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Manifiesto de los Anarquistas de Chile sobre la Revolución Cubana (1960)
#1
Exclamation 
Ante los Imperialismo Yanqui y Ruso
Cita:El siguiente, es un documento histórico que publicamos con motivo del 50 aniversario de la Revolución Cubana este pasado 1º de Enero. Este folleto representa uno de los más tempranos posicionamientos del anarquismo latinoamericano ante la Revolución Cubana. Fue difundido por la Federación Anarquista Internacional (FAI) de Chile.
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Introducción Necesaria
El siguiente, es un documento histórico que publicamos con motivo del 50 aniversario de la Revolución Cubana este pasado 1º de Enero. Este folleto representa uno de los más tempranos posicionamientos del anarquismo latinoamericano ante la Revolución Cubana. Fue difundido por la Federación Anarquista Internacional (FAI) de Chile, organización compuesta por militantes criollos y por militantes libertarios de otras nacionalidades (contando a algunos españoles, franceses y al menos un peruano). Este folleto fue distribuido en el local de la Federación, ubicado en la calle Arturo Prat, esquina Pedro Lagos, de Santiago de Chile. Su redacción estuvo a cargo de un compañero que había sido dirigente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, G. Fuentes, junto a un compañero de profesión psiquiatra, el Dr. Vicencio.
En él, se reconocen los méritos de la revolución hasta ese momento (Agosto de 1960), los cuales se enumeran al comienzo del documento (reforma agraria, expropiaciones a capitales norteamericanos, desarticulación del ejército de Batista, nacionalización del petróleo), pero se da alerta temprana ante la centralización del poder, la intervención estatal sobre las organizaciones populares y, en general, ante los síntomas del creciente autoritarismo del régimen que, finalmente, terminarían ahogando prematuramente los logros revolucionarios.
En el documento se aprecia una clara condena a los dos bloques imperialistas que durante la Guerra Fría se disputaron el mundo como una partida de ajedrez, advirtiendo de los riesgos implícitos a esta disputa, que dos años más tarde llevaría al borde de un enfrentamiento nuclear durante la "crisis de los misiles". Reconociendo a los EEUU como poder hegemónico regional, condena igualmente a la OEA, su instrumento de control hemisférico y la posición servil a Washington adoptada por los gobiernos latinoamericanos. Con igual o mayor fuerza, denuncia las sanciones aplicadas por EEUU para estrangular la revolución y atentar en contra del pueblo cubano, medidas que hoy se han llevado con el bloqueo a un nivel absolutamente criminal.
Y sin ningún tapujo, define a la URSS como una potencia imperialista, frescos aún los recuerdos del aplastamiento de la rebelión popular húngara en 1956, potencia la cual no concebía la expansión del socialismo como un acto realizado por la misma movilización de los pueblos, sino que su versión burocrática del “socialismo” se expandía mediante la ocupación o la anexión militar. Con extraordinaria clarividencia, el documento llega a la conclusión de que el interés soviético en Cuba es más militar que revolucionario, como lo dejaría en claro en 1962 la citada “crisis de los misiles”.
