La ley -Erick Benítez Martínez-

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Erick Benítez Martínez
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La ley -Erick Benítez Martínez-

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La definición de “Ley” en el ámbito de la filosofía refiere a un concepto aplicable en todo momento y espacio. Si en el espectro político el concepto tiene un significado que emana de las alturas del poder político para con los gobernados, desde el ángulo filosófico implica un “algo” que es aplicable en todo momento y espacio sin excepción.
De esta manera, cuando aquel a quien Rudolf Rocker llamó “demócrata aburguesado”, Karl Marx (1), habla de “Leyes inmanentes, inamovibles”, etc., respecto a la crítica del capitalismo, debemos preguntarnos si la cosa tiene la más mínima seriedad. Una Ley, aplicada en los conceptos económicos como lo hace Marx, refiere a un acto o hecho aplicable en todos los momentos y espacios. Si por alguna razón el concepto tiene una sola excepción, un solo momento en que no sea aplicable, llamarle Ley no puede hacerse sino en base a la ignorancia.
No ahondaré de momento en refutar lo absurdo de pretender establecer conceptos fijos en cuanto a la crítica de la economía política (2), ya que ello nos sacaría del tema central de este artículo, pero es evidente para cualquiera que estudie el asunto que hablar de Leyes en este tema es algo bastante ridículo.
Prácticamente ningún concepto merece la aplicación de Ley, por cuanto este propio concepto alude a un “algo” ineludible e inevitable, y haciendo excepción de las matemáticas (3) y de las Leyes naturales (4), el concepto suele utilizarse de formas muy poco responsables.
Desde el punto de vista político y dada la risible forma en que los mismos políticos se burlan de sus Leyes, la cosa presenta un aspecto distinto a los anteriormente comentados.
El Gobierno de México (Sistema de Información Legislativa) dice lo siguiente respecto de la Ley, que no dista de lo dicho por los Gobiernos de cualquier parte del mundo:

“Desde el punto de vista jurídico es una norma jurídica en que el Estado se dirige a sus súbditos para fijar entre ellos y el mismo los límites de lo permitido” (5)

Las palabras son bastante claras en esta definición: la llamada Ley no es un concepto emanado de la lógica humana y del consentimiento de los pueblos. No proviene de la lógica, como es evidente, porque si esas Leyes fueran fruto de la lógica como lo es por ejemplo el beber agua para estar hidratados o que para sobrevivir como especie es precisa la colaboración entre sus componentes, no harían falta todos los arsenales de armas y los miles y miles de golpeadores uniformados y encargados de reprimir mediante las armas todo aquello que ose desafiar la Ley. Fruto de la lógica, no haría falta ninguna coacción para que fuese cumplida, de la misma forma que no existe un grupo armado encargado de obligar a las personas a beber agua, ni otro encargado de hacer que sea efectiva la colaboración entre las personas para la supervivencia de la especie.
Cada arma y cada uniformado no constituyen otra cosa que la confirmación de que la Ley política es ajena a la naturaleza humana y de que precisa de la coacción para ejercerse.
No proviene tampoco del consentimiento de los pueblos toda vez que al nacer nos encontramos ya con todos los códigos escritos y no se nos pide nuestro consentimiento para su aceptación ni tampoco nuestra opinión sobre la bondad o maldad de las Leyes jurídicas. Nos son impuestas, sin consulta ni opción.
Aun cuando poseemos ya una edad adulta suficiente para reconocer o rechazar dichas Leyes, desde la cuna hasta la tumba el andamiaje legislativo nos es impuesto por la fuerza de la economía, de la política o por la fuerza física. Asemeja la idea de Dios, que se impone a los infantes a una edad que no la pueden cuestionar, y que a la edad adulta en siglos pasados se les da la opción de aceptar la idea o morir en la hoguera.
Cuando ni siquiera poseemos la capacidad de hablar, la Ley y la religión nos son impuestas, de manera que muchas personas al crecer aceptan estos preceptos como parte de sus vidas, con lo que siempre han vivido, y se prestaban a ser soplones en tiempos de la Inquisición contra los herejes y ateos, o se prestan en la actualidad a ser chivatos de la policía, Hacienda y los gobiernos en todos los tiempos y lugares.
La falta de lógica de la Ley y su falta de consentimiento popular se manifiesta cuando aparece la flamante frase que dice “Ignorar la Ley no te exime de cumplirla”.
Leemos en el artículo 21 del Código Civil Federal de México en su reforma del 2021:

“La ignorancia de las leyes no excusa su cumplimiento; pero los jueces teniendo en cuenta el notorio atraso intelectual de algunos individuos, su apartamiento de las vías de comunicación o su miserable situación económica, podrán, si está de acuerdo el Ministerio Público, eximirlos de las sanciones en que hubieren incurrido por la falta de cumplimiento de la ley que ignoraban, o de ser posible, concederles un plazo para que la cumplan; siempre que no se trate de leyes que afecten directamente al interés público” (6)

