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30 de agosto, Fanny Kaplan, la anarquista que baleó a Lenin
#1
[Imagen: 11225433_488311544684047_480649649511957...e=56632123]


Nota: El siguiente relato de “Nacimiento de Dora Kaplan” es una transcripción casi idéntica del trabajo “… Y será terrible su rabia”, hecha por Furia Apátrida. El resto corresponde a nosotros.

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Cita:
El amor, como las lágrimas, aspira a ser recíproco. Cuando sufre el alma de un pueblo, toda la vida está perturbada, los espíritus vivos se agitan y los que tienen un noble corazón inmaculado van al sacrificio.


Leonid Andréiev, “Sachka Yegulev” (1911).

Mi nombre es Fania Kaplan. Hoy disparé a Lenin. Lo hice con mis propios medios. No diré quién me proporcionó la pistola. No daré ningún detalle. Tomé la decisión de matar a Lenin hace ya mucho tiempo. Le considero un traidor a la revolución. Estuve exiliada en Akatuy por participar en el intento de asesinato de un funcionario zarista en Kiev. Permanecí once años en régimen de trabajos forzados. Tras la Revolución fui liberada. Aprobé la Asamblea Constituyente y sigo apoyándola.

Fania Kaplan

Los anarquistas no sólo hicieron el primer ataque a los explotadores con un coche bomba en la historia, también, del seno del antiautoritarismo nacieron vengadores que fueron el azote de infinidad de tiranos en todo el mundo y que hicieron dela acción individual su arma.

Estos tiranicidas, hombres y mujeres que han quedado en la memoria revolucionaria, han dado todo, han dejado su vida, han cambiado o contribuido a cambiar los ríos de la historia.

Ellos han dejado un profundo grito que se convirtió en símbolo feroz que retumbó decárcel en cárcel, de corazón en corazón y que se coló amenazante a la fuerza en cada cuartel o habitación de poderosos.

Aquel grito de “¡Viva la anarquía!” retumbó en Chicago, fue dado por Caserio, Ravachol, Bresci… iba en el alma del atentado de Lucetti contra Mussolini y en el brazo de Radowitzky contra el coronel Falcón. El “¡Viva la anarquía!” en el muro de un celdario o en el último grito amenazante de un condenado a muerte por el poder, fue la frase de la tempestad, fue la propia reconstrucción venida en una tormenta a decir: el poder caerá, el poder caerá…

Hombres y mujeres que iban a recuperar la vida dejándolo todo, hombres y mujeres que se convirtieron a sí mismos en el instrumento de venganza de los más débiles y excluidos, pero sin querer representarlos, destrozaron cadenas y los muros de la opresión una y otra vez.

De esta raza era Fania Kaplan, de la de aquellos titanes del mundo que pasaron a la acción. También era parte de la tradición de su tierra en la cual el tiranicidio había abierto el tiempo a nuevas posibilidades, a nuevos sueños.

Rusia había visto caer a muchos hombres y mujeres que dejaban sus vidas en actos heróicos para acabar con la tiranía de los zares y traer libertad.

Pero por sobre todo, Rusia había visto caer al mismísimo Zar en una de estas acciones, la gente de Rusia había visto cómo era posible que aquellos que parecían intocables sucumbieran ante los vengadores. Fania fue una anarquista de esa estirpe, fue una mujer de acción que hizo lo que creyó que su tiempo le exigía y, como todos aquellos que lo hacen buscando la libertad, desobedeció a la ley y a los defensores del orden impuesto, cualquiera sea éste.

[Imagen: 464442441.jpg]
Fania Kaplan en su juventud.


NACIMIENTO DE DORA KAPLAN

Fanni Yefímovna Kaplan (nombre de la familia Peigajaimonva Roidman) nació el 18 de febrero de 1890 en un pueblo de la región de Volynskaya Guvernia (hoy una región de los alrededores de Kovel, en el oeste de Ucrania). Fue una de ocho hermanos de una familia judía religiosa. Aprendió en su casa la profesión de lencera.

Durante la Revolución de 1905, se acercó al anarquismo y participó en grupos de Kiev y Odessa. Allí se enamoró de Víctor Garskiy, hijo de un zapatero, nacido durante 1888 en la pequeña ciudad de Ganchetvy (hoy Hincesti, en Moldavia).

En 1903, Víctor se había ido a Kishinev, donde trabajó como obrero en una fábrica, frecuentó los cursos por la tarde y allí encontró por primera vez a “los clandestinos”. En 1905, ya en Odessa, formó parte del Grupo Anarquista-Comunista del Sur, y participó en acciones armadas.

Fania entró en el mismo grupo y fue llamada “Dora”.

El 7 de diciembre, en Kinishev, un grupo de anarquistas (entre ellos, seguramente Víctor y posiblemente Fania) expropiaron los almacenes de ropa. Más tarde, Fania comenzó a usar el pasaporte de una amiga nativa de Minsk, Feige Kaplan.