El documento no constituye sencillamente una alerta ante el apetito imperialista soviético ni ante las agresiones yanquis, que más tarde llegarían a su clímax con la invasión de Bahía Cochinos. Es también un llamado a extender la revolución, a profundizar los aspectos positivos de ésta mediante ciertos lineamientos muy claros, llamando “a la expropiación de los latifundios y a trabajar y administrar colectivamente la tierra; pero no a conquistar la tierra para el que la trabaja, sino para la sociedad; a socializar también los medios de producción en la industria; al control del crédito por las organizaciones de trabajadores, a la participación democrática de las tendencias socialistas, sin hegemonías y sobre todo, impidiendo la colonización ideológica y política que los bolcheviques quieren hacer de la Revolución Cubana; a suprimir el Estado, demostrado con hechos que no sólo él es innecesario, sino perjudicial para la vida de la sociedad.”
Además, es un llamado a la solidaridad de los pueblos latinoamericanos con el pueblo cubano, solidaridad que se plantea desde abajo y de manera crítica, recalcando la necesidad de “hacer claridad” frente a la realidad cubana, es decir, dando a conocer que pese a las simpatías que despierta la revolución, existía el riesgo de que ésta degenerara hacia un nuevo régimen de opresión, como efectivamente ocurrió. La solidaridad la plantean claramente como una tarea de los pueblos y no de los gobiernos. Bien sabían los anarquistas de esto debido a la reciente experiencia de la Revolución Española, donde el impulso popular y la iniciativa revolucionaria de las masas fue saboteada y aplastada por la propia República, de modo que cuando el fascismo se abrió paso, la revolución ya estaba derrotada gracias a los elementos estatistas y reaccionarios en el mismo campo republicano. Esta lección estaba aún fresca en la memoria de muchos militantes de la FAI (Chile), ya que esta organización fue fundada por allá por 1942, teniendo en ella una importante participación algunos refugiados anarquistas españoles, como Francisco Paune y Cosme Paules.
Por último, este folleto encierra una cierta polémica con los sectores anarco-sindicalistas encabezados por el influyente libertario Ernesto Miranda, dirigente de la Federación del Cuero y Calzado y uno de los impulsores del proceso de convergencia sindical que llevó a la constitución de la Central Única de Trabajadores (CUT) en 1953. En Noviembre de 1959, Miranda fue invitado por la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC) a su X Congreso, en el cual el libertario chileno fue declarado “Hijo Adoptivo de la Revolución Cubana”. A su regreso, Miranda funda el Comité de Defensa de la Revolución Cubana y en Abril de 1960 se funda el Movimiento Libertario 7 de Julio, el cual tenía una cierta orientación pro-cubana, incluso en su nombre. Aunque la FAI había tenido polémicas previas con el sector encabezado por Miranda, coinciden inicialmente en su posición ante la Revolución Cubana; pero la distancia comienza a producirse cuando llegan los primeros informes de la represión a los libertarios cubanos, así como a otras expresiones de izquierda, y sienten que Miranda continúa en un apoyo acrítico al proceso cubano.
Hacemos disponible por fin este valioso documento, de indudable valor histórico y político, el cual por mucho tiempo ha sido casi imposible de conseguir. Agradecemos al viejo militante de la Federación del Cuero y Calzado, hoy dirigente del Comité de Exonerados Políticos de la CUT, compañero Hugo Carter, el cual nos facilitó una copia de este folleto. Que sean los lectores y compañeros quienes evalúen los aciertos y desaciertos, los alcances y las limitaciones de este testimonio dejado por el anarquismo militante chileno ante un hecho trascendental en la historia de las luchas populares latinoamericanas e internacionales, que ha moldeado gran parte de los acontecimientos sociales que sacuden a nuestro continente desde hace medio siglo.

