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saludos a todos los integrantes del foro, mi nombre es emilio y vivo en chile, espero poder formar parte del ambiente del foro y tener una buena relacion con sus integrantes, junto con aprender y pulir mi propio pensamiento, un gran saludo a todos los compañeros que viven la resistencia
[Imagen: trena.jpg]



Como es sabido, se llama anarquía a una concepción de la vida individual o colectiva en la que el Estado no existe, ni el gobierno ni, en una palabra, la autoridad. Los individualistas anarquistas son anarquistas que consideran la concepción anarquista de la vida bajo el punto de vista individual, es decir, basando toda realización anarquista en el "hecho individual", considerando a la unidad humana anarquista como la célula, el punto de partida, el núcleo de toda agrupación, medio o asociación anarquista.
Hay diferentes concepciones del individualismo anarquista, pero, al contrario de lo que corrientemente se piensa, ninguna se opone a la noción de "asociacionismo". Todas están de acuerdo, no en oponer el individuo a la asociación -lo que sería un contrasentido, ya que ello limitaría la potencia y las facultades del individuo-, sino en negar y rechazar la autoridad, luchar contra el ejercicio de la autoridad y resistir a todas sus formas.
Es necesario definir claramente lo que hay que entender por ejercicio de la autoridad, que es la forma 
concreta de la autoridad, el aspecto bajo el que se manifiesta la autoridad en cada uno de nosotros individualmente o asociados.
Existe "ejercicio de la autoridad" cuando un individuo, un grupo de hombres, un Estado, un gobierno, una administración cualquiera o sus representantes se sirven del poder que detentan para obligar a una unidad o colectividad humanas a realizar ciertos actos o gestos que les disgustan o que son contrarios a sus opiniones, o que incluso realizarían de otro modo si tuvieran la facultad de obrar según su propio criterio.
Existe ejercicio de autoridad cuando un individuo, grupo humano, Estado, gobierno o administración (o sus representantes) emplean el poder que detentan para prohibir a una unidad o colectividad humana actuar a su antojo, para imponerle restricciones, incluso cuando ese individuo o colectividad obren por su cuenta y riesgo, sin imponer sus deseos a nadie que esté al margen de ellos.
Una vez definida la situación respecto de la autoridad, los anarquistas individualistas pretenden resolver todas las cuestiones prácticas que surgen de la vida misma tratando de que se adopten soluciones según las que jamás la unidad humana se halle, obligatoriamente y contra ella, desposeída y sacrificada en provecho del conjunto social. El anarquismo individualista no es en manera alguna sinónimo de aislamiento, porque los anarquistas individualistas ni quieren el aislamiento, ni quieren la asociación forzosa.
Los individualistas anarquistas no se desarrollarán a sus anchas más que en un ambiente o ante una humanidad que considere la autonomía, la integridad, la inviolabilidad de la persona humana -de la unidad social, del individuo, hombre o mujer- como la base, la razón de ser y el fin de las relaciones entre los hombres, sin distinción de razas ni de nacionalidades.
Los individualistas reivindican para el individuo -hombre o mujer- a partir del momento en que puede determinar sus actos por sí mismo y sin ninguna restricción, el derecho de existir, de desarrollarse y de expresarse a su manera, ya sea por su temperamento, sus reflexiones, sus aspiraciones, su voluntad, su determinismo personal, y sin tener que dar cuenta de sus actos más que a sí mismo, a la vez que la absoluta y entera facultad de expresión, de profesión, de difusión, de publicación del pensamiento
-escrito o hablado- en público o en privado, así como la facultad completa de ensayo, de realización, de aplicación, en todos los terrenos, métodos, sistemas, modos de vida individual o colectiva, etc., a los que pueda dar lugar la materialización del pensamiento, la concreción de la opinión.
Todo esto, desde luego, con reciprocidad respecto del semejante, aislado o asociado, es lo que designan los anarquistas individualistas como expresión de libertad recíproca.
Si los individualistas anarquistas reivindican la plena y entera facultad para toda unidad humana de vivir aisladamente, al margen, fuera de toda agrupación, asociación o medio, con la misma energía reivindican la facultad de asociación voluntaria en todos los ámbitos en que pueda ejercerse e irradiar 
la actividad humana, sean cuales fueren las experiencias y los objetivos perseguidos; la plena y entera facultad de federarse para los individuos aislados, los convenios entre efectivos reducidos o las asociaciones, sea cual fuere su importancia.
Los individualistas anarquistas reivindican la facultad de aceptar toda clase de solidaridad, de hacer contratos en no importa cuál sea la rama de la actividad humana, su objetivo o su duración.
Se ve inmediatamente el abismo que separa la sociedad arquista -gubernamental, estatista y autoritaria- de la sociedad, de la asociación anarquista, antiautoritaria. La sociedad arquista obliga al hombre a integrarse en su seno, forzándole a soportar sus leyes, costumbres y usos, tradiciones que no permite sean discutidas o rechazadas. Los convenios, los estatutos, las directivas de la asociación individualista anarquista son voluntarios. El individuo es libre de integrarse o de permanecer al margen. Evidentemente, el aislado no puede participar de los beneficios de la asociación; pero bajo ningún concepto existirá ninguna autoridad, gobierno o Estado anarquista que obligue a nadie a ser miembro de una asociación dada.
Los anarquistas individualistas pasan por no ser revolucionarios. Es necesario aclarar esta aseveración: para que el individualismo anarquista se realice es indispensable que la mentalidad general y las costumbres estén a un nivel tal que impliquen o garanticen la impotencia o imposibilidad para toda individualidad, medio, administración, gobierno o Estado -sin reservas ni artificios-, para inmiscuirse, intervenir, usurpar la vida o las relaciones de las unidades humanas, entre ellas, el objetivo, la existencia, la evolución o el funcionamiento de los grupos, asociaciones de individualidades, federaciones de grupos o asociaciones. La realización de las reivindicaciones anarquistas es, pues, función de la transformación, de la evolución del medio humano en general en el sentido anarquista. Por eso es por lo que la propaganda individualista anarquista es más bien educativa y se sirve ante todo del ejemplo, interesándose antes que nada por formar individuos conscientes, realizadores aislados y asociados de las tesis individualistas anarquistas. Estos opinan que hay que partir de la unidad anarquista si se quiere determinar el ambiente en tal sentido. Es la unidad anarquista la que está llamada a representar, según ellos, el fermento determinante del ambiente.
Los individualistas anarquistas preconizan, en general, una forma de agitación que concuerda con todo lo que hemos expuesto y que llama preferentemente a la reflexión individual más que al adoctrinamiento irracional, y a la convicción profunda más que a la brutalidad. Los actos siguientes y de rebeldía son esencialmente anarquistas individualistas: huelgas de funciones atribuidas por la ley a los ciudadanos, negativa de participación en todo servicio público, abstención del pago de impuestos, rechazo a llevar armas y al servicio militar, abstención de concurrir a los actos civiles del Estado, evitar el envío de los hijos a las escuelas del Estado o de la Iglesia, y negarse a realizar cualquiera de las actividades relativas a la fabricación de aparatos de guerra o de objetos de culto oficial, a la construcción de bancos, iglesias, cárceles, cuarteles, etc. "Podemos hacernos una idea de la importancia capital que tiene para la propaganda cualquiera de estos hechos, sobre todo si, fuera de los muros carcelarios, que no podrán evitar los resistentes, hay multitud de militantes bien organizados" (Tucker). Es lo que se llama la resistencia pasiva. Pero los anarquistas individualistas son partidarios de la legítima defensa y no hacen de la resistencia pasiva un dogma intangible. No prescriben el uso de la violencia sin discernimiento, como una panacea o como un remedio, como algo absolutamente necesario. No obstante, hasta los más pacifistas de los individualistas anarquistas han reconocido que "si la efusión de sangre pudiese garantizar la libertad de actuación, sería necesario emplearla" (Tucker).
En resumen, para los individualistas anarquistas el empleo de la violencia revolucionaria es cuestión de táctica y no de doctrina. Opinan que la educación y el ejemplo conducirán más eficazmente a la humanidad hacia la liberación que la violencia revolucionaria.
Es frecuente atribuir a los individualistas anarquistas un supuesto respeto a la propiedad individual. En verdad, los anarquistas individualistas reivindican la libertad de disponer del producto obtenido por el trabajo directo del productor, producto que puede ser un trozo de hierro o una porción de terreno; producto que en ningún caso es el resultado de la explotación ajena, del parasitismo o del monopolio. La plena y entera disposición del trabajo y de sus productos (es decir, la plena y entera facultad de trocar dicho producto, de cambiarlo, de alienarlo e incluso de legarlo) va acompañada de la plena facultad de posesión del medio de producción que se hace valer ya sea individualmente o por asociación. Es comprensible que existan ciertas producciones que no pueden obtenerse sin una asociación sólidamente organizada. Lo esencial que hemos de tener presente es que gracias a la posesión personal de la herramienta o de la máquina o procedimiento de producción, la unidad productora, en caso de ruptura de contrato de asociación, no se halle jamás desprovista, entregada a la arbitrariedad o sometida a las condiciones de un medio social al que le repugnase pertenecer.
Los medios o métodos de realización de estas reivindicaciones difieren según las escuelas o las tendencias. Ciertos individualistas prefieren la idea de la moneda libre, es decir, de un valor de cambio emitido por el productor o la asociación de productores, que tenga curso solamente entre los que la adopten como medio de transacción. Otros no quieren oír hablar, bajo ningún concepto, de valores de cambio. Se puede ser individualista anarquista y participar, en la asociación a la que se pertenece, del comunismo libertario. A partir del momento en que una asociación se compone voluntariamente y funciona sin tener ninguna intención de imponer su funcionamiento o su organización a las demás asociaciones o individualidades aisladas, puede ser considerada como un aspecto del individualismo anarquista. No es individualista anarquista toda unidad o asociación que quiere imponer a un individuo o a una colectividad humana una concepción unilateral de la vida económica, intelectual, ética y otras: esta es la piedra de toque del individualismo anarquista.
En resumidas cuentas, el anarquismo individualista presenta:
a) Un ideal humano: el anarquista, la unidad humana que niega la autoridad y la explotación que es su corolario económico, el ser humano cuya vida consiste en una reacción continua contra un medio que no puede ni quiere comprenderle ni aprobarle, puesto que los integrantes de ese medio son esclavos de la ignorancia, de la apatía, de las tareas ancestrales y del respeto por las cosas establecidas.
b) Un ideal moral: el individuo consciente, en vías de emancipación, que tiende hacia la realización de un nuevo prototipo humano: el hombre sin dios ni dueño, sin fe ni ley, que no siente ninguna necesidad de reglamentos o de coacción exterior, puesto que posee bastante potencia de volición para determinar sus necesidades personales, para servirse de sus pasiones con el fin de desarrollarse más ampliamente, para multiplicar las experiencias de su vida y guardar su equilibrio individual.
c) Un ideal social: el ambiente anarquista, una sociedad en la que los hombres -aislados o asociados- determinarían su vida individual bajo los aspectos intelectuales, éticos, económicos, por un libre acuerdo consentido y aplicado, basado en la "reciprocidad", que tiene en cuenta la libertad de todos sin ponerle trabas a la libertad de nadie.
Es así como, mediante el libre acuerdo de la camaradería, sin esperar "la nueva humanidad", los individualistas, desde ahora, quieren realizar entre ellos su propio ideal.

Émile Armand 
(Encyclopédie Anarchiste) Émile Armand (1872-1962)

TIERRA Y LIBERTAD, MARZO DE 2005
[Imagen: Ni-ama-ni-esclava-300x2301.jpg]

