Aguas negras del pensamiento

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Santiago Salvador Franch
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Aguas negras del pensamiento

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Existe un pantano de aguas profundas y negras.
No es un pantano físico, sino mental.
Sus aguas están compuestas de prejuicios, creencias a ciegas, tradiciones, pensamientos empantanados que jamás se mueven. La quietud, la parsimonia, la oscuridad, la asfixia, el silencio y la inmovilidad son sus mayores fuerzas. En su fondo se encuentran muchas veces todos los esclavos del pensamiento en abrazo fraterno con el atavismo.
No entra la luz en ese pantano. La oscuridad es su fuerza, el silencio sepulcral su cimiento.
Una gruesa capa verdosa se encuentra en su superficie. Se compone de miedo, prejuicios, intolerancia, pensamiento único, tradiciones y verdades absolutas que algunas personas de pensamiento entumido pretenden haber descubierto. A veces esos componentes toman la apariencia de cultura, apertura de pensamiento, la voz de los sin voz y reivindicación de derechos, pero no es más que una apariencia: bastará que alguien en nombre también del pensamiento, la reivindicación y la cultura cuestione siquiera un poco esas ideas para que retomen su apariencia original y tras la apertura de pensamiento aparecen de nuevo la intolerancia, el pensamiento único, las verdades absolutas.
De cuando en cuando salen a la superficie breves y pestilentes burbujas, fruto de la fermentación atávica que contiene el pantano; burbujas que al estallar dejan oír rencores como advertencia para quienes pretendan acercarse.
Negras y horrendas criaturas habitan sus profundidades: la autoridad, el clero, el capital, la egolatría, la ignorancia y la prepotencia habitan ahí. Pero que nadie se llame a engaño: su profundidad no indica que solamente a ellas habrá qué derrotar. Ellas influyen desde el fondo los pensamientos únicos, las tradiciones, la intolerancia y los prejuicios, y aun cuando estos toman apariencias diferentes, todas sus variantes están influidas por esas negras bestias de las profundidades.
Ocultas en las profundidades del pantano, hacen todo lo posible para que nadie mueva sus aguas.
Así, en silencio, a resguardo, en la negrura de la profundidad se sienten a salvo.
Cuidado con quien tenga la osadía de acercarse un poco: al punto será atacado y en la medida que se acerque un poco más, la agresión irá en aumento. Que nadie se atreva nunca a poner su mano sobre la superficie de las aguas, porque entonces los monstruos rugen desde las profundidades del pantano, exigiendo que nadie perturbe la calma que les asegura su existencia. Se pretenden los dueños, amos y señores del pantano, y jamás admitirán nada que les ponga en duda. Si el rugido preventivo no aleja a quienes pretenden perturbar la calma, entonces las bestias lanzan fuertes tarascadas buscando mutilar o engullir a cualquiera que se acerque. Sus fauces ya han sido la tumba de una infinidad de personas que han sido engullidas por su atrevimiento… pero nada es eterno. Aunque los osados cuentan varias bajas, su empecinamiento va debilitando a las bestias.
Conforme avanza el tiempo el pantano se deseca poco a poco. Se mueven las aguas turbias que protegen a las criaturas que habitan en su interior. El viento, el sol, el oxígeno, tocan paulatinamente la superficie del agua, porque todo lo sano requiere movimiento, agitación, fuerza viva que mantenga el movimiento del que solo las viles sabandijas buscan escapar.
Manos sacrílegas avanzan hacia las aguas en la imperiosa necesidad de limpiar la inmundicia que pudre con su presencia el ambiente.
Critica, cuestionamiento, pensamiento, inteligencia, profundización, ponen sus manos sanas sobre la capa verdosa de la superficie, y de inmediato protestan el miedo, los prejuicios, la intolerancia, el pensamiento único, las tradiciones y las verdades absolutas.