José Antonio Gutiérrez D.
16 de Enero del 2009


MANIFIESTO DE LOS ANARQUISTAS DE CHILE SOBRE LA REVOLUCION CUBANA ANTE LOS IMPERIALISMOS YANQUI Y RUSO
Saludamos alborozados a la Revolución de Cuba que el 1º de Enero derrocó al gobierno del dictador Fulgencio Batista. Supimos valorar la hazaña de Fidel Castro y de los guerrilleros de Sierra Maestra que fueron capaces de derrotar a un ejército regular, simplemente porque el pueblo que hizo esa Revolución luchaba por el atributo más preciado que tiene el hombre, cual es la libertad.

Si el tirano Batista pudo escapar o a él se le facilitó la huida, sus secuaces y los esbirros que mantuvieron durante años el terror sobre la Isla, en buena parte han pagado su deuda.

Reconocemos que han sido valiosas conquistas de esa Revolución algunas acciones como: la Reforma Agraria en marcha, la expropiación de ciertas propiedades norteamericanas, el confiscamiento de la industria petrolera, la desarticulación del ejército estatal mercenario y la lucha abierta contra el imperialismo norteamericano que avasalla la economía de Cuba.

Los anarquistas somos decididamente anti-imperialistas, y así lo hemos demostrado a través de más de un siglo, alentando la independencia de todos los pueblos que luchan por sacudir el yugo de las potencias que los dominan. Por eso fue que apoyamos a Sandino cuando combatía por la libertad de Nicaragua y hace pocos años también denunciamos la intervención norteamericana contra Guatemala.

Del mismo modo, hemos denunciado ante el mundo la feroz represión que los bolcheviques rusos hicieron contra el pueblo de Hungría que quiso liberarse de la tiranía del gobierno ruso. Y, porque somos amantes de la libertad y de la autodeterminación de los pueblos, proclamamos que la Unión Soviética mantiene a innumerables países, los llamados satélites, sometidos a su autoridad y a la brutal represión de sus ejércitos, como una acción imperialista.

No tenemos porque rendir servidumbre intelectual a las definiciones del concepto del concepto de IMPERIALISMO, vengan las definiciones de donde vinieren, pues aunque las vigentes pretendan ser académicas, son interesadas o dogmáticas. Entendemos por IMPERIALISMO lo que todo el mundo, sobre todo las víctimas del imperialismo, entienden: un sistema de opresión física o cultural, ejercido por una potencia o gobierno de un país fuerte sobre uno o varios débiles, a los que suprime o coarta la libertad o posibilidades de desarrollo y de expresión.

El imperialismo más característico y conocido de la antigüedad es el del Imperio Romano. Este tuvo países vasallos y pueblos esclavos; los invadió con sus ejércitos y los hizo pagar tributos; ejerció su poder sobre ellos por medio de gobernadores y de cónsules; privó a los ciudadanos de sus derechos y dispuso de sus bienes; impuso las leyes de la metrópoli e hizo circular su moneda en los países conquistados; arrancó a los hombres de sus hogares y los enroló en los ejércitos del imperio, muchas veces para combatir contra sus propios pueblos de origen; utilizó la mano de obra de unos esclavos en la producción, y la inteligencia de otros, como profesores y filósofos, para educar a los hijos de los nobles y príncipes del Imperio, etc.

Esta forma de Imperialismo del Estado, se ha sucedido en el mundo hasta nuestros días, unas veces ejercida por los emperadores o los reyes, otras por los señores o los nobles, por los patricios o por los republicanos, por los demócratas o por los socialistas, por los nazis o por los bolcheviques. No podemos, por tanto, pararnos en sutilezas para hacer distingos entre imperialismos. Llamaremos imperialistas a quienes, en nombre de unos u otros principios, valiéndose del poder del Estado como gran potencia, sojuzguen económicamente, financiera, militar o culturalmente a otros países.

El mundo ha asistido durante este siglo al surgimiento de unas potencias imperialistas y a la declinación de otras, como consecuencia de las guerras y revoluciones. Así vemos que Estados Unidos de Norteamérica comenzó a disputarle a Inglaterra, su aliada de la Primera Guerra Mundial, a raíz de ésta, el primer lugar que ocupaba como potencia imperialista, desplazándola de los mercados internacionales con su penetración económica, financiera y militar. De esa misma guerra surgió también la “Revolución Bolchevique”, la que dio nacimiento al imperialismo ruso. 

La independencia de la India y la Segunda Guerra Mundial, a pesar de ser Inglaterra nuevamente triunfadora, dieron al traste con el poderío del Imperio Británico.

Al término de esta última guerra, los imperialismos de menor cuantía, como los de Holanda, Francia y Bélgica, han sufrido serios quebrantos gracias a las luchas revolucionarias de sus colonias por la independencia. 