En una acción contra un hotel, y a causa de una explosión, perdió parcialmente la vista. Víctor volvió a Kishinev, donde continuó luchando. Allí, el 17 de abril de 1907, junto a otros anarquistas, atracaron un banco. En el tiroteo con la policía, fue el único sobreviviente y logró escapar. El 7 de mayo fue detenido en Odessa por otro atraco, ahora bajo el nombre de Yakov Shmidman. En enero de 1908, el juzgado militar de Odessa condenó a tres anarquistas expropiadores a la horca, Víctor y otro joven, menores de edad ambos, recibieron doce años de cárcel.

Más tarde, el 17 de mayo, al enterarse Víctor que Fania había sobrevivido al episodio con la bomba en Kiev, se auto-inculpó para salvarla, pero aunque su carta llegó hasta la mesadel ministro de Justicia en Moscú, la condena contra Fania permaneció invariable.

Ese mismo año, Víctor intentó huir, pero la administración del penal descubrió su plan y fue aislado. En 1911 fue nuevamente castigado y puesto bajo un tratamiento más severo.

En marzo de 1917 fue liberado de la cárcel de Odessa y regresó a su nativa Ganchevtsy, ahora con posiciones bolcheviques.

En agosto del mismo año, finalmente se reencontró con Fania en Jarkov, se volvieron a enamorar, pero la cosa no funcionó.

Durante la Revolución de Octubre (noviembre 1917), luchó cerca de Tiraspol en su región natal. Herido, pasó desde marzo hasta agosto de 1918 en el hospital de Odessa. Luego se convirtió en un agentede la Cheka (policía política soviética), donde hizo una carrera en el aparato de opresión del nuevo régimen y murió en paz como la mayoría de los grandes canallas, en 1956.

Fania fue condenada a muerte por el juzgado militar de Kiev, pero como era aún menor (y probablemente por ser mujer) su condena fue cambiada por la prisión de por vida.

En 1907 llegó al centro de Katorga, en el Nierchinsk siberiano, prácticamente ciega y encadenada de manos y pies por estar “inclinada a huir”.

En el verano de 1908 supo de la condena de Víctor y su petición pero la esperanza de ser liberada desapareció prontamente.

Todavía casi ciega y medio sorda, sufría fuertes dolores y cayó en una depresión. Trasladada al hospital, fue conducida más tarde a otra cárcel del mismo centro de Katorga.

Allí encontró en 1911 a la célebre terrorista Mariya Spiridónova y según la versión soviética, bajo su influencia “se alejó del anarquismo hacia las ideas eseristas” (en verdad, hasta su muerte, Fania continuó siendo anarquista).

En 1912 se enteró de la posibilidad de salvar su vista y en 1913 por la amnistía general (porla celebración de los 300 años del reino de la familia Romanov) se le redujo la condena a 20 años.

En 1917 Fania fue liberada después de la Revolución de Febrero (marzo 1917). Vivió un tiempo en Chita (sur del lago Baikal) y luego se fue a Moscú con otra compañera eserista.

En Jarkov, operada finalmente de la vista, mejoró y allí finalmente encontró a su amado Víctor, pero no pareció impresionada: el joven anarquista se había convertido en un funcionario bolchevique. Entonces se marchó a Sevastopol y a Simpferopol, en donde trabajó organizando cursos para obreros, instruyéndolos sobre cómo generar asambleas autónomas locales.

Con la Revolución de Octubre (noviembre 1917), como dijo después, estaba “disgustada”, veía más posibilidades en el desarrollo de estructuras locales. Cuando el creciente poder bolchevique aplastó a las asambleas locales en su furia centralista, Fania supo lo que quería.

El 13 de agosto de 1918 en la fábrica de Misalson, en los suburbios de Moscú, se organizó un mitin en donde la estrella más grande fue el mismo Lenin. Después del mitin, a las 22:30, en el patio de la fábrica, mientras Lenin se disponía a subirse a su coche Fania le gritó. Al girarse, ella le disparó tres tiros: uno atravesó el abrigo de Lenin; los otros dos le alcanzaron el hombro y el pulmón izquierdo, respectivamente.

Luego del ataque huyó rápidamente, pero fue capturada por los obreros en la calle Serpujovska.

[Imagen: kaplan520x190.jpg]
Arriba: Foto de prontuario (mugshot) de Fania. Abajo: Pistola semiautomática Browning modelo FN M1900, usada en el baleo, además de las municiones 7,65 mm.


Lenin fue inmediatamente trasladado a sus aposentos del Kremlin. Temía que hubiese otros conspiradores tramando su asesinato y se negó a salir para recibir atención médica, sino que se le proporcionó en la misma estancia. Sin embargo, los médicos fueron incapacesde extraer las balas fuera de las instalaciones sanitarias. Pese a la gravedad de las heridas, Lenin sobrevivió. No obstante, su estado de salud nunca se recuperaría del ataque y se creeque el atentado influyó a la larga en los posteriores infartos que le incapacitaron y acabaroncon su vida.