La Historia nos demuestra que los acontecimientos nunca suceden de manera casual; son consecuencia de una larga serie de circunstancias, de muy diversos tipos y orígenes, encadenadas entre sí.
Tanto el feminismo como el anarquismo tuvieron como antecedentes numerosas historias de desigualdades, injusticias y atropellos y su enclave histórico se sitúa en una sociedad decimonónica donde la burguesía, gestante de la revolución industrial y política, veía cómo la clase obrera se rebelaba cansada de soportar todas las cargas sin poder disfrutar de los privilegios. Pero hay ciertos aspectos que diferencian fundamentalmente la lucha de los trabajadores de la específicamente femenina. En la primera se da una conciencia de clase que no existe entre las mujeres, ya que ellas se sienten más unidas a los varones de su propio status que a sus compañeras de género pertenecientes a status diferentes. Asímismo, habría que añadir la escasa conciencia social femenina, consecuencia de muchos siglos de sumisión y tutelaje. Es cierto que hubo pensadores como Stuart Mill que se implicaron en la defensa de los derechos femeninos, pero ninguna revolución puede hacerse sin sus protagonistas. La mujer tenía que suprimir una mentalidad que la supeditaba al varón y aprender a valorarse y sentirse autosuficiente.
El sentido de confusión en que se han movido históricamente los vocablos feminismo y anarquismo, contribuye a que, tanto las personas defensoras como las detractoras de estos términos, descarguen sobre ellos golpes ciegos sin saber muchas veces qué defienden o qué combaten.
El feminismo primitivo, propulsor del derecho de la mujer a una participación política, ha dado paso a numerosas formas de feminismo que sería demasiado largo analizar. Algunas de ellas ven al hombre como un oponente a quien combatir a cualquier precio, pero no son esas las que interesan a las mujeres anarquistas, ya que éstas consideran al varón como un compañero que necesita ser concienciado, ya que se encuentra tan castrado por la sociedad patriarcal como la propia mujer.
Feminismo y anarquismo no son dos ideas contrapuestas, sino complementarias. Ambas aspiran a una sociedad formada por seres iguales, libres y responsables. El anarquismo lucha por la emancipación del individuo y, como tal, también por la mujer, pero ella sabe que sólo puede llevarse a cabo una revolución igualitaria si todos los individuos que participan en ella lo hacen en las mismas condiciones.
El problema de la emancipación femenina no surge de la diferenciación genética entre hombre y mujer, ya que las desigualdades biológicas que separan a ambos son muy escasas. La falta de entendimiento entre los dos géneros que forman la Humanidad se genera en un ejercicio de poder.
La subordinación de la mujer al hombre no se ha debido nunca a cuestiones de tipo biológico, sino ideológico y económico.
Salvo en casos excepcionales, debido a situaciones de privilegio, la mujer no tuvo conciencia de su opresión como género hasta finales del siglo XVIII. En 1791, la Revolución Francesa asumió en parte las inquietudes femeninas con la publicación de "Los derechos de la mujer y la ciudadana", que redactó Olimpia de Gouges basándose en la Declaración de los Derechos del Hombre. Casi simultáneamente, Mary Wollstonecraft, seguidora ideológica de Saint-Simon y Fourier, publicaba en Gran Bretaña "Vindicación de los derechos de la mujer" y provocaba una catarsis en una sociedad donde los derechos femeninos eran inexistentes y las normas legales sometían a la mujer a una total obediencia y dependencia del varón. Éste debía ser ciegamente obedecido por las mujeres de su familia, era quien fijaba el domicilio conyugal, quien debía autorizar la compra o venta de cualquier bien y quien se quedaba con todo el patrimonio en caso de separación o abandono.
No obstante, debido a la indiferencia social, las corrientes de opinión favorables a la emancipación femenina no tomaron cuerpo hasta mediados del siglo XIX. Mujeres como Flora Tristán, E. Cady Stone o Lucrecia Mott sembraron las primeras semillas de rebeldía. Numerosos grupos femeninos se organizaron en Francia, EE UU y Gran Bretaña, y salieron a la calle solicitando su derecho al voto como elemento de presión política para conseguir ciertas mejoras. Incluso hubo inmolaciones a favor de la causa, como el suicidio de Emily Davison que se arrojó a los pies de los caballos que corrían el Derby de Epson.
Así comenzó un imparable movimiento sufragista que sería el germen del feminismo. Millicent G. Fawcett fundó en Gran Bretaña una asociación que, tras cincuenta años de lucha consiguió, en 1918, una ley aceptando el voto de las mujeres mayores de 30 años. Asímismo, Emmeline G. Pankhurst fundó en Londres, en 1903, la Unión Femenina Social y Política y Brunschwing, en 1909, fue la creadora de la Unión Francesa para el Voto de las Mujeres.
En Alemania, hasta 1908, se consideraba a la mujer sólo apta para "el hogar, los niños y la iglesia" y en Gran Bretaña, universidades tan prestigiosas como Oxford o Cambridge, siguieron manteniendo cerradas sus puertas a la mujer. Ni la burguesía ni el proletariado facilitaban la incorporación social del mundo femenino. Pese a todo, una nación tras otra fue reconociendo el derecho de las mujeres al voto, con excepción, entre otras, de Francia y Suiza. Pero como pudo comprobarse muy pronto, el voto no había dado a la mujer su libertad y, tras un corto letargo, el feminismo surgió de nuevo con otras reivindicaciones y metas diferentes.
Paralelo al despertar de la conciencia femenina en el siglo XIX, estaba tomando cuerpo el anarquismo. William Godwin (1756-1836) atacaba la propiedad privada y acusaba al Estado de basar su existencia en la fuerza y en la opresión del individuo, y posteriormente Proudhon (1809-1865), que también condenaba la propiedad privada, rechazaba la actividad política y defendía un sistema social en el cual la libertad no surgiría de un orden, sino que sería el origen del mismo.
El anarquismo nunca hizo diferenciación de géneros, pero sus ideólogos, resultado de la época que les tocó vivir, ignoraron por completo a la mujer.
Fue la Revolución Industrial, con la incorporación de millones de mujeres al trabajo asalariado, que sirvió como revulsivo a una situación en exceso injusta; aunque bien es verdad que el cambio se inició muy lenta y paulatinamente. La sociedad burguesa admitió a la mujer en el mundo laboral, pero considerándola un individuo de segunda clase. Trabajadora poco cualificada y por tanto mano de obra barata, era fácilmente manipulable debido a unos rígidos principios religiosos y morales y estaba llena de miedos y prejuicios.
La inhumana situación que empezaron a soportar las mujeres en las fábricas situó la reivindicación de la emancipación femenina en el centro de una lucha social y política. Se produjo así una alianza histórica, la del feminismo con los movimientos obreros.
A pesar de todo lo dicho anteriormente, la mujer obrera, sin acceso a la cultura, sin derechos legales y con muy baja autoestima debido a su secular sometimiento al varón, no se encontraba capacitada para iniciar su propia revolución.
Debemos observar cómo las primeras mujeres sufragistas no sólo surgieron de la burguesía, lo que les permitía tener una saneada economía, sino que estuvieron unidas a hombres con inquietudes sociales. Podemos mencionar, entre otros muchos ejemplos, a Mary Wollstonecraft, que estaba casada con el ya mencionado William Godwin, considerado por muchas personas como el primer teórico anarquista y a Millicent Fawcett , esposa de Henry Fawcett, discípulo de los economistas Smith y Stuart Mill, profesor de economía política en Cambridge y ministro de Correos británico en 1880.
Como podemos deducir del anterior análisis, los movimientos feministas tienen una raíz burguesa y sufragista. Pretendían conseguir la igualdad de los géneros tomando como base la posición del varón en la sociedad; es decir, no buscaban una transformación social, sino la participación de la mujer en los privilegios, el poder y los estamentos jerárquicos que hasta entonces eran exclusivamente masculinos. Por esto, las mujeres anarquistas nunca se consideraron feministas e incluso llegaron a ridiculizar a quienes eran consideradas como tales. Se automarginaron y a la vez fueron marginadas por el feminismo. Sin embargo, todas ellas desencadenaron una lucha férrea contra la sociedad patriarcal y dejaron patente su voluntad de enfrentarse tanto al Estado que las alienaba en cuanto personas, como al patriarcado que les impedía su liberación como mujeres. Sin ellas mismas saberlo estaban actuando como verdaderas feministas, puesto que se desvinculaban de la lucha masculina en cuanto género.
Mientras en el resto de Europa los movimientos feministas surgieron de la concienciación de las mujeres, en España eran los intelectuales quienes se preocupaban del feminismo. La falta de un desarrollo industrial, la falta de una clase media fuerte y numerosa y la inestabilidad política que dominó España hasta 1975, frenaron los avances educativos de la mujer y la imposibilitaron para tomar conciencia de su situación. El siglo XX comenzó con una población analfabeta del 63,7 por cien, sólo algo inferior a la de Portugal que estaba en el 79,1 por cien y Bulgaria que se encontraba en el 80 por cien.
Sólo dos mujeres, María Egipcíaca Demaner y Gongoreda y Josefa Amar y Borbón, se interesaron por el tema de la instrucción femenina en el siglo XVIII y lo hicieron de una manera elitista, en la que dinero e inteligencia se identificaban y la mujer del pueblo era valorada solamente como elemento productivo.
No podemos hablar de movimientos feministas hasta el siglo XX, aunque sí de feminismo, ya que aparecieron corrientes que luchaban por la emancipación de la mujer, no organizadas, en torno a Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal o Cecilia Böll de Faber (Fernán Caballero), traductoras de numerosas obras de feministas francesas y británicas.
Como precursora de los movimientos feministas aparece en Cataluña en 1871 la Asociación para la Enseñanza de la Mujer. En ese mismo año, Teresa Claramunt organizó un sindicato para trabajadoras del textil y en 1903 Belén Segarra fundó la Federación de Mujeres Malagueñas.
Teresa Mañé, conocida en los medios libertarios como Soledad Gustavo, fue una de las grandes feministas de principios de siglo pese a no haber utilizado nunca ese apelativo. Junto con su compañero, Juan Montseny (escritor anarquista conocido con el pseudónimo de Federico Urales) fue editora de La Revista Blanca, publicación que llegó a dirigir mientras Urales se veía obligado a un exilio interior por orden gubernamental.
En 1888, la Ley de Asociaciones dio paso a la formación del sindicato UGT, que agrupó a los trabajadores, casi de manera exclusiva, hasta la aparición del anarcosindicalismo con la CNT, que alcanzaría su máximo esplendor en 1931.
La CNT se preocupó de atraer a la mujer española a su militancia, de resolver sus problemas laborales y de lograr su plena integración social.
En 1910 se fundó en Barcelona la Biblioteca Popular per la Dona y ese mismo año tuvo lugar el Congreso fundacional de la Confederación Nacional del Trabajo. En él se reconoció oficialmente la necesidad del empleo femenino como base para la consecución de la independencia de la mujer mediante un salario que, en todo momento, debía ser equiparable al del hombre. No obstante, acostumbrado el varón a tutelar a la mujer como si de una menor de edad se tratase, debemos señalar que le costaba mucho poner en práctica lo que defendía de manera teórica.
Al tratarse de un sindicato con planteamientos anarquistas, la CNT no apoyó ni participó en ningún momento en las aspiraciones de los denominados movimientos feministas. Partidaria de la acción directa, su lucha no se encaminó a la consecución del voto, sino a la consecución de igualdades laborales y salariales para los dos géneros.
A pesar de todo, el número de trabajadoras continuaba siendo minoritario. En 1921, con el desastre de Annual, muchos combatientes prefirieron morir en inmundos barracones acondionados como hospitales sin ninguna ayuda médica, antes que ser curados por manos femeninas. A esa descalificación femenina en los comienzos del siglo XX, se debe en parte el subdesarrollo de España en años posteriores.
En 1920 se creó en Valencia la Sociedad Concepción Arenal y en 1922, Margarita Nelken publicó "La condición social de la mujer" que contribuyó a la concienciación de buena parte de la sociedad femenina.
En 1928 se fundó la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, de tendencia izquierdista. Dos años después, Hildegart Rodríguez publicó "Al servicio de la Nueva Generación" y un año más tarde, otra obra que despertó una encendida polémica en todo el país, "Educación sexual".
Pero no fue hasta 1936 cuando anarquismo y feminismo unidos tomaron cuerpo en una organización que sirvió de revulsivo social. En ese mismo año se fundó la Agrupación Mujeres Libres, formada por mujeres militantes de la CNT, conscientes de que una revolución de mujeres sólo podría ser realizada por mujeres.
Mujeres Libres, propiciada por Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada y Amparo Poch, llegó a contar con 119 agrupaciones, de las cuales 22 estaban en Madrid y 6 en Barcelona. El resto se dispersaban por Bélgica, Checoslovaquia, Francia, Holanda, Inglaterra, Polonia, Suecia, Argentina, EE UU etc.
Por mucho que se escriba sobre Mujeres Libres y por muchos homenajes que se le tribute, nunca se podrá hacer justicia.
Quisieron ser una rama más del Movimiento Libertario, lo mismo que la CNT, la FAI o JJ LL, lucharon por su emancipación de la triple esclavitud, de género, cultural y laboral. Deseaban estar en la vanguardia de la Revolución Social que preconizaba el anarquismo, y crear una conciencia solidaria entre hombres y mujeres para convivir sin ningún tipo de exclusiones y asumiendo una obra común.
Aquellas mujeres tenían muy claro algo que actualmente defendemos otras muchas que nos consideramos anarquistas. El cambio social no supondrá la terminación feliz de todas las marginaciones femeninas. El Estado extiende los tentáculos de su poder sobre tres pilares sociales fundamentales: el mundo laboral, el familiar y el educativo. Para esto necesita ejercer su fuerza sobre la mujer pero, como hay muchas facetas de la cotidianidad que se le escapan, ha buscado el apoyo del hombre convirtiéndolo en su cómplice. Éste es manipulado para que ejerza por delegación su fuerza sobre la mujer.
¿Por qué el hombre se presta a este juego? Sencillamente, porque el rol en que ha sido educado (y aquí las mujeres, como primeras educadoras, tendrían que iniciar su "mea culpa"), le permite identificarse con el poder. Cualquier varón, aun el más oprimido y ansioso de libertad, ve en el poder una tentación y un objetivo a alcanzar. Sin embargo, la mujer (y aquí no caben las excepciones que todos conocemos) acostumbrada a padecer el poder sobre su cabeza, lo analiza desde la realidad de su vivencia cotidiana y puede verlo con la cotidianidad que da la lejanía. Ella sabe por experiencia que el poder en sí mismo supone la castración, la negación de la libertad.
El tipo de relación que la mujer se ve obligada a mantener con su entorno, es decir, los roles de esposa y madre que la sociedad patriarcal ha establecido para ella, hace que asuma los valores ideológicos dominantes a través de la educación, entendida como tal no sólo la escolarización, sino la socialización global.
Es verdad que la mujer está accediendo cada vez más al mundo de la cultura, que ha entrado masivamente, no sólo en la enseñanza media, sino también en la universitaria, pero también es verdad que, empeñada en que siga conservando sus roles, la sociedad patriarcal la ha encaminado mayoritariamente hacia disciplinas consideradas humanísticas, en tanto que a los varones les ha incitado a las técnicas. Esto ha ocasionado que las humanidades estén devaluadas y que nos encaminemos hacia una enseñanza cada vez más técnica y práctica.
La preparación intelectual que el poder concede a la mujer, intenta situarla en un segundo plano y sirve como pretexto para impedir su avance social. Su incorporación tiene así un carácter subsidiario, es decir, cuando el hombre no puede trabajar, los ingresos masculinos son escasos o la mujer no tiene pareja que la apoye económicamente.
Sin embargo, la actual esclavitud de la mujer tiene unas connotaciones muy particulares. En cualquier caso de opresión, la lucha termina con la liberación del individuo subyugado. Sin embargo, en el caso de la liberación femenina, no ocurre así. Ella no desea romper los lazos que la unen a su opresor. Por este motivo, la mujer que debe liberarse del varón ha de enseñar a éste a liberarse de sí mismo. La liberación de la mujer no se agotará, por tanto, en sí misma, sino que tendrá que extrapolarse al varón si quiere ser eficaz. Y este es uno de los más importantes retos que tendrá que asumir.
Es posible que, sin ella misma percibirlo, la mujer actual esté poniendo los cimientos de una sociedad nueva, pero el verdadero cambio tiene que realizarse en su interior para continuar después en el interior del hombre.
Sólo cuando él aprenda a resistir la tentación del poder, cuando aprenda a contemplarlo con una mirada más objetiva y libre que le permite su actual implicación, lograremos los dos géneos unidos nuestros objetivos, que no son contrapuestos, sino convergentes.
Tal vez algún día, el varón se decida a no ejercer ninguna clase de poder sobre la mujer y no coarte su libertad, ya que ningún género puede ser realmente libre si no lo es el otro. Y porque la sociedad libre, justa e igualitaria con que todos y todas los que aspiramos al anarquismo soñamos, no podrá conseguirse jamás si la mitad de la humanidad permanece en silencio subyugada por la otra mitad.
Hoy hacen exactamente 100 años del infame tratado de Brest-Litovsk y no podemos dejar pasar la ocasión para recordarlo.
Eran los primeros meses de 1918. En Rusia, contra lo que había vaticinado Marx, había estallado la revolución en febrero y triunfado en octubre de 1917.
Ciertamente la situación en Rusia no era precisamente la mejor: desde 1914 Rusia vivía una situación de guerra que ciertamente no tenía nada contento al pueblo ruso ante una guerra que no tenía más efecto que la muerte en masa de jóvenes rusos.
El clima desde antes de la caída del Zar Nicolás había sido de rechazo de una buena parte del pueblo a la guerra, cuyo fin tenía como una de sus principales exigencias.
En 1917, desde febrero hasta octubre, la revolución rusa incrementaba en fuerzas derrotando en octubre de manera definitiva toda oposición a la revolución. El partido bolchevique subió al poder no sin fuertes reclamos de los anarquistas y otros sectores del movimiento social. En febrero de 1918 los alemanes arreciaron en la ofensiva contra Rusia (las negociaciones de paz iniciadas en diciembre de 1917 se dieron por finalizadas ante la negativa a rendirse de los bolcheviques), y fue entonces que el gobierno bolchevique discutió la posibilidad de firmar la paz con los generales alemanes.
Lenin y los bolcheviques prometieron desde los inicios de la revolución rusa dar por terminada la guerra.
Sabían que esta era una aspiración muy sentida por el pueblo y utilizaron estas ansias de paz para ganarse la simpatía del pueblo.
La guerra, sin embargo y en el complicado contexto de la revolución de octubre de 1917, no era solamente la que se sostenía contra Alemania desde 1914 y que se agudizó con fuertes ataques alemanes contra la Rusia revolucionaria en febrero de 1918.
Era también la guerra civil interna que se libraba ante la contrarrevolución que se iniciaba contra los ejércitos de Wrangel, Denikin (rusos), Petliura (ucraniano), etc., y ante este panorama Lenin y su partido sacrificaron al pueblo no solamente con reclutamientos forzados de la juventud rusa, sino también por medio del hambre más terrible agudizada por el llamado Comunismo de guerra.
Finalmente, la guerra al exterior con los alemanes, pues, fue firmada de manera formal, pero siguió existiendo al interior de Rusia, ya que en las provincias cedidas por los Bolcheviques a los alemanes en el Tratado de Brest-Litovsk como vamos a ver más adelante, hubo fuerte resistencia a la ocupación alemana.
Esto les valió bastantes críticas, pues si bien como hemos dicho antes el fin de la guerra era algo pedido con insistencia por el pueblo ruso, no era la firma de paz con los alemanes la forma en la que se concebía el fin de la guerra, pues más que paz se consideraba por el pueblo ruso, los Socialistas Revolucionarios de Izquierda, los anarquistas e incluso por algunos del partido bolchevique como una traición humillante a la revolución.
Se pensaba, y no sin razones, que era posible vencer a los alemanes. Atraerlos hacia el centro de Rusia, alejarlos de sus bases de abastecimiento por la enorme extensión que tiene Rusia y que, sumado esto al frío del país minarían las fuerzas de los alemanes y se podría vencerlos muy fácilmente.
¿Porqué no se hizo esto?
La experiencia demuestra que la propuesta de continuar la guerra contra los alemanes y vencerlos no era del todo descabellada: durante la segunda guerra mundial cuando Alemania atacó a Rusia les fue posible llegar muy cerca de Stalingrado (Volgogrado) debido a la sorpresa con que se hizo el ataque y que Stalin, amparado en el Tratado de no agresión firmado en 1938 con los nazis, pensaba como imposible una traición de sus aliados del momento.
Los alemanes se acercaron a Stalingrado, pero el abastecimiento de sus frentes se hizo complicado y el frío dejó a cientos de soldados alemanes congelados antes de llegar a conquistar su objetivo.
¿Será que las condiciones en las que Lenin llegó a Rusia hayan sido una de las condiciones por las cuales se dio por terminada la guerra y cedido grandes provincias al enemigo?
Veamos cómo sucedió esto:
En el plano internacional Alemania ampliaba sus dominios hacia el sureste de Europa, y el llamado Imperio Austro-Húngaro se expandía cada vez más.

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Al oeste Alemania batallaba en su empeño por atacar a Francia (luego de cierta resistencia de Bélgica y final vencimiento de esta para continuar el ataque a Alemania por esa frontera), y desde el Este mantenía otro frente de batalla con Rusia.

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En este contexto, y con una incógnita que no se puede resolver más que declarando que Lenin, más que tolerado fue apoyado por los generales prefascistas (1) de Alemania, cruza Vladimir desde Suiza por en medio de Alemania, luego a Suecia, Finlandia y finalmente Moscú.

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Una Alemania rabiosamente anticomunista dio el paso libre a Lenin para que se trasladara a Rusia a hacer posible el alto a la guerra con Alemania. Lenin llegaría a Rusia en abril de 1917, dos meses después de los acontecimientos de febrero, con lo que cosecha el trabajo realizado por muchas organizaciones a las que él no pertenecía, llegando con la gloria de la revolución rusa, que él no hizo, a los acontecimientos de octubre.
Más allá de este acto de tolerancia del prefascismo alemán a Lenin importa visualizar el asunto del alto a la guerra desde el punto de vista estratégico-militar que supo impulsar y realizar Alemania.
La guerra en Rusia, como hemos dicho, era algo a lo que el pueblo deseaba poner fin cuanto antes, y apenas llegado Lenin a Rusia realiza una serie de exposiciones y actos en los que aparte del llamado a la revolución que liquidaría los últimos vestigios del zarismo en octubre, llama también a finalizar la guerra.
Una vez firmado el Tratado una parte del pueblo ruso tenía por fin satisfechas sus exigencias de dar por acabada la guerra aunque de una manera que no deseaba y con las consecuencias funestas que trajo la firma del Tratado, como veremos más adelante, pero el prefascismo alemán se veía absolutamente beneficiado teniendo un costado de la guerra que libraba totalmente descubierto, con lo que sus fuerzas tenían la posibilidad de retomar aliento y concentrar todas sus fuerzas en el ataque por el lado oeste con Francia.
 
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Rusia y Lenin, de esta manera, dieron un aire de refresco al prefascismo alemán.
Pero más allá de esta ayuda, voluntaria (por el paso de Lenin en medio de Alemania) o involuntaria (el pueblo ruso exigía también poner fin a la guerra aunque no en las condiciones que se dio), el final de la guerra no fue un pacto de tú a tú con los alemanes: estos trataron a la “patria del proletariado” como verdaderos caciques, exigiendo una rendición total por parte de Rusia y además obtener las provincias de Finlandia, Polonia, Estonia, Livonia, Curlandia, Lituania, Ucrania y Besarabia, además de Ardahan, Kars y Batumi al Imperio otomano.