Simultánea o alternativamente, el imperialismo se ha ejercido en la forma colonial o política. La primera ha sido la ocupación de territorios a títulos de colonias, protectorados, zonas de influencia o fideicomisos en países que llamaban salvajes, con el pretexto de civilizarlos. Es cierto que en ellos cesó la antropofagia, que mejoraron de salud, cambiaron un mito religioso por otro, se alfabetizaron, construyeron viviendas y caminos, se movilizaron en medios motorizados, comieron mejor algunos y cambiaron el taparrabos por los pantalones; pero también es cierto que muchos pueblos fueron aniquilados o diezmados por el imperialismo colonialista, y que pagaron todo aquel progreso con mucha sangre, explotación y miseria. Sin embargo, a ningún pueblo de las colonias se le puede imputar los delitos de genocidio en la escala apocalíptica en que los perpetraron estos imperialistas, como pasamos a recordarlo: los nazis, quemando a seis millones de judíos en Alemania, los norteamericanos a cientos de miles con bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki y los bolcheviques matando a otros tantos en Polonia, en Hungría y actualmente en los campos de concentración de Vorkuta en el Polo Norte.

La segunda forma del imperialismo, la política, la han practicado las potencias, sobornando a los gobiernos de los países subdesarrollados o fomentando los cuartelazos y manteniendo dictadores en ellos. Esos medios, son los que han permitido a los imperialistas adueñarse de las materias primas, penetrar financieramente en las empresas y controlar el crédito en estos países, impidiendo su desarrollo industrial. Esta forma de operar la han complementado, interviniendo en las Universidades para destruir la orientación fundamentalmente humanista que éstas tenían y confiriéndoles una, técnica y pragmática, al servicio de la guerra, del éxito fácil en los negocios y en la vida frívola que lleva a los intelectuales a desentenderse de la suerte del pueblo y de los valores humanos.

Los países de América Latina, han sufrido toda esta forma de dominación a partir de su independencia como colonias, estado del que pasaron al de tributarias del Imperialismo. La soberanía de estas repúblicas es un mito, están enfeudadas al Imperialismo yanqui. Cuba no es sino un ejemplo de lo que nos puede ocurrir a cualquiera de los países latinoamericanos.

El reparto del mundo y el control de los países semi-coloniales no han terminado. Frescos están los cambios que ha experimentado el mapa político de la tierra. Y sus consecuencias políticas siguen aflorando. Símbolos de nuestro tiempo son: el negro congolés blandiendo sonriente la espada arrebatada al Rey Balduíno de Bélgica y las barbas de Fidel Castro estremeciéndose de vehemencia cuando lanza ante el micrófono sus ataques a la prepotencia de Eisenhower. En desagravio a la dignidad ofendida del reyecito de los belgas, su gabinete socialista y cristiano ha enviado sus fuerzas represivas y conseguido de la NU tropas aerotransportadas de Túnez, Ghana, Marruecos, Etiopía y otros pueblos para masacrar el Congo independiente. Por otra parte, la Revolución Cubana que amaga los intereses del imperialismo yanqui, se ve asediada entre éste y el imperialismo ruso que ha hablado por boca de Kruschev.

Al pueblo de Cuba se le está dando a elegir entre dos amos: Estados Unidos o Rusia. Ya la totalidad de los gobiernos de Latinoamérica, subordinados al imperialismo yanqui, usurpando el pensar y los sentimientos de sus pueblos, pretenden no sólo imponer la forma, sino impedir el derecho de legítima defensa que tiene Cuba, obligándola a recurrir a la OEA dominada por Estados Unidos.

Nosotros anarquistas, no nos sentimos representados en la NU; pero los gobiernos que le niegan el derecho a Cuba a recurrir a este organismo en su reclamación, están claudicando al pacto que ellos mismos suscribieron y están sentando un funesto precedente para eventuales situaciones análogas en que tarde o temprano se encontraran los países latinoamericanos.

La conducta de estos gobiernos no es la nuestra. Los pueblos deben desautorizarlos. Estos gobiernos no tienen derecho a decidir de los destinos de Cuba. Ellos no nos representan.

