interesante en cuanto al relato del matrimonio Webb y su influencia en los fabianos, así como su lucha contra el Control obrero y la Acción directa. También es interesante la figura (desde luego no anarquista y no interesante en sentido anarquista, sino histórico) la figura de Keir Hardie. Aunque tiene muchísimo que reclamarsele, su apoyo al movimiento sufragista de la mujer es interesante, no en sí por las aspiraciones sufragistas, sino por el contexto en que se desarrolla y que personalmente me explica mejor porqué de tal lucha.
Luego viene un capítulo ya fuera de Inglaterra (al fin) sobre "Alemania: la controversia revisionista" en la que se narra muy detalladamente cómo el socialismo marxista y socialista a secas, caminaron de la mano hacia cada vez más nexos con partidos políticos burgueses (como quería el propio Marx) para conseguir supuestamente avances favorables a la clase trabajadora. Engels seguía vivo, y no siendo nunca muy inteligente que digamos, tampoco se dio cuenta que lejos de ayudar a las clases trabajadoras, ese paso hundía más la situación de esas mismas clases trabajadoras.
El capítulazo "Alemania: la controversia revisionista" es una joya de artículo. Cole demuestra el retraso ideológico brutal del marxismo alemán respecto de los "aldeanos", campesinado común, al que el marxismo pedía que se proletarizara porque, decían, estaban condenados a desaparecer. Una vez conquistado el Estado por el "proletariado", este se encargaría de reorganizar la economía. Las estadísticas decían lo contrario: lejos de desaparecer el campesinado aumentaba y en muchos casos su voto era decisivo en las elecciones. Kautsky se encargó de redactar un estudio que logró que el Partido Social Demócrata se opusiera al apoyo al campesinado exigiendole que desapareciera. En fin, el marxismo siempre es como el primo tonto de la familia.
Sobre Kautsky se expone también brevemente sus ideas, pero donde estalla completamente el éxito del capítulo es al hablar de Bernstein y su revisionismo. Es muy gracioso leer como los marxistas se ponían como católicos cuando les mencionan al diablo en la iglesia. Muy graciosos estos especímenes.
Evidentemente Bernstein no estaba acertado en todos sus puntos de vista, pero sí puso el dedo en la llaga al cuestionar al propio Marx y mostrar sus fallos, principalmente en cuanto al determinismo en su forma económica.
El capítulo destinado al análisis posterior al revisionismo, es bastante interesante: nuestra un Partido Social Demócrata alemán cada vez más inclinado a la unidad con partidos burgueses en vías de conseguir mejoras electorales. Es verdad que se condenó a Bernstein, pero sin expulsarlo del Partido, porque aunque se rechazaban sus tesis es evidente que muchos del Partido las compartían y solo las condenaron para salvar el mediocre dogma de Marx.
Entonces comienza una asquerosa carrera política burguesa por el marxismo alemán con sus alas izquierda y derecha, pero todos mezclados en la búsqueda de escaños políticos. Hasta 1907 consiguen ser una fuerza real en la política, sin advertir siquiera que esa misma victoria política les hacía poco Revolucionarios. Incluso la herramienta de la huelga general tan combatida en el siglo XIX es ahora aceptada por el marxismo como una mera herramienta para conseguir reformas políticas.
Viene después un buen estudio sobre el socialismo en Francia. Muy interesante sobre todo por su relato de las actividades e ideas de Ferdinand Pelloutier, aunque al hablar de su muerte dice que había querido un gobierno "autóctono" que no sé de donde lo saca, pero comete aún un error mayor cuando dice que esto también lo quería Proudhon. Creo que a estas alturas y después de dos volúmenes, es obvio que Cole jamás entendió nada a Proudhon a pesar de que su obra es escrupulosamente detallada. Otro error comete cuando sitúa a los anarquistas de la CGT dentro del ala derecha (😳) y casi a renglón seguido se contradice cuando afirma que estos rechazaban todo compromiso con la conquista del poder político y por ello de los Partidos Políticos.
Errores más o menos, lo que resta es verdaderamente bueno: metidos en el fango de la política, poco a poco hay socialistas que no solamente participan abiertamente en el gobierno en diputaciones, sino que lo hacen hasta en contra del Partido Socialista ¿no era esto lo que habían aprendido desde Marx, a tomar el poder político y traicionar a quienes les ayudaban? Hubo incluso represión ordenada por estos gobernantes socialistas. El camino emprendido por Marx daba sus frutos.
Respecto de la CGT, es magistral el texto sobre su desarrollo y evolución a un sindicalismo alejado de todos los Partidos Políticos. En el contexto de la guerra la CGT se mostraba abierta a luchar contra ala guerra e hizo llamados a los socialistas alemanes, pero estos, a pesar de su discurso, rechazaron el empleo de la huelga general (en este caso por ser revolucionaria) y decían que se opondrían a los Créditos de guerra... Ya vimos que no sucedió eso, sino lo contrario.
