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Confesión de un ácrata
#1
[Imagen: latest?cb=20130321062008&path-prefix=es]
Muchas veces se me ha preguntado ¿y no te da miedo ser anarquista? -Anarquista no, ser una persona conformista y borreguil, consecuente con el sistema, sí. A todas esas personas que dudan, que temen a la anarquía y al anarquismo, he decirles que en esta forma de vida yo encontré la más alta expresión humana, el apoyo mutuo, el compañerismo, la capacidad de pensar por mí mismo y sobre todo, el valor de la libertad así como su concepto y definición.
En ocasiones se tiene la idea de que los anarquistas son seres insociables, violentos y que su vida es caos así como la etimología misma del concepto. Sin embargo, en el anarquismo encontré no solo ideas abstractas y prácticas, sino he visto a través del mismo la historia y mi historia. Desde las lecturas clásicas como las de Joseph Proudhon y sus tesis sobre la propiedad privada y la organización federalista basada en la libre asociación, hasta los preceptos individualistas de Max Stirner y mi encuentro conmigo mismo. Pasando por la geografía humanista de Elisée Reclus y saber que el contexto en el que nos situamos también da forma y cabida a nuestras existencias, pensamientos, culturas y formas de lucha, hasta las nuevas organizaciones campesinas, obreras e indígenas en todo el mundo que, muchas veces sin saber, están basadas en la organización libertaria.
¿A eso es a lo que debo temer al ser anarquista?
Temo a lo que pueda sucedernos con este sistema absolutista basado en la explotación del humano, de los animales, en la supresión de nuestros derechos a ser quien queramos ser. Temo a una sociedad basada en estructuras que oprimen a la mujer y les niega su idea de ser. Temo a la escuela que cierra las fronteras humanas e impide el desarrollo integral de los niños, que los obliga a competir; desde temprana edad y les hace saber que no existe la amistad ni la solidaridad, que la forma de salir adelante en esta sociedad es solamente aplastando al que se encuentra a tu lado sin conocer amigos o enemigos. Temo al trabajo que me obliga a entregar todas mis fuerzas a una serie de parásitos que se aprovechan de una clase sumisa, subordinada y bien adiestrada. Mi temor es ante el mundo de hoy, a las guerras, a las luchas fratricidas, al genocidio, al dolor, al hambre, al racismo o al fascismo…
Anarquismo, anarquía, anarquista, son conceptos que no deben ser subjetivados, que no deben ser temidos y menos aún, que deban ser subestimados. Porque anarquista es aquel que está en contra de la autoridad y que no quiere ni busca imponer a suya, que no quiere el poder, sino que busca abolirlo. Libertario es aquel que ve en los animales y su liberación al Otro oprimido, al hermano de lucha y combate. Ácrata es el enemigo de la religión que oprime mediante el temor a entes inexistentes y suprimen la libertad de ser. Revolucionario es todo aquel que esté dispuesto a romper las cadenas de la explotación, que no está conforme y que está dispuesto a entregar su vida por un noble ideal; porque la anarquía no es una utopía, es una realidad y tenemos los ejemplos en Francia, en la España revolucionaria, en México y en todos los rincones de este territorio llamado Tierra.
Son dos mundos, dos polos yuxtapuestos, el de aquellos que desean morir en la rutina diaria del trabajar para vivir y vivir para trabajar, y el de los que no estamos dispuestos a que esto siga, de los que se niegan a ser consumidos por un sistema intransigente, totalitario automatizado y opresor.
La anarquía es la más alta expresión del orden, es la más bella expresión humana…




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