Bienvenido, Invitado
Tienes que registrarte para poder participar en nuestro foro.

Nombre de usuario
  

Contraseña
  





Buscar en los foros

(Búsqueda avanzada)

Estadísticas del foro
Miembros:» Miembros: 1,238
Último miembro:» Último miembro: masgblue
Temas del foro:» Temas del foro: 492
Mensajes del foro:» Mensajes del foro: 620

Estadísticas totales Estadísticas totales

Usuarios en línea
Actualmente hay 20 usuarios en línea.
» 0 miembro(s) | 20 invitado(s)

Últimos temas
Organización vs autoridad...
Foro: Discusiones en general
Último mensaje por: Santiago Salvador Franch
11-08-2018, 05:25 PM
» Respuestas: 0
» Vistas: 179
[Descarga] Apuntes sobre ...
Foro: Libros, revistas, fanzines, etc.
Último mensaje por: OrrantiaTar
08-30-2018, 10:27 AM
» Respuestas: 1
» Vistas: 3,394
[Descarga] Anarquía y ord...
Foro: Libros, revistas, fanzines, etc.
Último mensaje por: Santiago Salvador Franch
08-17-2018, 02:14 PM
» Respuestas: 0
» Vistas: 454
El Movimiento Libertario ...
Foro: España
Último mensaje por: Santiago Salvador Franch
08-13-2018, 03:25 PM
» Respuestas: 3
» Vistas: 2,943
Hola!
Foro: Preséntate
Último mensaje por: Santiago Salvador Franch
06-18-2018, 06:10 PM
» Respuestas: 1
» Vistas: 1,650
Como si nada hubiera pasa...
Foro: Ocio
Último mensaje por: vikip183
06-12-2018, 08:07 AM
» Respuestas: 1
» Vistas: 1,776
Miguel A. Bakunin: Un esb...
Foro: Biografías
Último mensaje por: Santiago Salvador Franch
05-20-2018, 06:57 AM
» Respuestas: 0
» Vistas: 976
{Descarga} Ideas sobre la...
Foro: Libros, revistas, fanzines, etc.
Último mensaje por: Santiago Salvador Franch
05-14-2018, 11:02 PM
» Respuestas: 0
» Vistas: 1,034
Reseña biográfica de Tere...
Foro: Biografías
Último mensaje por: Santiago Salvador Franch
04-10-2018, 11:25 PM
» Respuestas: 0
» Vistas: 700
Nunca se es demasiado vie...
Foro: Discusiones en general
Último mensaje por: ΐŋ₣øᴚmΔ†ḯøη Χ ⒶĿ¡ⓋΞ
04-03-2018, 03:32 AM
» Respuestas: 0
» Vistas: 719

 
[Imagen: esteticanarquista.jpg]

La estética anarquista surge de la reflexión prospectiva de ios fundadores del pensamiento anarquista moderno. Al definir la oríentación estética de una sensibilidad antiautoritaria actuante, prolonga la irradiación de un conjunto de teorias y practicas revolucionarias.
Para aplicar las tesis generales de una filosofía, de una "ciencia'' de la sociedad, a los problemas de la creación literaria y artística, adopta la tendencia de las estéticas sociológicas de los siglos XIX y XX. Pero la tentación iconoclasta que ha heredado de los grandes movimientos heréticos de la historia, le permite escapar al determinismo estéril de las "ciencias" socialistas del arte.
Para retomar su vigencia aparece La estética anarquista a más de treinta años de su publicación original en francés.



[Imagen: 20151117121125-c78907c8.gif]
[Imagen: 20160421213142-265cfafa.jpg]