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Trotsky fue quien se encargó de capitular de manera total y absoluta en todo lo que se le pedía, y el pacto se firmó con el Tratado de Brest-Litovks de la ciudad Bielorrusa el 3 de marzo de 1918, hace exactamente 100 años.
La oposición a la firma de paz en condiciones tan humillantes no era algo exclusivo de los anarquistas como ya hemos indicado: hubo oposición en los anarquistas, en los Socialistas Revolucionarios de Izquierda, en las masas populares e incluso en las propias filas del bolchevismo. Lenin se aferró a la firma del Tratado de paz de una manera fanática, amenazando incluso a su propio partido con dimitir si se le exigía no firmar la paz con Alemania.
Esta actitud no fue confrontada por los bolcheviques que, aun cuando no compartían su punto de vista, eran sumisos ante su mesías y aceptaron complacer al jefe para no perder su dirigencia. Una muestra de la disidencia del bolchevismo a la actitud de Lenin se puede leer en Pravda Nº. 31, de febrero de 2018, pero al final se aceptó seguir a Lenin en su empecinamiento por firmar el Tratado.
Lenin podía ser de todo, menos tonto. Sabía perfectamente que las condiciones climáticas de Rusia eran un arma poderosa y que podían ser aprovechadas contra los alemanes (la rapidez del ataque contra Kronstadt en 1921 antes de que se descongelara el hielo y Kronstadt fuera inatacable, hace ver que sabía la importancia del clima ruso).
Su empecinamiento en firmar la paz con los alemanes cuando se les podía combatir y derrotar y que además existía una oposición a firmar en el pueblo, en las organizaciones no bolcheviques y hasta en ciertas fracciones bolcheviques ¿se debe a corresponder el favor a los alemanes por permitirle dejarle pasar de Suiza a Rusia, a un compromiso contraído con el prefascismo alemán? La incógnita quedará siempre en el aire, pero su paso por Alemania y su empecinamiento en firmar el Tratado de Brest-Litovsk darán siempre mucho de qué hablar.
Llama poderosamente la atención el hecho de que en las provincias cedidas a los alemanes el movimiento socialista y anarquista era de mucho interés, tal cual había sido la importante actividad anarquista antes de la revolución rusa en Bialystok y en Krinki (Polonia).
Lenin y Trotsky sacrificaron así a miles de revolucionarios a las masacres de los alemanes.
Este Tratado cedía, entre otras provincias, a Ucrania, tierra del célebre anarquista Néstor Makhno, en donde ante la ocupación de las tropas alemanas los revolucionarios tuvieron que ocultarse para, posteriormente y por inspiración de Makhno, agruparse en el célebre Ejército Insurreccional Makhnovista.
Los alemanes que ocupaban las tierras de Ucrania fueron combatidos por los anarquistas Makhnovistas como bien se sabe.
Los bolcheviques alegan que la firma del Tratado de Brest-Litovsk se realizó para obtener tiempo y preparar las fuerzas revolucionarias y al ejército rojo por la actividad contrarrevolucionaria.
El argumento es sumamente absurdo, porque posteriormente al tratado se dieron varios ataques a Rusia planeados por contrarrevolucionarios desde Finlandia y Ucrania. La guerra que habían tratado de dar por terminada con la ignominiosa firma del Tratado de Brest-Litovsk no se finiquitó y los contrarrevolucionarios siguieron intentando dar por terminada la revolución en Rusia y lo que es además significativo: a pesar de la entrega de las provincias mencionadas a los bolcheviques la resistencia al enemigo alemán continuó existiendo. En otras palabras, ni hubo paz en las provincias cedidas a los alemanes ni tampoco al interior de Rusia por la contrarrevolución.
La estrategia militar de Alemania era bien clara: permitir el paso de Lenin a Rusia para que éste sacara a Rusia de la guerra, dando a Alemania un flanco de alivio para preparar sus tropas y lanzarlas con más efectividad contra Francia; firmada la paz en el Tratado de Brest-Litovsk y aparte de ganar una extensa región rusa, preparar futuros ataques a Rusia.
De esta manera la revolución rusa sería anulada totalmente. Si se lograba el plan de Alemania el zarismo habría caído, pero la revolución rusa también, y con ello se daría paso a una democracia burguesa que hiciera que la revolución no estuviera en la frontera con Alemania donde, recordemos, estallaba un intento movimiento de inspiración socialista en noviembre de 1918, ocho meses después de firmado el Tratado de Brest-Litovsk.
Erich Ludendorff, el general que facilitó el traslado de Lenin dijo sobre este: “Lenin combatirá a los patriotas rusos, después lo estrangularé a él y a los bolcheviques”
¡Nada más esclarecedor sobre la táctica alemana! Táctica que, sin embargo, no fue un triunfo pese a la firma del Tratado.
Rusia había cedido provincias donde la ocupación alemana no resultaba fácil y la resistencia continuaba como he indicado antes; resistencia en la que absolutamente nada tenían que ver los bolcheviques. Sin embargo, Rusia no fue dominada por los alemanes como pensaba Lundendorff.
Si no sucedió tal cosa fue porque, entre otras cosas y paradójicamente, Makhno y sus fuerzas detuvieron varias veces la contrarrevolución… aunque como es bien sabido los bolcheviques traicionaran a los anarquistas y se aprovecharan de ellos para después liquidarlosa traición.
La guerra civil fue la mayor prueba de que la paz no se obtuvo con la firma del Tratado, y el llamado Comunismo de guerra fue además el aumento de la represión hacia el pueblo ruso que, saliendo del despotismo zarista tuvo que soportar el despotismo bolchevique.
El Tratado de Brest-Litovsk no significó en los hechos más que la entrega de varias provincias al despotismo alemán y una humillación a la revolución rusa, una traición a sus principios revolucionarios que Lenin, Trotsky y compañía pisotearon para complacer a los generales alemanes.
Pero resulta todavía más claro el panorama sobre el marxismo ruso cuando se ve que mientras en la firma del Tratado los bolcheviques agacharon los cuernos, débiles, sumisos y cobardes, un mes después, el 11 de abril de 1918, atacan 26 centros anarquistas de la capital y la llamada Casa de la anarquía, asesinando unos 40 anarquistas, no sin la resistencia de estos que mataron a 12 Tchekistas.
Trotsky, a quien Lenin encargó la firma del Tratado, fue quien se encargó de esta operación que era la primera ofensiva seria del bolchevismo a la revolución rusa y a los anarquistas en especial, además de también realizar el ataque a Kronstadt en 1921.
¿Cómo se entiende que supuestamente se firmara el Tratado para tener tiempo de organizar el ejército rojo, pero que al mismo tiempo se atacara cobardemente a los anarquistas?
¿Cómo se entiende que el Tratado se hiciera supuestamente para detener el conflicto con los alemanes y que al mismo tiempo se continuaran los combates contra los alemanes en las provincias de Rusia cedidas en el Tratado?
¿Cómo se entiende que se diga que el Tratado permitía tener paz al pueblo, cuando el Comunismo de guerra traía hambre, el gobierno bolchevique represión, encarcelamientos y asesinatos de revolucionarios que no deseaban la paz de los cementerios de los bolcheviques?
El Tratado de Brest-Litovsk no significó sino una traición a la revolución rusa de parte de los bolcheviques. La primera vez, después de la designación de los Comisarios del pueblo, con el que tampoco estuvieron de acuerdo los anarquistas porque ello significaba la creación de un Estado en manos de los Bolcheviques, cosa peligrosa que advirtieron siempre; la primera vez, decimos, en que el bolchevismo pasaba por encima de la voluntad del pueblo. La primera, pero no la última, pues los miles de asesinados, encarcelados y deportados a Siberia son la prueba patente de ello.
A 100 años de esta traición, no podemos dejar pasar el momento para recordarlo, afirmando el lema de los marinos de Kronstadt asesinados en 1921: ¡Abajo la comisariocracia!

Erick Benítez Martínez. 3 de marzo de 2018

Notas: 

1.- Llamaré prefascistas a los alemanes de esta época porque, si bien no había estallado el movimiento fascista, los carácter absorbentes de los dictadores alemanes y la brutalidad desatada hacia las poblaciones conquistadas permite ver lo que vendría años después con la Alemania de Hitler, de lo que ellos eran los precursores
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Programa de actividades de la Novena feria del libro y publicaciones anarquistas organizada por la FAM-IFA:


Sábado 3 de marzo
10:30 a 11:30. Instalación
11:30 a 12. Inauguración
12 a 13. Libro – Disco Fernando Bárcenas. Por Ediciones Antagonismo
13 a 13:50. Presentación de Cuentos “PLM - Cuando la dignidad y el coraje se hacen cuentos”. Por editorial Tierra y Libertad y Arturo López Jiménez de sección 22
13:50 a 14:40.  Presentación de ediciones recientes de la cooperativa Rebozo. Por  Rebozo
14:40 a 15:30. Presentación del proyecto de medio de comunicación independiente Rebelando la información. Por radio rebelando la información, medios
15:30 a 16:30. Presentación Libro Anarquía 36 artículos revolucionarios de Manuel Gonzales Prada. Por Editorial IIITS
16:30 a 1730. Anarquistas de Melchor Ocampo “Un capítulo de la historia del anarquismo en México”. Por Archivo la casa del Ahuizote y la comisión del centenario del municipio de Melchor Ocampo
17:30 a 18:30. 100 años del Tratado de Brest-Litovsk. Por Erick Benítez Martínez
18:30 a 19:30. Conversatorio: A 50 años del 68. Contra el olvido y por la emancipación: Con Alfonso Gonzales, quien estuvo en los orígenes del autogobierno de arquitectura UNAM en 1966-68 con la charla “los anarquistas en México del 68”
19:30 a 21. Sonidero bombita
Domingo 4 de marzo
 
12:00: Inicio de venta de material
14:00: Presentación del libro "Antes muerto" (novela que retoma aspectos de la vida de Emma Goldman). Por el autor Alain Dervez (precio especial por presentación de libro).
15:00: Poesía feminista. Colectivo Hilanderas
16:00: Clausura
 
Invita: Federación Anarquista de México-IFA
Participan: La Voz de la Anarquía / REDEZ / Rebozo / Antagonismo / Editorial Tinta Negra / Tiempo Animal / Marea Negra / Editorial IIITS / Libros Silvestres / Fanzines feministas / Editorial Tierra y Libertad (Oaxaca) / Archivo la casa del Ahuizote/Medias de luna/Editorial Banderas Negras
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Así, puede decirse que la evolución
y la revolución son dos actos sucesivos
de un mismo fenómeno; la evolución
precede a la revolución, y ésta a una
nueva evolución, causa de revoluciones futuras
 
Élisée Reclus (1)
 
La revolución, objetivo de los anarquistas, no es una revolución en el sentido neutral de la palabra.
En el anarquismo la evolución y la revolución son complementos una de la otra: la revolución no es otra cosa que la evolución llevada a sus máximas consecuencias (no últimas, pues el proceso evolutivo jamás se detiene) en el momento en que se desarrolla. Esta revolución da paso a nuevos procesos evolutivos y estos a su vez abren el horizonte a nuevos procesos revolucionarios.
Hasta ahora las revoluciones han sido oscilantes: o las mejoras para el pueblo son palpables, o se toman caminos despóticos peores que las condiciones que dieron vida al proceso revolucionario.
Si se pierde y triunfa la reacción, el estado de pauperización del pueblo retrocede un poco más en comparación al estado en que estalló la revolución. Los verdugos del pueblo siempre hacen pagar con sangre y miseria a quienes se atrevieron a alzarse en su contra.
Lo que es cierto es que no se mantienen las condiciones en el mismo estado siempre.
Esto es normal pues todo movimiento indica una negación del punto de partida. Este movimiento no necesariamente debe ser evolutivo, puede ser también involutivo.
Cuando la revolución se gana la negación del punto de partida es obligado aunque sea mínimamente: si se instaura un nuevo Estado, como puede ser el peor de los casos en una revolución triunfal, aun así éste nuevo organismo hará mejoras en las condiciones sociales, no por voluntad propia ciertamente, sino obligado por el alzamiento revolucionario y para calmar la agitación revolucionaria. Cierto que bien pronto estas mejoras serán pisoteadas nuevamente pues todo Estado genera y protege una clase parasitaria que se encargará de pisotear toda mejora al pueblo: en eso consiste el sentido de existencia del Estado, y en ello reside la importancia de impedir la formación de un nuevo Estado. Si la revolución triunfa e impone la equidad y la justicia sin permitir la existencia de ninguna forma de Estado, aunque se llame transitorio, las mejoras serán bastante mayores de lo que podría hacer un Estado cualquiera.
Si se pierde la revolución también es negado el punto de partida, pero en forma involutiva, es decir, retrógrada. Las condiciones de miseria y represión que hicieron explotar el suceso revolucionario se verán agudizadas.
Así, pues, la revolución propugnada por los anarquistas es necesariamente una revolución que niega del punto de partida, pero en sentido positivo, esto es, de mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo tanto como los medios de producción, distribución y comunicación lo permitan. Habrá quizá lugares donde los medios de producción, distribución y comunicación no sean abundantes y se tengan que llevar ahí, pero mientras tanto las mejoras serán tan mayores como las condiciones lo permitan.
Una revolución ideal donde a partir de ella devenga un paraíso terrenal es de todo punto de vista imposible.
La felicidad total es un polo absoluto del cual no podemos sino renegar por su imposibilidad.
La revolución de los anarquistas es una revolución de alcances máximos ahí hasta donde las condiciones humanas lo permiten. No es la solución absoluta a todos los problemas humanos. Es la evolución constante e imparable de las consciencias, de las organizaciones y del pueblo en general debido a la agitación socialista-anarquista en el pueblo: la revolución. Pero es un acto realizado por seres humanos, no por ángeles.
Suele pensarse en algunas veces la revolución como la solución a todos los problemas y ese actuar determina para la revolución un acto definido y unos alcances determinados. La revolución, pensamos nosotros, no puede ser definida y determinada, pues los objetivos que tiene hoy y los problemas a que pueda dar solución serán mañana rebasados por la constante actividad humana.
Lo que hoy parece un objetivo máximo mañana será algo cotidiano o superado. Y esto aplica no solamente para la revolución sino para todo el avance humano. Hoy se inventa o se descubre algo que mañana será obsoleto.
No es posible, entonces, pensar la revolución como una solución definitiva a todos los problemas humanos, pues el avance humano es incesante e imparable. La revolución habrá de dar solamente las posibilidades donde las soluciones se desenvuelvan más libremente y con mayores posibilidades de actuación, pero la revolución no dará solución a todos los problemas humanos.
La revolución es, pues, solamente un movimiento acelerado de la evolución, imparable, constante e indeterminado. No es la solución a todos los problemas, ni el maná celestial para los problemas humanos, sino un proceso de rebeldía ante las injusticias que dará a los oprimidos la oportunidad de tomar las riendas de sus vidas, pero que serán los propios individuos los que han de dar soluciones a todos los problemas que existan y que siempre seguirán produciéndose.
Y es que no por el hecho de estallar la revolución las personas dejarán sus vicios, sus conductas dañinas, ni se convertirán en ángeles de un minuto al otro.
Dentro del contexto de la revolución el ser humano trabajará en mejorar sus conductas antisociales y dañinas para sí y para los demás, y eso tomará cierto tiempo en realizarse.
No. Ninguna revolución produce ángeles ni borra los defectos humanos por sí misma. Es una evolución constante de la actividad humana, un proceso que jamás se detiene y que se encuentra en constante movimiento.
En sentido evolutivo en el caso de la revolución anarquista y siempre en modo ascendente.
Idealizar la revolución no puede sino ser nocivo: fijar la revolución como una cosa definida (y no movible), como la solución a todos los problemas sociales nos puede hacer aplazar para un momento más o menos lejano la solución de todos los problemas; nos hace perder el piso en los momentos actuales. Las soluciones económicas, políticas y sociales deben estudiarse desde ahora y no esperar a que la revolución lo solucione todo como por arte de magia, y aún estas soluciones no serán nunca definidas y determinadas para todos los tiempos; el anarquista debe ser el reflejo de la sociedad a la que aspira, debe ser la viva imagen de la evolución mental y personal que lleva la revolución en su germen y la revolución de la sociedad será la evolución nuevamente del individuo. La evolución y la revolución, procesos encadenados eternamente el uno al otro, hacen que la revolución por la que apuesta el anarquismo no sea un punto al cual dirigirnos y que, una vez llegados a él, nos solucionará todos los problemas de la vida.
En realidad la revolución y las soluciones que brinda no son sino el punto lejano al cual nos dirigimos incesantemente, porque cuando nos creemos llegados a las soluciones sociales se abren nuevos horizontes a los cuales nos dirigimos nuevamente de manera imparable. Es un punto que al alcanzarlo se aleja nuevamente para presentarnos nuevos retos y mejoras.
Las soluciones deben marcarse desde el aquí, desde el ahora conforme se analicen los problemas actuales. Estos a su vez nos brindan soluciones en la situación actual, pero como los problemas de la sociedad avanzan (en sentido involutivo) las soluciones de la revolución propuesta por los anarquistas también avanzan (en sentido evolutivo) y dan a la revolución que se planteaba nuevos horizontes, nuevos caminos, renovaciones constantes de los procesos y las actuaciones.
En palabras más claras: la evolución es imparable y nos lleva indefectiblemente a la actuación aceleradamente constante y actual de lo que queremos de la revolución; nos lleva a imprimir a la revolución aquello que queremos que libere al momento de estallar: la libertad, la justicia y la equidad, no como aspiraciones futuras, sino como planteamientos actuales que llevamos a cabo todo lo que nos es posible.
Decía con toda razón Diego Abad de Santillán: el papel de los anarquistas en todas las etapas de la vida es ser anarquistas (2)
Esta caracterización de la revolución para el anarquismo tiene contornos bien definidos que le dan el carácter que se desea para el anarquismo, no haciendo de ella una revolución a secas, sin más caracterizaciones que la de estallar por estallar. La revolución que busca el anarquismo, es necesario dejarlo claro, es una revolución social, anarquista, de caracteres enteramente contrarios al Estado (con sus caracteres involutivos) y de finalidades libertarias, justas y equitativas (caracteres evolutivos).
Porque una revolución puede revestir varias formas no necesariamente anarquistas.
Piénsese en las revoluciones políticas con aspiraciones a implantar formas demócratas burguesas republicanas; piénsese en las revoluciones socialistas de Estado con aspiraciones a implantar un nuevo Estado de vestimenta dictatorial (dictadura del proletariado); piénsese incluso en las revoluciones de tinte liberal derivadas luego en regímenes dictatoriales como el antefascismo del dictador Porfirio Díaz en México o la de los bolcheviques en Rusia.
La revolución no libera la libertad por el mero hecho de estallar, y es por ello que no cualquier revolución satisface a los anarquistas.
Libera aquello de que ha sido nutrida, aquello que la ha fomentado hasta hacerla estallar; libera lo correspondiente a la actividad desplegada en sentido de la libertad o de la injusticia (porque injusticia es la existencia del Estado, así como libertad y justicia es que nadie gobierne a nadie).
Ha liberado la tiranía cuando se incubó el despotismo revestido de democracia; ha liberado también la libertad cuando los elementos revolucionarios y libertarios han trabajado previamente y divulgado ideales manumisores, generando con ello, poco a poco, las condiciones revolucionarias (la evolución dando paso a la revolución) que darán paso a nuevos procesos evolutivos y viceversa (la revolución dando paso a nuevos procesos evolutivos y estos a nuevos procesos revolucionarios si la evolución se ve interrumpida).
Si deseamos que la revolución triunfe debemos comenzar por eliminar esas utopías de revoluciones mágicas que dan soluciones a todos los problemas sociales por el mero hecho de estallar y en las cuales el proceso no existe, sino solo la espera de la llegada de la revolución como maná mágico producido por sí solo o debido a fatalismos históricos, descuidando en el aquí y en el ahora resolver desde ya todo aquello que genere las condiciones revolucionarias y las soluciones a posibles problemas; no como profetas, sino simplemente analizando la situación y proponiendo soluciones desde ya. Porque poco o nulo caso habrá de hacernos el pueblo si no presentamos un programa siquiera mínimo para la actualidad.
La revolución producirá lo que ahora y hasta que estalle seamos capaces de hacer por ella, por moldearla conforme a los principios anarquistas.
Actuar aquí, ahora, no solamente para cuando estalle la revolución, sino prepararla desde ahora tomando el relevo de los luchadores que nos antecedieron y prestos a preparar generaciones venideras que tomen nuestro relevo cuando nos vayamos de esta vida.
Nuestro actuar en la actualidad y el de quienes nos releven no será otro que la preparación de las consciencias y la organización (evolución) de lo que hará que la revolución estalle en dirección al anarquismo (revolución), y no por arte de magia, sino por el trabajo realizado.
No esperemos nada que no estemos dispuestos a trabajar; no esperemos a que las condiciones se generen por sí mismas; no esperemos que nos caiga del cielo la revolución emancipadora si no estamos dispuestos nosotros a trabajar por ella.
No busquemos la revolución por la revolución.
No hay que ser carne de cañón en revoluciones ajenas a nuestras ideas, revoluciones de carácter estatal, aunque nos hablen de revolución.
La revolución que buscamos los anarquistas es ante todo una revolución social. Una revolución que remueva los mismos cimientos de la sociedad, sacudiéndose el lastre del Estado, de sus instituciones. Una revolución que parta del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Jamás una revolución que se sirva del pueblo para acomodar las fichas del tablero del Estado, o para colocar nuevos verdugos privilegiados en el mandato.
Pueblo y Estado, o sociedad y gobierno son polos opuestos que se combaten mutuamente. El uno encuentra un triunfo a su existencia solamente en la derrota de su parte contraria.
No es posible, entonces, realizar una verdadera revolución si no es firmemente evolutiva y que se cimiente por encima del cadáver de su parte contraria: el Estado.
La revolución social es, por el mismo hecho de ser social, la negación de toda forma de Estado y de dominación.
La evolución y la revolución son nuestros mecanismos incesantes de actuación; la evolución para preparar incesantemente el camino hacia la revolución; la revolución como elemento creador de nuevos procesos evolutivos que lleven a la sociedad a una vida incesantemente mejor, justa, racional, libre y equitativa, donde el detenimiento de los procesos evolutivos y revolucionarios, detenimiento que genera el Estado con todas sus fuerzas (aunque no de manera inevitable, pues pese a su existencia la evolución avanza incesantemente y las revoluciones no cesan de existir), solo sea un triste recuerdo que dé paso a nueva historia humana despojada de todas las trabas que la detienen en su incansable camino hacia la libertad.
Evolución constante que lleve a la revolución, y esta a la evolución nuevamente, y esta, si el proceso evolutivo se detiene o se ve truncado, a nuevos y más firmes procesos revolucionarios.
Evolucionemos y revolucionemos, revolucionemos y evolucionemos, nada está dicho ni es verdad que nada nuevo hay bajo el sol. Hay todo un mundo por conquistar y una nueva senda para el género humano si jamás deja de evolucionar y revolucionar, pasando por encima de Estados, jerarquías, religiones atávicas y violencia insensata que pretenda detener el proceso evolutivo-revolucionario.
 