Por encima de los Prado, de los Frondizi, de los Alessandri y demás presidentes latinoamericanos, que para doblegar a Cuba convocan a una Conferencia de Cancilleres, nosotros invitamos a los pueblos, es decir, a los obreros, a los estudiantes, a los intelectuales, a los trabajadores en general y a todos los hombres de pensamientos libre a alentar e impulsar la Revolución Cubana y a impedir cualquier intervención imperialista en ese país. 

Ni con EISENHOWER ni con KRUSCHEV. A pesar de Fidel Castro que llamó a este último. Y a pesar de lo que acuerden los Cancilleres en favor de Ike [1].

Cuba ha denunciado a EE.UU. ante la NU acusándolo de extorsionismo económico y de intervención en los asuntos internos del país. Es público y notorio que el imperialismo yanqui redujo la cuota de importación de azúcar cuabana, principal fuente de ingreso de divisas a Cuba. Y todos los diarios publican noticias y fotografías de los conspiradores contra la Revolución Cubana en el territorio de EE.UU. La perfidia del Departamento de Estado Norteamericano la expresó el “New York Times” (International Edition, No. Dominical del 3 de Julio, 1960) cuando dice a los cubanos que la prueba de que el régimen de éstos es malo está en las dificultades que se provoca en su comercio exterior. ¡El victimario enrostrando a su víctima porque ésta se defiende!.

Los imperialistas yanquis tienen, dentro de Cuba una base militar que les concedió Batista en Guantánamo. Mientras ellos sostienen una guerra fría contra este país, por su parte Kruschev, so pretexto de defender la independencia de la Isla, amenaza a EE.UU. con armas teledirigidas si intervienen en ella, seguramente desde bases que Rusia establecería en Cuba. Frente a esta segunda amenaza declaramos que, para todos los hombres libres, RUSIA es también un país imperialista.

Porque no queremos que Cuba se convierta en el campo de Agramante que lo fue España antes de la última guerra mundial; porque no queremos que las dos grandes potencias imperialistas, EE.UU y RUSIA, midan sus armas en el territorio de Cuba, ensayo que amenazaría la integridad de todo el planeta, repudiamos estas escaramuzas en que Eisenhower y Kruschev se están mostrando los dientes en una expresión de falta de respeto a la dignidad humana. 

Tenemos una experiencia todavía fresca y dolorosa en la Revolución Española para no sostener incondicionalmente a la Revolución Cubana. En España, los dos bandos que habrían de hacer después la guerra mundial, es decir, por un lado los nazis de Hitler y los fascistas de Mussolini y por el otro las “democracias” y el bolcheviquismo intervinieron, unos para probar sus armas asesinando al pueblo español y los otros, saboteándolo o extorsionándolo con una ayuda falaz.

No queremos que la Revolución de Cuba se pierda como la de España. La Revolución Española se perdió no sólo por las armas fascistas, sino, debido también a otros factores: el Estado, la intervención bolchevique y la insuficiente solidaridad internacional de los pueblos. El heroísmo de los revolucionarios se malogró por las maniobras y torpezas de los políticos profesionales que se oponían a la espontaneidad popular que creaba un mundo socialista libertario para suplantar al Estado, mientras la burguesía liberal, masónica, los socialistas y los bolcheviques no podían prescindir de éste. Rusia se hizo pagar a precio infame su ayuda en armas, trasladando a su Cheka al territorio español, para asesinar a anarquistas, sindicalistas y trotskistas y para destruir las comunidades agrarias y la organización de la industria realizadas por los libertarios; se introdujo también en el gobierno y en la dirección de los ejércitos con sus Comisarios que sólo buscaban en España destruir el baluarte anarquista que crearía una sociedad fuera de la tutela de la URSS. Y por último, la ayuda solidaria internacional, -si bien la que llegó fue abnegada y leal- resultó insuficiente, porque los libertarios y anti-fascistas de todo el mundo no se percataron de la magnitud y trascendencia de esa Revolución y porque el famoso Comité de No Intervención de la Liga de las Naciones se creó precisamente para negar toda ayuda al pueblo español y para permitir toda ayuda a los monarquistas, fascistas y clericales de España.