Aparte de notar como llama tontos y pobres a quienes no conozcan la Ley y como no hace ninguna alusión a ningún capitalista o burgués ya que parece que ellos los capitalistas lo saben todo, la situación es clara: aun cuando tu cerebro no posea el conocimiento de una Ley, tu debes es cumplir… aquello que desconoces ¿cabe mayor absurdo?
Luego, al incumplir una Ley que desconocías y se te aplique algún castigo, el Gobierno puede tener piedad de ti por no cumplir algo que no conocías y puede darte el “beneficio” (!) de pagar tu castigo en un tiempo determinado. Viendo que el texto refiere un posible perdón o aplazo del cumplimiento de la Ley a los pobres y tontos la cosa también nos indica que esta Ley no se aplica a los capitalistas y burgueses, como tampoco a la clase política.
Tales son amigos y amigas la clase de absurdos elevados al grado de Ley que aplican a la vida de las personas ¿pero de cuales personas, puedes preguntarte?
En la primera cita proveniente de la legislatura mexicana se indica claramente lo siguiente al definir el concepto de Ley: “es una norma jurídica en que el Estado se dirige a sus súbditos para fijar entre ellos y el mismo los límites de lo permitido”.
El Estado es quien pone las normas y lo hace dirigiéndose a sus súbditos, a sus esclavos. Al ser el Estado quien pone las normas a sus esclavos, esas leyes son aplicables solamente a los súbditos y no a los amos.
No hace falta ser ningún especialista en Leyes para ver que en todos los tiempos y en todos los países la clase política roba, mata, viola y tortura a sus anchas sin que nunca les sea aplicado castigo alguno. Y la cosa es lógica: la Ley es aplicable a los súbditos, no al Estado y sus componentes y el beneficio del fuero con que se revisten es la comprobación de ello. Desde este punto de vista hemos de reconocer que al menos no nos han mentido: las Leyes solo son aplicables a las clases trabajadoras, sobre quienes pesan todos los castigos, todos los deberes, todas las restricciones, dejando para los estatistas todos los derechos, todos los privilegios, todas las libertades.
Los servidores del Estado, que no son precisamente clase política, alcanzan también una parte de la impunidad: policías y militares que roban, matan, torturan y nunca pagan por esos crímenes.
La Ley de los Estados, para resumir, no es fruto de la lógica ni del consenso popular. Tampoco es un instrumento equitativo, sino un arma del Estado sobre los pueblos.
Es preciso que las personas sean conscientes de que la Ley no sirve a la justicia ni a los pueblos, y que lejos de ser una herramienta de liberación es el grillete que el Estado pone a sus esclavos.

Hay, sin embargo, unas leyes que sí respetamos y que luchamos por su implantación: son aquellas que son fruto de nuestra condición de especie sociable que nos indica que la fraternidad y la solidaridad son necesarios para avanzar como especie; aquella que indica que todas las personas, por el hecho mismo de nacer, tienen derecho a la Tierra, para habitar, para trabajarla y para vivir; aquella que indica que las personas tienen derecho a satisfacer sus necesidades naturales sin que esto implique el sometimiento a los capitalistas y burgueses, mientras estos viven estupendamente sin mover un dedo para ganarse el alimento.

Abolición de las leyes políticas. Satisfacción a las necesidades humanas.

Erick Benítez Martínez. Enero del 2023


Notas:

1.- Rudolf Rocker, Artistas y rebeldes, página 111. Ediciones Reconstruir. México, 1989.
2.- En mi libro de introducción al pensamiento de Proudhon brindo abundantes argumentos en favor de que la economía y la crítica de la economía política contienen en sí mismas todos los nexos entre elementos productivos, sumados a los propios movimientos oscilantes de la oferta y la demanda que hacen imposibles no solo fijar el valor, sino prácticamente ningún concepto dada la enorme complejidad de las relaciones económicas que se mantienen siempre variables y móviles, y no fijas y estáticas.
3.- He de reconocer mi carencia de estudios avanzados en matemáticas, excepción que no me hace ignorar la existencia de complejas operaciones matemáticas donde a pesar de la implacable lógica de los números, es posible cierto grado de ruptura con la lógica básica y la Ley.
4.- Por “Leyes naturales” me refiero a las Leyes naturales aplicables únicamente a nuestra galaxia y hasta donde el conocimiento humano nos ha permitido estudiar el Universo. Existen otras galaxias donde nuestra “lógica” no existe o es posible su interpretación de formas muy distintas a las comunes.
5.- http://sil.gobernacion.gob.mx/Glosario/ ... php?ID=145
6.- http://www.ordenjuridico.gob.mx/Documen ... 17186.html


“El campo de batalla del anarquismo, ínterin se espera la revolución social, tendría que ser la pluma, la palabra y el ejemplo […] Revolucionarios, meditad que la hora de nuestra emancipación tanto más tardará en sonar cuanto más tiempo permanezcamos en la ignorancia. Eduquémonos, instruyámonos, que el porvenir es nuestro”

José Llunas
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