Erick Benítez Martínez. Febrero de 2018
 
 
1.- Élisée Reclus: Evolución, revolución y anarquismo, página 14. Ediciones la voz de la anarquía, México, 2015.
2.- Diego Abad de Santillán. Citado según Félix García, prólogo a El organismo económico de la revolución, página 5. ZERO ZYX, Madrid, 1978.
[Imagen: banderasanarquistaycubana.jpg]

I. Anarquismo hoy en Cuba
(Artículo enviado a CORREO A por el Colectivo Guangara Libertaria de Miami. Fué publicado en versión mas extensa en CNT, # 140, agosto 1992)
Para poder explicar las condiciones existentes dentro y fuera de la Isla y tratar al menos de hacer inventario, producir un informe coherente o gritar nuestra verdad, es necesario revisar a "grosso modo" los últimos 30 años del castrismo.

Triunfo del castrismo y "apoyo crítico" externo
Antes del triunfo revolucionario los anarquistas cubanos se agrupaban dentro de la Asociación Libertaria de Cuba (ALC), una organización de relativa membresía y pocos recursos que actuaba con efectividad dentro del campo sindical. La opinión generalizada era anti-Batista y muchos compañeros participaron activamente en la lucha armada. Por otra parte, y dentro de las ideas, la figura de Fidel Castro no era muy popular en los medios ácratas, debido a su formación y a su conducta anterior. Se apoyaba en esos momentos a otros organismos revolucionarios y no precisamente al liderado por Castro.
El triunfo de Castro en 1959 fué recibido con júbilo por todo el pueblo de Cuba y naturalmente por los componentes de la ALC. Sin embargo, las medidas arbitrarias que tomó el gobierno dentro de los sindicatos obreros, en nombre de la revolución y con el apoyo de los comunistas cubanos, hizo cambiar esta posición por parte de la ALC y comenzó a dudar de las verdaderas intenciones de los revolucionarios.
Para 1960, y después de una polémica con los comunistas ya dentro del gobierno, comenzó una persecución contra los militantes anarquistas que se encontraban en la oposición. La receta castrista fué, como sigue siendo, el paredón, la cárcel o el destierro. Abnegados compañeros fueron pasados por las armas, condenados a largas penas carcelarias u obligados a desterrarse. Este fue un golpe de muerte para las ideas libertarias dentro de Cuba y el aparente final de muchos sacrificios.
En Cuba quedaron algunos compañeros sumergidos e impotentes por la represión hasta su desaparición definitiva, olvidados por los anarquistas a nivel internacional que poco o nada se preocuparon por su suerte.
En el exilio se funda en 1961 el Movimiento Libertario Cubano en el Exilio (MLCE), con la intención de combatir a Castro y tratar de aliviar la situacion de presos y olvidados. Durante una década se hace un esfuerzo sobrehumano para tratar de persuadir a medio mundo libertario de la razón de nuestra causa. La indiferencia, el silencio o la franca antipatía son el resultado de estas gestiones que terminan en disputas y argumentos ácidos.
Ahora, despues de 30 años, el panorama solidario no ha cambiado. Todavía, de forma inexplicable, la "Revolucion Cubana", que es como gustan llamar al castrismo las "izquierdas", sigue teniendo ese respaldo y ese "apoyo crítico" como al principio. Como hemos escrito en otro lugar, el "apoyo crítico" es una consigna para el consumo exterior y nunca interior, y se basa prin cipalmente en una forma de pensar estrictamente totalitaria o maniqueísta: "con la revolución y contra el imperialismo", aquellos que no nos apoyen estan a favor de los yankis y, por lo tanto, son considerados como reaccionarios. Este tipo de pensamiento es el mismo, pero al revés, del que planteaban Hitler, Mussolini y Franco.
Por supuesto, la propaganda castrista a nivel mundial ha repetido esta consigna con todo el vigor de sus dólares y sus invitaciones gratis a Cuba, y nunca han faltado amanuenses y escribas capaces de oscurecer la realidad cubana con sermones y parabolas. Todo lo cual nos conduce por el camino de una visión objetiva de la Cuba de hoy. Una isla arruinada moral, física y económicamente donde sus habitantes desafián cualquier peligro para poder escapar y donde irónicamente los funerales son gratis. Una larga satrapía oprime a nuestro pueblo y cuando alguien denuncia el crimen, lo acusan de estar pagado o al servicio del imperialismo. sin embargo, la realidad es evidente, lo puede comprobar cualquier viajero curioso y cito el caso del compañero australiano Peter MacGregor, que como profesor de la Universidad de Western Sydney, visitó la isla en diciembre de 1991, a propósito de un Festival de Cine. Su informe no deja duda de la situacion desesperada del pueblo.

Un Sistema en Bancarrota
La Cuba de hoy es una finca inmensa en manos de un mayoral cruel y sanguinario que no vacila en escalar la represión con tal de poder seguir mandando. Cuba carece de cualquier tipo de libertad ya individual ya colectiva. Después del desplome del "ancien regime" soviético, la crisis económica es de proporciones catastróficas y de la frugalidad alimenticia se pasa diariamente a la necesidad mas paupérrima. El combustible escasea y, como es natural, la producción baja a niveles desastrosos. La clase obrera ha perdido todos sus derechos y todos los sindicatos son organismos estatales, la protesta es un delito y la huelga es un crimen. Todo esto podrá parecer exagerado y en realidad lo es. Yo invito a cualquier compañero que quiera comprobar estos hechos a que visite Cuba, tal como lo hizo Mac Gregor y después use estas mismas páginas para decir lo que vió y oyó, porque si como deciá Anselmo Lorenzo, que "para ser anarquista lo primero que se necesitaba era ser justo", me gustaria apelar a esa justicia de cualquier compañero para comprobar lo aqui escrito.
El ultimo reducto del castrismo es una maquinaria propagandística eficiente e imaginativa. Hace poco la vimos funcionando a raíz del viaje de Castro a la pen'insula ibérica, para celebrar con el resto de los corruptos gobernantes el V Centenario del genocidio, justificando con su presencia 500 años de ignominias en este continente por parte de la "madre patria" y otras no menos crueles madrastras. En esa oportunidad pudimos tambien comprobar hasta que punto funciona la hipocresía de las "izquierdas" cuando al tener que repudiar a todos los gobiernos que se han prestado a esta celebracion", pasaron por alto o silenciaron la aportacion castrista al evento.
En los últimos tres años y con el deterioro de la ayuda rusa, el desempleo aumenta de forma geométrica, el sistema gratuito de salud pública carece de tecnología moderna y la escasez de medicina es alarmante, y en cuanto a la educación, que va acompañada de una complicidad con el sistema y un "trabajo agrícola voluntario", carece de cualquier tipo de crítica y humanismo. Los estudiantes no pueden pensar en libertad ni discutir, escoger o criticar el sistema educativo.
A los anarquistas cubanos, expulsados de Cuba hace muchos años y que somos los únicos que representan las ideas libertarias dentro de nuestro pueblo, calumniados, incomprendidos y hasta traicionados por nuestros propios compañeros nos tocará la triste misión de ser los últimos representantes del Ideal en la Isla. La responsabilidad es sólo nuestra y esperamos estar a la altura de nuestro destino futuro.
No somos hombres de milagros ni de recompensas, pero sí les podemos asegurar que con el mismo tesón y paciencia con que hemos resistido el destierro, comenzaremos en Cuba a sembrar de nuevo y a abonar "arbol de la libertad" del que escribiera hace más de un siglo el anarquista cubano Enrique Roig San Martin.
F r a n k F e r n á n d e z
(CORREO A, # 21, pp. 14-15; enero 1993)

II. Los Anarquistas Olvidados
En lo profundo de los calabozos de una de las mas notorias prisiones cubanas, se encuentra un militante anarcosindicalista que cree que ha sido olvidado para siempre. Angel Donato Martinez es uno de los pocos miembros que restan del grupo Zapata, una agrupación agraria anarcosindicalista que apareció al comienzo de de los 80 para desafiar las prácticas stalinistas del régimen.
El grupo se consideró seguidor de la tradición de los grandes revolucionarios mexicanos Emiliano Zapata y Ricardo Flores Magón; participaron en la agitación industrial y la sindicalización. Como los sindicatos libres no eran tolerados, los miembros de este colectivo se vieron obligados a actuar clandestinamente. En 1982 tuvieron lugar varias huelgas en gran escala. Las autoridades decidieron apretar los tornillos y librarse de los activistas huelgarios. La policía actuó con cautela y capturó a 20 miembros del grupo Zapata. Fueron acusados de tratar de organizar un sindicato independiente y de sabotaje industrial.
Una de los 20 detenidos, Caridad Paron, murió en prisión, víctima de torturas aplicadas en el centro de interrogatorios de la Villa Marista. Otros cinco fueron sentenciados a muerte. Exilados anarquistas comenzaron inmediatamente una campaña para salvarlos. Se enviaron comunicaciones relatando su situación a todo el mundo. Muchos de esos mensajes no llegaron a su destino, se suprimió la información sobre esta campaña y algunos no podían creer que este tipo de cosas pudiera suceder en Cuba, subrayándose la ignorancia general de muchos fuera de la isla acerca del verdadero cuadro de lo que sucedía en ese país. En consecuencia, el apoyo internacional se redujo a los desterrados en Centroamerica y los EE. UU.
Como resultado de ese apoyo, se conmutaron las sentencias de muerte para los cinco por largas condenas de prisión. Hoy se conoce solo el destino de uno de ellos, Donato, mientras que los otros cuatro pueden estar todavia en prisión o quizás muertos. Se cree que Donato puede estar en la carcel del Combinado del Este, cerca de La Habana. No se tiene información precisa acerca de sus condiciones actuales. Los que lo apoyan en el exilio piensan que su situacion mejoraría si aumenta el interés por su caso en el extranjero.
A lo largo de los años, el tratamiento a los anarquistas y sindicalistas agrarios cubanos - que demandan libertad, tierra y colectivización - ha sido de persecución, prisión y - con frecuencia - la muerte. Suele ocurrir que para los activistas no haya lugar en la cárcel sino que son asesinados por la represión. Desde 1982 se conoce de varios militantes que terminaron sus días de esa forma. Ramon Toledo Lugo y Armando Hernandez fueron asesinados por escuadrones de la muerte. A otros se les condenó a 30 años de prisión como a los hermanos Carlos, David y Jorge Cardo, a Jesus Varda, a Israel Lopez Toledo y a Timoteo Toledo Lugo. Tambien las esposas de algunos de ellos fueron apresadas bajo cargo de conspiración.
Todo esto representa solo una pequeña fracción de la lucha anarquista y sindicalista en Cuba. Las acciones han sido aisladas pero continuas, procurándose desde hace tiempo su extensión y el conocimiento internacional de ellas.

Traducido del vocero anarquista ingles BLACK FLAG, # 195, nov.-dic. 1989 
[Imagen: articles-3369_recurso_img2.jpg]

Por L. Gambone
INTRODUCCIÓN
El ascenso y decadencia del movimiento libertario en Chile es una historia fascinante. Hay más para la historia que el simple interés histórico, sin embargo. Chile es un país al borde del desarrollo y por lo tanto está más cercano a un país europeo que para una nación verdaderamente subdesarrollada. Chile es tan urbano como cualquier país desarrollado y aun en 1900 cerca del 20 % de la población vivia en ciudades, alrededor del mismo porcentaje que Canadá en aquel entonces. El crecimiento demográfico es bajo y las estadísticas demográficas están en el nivel desarrollado. Las mujeres tienen un más estatus más igual con los hombres que en cualquier otro país Latinoamericano.
Chile es uno de los pocos países donde la ideología libertaria tuvo hegemonía sobre el movimiento laboral. El movimiento chileno dio origen a un nivel sin precedentes de unidad popular, si bien por un breve momento, aunando la inmensa mayoría de la población en contra de la élite. El libertarianismo chileno fue notable en su sentido práctico, su populismo, su naturaleza no ideológica y su falta de violencia. El movimiento fue altamente adaptable, constantemente cambiante con sus métodos y no quedando empantanado bajo el dogma. El movimiento chileno también muestra el peligro opuesto de ser "no dogmático", muchos sindicalistas se convirtieron en corporatistas.
Mientras el pasado no puede servir de modelo por ahora, las experiencias chilenas nos pueden dar algunas ideas para basar un movimiento libertario. El nivel de unidad popular que crearon es exactamente lo que es necesario crear para doblegar el Estado leviatán que amenaza con tragarnos. La importancia de la adaptabilidad y de no quedar atrapado en dogmas es algo que ciertamente vale coger prestada. En esta era nihilista, revolcándose en la ignorancia inducida por el gobierno y el soporte lógico informático, su énfasis en la educación y la ética debería ser reconsiderado. Los chilenos también construyeron una gran red de sociedades de apoyo mutuo, señalando una alternativa para el “Estado Providencia” insolvente presente.

