No hay tregua -Erick Benítez Martínez-

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Santiago Salvador Franch
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No hay tregua -Erick Benítez Martínez-

Mensaje: # 124Mensaje Santiago Salvador Franch
Lun Oct 14, 2019 12:59 am

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“Más bien que una oda a la muerte, la sociedad actual
parece una compañía de exterminio mutuo. Se mata el
estómago, el corazón y el cerebro. Al niño, al joven y al viejo.
Mata el sable, mata el hisopo, mata el Código, mata el oro,
mata el amor, mata el taller y el campo, el mar y la mina,
la Bolsa y el lupanar. Esta sociedad es un Saturno gigante
devorando a sus propios hijos”

José Prat
No alcanza la producción de papel anual de cualquier país para abarcar todos los artículos y documentos en que las instituciones estatales nos hablan de vigilar por los “intereses comunes” de trabajadores, capitalistas e intermediarios.
Pero la realidad abre los ojos a todos cayendo como cubo de agua fría: cada clase tira la cuerda hacia sus propios intereses.
Los capitalistas buscan la mayor producción al costo más bajo y la circulación de las mercancías de forma interrumpida y lo más rápido posible; los intermediarios buscan la manera de arrancar las mercancías al precio más bajo al capitalismo y su venta más cara a los consumidores; los trabajadores, que son también consumidores, buscan como consumidores el costo más bajo de las mercancías, y como trabajadores un sueldo siempre lo más alto posible con la menor cantidad de horas de trabajo, de manera que puedan vivir la vida fuera de la jornada laboral y de una manera digna.
¿Cómo, qué clase de arreglo puede haber entre intereses tan antagónicos, donde existe una silenciosa guerra entre todos estos intereses?
Esta guerra silenciosa es bien visible para cualquiera que analice siquiera un poco las relaciones obrero-patronales: Es bien sabido que en economía los productos escasos se venden a precios más altos, y que los productos abundantes reducen sus precios.
El capitalista hace producir lo necesario para cubrir el consumo que se pueda pagar, pero al mismo tiempo requiere de consumidores de sus productos. Estos consumidores no son otros que los propios trabajadores, y a estos trabajadores se les paga siempre los salarios más precarios posible, pero no tanto para que no puedan consumir y mantener así la circulación de mercancías. Cuales máquinas a las que se les nutre del combustible básico, los trabajadores apenas son mantenidos en condiciones estables de máquinas de producción con ojos y extremidades, útiles solamente mientras sean jóvenes capaces de producir.
A su edad adulta, cuando sus ojos no vean bien y sus extremidades no sean ágiles, se les relegará al olvido con apenas un plato de lentejas para alimentarse… si bien les va.
Mientras esto dure, las mercancías que producen los obreros les serán vendidas por 10 y hasta 20 veces más el costo de producción. Trabajadores de la construcción sin casas; campesinos sin alimento; manufactureras de ropa con prendas viejas y desgastadas; fabricantes de calzado con calzado penoso ¿No es maravilloso el reino del capitalismo?
Así, es un grito en el abismo los reclamos del obrero por mejoras salariales, porque el costo del nivel de vida va siempre en relación contraria de cualquier mejora de los salarios; una gota en la tormenta las promesas de los capitalistas y gobernantes prometiendo un mejor nivel de vida del pueblo.
El capitalismo requiere de un ejercito de pobres que vivan con apenas lo justo para vivir y consumir, para acudir todos los días cual corderos a sus centros de explotación.
Digámoslo de manera mas clara y directa: nuestra miseria, nuestra precariedad, nuestras penas económicas, constituyen los cimientos de todos los riquillos y políticos que se nos presentan como mediadores justos de los intereses y benefactores de las capas populares.
No, que nadie se engañe. Esta guerra no tiene forma alguna de tregua entre los combatientes, sino el sometimiento de una o varias de las partes a una sola.
Ahora bien ¿qué intereses son los que ganan pasando encima de los demás?
El trabajador-consumidor no puede imponerse de buena manera porque las leyes le tienen atado de pies y manos, entregado maniatado ante las fuerzas contrarias.
El intermediario es un agente permitido por las instituciones gubernamentales, puesto que su labor de traslado de mercancías permite la circulación de las mismas aún cuando esto signifique encarecer el producto.
El capitalista abastece de abundantes sobornos, crecimiento industrial (que no es igual a bienestar popular) y que incluso comparte intercambio de gente con la política: capitalistas vueltos diputados y diputados vueltos capitalistas.
Así, el Estado, que se pretende regulador de los intereses y presunto conciliador de las partes, se convierte de manera directa en defensor del capitalismo y solapador de los intermediarios.
La víctima, sobre quien se cargan todos los lastres de las actividades capitalistas e intermediarios, son las clases trabajadoras.
No hay reconciliación posible de intereses, y las leyes estatales, el Estado mismo, aguarda en la esquina del capitalismo dispuesto a defenderle de los trabajadores.
Las leyes dictan cuando y como realizar una huelga… aunque sea una reivindicación exclusiva de los trabajadores; las leyes penan el sabotaje a la producción y/o circulación de las mismas; las leyes permiten reventar las huelgas para permitir de nuevo la producción; las leyes y sus instituciones encierran en la cárcel a todo rebelde a este sistema de expoliación y muerte; las leyes recaudan a los trabajadores impuestos con los que luego se paga al policía que reprime a los propios trabajadores, las cárceles donde se les encierra y las instituciones que lo atan a la miseria.
Las leyes atan al trabajador, el Estado le encierra, el intermediario lo golpea y el capitalismo lo asesina.
¡Cómo esperar que las clases trabajadoras obtengan la menor mejora de sus enemigos irreconciliables!
Rechazando toda intervención estatal en sus asuntos propios, a la clase obrera solo le queda un recurso: la acción directa.
No hay tregua ni la puede haber con quienes le someten. La clase obrera ha de tomar en sus manos los medios de producción para hacerlos funcionar no para beneficio y holganza de un cúmulo de ladrones capitalistas o estatales, sino para beneficio del pueblo en general.
Que los capitalistas peleen por sus intereses es lógico; que el Estado pelee por su existencia es lógico también; lo que no es lógico, lo que no tiene coherencia, es que la clase obrera se olvide de sus intereses y deje de luchar, o que permita que su lucha sea desviada de sus intereses revolucionarios por dirigentes, leyes o candidatos que le prometan el paraíso de una igualdad y una justicia que jamás llegará por ser contraria a sus propios intereses de clase.
La clase obrera no se puede permitir el lujo de no luchar, porque en esa falta de lucha es donde el capitalismo y el Estado encuentran el terreno abonado para sus vergonzosas actividades, seguros de que nada se los impedirá.


Erick Benítez Martínez. Mayo de 2019


“El campo de batalla del anarquismo, ínterin se espera la revolución social, tendría que ser la pluma, la palabra y el ejemplo […] Revolucionarios, meditad que la hora de nuestra emancipación tanto más tardará en sonar cuanto más tiempo permanezcamos en la ignorancia. Eduquémonos, instruyámonos, que el porvenir es nuestro”

José Llunas

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