Hoy día, hay ingenuos que están invitando a formar milicias para ir a luchar en defensa de la Revolución Cubana, sin condiciones. Nosotros exigimos que se cumplan ciertos requisitos. Sostenemos que esa Revolución es política, que no es una Revolución Social. Tiene nuestras simpatías, pero no olvidemos que en Cuba se ha reemplazado un dictador por otro; que Fidel Castro tiene en sus manos todos los poderes; que si el falta, el poder se lo disputarán caudillos por encima del pueblo; que ya han iniciado la persecución a los libertarios; que la Reforma Agraria está constituida por Cooperativas Agrícolas, pero dirigidas por el Estado, el que también interviene los sindicatos; que el Estado no está siendo destruido ni sustituido por organismos de trabajadores para la administración de las cosas; que subsiste el poder judicial en manos de jueces reaccionarios esgrimiendo normas jurídicas anacrónicas basadas en el respeto a la propiedad privada y en la teoría de la culpa; que las fuerzas armadas siguen jerarquizadas, etc.

¿Y es el Estado burgués o como se le llame que van a ir a defender las milicias obreras o ciertos sedicentes libertarios? 

Nosotros anarquistas, incitamos a nuestros compañeros de América toda y a los que comparten nuestras opiniones a desencadenar a través de todo el Continente una campaña de clarificación frente a los sucesos políticos de Cuba, y a los revolucionarios cubanos a extender y radicalizar los objetivos de la Revolución, yendo a la expropiación de los latifundios y a trabajar y administrar colectivamente la tierra; pero no a conquistar la tierra para el que la trabaja, sino para la sociedad; a socializar también los medios de producción en la industria; al control del crédito por las organizaciones de trabajadores, a la participación democrática de las tendencias socialistas, sin hegemonías y sobre todo, impidiendo la colonización ideológica y política que los bolcheviques quieren hacer de la Revolución Cubana; a suprimir el Estado, demostrado con hechos que no sólo él es innecesario, sino perjudicial para la vida de la sociedad.

Que la bandera anti-imperialista pase a las manos de los hombres libres y no a los súbditos del Kremlin, pues esto sería un sarcasmo y una entrega. Esta bandera, que en América Latina, Haya de la Torre y sus secuaces del APRA pretendieron enarbolar, nunca ha dejado de estar en nuestras manos. Consecuentemente, nosotros afirmamos hoy que Rusia es un país imperialista y los bolcheviques son agentes del Estado ruso, del mismo modo que EE.UU es imperialista y sus diplomáticos, policías y misiones militares en Latinoamérica, son agentes del Estado yanqui.

Nosotros repudiamos la doctrina Monroe y recordamos desde que fuera formulada, los pueblos latinoamericanos dijeron que significaba “América para los norteamericanos”. Rechazamos la especie que como disyuntiva plantean los bolcheviques, a saber, que quien está contra el Imperialismo ruso está con el Imperialismo yanqui. La consideramos una extorsión política, es decir, un chantaje. 