LOS ORÍGENES DEL MOVIMIENTO MUTUALISTA
La primera forma que el libertarianismo tomó en Chile fue el mutualismo. Antes de la victoria de lo que reclamó la élite fue liberalismo económino, la artesanos chilena se organizaba en gremios. Las organizaciones de estos trabajadores fueron una fuerza importante en la lucha de la independencia y eran la mayoría de sector radical del movimiento revolucionario. El nuevo gobierno postcolonial prestó poca atención al patriotismo de los trabajadores y desbandó los gremios. Así los medios de vida del artesano entraron en pronunciada decadencia y este período probó ser la etapa más difícil en su historia... Con la independencia nada ganaron los artesanos. [1]
Los tipógrafos fueron los más activos de los artesanos y en 1845, unas dos décadas después de prohibidos los gremios, produjeron un periódico, El Artesano Opositor, que criticaba las condiciones de trabajo de la población.
Un año más tarde apareció una publicación independiente llamada El Pueblo. Su lema era ¿Qué es el Pueblo? ¡nada! ¿Qué será? ¡todo! El Pueblo fue influenciado por los sucesos revolucionarios en Francia y el pensamiento libertario francés, especialmente el de Proudhon y Lamennais. Las obras de Proudhon fueron populares en Chile como se demuestra por catálogos contemporáneos de vendedores de libros. Aún tan temprano como en 1850 sus obras eran fácilmente disponibles en las librerías. (Las traducciones en español llegaron en los 1870's.) El libro de Lamennais, Le Livre du Peuple fue traducido y publicado en Concepción ya en 1843. En 1847 se fundó una Sociedad de Artesanos en Santiago, pero se conoce poco acerca de esta organización.
El Pueblo atrajo a una camarilla de jóvenes intelectuales republicanos de tendencia libertaria. Estaban interesados en el concepto de asociación voluntaria. Los republicanos sentían que libertad sin igualdad era un sin sentido y la única forma genuina para lograr una sociedad igualitaria era crear asociaciones democráticas entre la gente. También creían que los artesanos deberían ser políticamente autónoma y intentaron evitar que cayeran bajo la influencia de los partidos aristocráticas como los Liberales y Conservadores.

LA SOCIEDAD de la IGUALDAD
En 1850 dos hombres regresaron a Chile de una larga estancia temporal en Francia. Francisco Bilbao y Santiago Arcos habían estado presentes en París durante la revolución de 1848 y habían presenciado el papel que jugaron los artesanos. Estaban familiarizados con los pensamientos de Proudhon y habían sostenido debates con Lamennais, convirtiéndose en seguidores del exsacerdote. Bilbao puede ser considerado fundamentalmente libertario.[2] El 10 de abril de 1850 Bilbao, Arcos, el escritor Eusebio Lillo y un número de otros republicanos radicales celebraron una sesión con representantes de los zapateros, sombrereros, músicos, y sastres. Forjaron a La Sociedad de la Igualdad (o S.I.) Con su publicación, El Amigo de Pueblo.
El SI fue devoto del concepto de "societarismo", la soberanía completa de la gente y fraternidad universal. Buscaron un proyecto de desarrollo moral, material e intelectual para el artesanado.[3] Promovieron el derecho de la gente a organizarse, algo que supuestamente garantizaba la Constitución chilena pero que ignoraba la élite. El SI requirió la creación de una república real y la regeneración de Chile, [4] que debia ocurrir a través de asociación voluntaria. En octubre de 1850 crearon una escuela para artesanos, con cursos de lectura, aritmética, música, inglés, baile, e historia antigua y chilena. El SI puede considerarse el modelo, en estructura organizativa e ideología, de las sociedades futuras de apoyo mutuo.
La composición educativa y moral marcha directamente a través de libertarianismo chileno de los Igualistas a la CGT de los 1930's. Esto era común a todos los movimientos obreros anarquistas. Al igual que la revolución industrial en Europa, la industrialización en Chile fue muy destructiva para la familia y la sociedad. Las familias campesinas son patriarcales. Por mucho tiempo vivieron como gente que trabajaba la tierra como una unidad familiar y vivian en comunidades de aldea, esto no tuvo demasiadas consecuencias negativas. La proletarización y el residencial cambiaron esta realidad.
El hombre tomaba su sueldo, y los de su esposa y sus hijos y los gastaba como le daba la gana. Sin comunidad que le diera una influencia positiva y con una miríada de vicios de ciudad entre los que escoger, el hombre a menudo malgastaba "su" dinero en bebida o en los dados. Las familias ya pobres se volvieron aun más pobres por ésto y la violencia doméstica floreció.
La temprana industrialización creaba no una clase obrera genuina sino un lumpenproletariado con todas las actitudes irresponsables, violentas y llenas de prejuicios de ese grupo. La sociedad no puede existir donde el lumpenproletrariado predomina, sólo es una selva cuya única ley es "hacer lo que me parece correcto". Tener una sociedad requiere autonomía, solidaridad y apoyo mutuo, todo cuál requiere un sentido de responsabilidad y actitudes democráticas.
El alcoholismo, la adicción a las drogas y la inestabilidad de la familia causaron en los campesinos una profunda incapacidad para adaptarse a la vida urbana y al trabajo.[5] La carencia de educación tenía un efecto negativo en la población obrera pues ensancha el rango de sueldos, debilita la solidaridad y hace a los trabajadores campesinos insensibles a las explicaciones complejas y por consiguiente abiertos a los demagogos.[6] Las organizaciones de trabajadores trataban de crear ciudadanos de clase obrera y los medios para hacerlo era civilizarles.

EL SI BAJO ATAQUE
El Partido Liberal, que había contado con los artesanos entre sus partidarios, no estaba satisfecho con esta competición. Trataron de acoger o destruir el propio SI. y para causar daño les acusaron de comunistas.[7] Ante esta calumnia Franciso Bilbao contestó, ... no somos comunistas y no nos gusta el comunismo, el cuál consideremos un sistema falso ... [8]
La represión vino pronto. Se usó a policías espías y a menudo rompieron reuniones. La Iglesia intervenida denunció al SI desde el púlpito. En una Comisión directiva irrumpieron dieciséis hombres armados con palos y cuchillos y amenazaron con matar a los miembros. Pero los Igualistas pudieron ahuyentarles defendiéndose con ferocidad. Los ataques se extendieron por los barrios populares, dónde el SI tenía muchos partidarios, pero la gente respondió del mismo modo. El gobierno, frustrado en su empeño de apagar de un soplo esta chispa de libertad, lo ilegitimó para llevar armas y así desarmó la oposición. En el rencor de esta represión, el SI tuvo 3000 miembros en Santiago.
La violencia de las autoridades aumentaba. Las casas eran registradas de arriba abajo por el ejército o las pandillas de partidarios del gobierno. Francisco Bilbao se vio obligado a esconderse y muchos Igualistas fueron arrestados, detenidos y torturados. El 20 de abril de 1851 la última manifestación importante del SI en Santiago fue violentamente doblegada por el Estado. Este acontecimiento marcó la muerte de la organización. Había sido una corta pero fecunda vida. El SI sembró en Chile las semillas del ... apoyo mutuo ... [9] Un miembro del grupo, Pablo Muñoz, había formado una rama de la Sociedad de Igualdad en el pueblo de La Serena, donde él enroló a más de 100 artesanos locales. Esta asociación fue menos movimiento político que el SI y más una sociedad verdadera de apoyo mutuo. La Sociedad La Serena es el vínculo entre el SI y el Sociedades Mutuales.

LAS PRIMERAS SOCIEDADES de APOYO MUTUO
La represión de los Igualistas fue parte de una guerra civil mayor que estaba ocurriendo en Chile a la sazón. El ganador de esta lucha desigual fue el General Manuel Montt. Si bien los artesanos fueron derrotados y el país quedó en manos de un dictador, el apoyo mutuo no pasó al olvido. En 1853 los tipógrafos, influenciados por el Mutualista nacido en Perú, Victor Laynez, forjaron la primera sociedad permanente de apoyo mutuo. Su función principal fue proveer servicios médicos para sus miembros. Dos años más tarde una organización similar fue establecida en Valparaiso.
La depresión de 1858 condujo a más desasosiego, la guerra civil y la represión. Los tipógrafos Mutualistas sufrieron pero lograron sobrevivir. La artesanos se pusieron del lado de la facción más cercana de sus ideales republicanos y Montt fue derribado. Jose Joaquin Pérez se convirtió en presidente. Pérez garantizó las libertades ciudadanas básicas escritas en la Constitución chilena. De este punto las Mutuas comienzan a desarrollarse en serio. Debería señalarse que entre las reglas del derecho constitucional estaba el establecimiento de organizaciones de trabajadores como mutuas, cooperativas y asociaciones sindicales. Una gente dependiente de los antojos de un déspota o la oligarquía brutal nunca tiene la libertad y la seguridad para organizar asociaciones duraderas por consiguiente efectivas.
La Unión de Artesanos se formó en 1862 en Santiago. Esta organización inspiró el desarrollo de sociedades en otras partes de Chile. La Unión fue una mutua general para todos los artesanos todos los comercios. Proveyó servicios médicos e intentó crear un taller para los desempleados. Un cometido importante fue la educación, y así fue que la Escuela Benjamin Franklin se formó para proveer el aprendizaje para los artesanos y sus niños. La elección del nombre es significativa. Franklin era un artesano, un autodidacta y adoptó una doctrina republicana enfatizando el esfuerzo propio - algo así como los Mutualistas.
Para 1860 había unas 70 cooperativas, tanto consumidoras como productoras, pero no fueron muy exitosas.[10] En 1863 los zapateros y los sastres crearon sus mutuas. Valparaiso no se quedó muy atrás creando su Sociedad de Artesanos de Copiapo 1864 y en 1866-67 Talco, Chillán y varios otros pueblos establecen sus organizaciones. Los sastres y los zapateros organizaron las cooperativas - trabajadoras que estaban inspirados por el socialista utópico Ramon Picarte.
Las disputas políticas y religiosas dentro de la Mutua Talco dieron origen a un estatuto que permitió a cualquier miembro formar parte de cualquier iglesia o partido y creer en cualquier fe, pero que la Sociedad no discutiría o tomaría partido en tales materias. Este concepto fue universalizado entre las mutuas. Evitaron la disensión y las mutuas podrían enfocar la atención en su cometido verdadero de ayudar a la membresía.

EL CRECIMIENTO DEL MUTUALISMO
A las 1870 había 13 Mutuas [11] pero la depresión económica causó mucho sufrimiento entre los artesanos. Las mutuas tuvieron su importancia en aliviar la miseria - tanto como podían dentro de su manera limitada. A pesar de la desgracia, el apoyo al Mutualismo creció y más sociedades fueron forjadas por comercios individuales. Las ramas de La Unión también se extendieron por más de una docena de ciudades. Además de las funciones usuales educativas, de salud y de bienestar, La Unión creó la Sociedad de Trabajadores Filarmónicos en 1876.
La Filarmónica daba clases de música y baile, patrocinaba obras teatrales y musicales, de recitales, de poesía, corales, y festivales para miembros de la familia. Las Mutuas también formaron sociedades contra el alcoholismo y crearon sus farmacias. No estaban las sociedades de apoyo mutuo restringidas a los trabajadores independientes. Hacia fines del Siglo XIX fueron organizadas mutuas de obreros y empleados administrativos.
Las mutuas crearon un tipo de cultura o sociedad alternativa. Los trabajadores y los artesanos crearon su mundo, un micro-mundo...Dentro de estas sociedades crearon una república paralela ... [12] Tras este micro-mundo estaba la idea de que la sociedad podría ser transformada pacíficamente a través de un proceso civilizador que involucraba la aplicación de la libertad, la mutualidad, la solidaridad, la educación y el esfuerzo propio.
En 1879 las mutuas se agruparon y publicaron El Taller que se convirtió en la voz del mutualismo. En 1880 había 39 sociedades de  apoyo mutuo[13], La Razón, más educativo en naturaleza, apareció en 1884. Tres años más tarde, La Sociedad de Trabajadores para el Apoyo Mutuo fue formada en Valparaiso. Este grupo fue la primera mutua desarrollada específicamente para mujeres.
Juana Roldán fue la más influyente de las líderes mutualistas de mujeres. Ella fue también directora de la Filarmonica José Miguel Infanté. Fuera de esta sociedad en 1888, desarrolló el primer grupo político de mujeres, la Sociedad de Emancipación de las Mujeres. Dos años más tarde Roldan fundó La Fraternidad de ambos sexos a los que se aplicó mejorar la situación de mujeres chilenas, el avance de educación e higiene. Roldan fue también una militante en el Partido Democracia Populista.

POPULISMO MUTUALISTA
El mutualismo se había convertido en que una fuerza importante en Chile y el Partido Radical, representando el ala izquierda de la élite gobernante, trató de tomar el liderazgo del movimiento. Los Radicales tenían un cierto número de partidarios entre la clase obrera y les usaron para restablecer la Sociedad de Igualdad. Fue un "grupo de vanguardia" y nada parecido a la sociedad libertaria de Bilbao y Arcos. El problema para los Radicales fue que sus miembros trabajadores no eran secuaces agudos.
La mutua de tipógrafos se hizo más combatiente en los 1880's, adoptando un tipo de protoanarcosindicalismo. Como consecuencia, tuvieron dificultad en ver su publicación en la calle, El Gutenburg. Los tipógrafos se vieron forzados a usar al pseudo-SI como editor y se encontraron con los Radicales de la clase obrera. Resultó que los Radicales dejaron su partido y se uniéron con los Mutualistas. Este grupo fue el centro del Partido Democracia (PD) formado en 1887. El primer acto del partido fue organizar una campaña en contra de la tarifa en carne de vaca Argentina que estaba fastidiando a la gente. El PD fue la voz política de las organizaciones de los trabajadores y estaba más o menos controlado por las mutuas, de hecho, una facción del PD ... estaba compuesta de anarquistas ... [14] El PD fue un precursor del populismo politico.[15]
La Plataforma de PD incluia; La emancipación política, social y económica del pueblo, la independencia de las municipalidades y la protección de industria. Un estatuto era un preludio del capitalismo de Estado. Pedía la supremacía del Estado sobre todas las asociaciones, asistencia estatal para el cuidado de la salud y los ancianos... El autor de esta cláusula, Malaquia Concha, estaba enamorado del socialismo de Bismarck, habiendo visitado Alemania, él sintió que Chile estaba necesitado de la social democracia alemana. La cláusula de supremacía estatal enfureció a los Mutualistas resultando muchas disenciones. Después de mucha presión de las organizaciones de trabajadores, el estatuto fue descartado. Los elementos autoritarios se quedaron en el partido, formando una corriente social demócrata que se separó para formar el primer partido socialista Estatal efectivo.

Un INTERLUDIO TRÁGICO - BALMACEDA Y GUERRA CIVIL
Ni el PD ni los Mutualistas fueron dejados en paz, pues una guerra civil estalló en 1891, resultando la muerte de 20.000 trabajadores y leyes represivas limitando el derecho a la huelga y a formar asociaciones. La disputa se originó sobre un conflicto entre Presidente Balmaceda, un reformista progresista, y el Congreso chileno dominado por terratenientes reaccionarios. Balmaceda había formado parte del Club Radical de Reforma en 1868 y había profesado muchas de las ideas estimadas por los corazones los Mutualistas. Él creía en esa libertad sagrada y necesaria pues todo crecimiento moral e intelectual del individuo, está opuesto al monopolio, a favor de la libertad de trabajo, la autonomía y buscado limitar la autoridad del estado, descentralizar el poder y crear autonomía provincial.[16]
Que un miembro de la élite como Balmaceda tuviese tales ideas e intentase actuar conforme a ellas, muestra la extensión con la que el radicalismo había empapado a la sociedad chilena. Pero fue derrotado, (encarcelado se suicidó) también muestra la extensión limitada en la que estas ideas fueron aceptadas por la clase dirigente. La derrota de Balmaceda garantizaba un futuro poco prometedor para los trabajadores y Chile perdió una oportunidad convertirse en una sociedad moderna.
Las mutuas lograron sobrellevar este desastre y probaron su valor, desde que fueron la única fuerza operativa que ayudaba a la gente en su aprieto.
Otra vez, a pesar de la violencia y opresión, el movimiento creció. Pero esta vez se levantó una tendencia intensa hacia la federación de la multitud de sociedades.