Con el primer roce se agitan las aguas verdosas del pantano, y desde el fondo de su oscuridad las criaturas lanzan feroces gritos contra lo que perturba su calma, contra lo que pretende desalojarlas de su podredumbre.
Las aguas se agitan, porque lo estancado, lo empantanado, lo inmóvil, lo inatacable, no es sano para el pensamiento ni para la propia especie.
“¿Es sano que todo se mantenga en calma, o esa calma incuba las peores condiciones para la salud mental?” Se pregunta la crítica, y lanza un feroz manotazo contra las aguas del pantano.
“¿Es sano que algo no pueda ser cuestionado, o ello genera las verdades únicas que llevan al autoritarismo?” Pregunta la investigación, y lanza un segundo manotazo a las aguas turbias.
“¿Es sana la calma estancada que provoca que nada avance?” Cuestiona a su vez el pensamiento, y lanza otro manotazo contra las aguas del pantano, que se agitan cada vez más.
“¿Es sana esa calma donde las aguas no se mueven, donde nada se agita, y donde por ello mismo no se atreve nadie a molestar a las criaturas que viven en su profundidad?” Pregunta esta vez la luz de la inteligencia, y al lanzar un nuevo manotazo las aguas se agitan, y en ellas comienza a penetrar la luz, el oxígeno, el sol, removiendo toda la inmundicia que se encuentra al fondo del pantano; la autoridad, el clero, el Estado, la egolatría y la ignorancia se apresuran a salir corriendo, porque criaturas horrendas y nauseabundas, no toleran la crítica, el pensamiento ni la razón, que llevan en ellas la luz, el oxígeno y el sol que todo lo limpia y purifica.
El pantano ha sido desecado, porque por mucho que se resistan, el pensamiento, la crítica y la razón se imponen poco a poco; pese a las protestas iniciales, terminan por desalojar los pantanos de todo aquello que atente contra el avance humano.
Pero cuidado: estas criaturas cambian de apariencia. Mudan de residencia constantemente. A veces toman la forma de revolución, de socialismo, de libertad y justicia cuando son más atrevidas.
Ahí, también, es preciso que no se permita jamás que las aguas se estanquen, que nunca aparezca la calma, la oscuridad ni la inmovilidad. Es preciso que, también ahí, estén presentes la crítica, el pensamiento, la inteligencia, y que ellos remuevan constantemente las aguas, impidiendo que la falta de movilidad permita el estancamiento y que éstas se ennegrezcan, porque las aguas que no se agitan producen en el fondo las condiciones donde comenzarán de nuevo a habitar la autoridad, el clero, el Estado, la ignorancia y la fuerza bruta; las verdades absolutas, el pensamiento único, la ignorancia y el atavismo son los primeros en aparecer, y tras ellos rápidamente regresan las bestias de las profundidades.
Fuerzas imprescindibles de la naturaleza, la crítica, el pensamiento y la inteligencia no deben jamás retroceder ante los sentimientos, la amistad o la amabilidad. Su labor es de remoción, y en ella deben empeñarse constantemente. Remover una vez tras otra, implacablemente, incansablemente, sin preocuparse de si su actividad echar por tierra creencias, idolatrías, tradiciones o cosas hasta entonces tomadas por verdaderas.

Navegantes del pensamiento ¡jamás permitan que las aguas se estanquen! ¡Lancen potentes misiles de investigación, inteligencia, crítica y pensamiento contra las aguas negras de los pantanos! ¡Agiten constantemente todo, que nada permanezca aislado del estudio y la crítica! ¡Remuevan, remuevan incesantemente, y cuando hayan terminado de remover, revisen de nuevo!

Erick Benítez Martínez. Diciembre del 2020


“El campo de batalla del anarquismo, ínterin se espera la revolución social, tendría que ser la pluma, la palabra y el ejemplo […] Revolucionarios, meditad que la hora de nuestra emancipación tanto más tardará en sonar cuanto más tiempo permanezcamos en la ignorancia. Eduquémonos, instruyámonos, que el porvenir es nuestro”

José Llunas
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