El capítulo "Francia después de 1905" nos regresa a los años previos a la guerra con un análisis del socialismo en Francia y de sus principales figuras: Jaurés, Guesde, Vaillant (no confundir con el anarquista) y el nefasto vulgar Paul Lafargue, oscuro personaje yerno de Marx.
También se habla de Paul Brousse, Jean Allemane, etc., pero sobre todo es interesante sus comentarios sobre Sorel, de quien tengo pendiente leer "Reflexiones sobre la violencia", objeciones aparte a Sorel, claro.
Lastimosamente todo el capítulo, o la mayoría al menos, trata sobre personalidades y no sobre el socialismo como movimiento social, lo cual hubiera sido estupendo, pero quizá más adelante lleguemos a eso.
Sobre Rusia, ya casi para cerrar el libro, está el capítulo "Rusia hasta 1905" que comienza bastante bien analizando la conquista del poder político en ese país: si en los otros países el socialismo y el marxismo se lanzaron a la búsqueda del reconocimiento del sufragio para los varones (y después para las mujeres, de ahí el movimiento sufragista de extracción socialista) para conquistar el poder político, en Rusia había una autocracia, con lo cual no podían conquistar el poder político mediante las elecciones. Por eso el marxismo aquí, empeñados en la tontería de las etapas, pedía un parlamento.
Después de esto Cole se lanza de nuevo a las personas, precisamente cuando iba tan bien el relato, y habla sobre Mikhailovzky y Lavrov, estudio nada malo, pero que rompe con el hilo anterior de hechos y no personas. Los relatos de las actividades de Lenin y Plekhanov son bastante buenos, no porque tuvieran razón esos personajes, sino desde el punto de vista histórico al explicar cómo se manejaban las cosas, digamos, del otro lado de la barricada.
Respecto del capítulo "La primera revolución rusa", poco hay que decir que es estupendo. No solamente por la forma de redactar, sino por los análisis que realiza tanto de los soviets, las disputas internas entre Mencheviques y Bolcheviques, así como de la derrota del Zar por la vía revolucionaria para formar un gobierno burgués (Lenin 😳) o la vía del pacto de los Cadetes en un gobierno de coalición al que se oponían los Mencheviques.
La forma en la que Lenin dividió abiertamente al marxismo en Rusia es aberrante, pero esto venía desde 1903, era un paso inevitable en una teoría como la que formuló Marx (y que trató de imponer en la práctica) donde el centralismo era algo fundamental. No hay pues necesidad de asombrarse del grado náuseabundo al que llegó el marxismo en el gobierno Bolchevique cuando desde estos años ya era claro como serían.
Finalmente se incluye el artículo "Polonia, Rosa Luxemburgo" que es interesante en cuanto a la historia polaca, pero sobre Rosa Luxemburgo... Sinceramente no se como puede haber "anarquistas" (si no fuera una falta ortográfica le pondría triple comillas) que quieran reivindicarla: militante de la social democracia alemana y polaca, poco se puede esperar de alguien así. Sus estudios de crítica al revisionismo en donde supuestamente indica errores en Marx, realmente no son nada buenos: Marx se equivocaba al decir que el capitalismo cseriaf debido a sus propias contradicciones en un plazo próximo. Luxemburgo dice que no, porque debido a la expansión de mercados el capital tiene más vida. Y este asunto, básico por no decir ordinario, se acepta como una crítica a Marx cuando en realidad solo se definen tiempos, pero no fundamentos.
La misma dictadura del proletariado no es tampoco desechada por Luxemburgo, siempre que por esta se entienda la dirección del partido de la revolución y no un gobierno, sin entender que esa dirección del partido ya es en sí un gobierno.
Comprendo que los situacionistas y otros yerbajos pasados por el molino de la historia se crean esas supercherías, porque siguen repitiendo que el capitalismo caerá ya no por las contradicciones económicas que decía Marx (que en esto tampoco era novedoso, otros ya lo habían dicho), sino ahora debido al derrumbe climático o hasta a una escasez petrolera; pero que haya gente que se diga anarquista y quieran reivindicar estas cosas, es simplemente penoso.
En fin, a pesar de estas vergüenzas ideológicas, el artículo es bueno debido a Cole y su explicación detallada de los hechos.
Con esta exposición termina el libro, con sus detalles de desfases de tiempo, pero muy, muy bueno. Vamos por el volumen IV.


“El campo de batalla del anarquismo, ínterin se espera la revolución social, tendría que ser la pluma, la palabra y el ejemplo […] Revolucionarios, meditad que la hora de nuestra emancipación tanto más tardará en sonar cuanto más tiempo permanezcamos en la ignorancia. Eduquémonos, instruyámonos, que el porvenir es nuestro”

José Llunas
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