La FEDERACIÓN NACIONAL
Ya en 1888 las mutuas comenzaron a federarse en niveles de ciudad y provinciales. La llamada a la federación no era enteramente ideológica. El sustento miserable y los bajos sueldos ponían en tensión los recursos de las mutuas locales. Necesitaron agruparse por razones financieras. Esto ilustraba la contradicción del Mutualismo. La mayoría de los trabajadores eran demasiados pobres para ayudarse, y mucho menos para alcanzar el objetivo a largo plazo de una república mutualista. Uno quiere decir que para vencer esta deficiencia había que obtener a la fuerza un alza de los salarios para que los trabajadores pudieran pagar servicios adecuados. Ésta era la solución anarcosindicalista. El método propuesto por el PD fue hacer al patrono pagar los cargos mutuales de los trabajadores. Los socialistas autoritarios querian despojar a las mutuas de sus derechos y rechazar el programa de asistencia social por una burocracia Estatal. Luis Recabarren, portavoz de los autócratas ... urgió oposición absoluta para las iniciativas anarquistas ... [17]
El 23 de septiembre, 1894 todas las organizaciones mutualistas en Chile enviaron delegados a Santiago donde formaron a la Confederación de Trabajadores que más tarde se convirtió en el Congreso Social Obrero, (CSO) Chile ahora tenía una federación nacional de sociedades de apoyo mutuo. En 1900 había 240 Mutuas, [18] en la comparación con las 39 de hacía 20 años, muestran el crecimiento espectacular del movimiento. Las mutuas bajo el CSO no organizaron solamente las actividades usuales de educación y seguros sino que también lucharon por leyes sociales y protestaron por el costo de vida. En 1925 el CSO y varias federaciones más pequeñas se unieron a formar la Confederación Nacional Mutualista que tuvo más de 100.000 miembros.
Dejamos a las mutuas en este punto, (regresando más tarde) no porque no fueran importantes o hubieran sido superadas. Una fuerza libertaria nueva entró en la escena histórica. Éste fue el anarquismo revolucionario, un movimiento más ideológico, más fuerte, un movimiento que enfatizaba la acción directa y el cometido de largo plazo - la abolición del Estado y el capitalismo – en un grado mayor que el mutualismo. Uno, sin embargo, no debería caer en el error de tratar el desarrollo de los movimientos laborales y populares como temas de "evolución social". Tal evolucionismo es favorecido por historiadores de orientación marxista que reclaman un desarrollo progresivo del mutualismo antidiluviano, al anarcosindicalismo primitivo, de ahí al sindicalismo finalmente ( ¡la fanfarria por favor! ) moderno y declarado socialista. Este esquema es poco más que la racionalización de su política.
El mutualismo no fue una "etapa historica", sino idealmente adecuado al trabajador independiente. Desde que los artesanos y los comerciantes fueron un sector importante de población chilena, el mutualismo persistió. Y el anarquismo no fue un primitivismo semiproletario, pues los anarquistas chilenos fueron trabajadores y no artesanos o proletarios ... [19] El Sindicalismo no “evolucionó" en su existencia, sino que fue reemplazado por alguna forma "más alta" de asociación sindical. Que el movimiento hizo errores no hace falta decirlo, pero fueron mayormente inspirados por autócratas del ala izquierda y derecha.

ANARQUISMO REVOLUCIONARIO
El Comienzo de la Industrialización
El período de industrialización en Chile (1890-1910) vio un crecimiento del 50 % en la fuerza laboral. Mientras los sueldos aumentaron, y lo mismo hizo la inflación en una tasa aun mayor, causando una caída de los salarios reales y por lo tanto empobrecimiento. En el período 1911-25 los trabajadores gastaron el 97 % de su ingreso en las necesidades básicas .[20]La industrialización en Chile vio los mismos horrores que la Revolución industrial en Inglaterra en los barrios bajos, enfermedades, una alta tasa de mortalidad, de prostitución, de ebriedad y de familias rotas.
Esta miseria estaba acompañada por un nivel de brutalidad de parte de la élite que el trabajador británico o americano nunca experimentó.[21] Una fina banda de capitalismo fue impuesta en una sociedad esencialmente feudal en sus actitudes. El capitalismo requiere el concepto de ciudadanía - libertad individual, maximizando su ventaja en un intercambio racional. Alguien a quien se le garantiza la vida y la propiedad bajo un orden jurídico. Esto existió sólo en una forma muy rudimentaria, si acaso, en Chile. La élite no consideraba a los trabajadores y campesinos como ciudadanos sino como "ganado humano” y si este “ganado" pedía sus derechos, pues bien, ¡los liquidaban con una pistola Hotchkiss!
Al mero comienzo de esta era (1890) 100 trabajadores del nitrato en Iquique fueron fusilados por el ejército. Su "crimen" era ir a la huelga. La huelga de los marinos de 1903 vio al menos 40 trabajadores muertos. Durante la "la Semana Roja" de octubre de 1905, una protesta contra la inflación en Santiago, 200 personas fueron masacradas por las tropas. El peor ejemplo de esta crueldad fue la matanza por ametrallamiento de 2500 trabajadores del nitrato en Iquique en 1907, conocido como la Santa Maria Massacre como el patio de la iglesia donde la matanza tuvo lugar. Dado este catálogo de horrores, no es de extrañarse que muchos trabajadores chilenos se sintieran atraídos por una forma más militante de libertarianismo.
La influencia revolucionaria más temprana anarquista vino de la literatura radical argentina. El primer núcleo anarquista fue organizado por un Bakuninista español, Manuel Chinchilla. Carlos Jorquera, el primer anarquista chileno, fue influenciado por Chinchilla. Estos anarquistas fueron se asociaron con la Unión de Tipógrafos. En 1892 formaron los Centros de Estudios Sociales y un año más tarde el primer periódico anarquista, El Oprimido. Jorquera forjó la Unión Marítima. El primer intento de federación de sindicatos en Valpariso, FUPTS, fue iniciativa de anarquistas. Otros anarquistas que estaban dentro del CSO produjeron El Grito del Pueblo en 1896. Un año más tarde, había más de 100 anarquistas organizados en Santiago y Valparaiso. Las escrituras de Kropotkin y Bakunin aparecieron en forma de folleto.
Mientras las influencias venían del exterior, el anarquismo chileno fue esencialmente indígena y no estaba sujeto a la hostilidad antiinmigrante de la población local. Ser indígena era pragmático, no gastar energía en disputas doctrinales o aventuras suicidas como los soviets en Argentina o la revuelta brasileña de 1918. Los anarquistas chilenos fueron por consiguiente no tan ideológicos como los de los otros países latinoamericanos y si bien sufrieron en la mano de las autoridades, ... no se achantaron por la represión ... [22]
La mayor parte de estos primeros anarquistas eran jóvenes obreros cualificados que habían sido mutualistas. Favorecieron una retórica carnal y violenta en sus ataques contra la corrupción y las iniquidades de sociedad chilena. Como el periódico semanal de Santiago, La Tromba en 1898, Ninguna cosa quedará de la basura política, económica y religiosa de esta sociedad sodomítica...Todo se destruirá. O, el mismo año en El Rebelde, Nos limpiamos las nalgas con el papel con el que usted escribe en letras de imprenta sus leyes ... [23] Por esta última declaración que las autoridades cerraron el periódico y encarcelaron al editor. Dos anarquistas importantes del período formativo fueron Magno Espinoza, el rebelde y el sindicalista, Alejandro Escobar. En 1900 aparece la publicación teórica, El Acrata. ( Acrata significa "opuesto a la sociedad".) La visita anarquista italiano Pietro Gori en 1901 también contribuyó al desarrollo de anarquismo chileno.
De 1900 para 1910 los anarquistas fueron el mejor organizado de todos los grupos radicales. Estaban fuertemente implantados en oficios como tipógrafos, panaderos, zapateros, y los trabajadores portuarios de Valparaiso. Habia mineros del carbón anarquistas en Concepción. Escobar fundó la primera Sociedad de Resistencia (SR) importante, la Unión de Carpinteros, que jugó un papel principal en la Huelga General de Santiago de 1907. Los anarquistas formaron la Federación de Tipógrafos en Santiago en 1902 que tuvo 7000 miembros.[24] Un primer intento en formar una federación anarcosindicalista ocurrió en 1906 con la formación de la FTCh, la Federación de Trabajadores de Chile. Los anarquistas también dirigieron la Federación de Zapateros que ayudó a organizar FOCH, la primera federación del nacional exitosa.
Con la desintegración de las sociedades de resistencia después de 1904 el movimiento anarquista tuvo una decadencia temporal. El movimiento Mancomunal no fue específicamente anarquista pero algunos anarquistas tuvieron posiciones importantes en él. Después de 1905 la huelga general fue generalmente aceptada por los anarquistas. El periódico anarquista más importante del posterior período fue La Batalla fundado en 1913 hasta que fue reprimido en 1925.
Muchos jóvenes intelectuales fueron atraídos por el anarquismo, especialmente después de 1ª GM. La universidad y los estudiantes de universidad organizaron la Federación de Estudiantes chilenos (FECH) como una unión anarquista. Algunos líderes anarquistas importantes del período de Posguerra fueron Manuel Rojas, un novelista que estuvo más tarde en el IWW, el escritor, líder Eugenio de Gonzales-Rojas, Juan Chamorro, del marinero y de líder de IWW, y Augusto Pinto, principal de la Unión de Zapateros.

OTRO TIPOS DE ANARQUISMO
 
  • En 1904 Colonia Tolstoyana fue formada por Augusto D'Halmar – era una colectividad campesina de la tierra. La colonia falló debido a su naturaleza impráctica. Una colonia Tolstoyana existió en Santiago también y publicó La Protesta Humana.
  • El único intento de asesinato anarquista fue por un español, no un chileno, en contra del General Renard, responsable de la masacre de Santa Maria.
  • Las publicaciones del Anarco-comunistas incluyeron a La Accion Obrera en 1915 y La Defensa en 1916. La Alianza de Zapateros y los IWW optaron por el anarco-comunismo en los 1920's, como hizo la CGT en 1932
  • Los anarquistas influenciaron a la Union Femenina en 1922
  • Los anarquistas formaron clubes culturales en 1920 llamados Centros Libertarios.

LAS SOCIEDADES de RESISTENCIA

Las Sociedades de Resistencia (SR) estaban inspiradas por anarquistas e influenciadas por el movimiento argentino. Una polémica sucedió entre los Mutualistas y las SR. Los mutualistas excluyeron a los SR de su afiliación en su conferencia de 1901, pero las Mutuas acturon como sociedades de resistencia igualmente. La primer SR se formó en 1898 por empleados del ferrocarril. Al poco tiempo los grupos establecidos entre zapateros, mineros, tipógrafos, panaderos y carpinteros. Escobar y Espinoza fueron importantes en el desarrollo de las SR. Las sociedades fueron concentradas en Chile Central y encontradas principalmente entre los trabajadores industriales. En 1900 había 30 de ellos. Este número creció hasta 433 en 1910, con una membresía total de 55.000.[25]Las SR eran descentralizadas, de liderazgo rotante y practicaban la autonomía. Fuera de las SR salieron una serie de publicaciones; El Alba (para mineros de carbón), El Obrero Libre y La Agitacion. Durante este período, y hasta los 1920's, los trabajadores lucharon para reducir la jornada de trabajo a ocho horas y se opusieron a abusos tales como la “tienda de la compañía” y el uso de pagarés como paga. Querían un salario realmente efectivo que pudieran gastar donde quisieran.
Los primeros trabajadores en ganar una huelga fueron los tipógrafos. Las huelgas esta vez eran guerras civiles desde que los patrones rehusaban negociar y podrían subvertir huelgas con esquiroles y matones armados. Los trabajadores rompían las máquinas y algunas veces hizo erupción el amotinamiento y el pillaje. Las leyes laborales tuvieron poco efecto y trabajadores y jefes preferían que el gobierno se mantuviera fuera. Las mejoras de los ingresos o en las condiciones laborales durante este período eran el resultado de la acción directa en el trabajo. Algunas huelgas fueron exitosas y los intentos de recortar los sueldos quedaron en nada.
En 1890 los marineros de Iquique fueron a la huelga, exigiendo el pago de sueldos en plata, no en papel sin valor. La huelga de marineros dio lugar a una ola de desasosiego involucrándolos con los mineros de nitrato y los trabajadores de más al sur. Los marineros ganaron la huelga, pero 100 trabajadores de nitrato fueron heridos por la tropa durante una manifestación. Las mujeres de Valparaiso se amotinaron por el precio elevado de los bienes y 50 de ellos fueron matadas por los militares.[26]
La conflictividad laboral ocurrió en toda la siguiente década, alcanzando un pico en 1907, con una marcha de 30.000 trabajadores y sus familias a través de las calles de Santiago. Una intentona de huelga general fue quebrada, parando momentáneamente la rebelión. La huelga general falló por una falta de coordinacion entre las Sociedades de Resistencia. Este error fue rectificado en el futuro. Calculemos cumulativamente las dificultades para los huelguistas, como la depresión de 1907 y la masacre en Iquique que, como uno adecuadamente puede imaginar, desalentó cualquier entusiasmo de la militancia.
El período 1909-1914 vio la reconstrucción de las Sociedades de Resistencia y mantuvo el crecimiento de las mutuas.  Muchos trabajadores se retiraron a las mutuas después de la disolución de sus uniones. Pero esta retirada no duró, se derivó como la afiliación sindical de 65.000 en 1909 a 90.000 en 1913.[27] la influencia anarquista en Valparaiso y Santiago fue mayor que en toda la historia, y los Anarquistas, a través de sus sociedades de Resistencia...El unionismo obrero se mantuvo vivo en Chile en 1905-1916.[28]
A pesar de la represión, en 1909 los trabajadores eran muy activos, con 29 huelgas que implicaron 200.000 obreros.[29] Una vez más, la ola de militancia fue sólo temporal. La depresión que ocurrió inmediatamente tras el arranque de la 1ª GM, causó dificultades a los trabajadores y por consiguiente una pérdida de fuerza de las uniones. Los anarquistas cambiaron la dirección y formaron uniones de arrendatarios para reducir rentas. No tuvieron éxito en este empeño, pero ... formaron la base para las futuras uniones de arrendatarios en los 1920's.[30]

LOS MANCOMUNALES
Las (Hermandades) Mancomunales salieron del movimiento mutualista y sirvieron como sociedades de apoyo mutuo y asociaciones sindicales. Su función principal defendía a la membresía, pero también se lanzaron cooperativas. Las Mancomunales fueron influenciadas por las Resistencias y las Mutuas. Enfatizaron en la mejora de las condiciones de trabajo y de la seguridad, la educación de miembros y la oposición al alcohol, juegos de azar y prostitución. Los fondos para estas organizaciones nunca ... fueron fraudulentamente utilizados sino gastados en escuelas, bibliotecas, periódicos y apoyo mutuo durante la enfermedad.[31]
Las Hermandades se federaron. En 1904 se formó en una reunión en Santiago la Gran Mancomunal de Obreras con 20.000 miembros, secciones en 16 ciudades y 11 publicaciones. Mientras las Sociedades de Resistencia eran locales, las hermandades fueron organizadas en una base territorial, aunando oficios diferentes, primero en un nivel local, luego nivel provincial y finalmente nacional. Fueron las primeras asociaciones sindicales verdaderas en Chile.[32]
Las Mancomunales usaron la acción directa y permitían un nivel mayor de organización y solidaridad que las Sociedades de Resistencia. El primer mancomunal se formó en 1900 en Iquique, de los esfuerzos de anarquistas, trabajadores portuarios y pronto tuvo 6000 miembros - la mayor parte de los trabajadores del nitrato y marítimos en el Norte.[33]Sus publicaciones incluyeron al Trabajo de Iquique y El Maritimo de Antofagasta. La Mancomunal de Iquique organizó el Partido Mutualista en 1900 y produjo un periódico, El Obrero Mancomunal. Una huelga de la hermandad de Iquique en 1902 cerró el puerto 60 días. Los huelguistas fueron sustentados por el PD así como también otras agrupaciones de trabajadores. Todas las principales huelgas en el norte (el área de Nitrato) se debieron a los mancomunales.[34] Por desgracia, casi se extinguieron después de la represión militar y la depresión del 1907. La trapacería política involucrando a los Partidos Radical y Socialista no ayudó. Las confraternidades renacieron en 1916-18 y estuvieron involucradas en la creación de la Federación Chilena de Trabajadores.

ESTUDIANTES ANARQUISTAS Y MAESTROS
FECh, dirigido principalmente por anarquistas y IWW, enfrentados por la reforma del sistema universitario - proponiendo autonomía de universidad, la extensión del sistema universitario y una revisión de metodología educativa. Una huelga estudiantil se vio llamada a luchar por estas reformas. Tuvo mucho apoyo hasta que el gobierno consiguió dividir a las bases. El FECh fue tomado por los Comunistas en 1932 y la influencia libertaria decreció. La Asociación de Maestros formada en 1922 fue fuertemente mutualista y tuvo influencia anarquista y de IWW, como hizo la Sociedad de Maestros de Escuela primaria fundada en 1915. Como la unión de estudiantes, las organizaciones de maestros fueron a dar a las manos Comunistas.