Con orgullo declaró su intento de matar a Lenin, confesó haber querido acabarlo desde febrero porque consideraba que con él “las ideas del socialismo se van a retrasar décadas” y que era “un traidor”.

La mayor sorpresa para los fieles de Lenin, fue la declaración de Fania: que ella pensó y preparó la acción “por su propia cuenta”, sin cooperar con ningún partido o grupo.

El asunto se convirtió en algo muy incómodo para el poder bolchevique. El 3 de septiembrede 1918, después de su continuo rechazo a colaborar con los investigadores, Fania fue fusilada en el patio del Kremlin, sin juicio.

LA DORA “ESERISTA”

La razón por la cual el Estado soviético utilizó el atentado para hacer propaganda contra los socialistas revolucionarios de izquierda (eseristas), fue el hecho de que estos eran un peligro mayor para los bolcheviques y su golpe de Estado que los anarquistas.

Por esta razón, Fania fue mostrada como eserista: su estadía en prisión con Mariya Spiridónova les bastó para alzar la acusación contra sus antiguos aliados. Spiridonovna, demasiado conocida como para fusilarla, murió en un largo asesinato de Estado en una cárcel soviética.

Se debe recordar que éstos no sólo habían hecho muchísimo para conseguir la libertad política en Rusia, tenían tanto el respeto y el reconocimiento de la población como demasiada fuerza y eso ponía nerviosos a los bolcheviques. Así, la calumnia fue un arma fundamental para el bolcheviquismo, que apenas hechos con el poder se encargaron de arrasar con la posible competencia.

No hay que olvidar que en febrero de 1918, cuando fueron llamadas elecciones para la asamblea constituyente, los bolcheviques sólo habían obtenido el 25%, frente al 50% obtenido por los socialistas revolucionarios (mencheviques). Las mentiras y las campañas desacreditadoras las utilizarían contra los que luego de ser los héroes de la revolución, los marinos de Kronstadt, se convertirían mágicamente para el poder bolchevique en traidores y agentes del zarismo.

Ese mismo año, las acciones de Petrogrado serían ahogadas a palo y mentira.

También la lucha de los insurrectos makhnovistas, ahogada en sangre por el Ejército Rojo al mando del sanguinario Trotski, fue no sólo abatida por las armas, sino que se intentó sepultar a través de calumnias con la propaganda soviética.

Otras revueltas anti-bolcheviques fueron directamente tapadas por un poder que ya se presentaba en toda su locura totalizante y que a todo le llamaba “reaccionario”, “pequeño burgués”, o directamente “enemigo”.

Fania Kaplan pasó para la historia oficial soviética como una terrorista esera y no anarquista.

Los eseristas, junto a toda la oposición al autoritarismo, fueron exterminados. Ya en 1918 los bolcheviques habían creado por orden expresa de Lenin los campos de “aislación”, campos de concentración que se llenaban de opositores al nuevo régimen.

Los intentos de detener el centralismo y el autoritarismo no fueron pocos, pero han quedado perdidos ante el poder totalitario que fue el Estado soviético.

Por fortuna, gracias a mucho esfuerzo, por encima de él, aún se recuerdan las protestas de Moscú y Petrogrado contra la intromisión de la Cheka y sus fusilamientos, y en contra de la falta de autonomía.

Aún resuenan también la heróica resistencia de Kronstadt y las luchas de los makhnovistas, que luego de luchar contra los zaristas, los invasores, e incluso contra los nacionalistas ucranianos, tuvieron que luchar contra los bolcheviques que habían entregado su tierra a los invasores alemanes. Como se ha dicho, en 1918 ya había campos de concentración que sellenaban de opositores. También como cuenta Alexander Berkman, la Cheka hacía de las suyas fusilando a los opositores revolucionarios. En esos días, Fania apreta el gatillo, dispara, hiere, pero no logra matar al líder del golpe de Estado en Rusia.

1921, cuando Gastón Leval se encontraba en Rusia entrevistándose con Lenin, éste le dijo que los anarquistas rusos no eran como los anarquistas del occidente, sino traidores y contrarevolucionarios. Dada la protesta de los enviados por la CNT española, entre ellos, el propio Gastón Leval, algunos compañeros lograron salvar la vida. Otros muchos no corrieron con tanta suerte.

Los anarquistas fueron sólo un escollo más en el camino de implantación del Estado soviético, del pensamiento único y del poder bolchevique.

Muchísimos revolucionarios fueron exterminados por Lenin, Trotsky y más tarde Stalin.

Las balas de Fania, de todas formas, fueron y son el claro mensaje para los tiranos, un mensaje que dice no importar el color de éste, siempre de entre los oprimidos surge el aliento de la rebelión.

Siempre en donde hay opresión, hay resistencia.

Fuente: https://lajauriadelamemoria.wordpress.co...o-a-lenin/





Firma de Santiago Salvador Franch [Imagen: tumblr_nh0lt6xr8X1tf767po1_500.gif]

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