Lenin definió al Imperialismo como la “etapa del capitalismo monopolista en la era del Estado totalitario y de la revolución proletaria”. Son exactamente los requisitos que reúne el capitalismo en Rusia en estos momentos. Allí hay un capitalismo de Estado, y por tanto, monopolista, en el que la plusvalía la apropian los burócratas del único Partido que existe, el Partido Comunista, en el que las diferencias de opinión se zanjan con un tiro en la nuca o se sostienen en el campo de concentración. Pero la parte más considerable de la plusvalía en Rusia, se gasta en mantener un ejército monstruoso con jerarquías y diferencias astronómicas de paga a los jerarcas. El mantenimiento de las fuerzas armadas y la fabricación de armamento nuclear y teledirigido, compitiendo en poder destructor con sus émulos yanquis, hace vivir en angustia permanente a todos los habitantes del mundo. Ambos imperialismos han llegado a su punto óptimo. Si el Estado yanqui no es totalitario, en una emergencia guerrera se convierte en estado totalitario, gobernado por el Pentágono. El totalitarismo entonces es lo que ambos tienen en común. Por las mismas razones que repudiamos al ruso, combatimos al yanqui. Tampoco queremos una revolución proletaria o política que conduce a la dictadura o a reemplazar a un caudillo por otro; queremos una Revolución Social que conduzca a la libertad.

Antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial y durante ella, la Alemania de Hitler que había llegado históricamente atrasada al reparto del mundo empezó a colonizar a los países más débiles de Europa, convirtiéndose así en una potencia imperialista peculiar. Se anexó Austria, Checoslovaquia y se repartió con Rusia a Polonia (pacto Ribbentrop-Molotov), por necesidad estratégica, según los bolcheviques. Al término de esa guerra, Rusia emergió como una gran potencia imperialista y desde entonces domina a los países bálticos, a un tercio de Alemania oriental (con una buena parte de Berlín), Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria y Albania. 

Las necesidades actuales de su estrategia han llevado a los bolcheviques a ofrecer un presente griego a Fidel Castro. Hay que considerar que desde hace años ellos ya no hablan de Revolución Agraria anti-imperialista para estos países, ni creen que la Revolución se ha de extender por el globo a través de la práctica del internacionalismo revolucionario, sino por las armas imperiales del Kremlin y anexándose los países que ellos contaminan o donde previamente instalan gauleiters a la Hitler. Hoy día los bolcheviques no necesitan de los cubanos con fines revolucionarios, sino con fines bélicos. Si la maniobra no les resulta, no tendrán ningún escrúpulo en dejarlos en la estacada o traicionarlos; si Cuba no les otorga bases para amenazar al Tío Sam, dejará de interesarlas la Revolución Cubana.

Por las razones expuestas en este Manifiesto, mientras combatimos al imperialismo yanqui en el caso de Cuba, esperamos que los revolucionarios cubanos y Fidel Castro, no acudan al imperialismo ruso sino a los pueblos de América y del mundo en demanda de apoyo a su generosa causa. La ayuda no vendrá de Kruschev sino de los pueblos.

Los anarquistas sabemos que hay dirigentes del movimiento obrero que ocupan una de dos posiciones: o sufren la influencia de los bolcheviques, los que gastan millones en propaganda política para servir sólo a los intereses del Estado ruso, o se dejan sobornar por el Punto Cuarto y el Departamento de Estado yanqui. Estas dos clases de sujetos en su calidad de sirvientes de su respectivo imperialismo, trabajarán por la derrota de la Revolución Cubana, como lo hicieron en España.

Realicemos algo positivo por esa Revolución, orientando la acción hacia la práctica masiva de la solidaridad continental. Establezcamos contactos personales de pueblo a pueblo en América. Así se podrá vertebrar a corto plazo un movimiento emancipador latinoamericano que reemplace al vasallaje que los gobiernos pusilánimes o dictatoriales prestan a EE.UU. Y así sacaremos a los pueblos de la órbita de los imperialismos yanqui y bolchevique. Aisladamente, ninguno de estos países podrá resolver sus problemas vitales, sino aliados o solidariamente confederados.

Cualquier desenlace que tenga la Revolución Cubana, este llamado mantendrá su plena vigencia. A cumplir sus objetivos invitamos a los pueblos de Latinoamérica.

Santiago de Chile, Agosto de 1960

Fuente: http://www.anarkismo.net/article/11385





Firma de Santiago Salvador Franch [Imagen: tumblr_nh0lt6xr8X1tf767po1_500.gif]

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