ANARCOSINDICALISMO
Los anarcosindicalistas resultaron ser el elemento más dinámico y exitoso en la clase obrera de 1902 a 1927.[35]
Dividir a los libertarios militantes entre "anarquistas" y "anarcosindicalistas" en este período no es particularmente exacto. El movimiento anarquista organizó las primeras asociaciones sindicales militantes. Muy pocos anarquistas del período anterior a 1920 fueron antisindicalistas, pues los anarco-comunistas de línea dura e individualistas eran pocos en número. Sin embargo, antes de 1ª GM el movimiento laboral había estado fragmentado (a pesar de los intentos anarquistas para lo contrario) y sólo en 1919 vemos una federación sindicalista de masas originándose en Chile. Así, podemos caracterizar este período más reciente como un tiempo de desarrollo del anarcosindicalismo.
Al igual que las Mutuas y mancomunales, las uniones sindicalistas no trataron solamente de sueldos y condiciones de trabajo, sino que también enfatizaron ocio y actividades culturales y percibieron una necesidad deslumbrante de entretenimiento.[36] Los anarcosindicalistas organizaban una plétora de conferencias, conciertos, bailes, juegos y encuentros deportivos.
Durante la huelga general de Valparaiso en 1913 se formó un comité central de todas las diversas uniones. Esta huelga fue la más significativa de este período y con su sentido de organización fue un preludio de los métodos de anarcosindicalistas futuros. Los empleados del ferrocarril organizaron la Gran Federación de Trabajadores en 1909 como Mutua. Cinco años más tarde, los mancomunales y sociedades de resistencia fueron desarticuladas totalmente por el gobierno y a estos grupos se les permitió unirse a la "Gran", que cambió su nombre por Federación Obrera Chilena. (FOCh) De la unión resultó un grupo paraguas que contenía todas las tendencias - mutualista, populista, anarquista y socialista, así se convirtió en la primera confederación nacional verdadera de sindicatos. Como la militancia aumentaba, el FOCH se radicalizó.
Luis Recabarren y otros socialistas del PD se desligaron para formar la Partido Socialista Obrero. Desde 1912 - los anarquistas se encontraron en disputa con una tendencia fuertemente marxista que trataba de tomar el control del movimiento obrero y canalizar el rumbo al Capitalismo de Estado. El área principal de actividad laboral Socialista era organizarse dentro de FOCh. Atacaron al mutualismo como amarillo y contrarrevolucionario, y como los monos de las organizaciones de trabajadores.[37] Los Socialistas tuvieron éxito al dividir al FOCh en dos facciones, una adicta a la acción directa y la otra al mutualismo. Había en esta época por encima de 338 sociedades mutuales con un total de 98.000 miembros. Ésta era mayor que la membresía de las asociaciones sindicales. La oposición al movimiento mutualista dividió la población e hizo mucho daño. Una división desgarró el movimiento popular y desorientó a la clase obrera...La pérdida es la falta de comunicación entre lo "tradicional" y "moderado" con el movimiento popular, dando origen a consecuencias graves desde el punto de vista de la autonomía gremial y unidad.[38]
La facción militante de la FOCh, una alianza de anarcosindicalistas y socialistas estatistas llevaba ventaja. En 1919 la unión adoptó principios anarcosindicalistas y una estructura federal regional. El FOCh tenía aproximadamente 60.000 miembros. Pero el FOCH sindicalista tuvo corta vida, pues quedó pronto bajo el control de los Comunistas.
La mayoría de asociaciones sindicales fuera de FOCh en el 1917-1922 de período fueron también de anarcosindicalistas. Sin embargo, la ideología no era considerada tan importante como el sindicalismo práctico. La estabilidad y el éxito de la unión estaban por encima de consideraciones ideológicas.[39] Este sindicalismo práctico fue también muy combatiente. Entre 1916 y 1921 hubo 13 huelgas generales, 29 huelgas intersectoral y 259 huelgas por todo lo ancho en la industria.[40] Durante este período y varios años después, los anarquistas gozaban de más prestigio entre los trabajadores en Santiago y Valparaiso que los marxistas ... [41] Se fundaron numerosas publicaciones para exponer la filosofía libertaria. Por nombrar unos cuantos, Verbo Rojo, Inspiración creativa, Accion Directa, (La publicación de IWW) y Mar y Tierra.
El costo de vida era un asunto principal. Como consecuencia, se originó un movimiento sin precedente para la unidad popular, aunando a los anarquistas, FOCh, uniones católicas, populistas, socialistas, sociedades mutualistas, profesionales, estudiantes y las clases medias. Llamado la Asamblea Obrera de la Alimentacion (AOA) que señaló el nivel más alto de unidad popular en la historia chilena. La AOA pedía la abolición de impuestos y obligaciones en los alimentos y la formación de mercados gratuitos de agricultores en las ciudades. Las demostraciones atrajeron a más de 100.000 personas en Santiago en 1918 y a 50.000 en Valparaiso en 1919. La huelga general fracasada de la FOCh en Santiago debilitó a la AOA y el movimiento fue incapaz de empujar conseguir reformas. La coalición rápidamente se hizo pedazos. Los anarquistas chilenos nunca más podrían organizar una coalición tan vasta, por culpa de los comunistas - el sectarismo imposibilitó tal unidad.

LOS IWW
Los IWW chilenos se formaron primero en Valparaiso en 1918 por anarquistas trabajadores de los muelles disconformes. Los miembros de la Unión de Trabajadores del Transporte Maritimo de los IWW americanos se encontraron con los trabajadores chilenos de los muelles y los marineros de la ciudad portuaria. Juan Chamorro quedó desilusionado de FOCh, pensó en la apuesta de los IWW por el federalismo y ayudó a organizar el nuevo centro de la unión. Se desarrollaron ramas también en Iquique y Antofagasta. En una convención nacional en 1919, los IWW chilenos quedaban constituidos y pronto expandidos a 19 ciudades. La membresía total ascendió a unos 10.000 en este periodo.[42]
En 1920 los IWW dirigieron una larga huelga de 3 meses para protestar por la exportación de grano durante una escasez de comida. El gobierno reprimió a los IWW y a los anarquistas, llegando inclusive a intimidar a los Wobblies con una bomba. Fracasaron en destruir el movimiento. Los IWW chilenos se unieron a la AIT en su formación en 1922. Con el calor en los talones de la depresión de posguerra en 1920 los patrones se lanzaron a la ofensiva y en 1921-23 dieron duros golpes a las alianzas. Hubo una masacre en San Gregorio el 4 feb 1921 con 565 de mineros de nitrato muertos.[43] Aunque los miembros de IWW no estuvieran involucrados, esto da una idea de la situación en la cual los trabajadores vivían a la sazón.
Aunque cooperando fácilmente con los IWW, la mayoría de uniones anarquistas no se unieron a la organización por miedo de perder su autonomía. En 1924 los IWW adoptaron el anarco-comunismo y descentralizaron radicalmente su estructura. Pero esto no preservó la unión. En los combates entre Comunistas y anarquistas, los IWW perdieron a muchos miembros que fueron a los sindicalistas excepto los de San Antonio y Valparaiso. La dictadura de Ibañez ayudó a destruir a los IWW. Los Wobblies renacieron brevemente en 1942-45. Una de las causas de la disolución de los IWW fue la disputa entre una estructura regional (federal) y estructura unitaria en la unión. Los trabajadores portuarios, los panaderos e tipógrafos se unieron para formar una nueva organización llamada FORCh.

ANARQUISTAS CONTRA COMUNISTAS
En 1921 los Comunistas bajo Recabarren tomaron la FOCh y una comenzó batalla entre los bastidores libertarios y autócratas del movimiento laboral. Esta lucha puso a las uniones Comunistas a un lado, y a los IWW y los Anarquistas por otro. Los Comunistas atacaron y golpearon a los anarquistas en una marcha en Valparaiso en 1923, un acto típico de sus métodos. La prensa del PC calumnió a los anarquistas y a Wobblies como "agentes de la policía y fascistas" - otro método normal en su repertorio. Esta matonería no fue un incidente esporádico, sino parte de una conspiración mundial para tomar o destruir a las asociaciones sindicales democráticas y libertarias. El FOCh se convirtió en una herramienta del PC y los oficiales poco comunistas fueron expulsados. Muchas uniones de la izquierda no comunista abandonaron la federación y ésta quedó gravemente debilitada.
Recabarren y sus partidarios no rompieron la unidad popular menos de tres veces - primero separando a los Socialistas de los populistas, segundo fragmentando el movimiento de trabajadores en mutualistas y militantes sindicalistas, y tercera parte convirtiendo al FOCh en una vanguardia Comunista.
El PC impuso un “fino ajuste ideológico" en el movimiento laboral, que hasta ahora, había mostrado poca inclinación hacia la tontería sectaria y la violencia entre grupos. Así para 1924 Comunistas, Wobblies, Anarcosindicalistas, Demócratas y católicos ... se habían definido ideológicamente ... y la unificación del movimiento laboral se convirtió en imposible.[44] Otra vez, la manipulación del PC no fue solamente un fenómeno chileno. Antes del bolchevismo, los movimientos de protesta obreros de todo el mundo, a pesar de cualquier diferencias que podrían tener, se veían pertenecientes a la misma familia. Los trabajadores fluian por organizaciones diferentes, o forman parte de varias diferentes. Este pragmatismo fue reemplazado por el abuso y el odio - el último resultado del cual, fue la destrucción del movimiento laboral.

La REPRESIÓN Y LA HAZAÑA DE 1927
Alessandri ganó la presidencia en 1920 en una plataforma de reforma seudopopulista, sin embargo, los cambios deseados no se materializaron. El ejército se sublevó en enero de 1925, insistiendo en que las reformas tuvieran lugar. Su cometido en este punto, era cooperar antes que reprimir al trabajo. Alessandri dimitió y huyó del país. Una junta de almirantes y coroneles gobernaba. Un golpe de Estado por los Coroneles Marmaduke Grove y "Paco" Ibañez resultó en que Alessandri fue invitado a gobernar otra vez. El número de huelgas aumentó, alcanzando un pico en mayo. La mayor parte de estas huelgas fueron provocadas por uniones anarquistas y no por la FOCh.
Los trabajadores de la mina Marusia en marzo de 1925, temiendo una matanza por parte del ejército, se defendieron con fusiles y dinamita, matando a 36 soldados.[45] Esta fue una de las pocas veces que los trabajadores pasaron a la ofensiva y no fueron simplemente víctimas del Estado. Alessandri resolvió poner freno a las huelgas y el 4 de junio fueron cañoneados por la tropa unos 6-800 mineros de nitrato en La Coruña. La prensa anarquista fue clausurada y hubo arrestos masivos en Iquique y otras ciudades. La represión de gobierno trajo la ola de huelgas de 1925 a un fin repentino. En septiembre Alessandri dimitió otra vez, quedando el poder en las manos de Ibañez quien se convirtió en un dictador. Su mandato fue "legitimado" en 1927 a través de una elección presidencial.
El movimiento laboral se empezó a debilitar después de la represión de 1925. Pero el gobierno no fue la única causa de éste. La economía estaba en depresión y la unidad de los obreros había sido quebrada. Las organizaciones de trabajadores estaban partidas de seis formas - Comunistas contra Anarquistas, federalistas contra sindicalistas industriales y mutualistas contra sindicalistas. Los Comunistas, por todas sus maquinaciones, estaban en peores condiciones que los anarquistas, así el FOCh perdió la mayoría de su apoyo.
El gobierno aprobó una ley de seguro social demandando pagos obligatorios al estado. Las mutuas despertaron, dándose la mano con los sindicalistas en un intento de derrotar la legislación. La campaña fracasó porque la FOCh del PC rehusó apoyar la Huelga General del 20 de febrero de 1926 llamada en contra de la institución del seguro social de gobierno.
Una nueva central, la Federación Regional (FORCh) de Trabajadores, fue establecida en 1926 compuesta de disidentes de las uniones de anarcosindicalistas y de IWW. La unión aunó los conceptos regionales y los de sindicato industrial. El FORCh no tuvo mucho tiempo para organizarse. El 23 de febrero 1927 el Coronel Ibañez formalmente abolió el movimiento laboral y las oficinas de la unión fueron asaltadas, los grupos anarquistas fueron desbandados y todas sus publicaciones cerradas.

IBAÑEZ Y EL ESTADO CORPORATIVO
La vista generalmente aceptada es que la decadencia del movimiento anarquista fue un resultado de la represión del régimen Ibañez. Pero la clase obrera había sufrido de lejos más que antes y se había hecho más fuerte que nunca. La naturaleza descentralizada del obrerismo chileno dificultó su destrucción. Había sido machacada y renacida otra vez en 1907, 1914, 1920 y 1925. A todo esto, 978 personas fueron arrestadas e internadas por el régimen de Ibañez y sólo el 12 % de éstas era anarquistas, los comunistas eran los más numerosos de ese grupo. Ni hubo ninguna masacre. Durante la dictadura, funcionaron las uniones de tipógrafos anarquistas y de estibadores y los anarquistas marcharon abiertamente durante la manifestación del 1 de Mayo de 1928. Se organizaron huelgas y apareció el periódico Rebelión. Alguna otra cosa tuvo que ser el responsable de la derrota, pues los efectos de la persecución eran de importancia secundaria comparado con las consecuencias de las políticas sociales del gobierno..[46] Muchos anarquistas optaron por el corporatismo y el movimiento quedó dividido y se debilitó.
Ibañez era un "Paco", (un término rudo para los miembros de los Carabineros o el Policía Estatal) y como los pacos venian de planos humildes, él tenía alguna simpatía para los trabajadores. Pero esta simpatía se plasmó en el corporatismo en vez del anarcosindicalismo. Ibañez y sus oficiales asociados no eran conservadores que desearan un regreso a las relaciones laborales feudales, sino que querían un Estado corporativo para proveer de mejoras a los trabajadores y también integrar las uniones en la estructura estatal. Ellos, como Juan Perón, eran fascistas en el sentido genuino de la palabra.
Como un primer paso hacia la creación de un Estado corporativo, Ibañez decretó una serie de leyes sociales, la legislación que había estado en boca de todo el mundo hacía unos años, solo que nunca se puso en marcha debido a la oposición de la oligarquía. Él entonces convocó una elección y los trabajadores le apoyaron abrumadoramente a él. (Ganándose el 74 % de la votación.) La aplastante victoria es comprensible dado esta era la primera vez que un gobierno había hecho algo sustancial para ayudar a la clase obrera. El nuevo estado también creó así las llamadas uniones legales. Las leyes bajo las cuales estas uniones se les obligaba a funcionar ilegitimaron muchas uniones anarquistas. (Una de las restricciones era que las uniones tenían que ser estricamente no-ideológicas). Esta medida fue minar al movimiento anarcosindicalista.

El ANARQUISMO Y CORPORATISMO
Dos tendencias principales existían dentro del anarcosindicalismo. Una de estas era el sindicalismo revolucionario, la otra era el "sindicalismo puro" o la tendencia gremialista. Sin embargo, las distinciones no eran demasiado abruptas. El sindicalismo puro buscaba mejoras inmediatas en los sueldos y las condiciones de trabajo y no estaba preocupado con revolución o sus cometidos finales. Este grupo maximizaba las actitudes antiideológicas y antipolíticas encontradas generalmente dentro del sindicalismo chileno, rechazando la ideología y la política mayormente por miedo de quebrar la unidad de los trabajadores. Ibañez se dio adecuadamente cuenta de las diferencias entre los puros y los revolucionarios y se aprovechó de estas diferencias.
Sin embargo, las actividades sindicalistas, a pesar de la declarada ideología, involucraban mejoras inmediatas de la situación de los trabajadores y no justificaba la existencia de un principio revolucionario dentro de las uniones.[47] La revolución era por consiguiente algo para el futuro, no de ahora, y esto resultó en una actitud apolítica y una concentración en lo cotidiano. Los anarquistas revolucionarios y no-revolucionarios a menudo terminaban sonando y actuando exactamente igual. Además los versados ideológicamente anarquistas revolucionarios, eran pocos en número y existía una vaguedad general de principios dentro del movimiento laboral. Así, las uniones anarquistas quedaron reducidas a organizaciones que luchaban por mejorar las condiciones y para muchos militantes el "cometido final" quedó reducido a la formación de un movimiento sindical puro, poderoso, democrático y unificado, la revolución quedó reducida a la vida interna de la unión.[48]
Antes de Ibañez, todas las mejoras en las condiciones de trabajo vinieron a través de las huelgas. Los anarquistas se oponían al proceso legislativo y esto reflejaba la realidad de su tiempo, el gobierno oprimía a los trabajadores. Sin embargo, las leyes sociales Ibañez cambiaron esto. Para los puros las nuevas leyes se vieron como una herramienta efectiva para ayudar a oponerse a los capitalistas, pero no aceptaron la "armonía de intereses", ideología de corporatismo. Mientras pocos anarquistas, si alguno, fue corporatista, entonces estaban dispuestos a aceptar lo qué pensaban que eran sus beneficios. La idea anarcosindicalista de una economía controlada por las uniones tenían similaridades superficiales con el corporatismo, lo que provocó bastantes confusiones a muchos trabajadores.
Así, la sección más grande del movimiento anarcosindicalista, los puros, fue barrida hacia la estructura de "unión legal". Los puros no parecieron pensar en ésta ruptura con la ideología del pasado y en la mayor parte de casos, vemos una coherencia en las acciones y las palabras antes y después de  la apariención  de las reformas de Ibañez.[49]
No sólo el movimiento unionista fue afectado por el corporatismo. Causó disputas dentro del movimiento Mutualista igualmente. La dirección de la Confederación Mutualista quiso que la membresía se manifestara en apoyo de Ibañez en 1927. Muchos miembros fueron los que se opusieron, pues el corporatismo era un peligro para el movimiento mutualista, quitandoles la razón de su existencia. Una parte mutualista compitió en la elección de la Confederación para "salvar el movimiento de la política" La sección ganó la elección, pero luego cambió y también sustentó a Ibañez.

LA DECADENCIA DEL ANARCOSINDICALISMO
Los anarquistas nunca se recuperaron totalmente de Ibañez y de su Estado corporativo. Si bien se reagruparon en 1931-32 para forjar una nueva federación sindicalista, y aunque eran aún más poderosos que los Comunistas, habían perdido su papel de liderazgo. La central más grande de las uniones eran las uniones legales, la Confederación Nacional de Uniones Legales, organizada en 1932 de dos diferentes federaciones de uniones legales.
Los Legales excedían en número a los anarquistas revolucionarios en más de cinco a uno. El Partido Socialista pronto llegó a dominar las uniones legales, muchos militantes socialistas eran antiguos anarcosindicalistas puros.
En 1931 fue forjada la Confederación General del Trabajo (CGT), uniendo los restos de IWW con FORCh y otras varias uniones anarcosindicalistas. En vez de basarse en el concepto del sindicato industrial de IWW, la CGT adoptó el regionalismo de la central anarcosindicalista argentina, la FORA. La nueva federación tuvo 25.000 miembros incluyendo algunos de los trabajadores más cualificados y altamente pagados de Chile.[50] Las 35 uniones diferentes incluian a los Carpinteros, los Electricistas, y Editores. La publicación de CGT fue La Protesta, la cual se convirtió en el periódico libertario más importante en Chile. Los Comunistas intentaron revivir la FOCh pero no tuvieron tanto exito como los anarquistas con la CGT. En 1936 la CGT todavía tenía 15.000 miembros con federaciones en 10 ciudades y afiliados en cuatro más.[51] Tuvieron algún éxito en acortar la semana laboral y subir los sueldos. Otras uniones anarquistas permanecieron independientes de la CGT, como la Unión de Yeseros quien tuvo su propio periódico - publicado hasta 1955.
En 1936 las uniones Comunistas, Socialistas, independientes, legales y la CGT se reunieron para forjar una nueva federación. La CGT rehusó asociarse. No por miedo de la dominación Comunista, sino por oposición a las "uniones legales". El PC, los Radicales y los Socialistas respaldaron a las uniones legales y así es que el grupo más grande de trabajadores organizados fue a llenar el bolsillo de los partidos políticos y no como aliados de los sindicalistas.
En 1946 la CGT era una mera concha de su anterior fuerza. Parte de esta decadencia se debia al hecho de que la CGT sufrió más represión que cualquier otra unión. Muchos de los pobres que apoyaron sus campañas en contra de los impuestos, las altas rentas y la inflación se vieron abrumados por las victorias del Frente Popular en el gobierno y abandonaron a los anarquistas. La absorción por los partidos de las "uniones legales" también los socavó. En su congreso de 1931 la CGT votó a favor del comunismo libertario como objetivo final del movimiento. Propusieron un acercamiento ideológico en el momento mismo en que la tendencia dominante dentro del anarcosindicalismo chileno iba en sentido inverso.
Virtualmente todos los sindicatos de obreros de Chile se juntaron en 1953 y forjaron el Central Unida del Trabajo (CUT). Esta vez la CGT se asoció. El ejecutivo del CUT en 1953 tenía a cuatro anarquistas miembros, Ramon Dominguez, Hector Duran, Ernesto Miranda y Celio Poblete. Dentro de la nueva federación, los anarquistas controlaban a los Zapateros, Impresores y la uniones Marítimas de trabajadores. Aunque minoría, tuvieron un papel importante que jugar, durante los primeros años del CUT la principal oposición a los Comunistas vino del los anarco-sindicalistas.[52]  CUT acabó siendo dominada por los Comunistas en alianza con los Socialistas hasta ahora anticomunistas cerrados.
Con el nivel nuevo de unidad laboral dándoles confianza, los trabajadores se intranquilizaron. La tensión subía según las huelgas y las demostraciones se hacían más comunes. "Paco" Ibañez fue presidente otra vez, esta vez por elección y no por la fuerza de las armas. Recordando la represión de hacía 25 años, los trabajadores se prepararon para rebelarse. En julio de 1956 la membresía forzó al CUT a proclamar una huelga general que paralizó el país entero por dos días. Pero la mayoría Comunista y Socialista pronto acordó acabar la huelga, si bien Ibañez había hablado de acabar con la CUT. Otra huelga general se convocó en 1957 pero los trabajadores ya no confiaban en la CUT y la huelga fracasasó en cobrar impulso.
Después de que este fracasao la mayoría de los anarcosindicalistas se retiraron. Los que se quedaron tendían a boicotear los comicios de la unión. Para 1960 la influencia anarquista en el movimiento chileno se convirtió en minima.[53] Los Anarquistas que habían estado en CUT formaron la CNT en 1960 e ICFTU y ORIT se les unieron, pero Victor Alba escribiendo en 1968 declaró que ... su desarrollo ha sido lento ... [54]
Uno de los anarquistas que permanecieron en CUT fue Ernesto Miranda, líder de la Unión de Trabajadores del Zapato, quien se unió al Movimiento de Fuerza Revolucionaria, (MFR) Clotario Blest (cristiano radical, líder del CUT) un grupo que intentó aunar las Fuerzas Armadas extrema izquierda, antielectorales en 1961. En 1965 que este grupo se convirtió en el MIR y Miranda fue uno de sus líderes. Dos años más tarde, cuando el MIR fue tomado por un grupo de jóvenes militantes que favorecian la lucha armada, Miranda y Blest se retiraron.
Miranda fue también miembro del Frente Revolucionario de Accion Sindical de Blest que se presentó inexitosamente a los comicios del CUT en 1972.
AFILIACIÓN POLÍTICA DE LOS DELEGADOS DEL C.U.T.[55]
                         1953         1957        1959        1962
Anarquistas         7,9%         2,2           2,0           2,0
Radicales            6,3%         9,0           4,1           6,2
Trostkistas          0,7%         1,3           1,1           0,8
Cristiano Demócratas 6.3% 14,7         14,6         17,9


[color=black]En la formación del CUT en 1953 los anarquistas eran más influyentes que el Partido Radical, que tenían una larga tradición de apoyo de la clase obrera y los Demócratas cristianos que iban a tener una gran significación más tarde entre los trabajadores. Esto muestra que en aquellas fechas, el anarquismo era un movimiento minoritario pero todavía no completamente marginalizado. (El grupo "anarquistas" está en lista en 1968 teniendo el 1.8 % de los delegados de la CUT pero el MIR, un gr
[Imagen: Rocker-450x350.jpg]
Sacado de Anarchism de George Woodcock
Versión Castellana de Sofía Yvars Fernández


El anarquismo alemán se desarrolló siguiendo un proceso curiosamente paralelo al desarrollo nacional del país. En los años cuarenta del siglo XIX, cuando Alemania era un mosaico de reinos y principados, dominaba una tendencia individualista que tuvo su representante más radical en Max Stimer. A partir de 1870, el movimiento se orientó hacia el colectivismo, hasta que, en el siglo xx el anarcosindicalismo moderado, relativamente no violento en la práctica e inspirado en el respeto a la eficacia y al intelecto, se convirtió en la tendencia dominante.
El anarquismo surgió por primera vez en Alemania por influencia de Hegel y Proudhon; su desarrollo comenzó en los años 1840. con las personalidades muy diversas de Max Stimer y Wilheim Weitling. Stirner, como hemos visto [ver Los Anarquistas I], representaba el egoísmo ilimitado. Weitling se convirtió más tarde en un comunista muy influenciado por Fourier y Saint-Simon. Como los anarcocomunistas, rechazaba tanto el sistema de propiedad como el de los salarios, y en sus primeros escritos -por ejemplo, Garantien der Harmonie und Freiheit (1842) - trazaba el proyecto de una sociedad semejante en esencia al falansterio, en la que los deseos humanos liberados se armonizarían en la consecución del bien común. Aunque Weitling deseaba destruir el Estado tal como era en aquellos momentos, su visión de una sociedad comunista «armoniosa» contenía elementos de estricta organización utopista, que con el tiempo se vieron mitigados por la influencia de
Proudhon.

Tras su traslado definitivo a los Estados Unidos en 1849, Weitling renunció a su comunismo y se vinculó aún más estrechamente al mutualismo proudhoniano. En
Republik der Arbeiter, revista mensual que publicó en Nueva York desde 1850 a 1854, criticaba las colonias utópicas experimentales, que eran todavía numerosas en los Estados Unidos, tachándolas de focos de diversión de las energías de los trabajadores, que en su opinión debían enfrentarse con el problema vital del crédito, creando un Banco de Intercambio. El Banco de Intercambio, nos dice en términos muy proudhonianos, «es el alma de todas las reformas, la base de todos los esfuerzos cooperativos». Crearía almacenes donde se vendiesen materias primas y productos elaborados para facilitar su intercambio. En relación estrecha con él, se crearía una asociación de trabajadores para la producción cooperativa, y los beneficios del intercambio permitirían al Banco allegar fondos para la educación, la creación de hospitales y el cuidado de los ancianos e incapacitados. De ese modo, y sin intervención del Estado ni eliminación del productor individual, el Banco destruiría el monopolio capitalista y crearía una estructura económica que haría innecesarias las instituciones políticas. Estas últimas ideas de Weitling ejercieron,
sin duda, una influencia mucho mayor en el movimiento neoproudhoniano que se desarrolló en los Estados Unidos durante el siglo XIX que en Alemania.

Otros teóricos sociales alemanes sufrieron también la influencia del anarquismo proudhoniano durante los años cuarenta. Karl Grün, que fue probablemente el converso más ardiente, conoció a Proudhon en París en 1844, y su Die Soziale Bewegung in Frankereich und Belgien fue la primera obra que dio a conocer las ideas de Proudhon al público alemán. Grün era un hombre de letras polifacético que, como Proudhon, ocupó durante un corto y decepcionante período un puesto de parlamentario --en la Asamblea Nacional Prusiana, en 1849- y pasó gran parte de su vida en el exilio, hasta su muerte en Viena en 1887. Fue durante su primera época cuando se sintió más atraído por la filosofía mutualista. Llegó incluso a aventurarse más allá, ya que criticó a Proudhon por no atacar el sistema salarial y señaló que la creciente complejidad de la industria hacía imposible determinar la producción de cada trabajador con precisión y justicia. Por ello, el consumo y la producción debían depender igualmente de la voluntad del individuo. «No debemos tener ningún derecho contra el derecho del individualista.» .
Moses Hess, otro socialista alemán, que conoció a Proudhon y a Bakunin en París durante los años cuarenta, llegó a denominar «anarquía» a su filosofía social expuesta en 1843 en Die Philosophie der Tat. Hess era una figura solitaria y bastante truculenta que se destacó entre los socialistas del Rhin como el rival más importante de Marx. Nunca se encontró tan cerca de Proudhon como llegó a estar Grün, y sus relaciones con Bakunin terminaron más tarde en una disputa encarnizada; pero coincidía con ambos en rechazar el Estado y en repudiar la religión organizada como una forma de servidumbre mental. No obstante, su doctrina era curiosamente confusa. Estaba muy próximo a Stirner al declarar que todas las acciones libres deben surgir de los impulsos individuales, no contaminados por ninguna influencia externa. En el proyecto de un sistema social en el que los hombres trabajarían según sus inclinaciones y la sociedad satisfaría automáticamente las necesidades razonables de todos, anticipaba, en cambio, las concepciones de Kropotkin. Pero introducía en su sueño libertario algunos elementos, como el sufragio universal y los talleres nacionales, que no propugnaría ningún auténtico anarquista.
Ni el anarquismo de Stirner ni el de Proudhon tuvieron una influencia duradera en Alemania. Stirner no tuvo seguidores alemanes hasta después de popularizarse las
obras de Nietzsche, y el interés por las ideas de Proudhon desapareció en medio de la reacción general que siguió al fracaso de los movimientos revolucionarios de
1848 y 1849. Transcurrió toda una generación antes de que reapareciese cualquier tendencia anarquista perceptible. En los años iniciales de la Primera Internacional, ni Bakunin ni Proudhon tuvieron seguidores alemanes, y los delegados partidarios de Lasalle que asistieron a un congreso de la Internacional de Saint-Imier sólo coincidían con los anarquistas en su deseo de estimular los experimentos cooperativos.

Sin embargo, durante el último tercio del siglo comenzaron a surgir facciones anarquistas en el seno del Partido Socialdemócrata Alemán. En 1878, por ejemplo, el
encuadernador Johann Most, que había sido anteriormente un vehemente miembro del Reichstag, se convirtió al anarquismo durante su exilio en Inglaterra. Junto con Wilheim Hasselman, otro converso anarquista, fue expulsado de la socialdemocracia en 1880, pero su periódico, Die Freiheit, publicado primero en Londres en 1879 y después en Nueva York, siguió ejerciendo hasta finales de siglo cierta influencia sobre los socialistas más revolucionarios, tanto en Alemania como en el extranjero. En Berlín y en Hamburgo surgieron algunos pequeños grupos anarquistas influidos por él, aunque es dudoso que el número total de sus miembros en la década de 1880 superase en mucho los doscientos; el tipo especial de violencia predicado por Most correspondía más bien al grupo de conspiradores que al movimiento de masas. Uno de esos grupos, dirigidos por un impresor llamado Reinsdorf, decidió lanzar una bomba contra el kaiser en 1883. No tuvo éxito, pero todos sus miembros fueron ejecutados. La influencia de Most se hizo sentir también en Austria, donde la poderosa facción radical del Partido Socialdemócrata era anarquista en todo salvo en el nombre. Las ideas libertarias penetraron también profundamente en los sindicatos de Austria, Bohemia y Hungría, y durante un breve período, de 1880 a 1884, el movimiento obrero austro-húngaro estuvo más impregnado de anarquismo que ningún otro movimiento europeo, salvo los de España e Italia. Aún mayor influencia que Most ejerció Joseph Peukert, que publicó en Viena un periódico de tendencia anarcocomunista llamado Zukunft. Cuando las
autoridades austriacas comenzaron a prohibir los mítines y manifestaciones en 1882, los anarquistas y los radicales resistieron violentamente y numerosos policías resultaron muertos. Finalmente, en enero de 1884, las autoridades se sintieron tan inquietas por la difusión de la propaganda anarquista y por el aumento de los choques violentos entre la policía y los revolucionarios que declararon el estado de sitio en Viena y promulgaron decretos especiales contra los anarquistas y socialistas. Uno de los dirigentes anarquistas, Stellmacher, discípulo de Most, fue ejecutado, y los demás, incluido Peukert, huyeron del país. Desde aquel momento, el anarquismo dejó de ser un movimiento importante en el Imperio austríaco, aunque en años posteriores surgieron pequeños grupos de propaganda y un círculo literario libertario en Praga, que contó entre sus simpatizantes y visitantes ocasionales a Frank Kafka y a Jarolav Hasek, el autor de El buen soldado Schweik.

En años posteriores, Alemania produjo al menos tres intelectuales anarquistas destacados: Erich Meuhsam, Rudolf Rocker y Gustav Landauer. Meuhsam, uno de los principales poetas comprometidos de la República de Weimar, desempeñó un importante papel en el levantamiento soviético de Baviera en 1919, y murió finalmente de una paliza en un campo de concentración nazi. Rudolf Rocker vivió muchos años en Inglaterra; de esta etapa de su vida hablaré más adelante. Tras ser internado durante la Primera Guerra Mundial, volvió a Berlín y se convirtió en uno de los líderes del movimiento anarcosindicalista durante el período inmediatamente anterior a la dictadura nazi. Era un escritor hábil y prolífico y al menos una de sus obras- Nationalism and Culture ["Nacionalismo y Cultura"] , constituye una exposición clásica de los argumentos anarquistas contra el culto del Estado nacional.
Gustav Landauer, que se llamaba a sí mismo anarco-socialista, era uno de esos espíritus libres que nunca encuentran feliz acomodo en ningún movimiento organizado. En su juventud, durante los años noventa, se afilió al Partido Socialdemócrata y se convirtió en líder de un grupo de jóvenes rebeldes que finalmente fueron expulsados por sus tendencias anarquistas. Durante algunos años fue discípulo de Kropotkin y dirigió en Berlín Der Sozialist, pero en 1900 tenía ya una postura mucho más cercana a Proudhon y a ToIstoi: defendía la resistencia pasiva en lugar de la violencia, y propugnaba la difusión de las empresas cooperativas como vía realmente constructiva de cambio social. Difería de la mayor parte de los anarquistas en que su llamamiento se dirigía especialmente a los intelectuales, cuyo papel en el cambio social consideraba sumamente importante. Esta actitud fue la causa del fracaso de Der Sozialist, que nunca llegó a tener una tirada masiva, e hizo surgir en él una creciente sensación de aislamiento. Hoy en día, las obras de Landauer -tanto sus comentarios políticos como sus ensayos de crítica literaria- resultan excesivamente románticas. Pero era uno de esos hombres totalmente íntegros y apasionadamente enamorados de la verdad que constituyen lo mejor del anarquismo, y más aún quizá debido a su aislamiento. Pese a su desconfianza hacia los movimientos políticos, Landauer se dejó arrastrar por la ola de excitación revolucionaria que invadió Alemania durante los años inmediatamente posteriores a la Primera Guerra Mundial y, como Meuhsam y Ernst Toller, se convirtió en uno de los dirigentes del Soviet bávaro. Murió a manos de los soldados enviados desde Berlín durante la represión que siguió a la caída del Soviet. «Le arrastraron al patio de la prisión -dice Ernst Toller-. Un oficial le golpeó en la cara. Los hombres gritaron: ' ¡Bolchevique asqueroso! ¡Acabemos con él! ' Una lluvia de culatazos cayó sobre él. Le maltrataron hasta que murió.» El oficial responsable de su asesinato era un aristócrata junker, el mayor von Gagern. Nunca fue castigado, ni siquiera sometido a juicio.
A principios del siglo actual, la tendencia anarcosindicalista superó rápidamente el nivel de los pequeños grupos de anarcocomunistas y de los círculos de individualistas partidarios de las ideas de Stirner y de John Henry Mackay [2]. El sindicalismo nació en Alemania con un grupo disidente autodenominado «Los Localistas», que a principios de la década de 1890 se opuso a las tendencias centralizadoras de los sindicatos socialdemócratas, escindiéndose en 1897 para formar una federación propia, la Frei Vereiningung Deutscher Gewerkschaften. En los primeros tiempos de la organización, la mayoría de sus miembros seguían perteneciendo al ala izquierda del Partido Socialdemócrata, pero en los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial sufrieron la influencia de los sindicalistas franceses y adoptaron una actitud antiparlamentaria. En aquella época la F. V. D. G. era todavía una organización pequeña, que tenía unos 20.000 miembros, en su mayor parte en Berlín y Hamburgo. Después de la guerra, un congreso celebrado en Düsseldorf en 1919 reorganizó la federación siguiendo
una línea anarcosindicalista y la rebautizó con el nombre de Freie Arbeiter Union. La organización reformada creció con rapidez en la atmósfera revolucionaria de comienzos de la década de 1920, y cuando se celebró el Congreso Sindicalista Internacional de Berlín en 1922 contaba con 120.000 miembros, número que siguió aumentando durante aquella década hasta llegar a un máximo de 200.000. Como todas las demás organizaciones de izquierda alemanas, la Freie Arbeiter Union cayó víctima de los nazis cuando éstos subieron al poder en 1933, y sus militantes huyeron al extranjero o fueron confinados en campos de concentración, donde sucumbieron de muerte violenta o debido a las privaciones.


[2] Mackay fue un rico escocés, nacido en Greenock, que se nacionalizó alemán y que publicó, además de una biografía de Stirner, una novela titulada The Anarchist: A Picture of Society at the Close of the Nineteenth Centry [«Los anarquistas: Retrato de la sociedad a fines del siglo XIX» ] , que le define como una especie de Gissing libertario de segunda fila. (Nota de Woodcock.)