Asociado a la obra de Ferrer desde algunos meses antes de la creación de la Escuela Moderna, a título de traductor para su biblioteca, estuve en feliz disposición para conocer la grandeza del pensamiento de aquel hombre singular, que me distinguió y honró con su amistad y confianza.
En una fiesta de los profesores racionalistas de Barcelona, en honor de Ferrer, para celebrar su absolución en la causa del atentado regio de mayo en Madrid, expresé mi concepto sobre la enseñanza científica y racional, que aquí reproduzco, en los siguientes términos: En este acto celebramos un triunfo del progreso humano y una caída del poder del privilegio.
Conviene que nos demos bien cuenta de ello para precisar la fuerza que nos apoya, la razón que nos asiste y la influencia que personal y colectivamente podemos tener en las futuras caídas del enemigo y en la serie infinita de triunfos que en la vía de la perfección, en el conocimiento de la verdad y en la práctica de la justicia nos esperan.
En una nación de masas analfabetas, en que el tanto por ciento de los iletrados acusa una de las mayores proporciones de Europa y de América, se ha planteado la enseñanza racional, cuyo objetivo se expresa claramente en estas palabras del programa de la Escuela Moderna: “Ni dogmas ni sistemas, moldes que reducen la vitalidad a la estrechez de las exigencias de una sociedad transitoria que aspira a definitiva; soluciones comprobadas por los hechos, teorías aceptadas por la razón, verdades confirmadas por la evidencia, eso es lo que constituye nuestra enseñanza, encaminada a que cada cerebro sea el motor de una voluntad, y a que las verdades brillen por sí en abstracto, arraiguen en todo entendimiento y, aplicadas en la práctica, beneficien a la humanidad sin exclusiones indignas ni exclusivismos repugnantes”.

[Imagen: 20151117121125-c78907c8.gif]
[Imagen: 9788483839515.jpg]

Las ideas del filósofo y escritor francés Albert Camus sobre la justicia, la libertad, el absurdo y la rebeldía se han consolidado como un referente ineludible para entender su tiempo y el nuestro. Aunque menos conocidas, las reflexiones que dedicó al pensamiento libertario y a las ideas de Bakunin y otros anarquistas no dejan de reflejar la lucidez y la vigencia de un autor que hizo del compromiso una de sus mayores señas de identidad.

En este libro se recogen las numerosas contribuciones de Albert Camus  -que colaboró en diferentes medios anarquistas y que mantuvo estrechos vínculos de solidaridad con el anarco-sindicalismo español- acerca del recurso a la violencia como arma política, la objeción de conciencia como principio ético fundamental o la difícil construcción de una Europa recién salida de la segunda guerra mundial. Mención aparte merecen las combativas y emocionantes páginas en las que Camus defiende la lucha de los exiliados españoles y la memoria de los valores republicanos, al tiempo que denuncia de forma elocuente la represión de la dictadura franquista.

El archivo está en formato Epub, éste se puede abrir descargando el programa Adobe Digital Editions 3.0

[Imagen: tumblr_lsq329GkTV1qlvnhwo1_1280.jpg]
 
Para nosotros, ateos, hablar de redención en términos religiosos supone hablar de la existencia de una vida extramundana, supuesto incompatible con nuestra forma de pensar y con las demostraciones de la ciencia.
Pero ya que la redención y el libre albedrío constituyen dos puntos importantes en la religión cristiana y católica (a las que los ateos tienen la guerra jurada) nos tomaremos un tiempo para hablar de estos temas, no sin antes advertir al lector que como ateos no creemos en su redención ni en sus ritos, si bien para debatir el tema hablaremos desde su terreno ideológico.
Y sin embargo existe otro tipo de redención en la que sí creemos y de la cual hablaremos al final del texto, para referirnos por ahora sólo a la redención en términos religiosos para demostrar lo que nos proponemos: Dios no existe y está en la humanidad realizar esa redención en la tierra, independientemente y comúnmente en contra de la idea de Dios. Comencemos pues.
 
Uno de los principales puntos que se critican de la creencia en Dios es que al prometer una vida de paz en la otra vida hace que las personas se resignen a la guerra en su contra en esta vida, a sufrir el despotismo de los poderosos y aceptar con resignación una vida de sufrimientos en la esperanza de una recompensa lejana pero segura (según ellos). Vale pues preguntarnos si el acceso a esa otra vida, si esa resurrección es algo en lo que, al margen de la crítica científica (la cual destroza la sola insinuación de la resurrección), podemos creer.
Demos un ápice de creencia en ese Dios del cual se nos habla, descendamos hasta la creencia (pues esta jamás se elevará a la ciencia) y desde su propio terreno vayamos dando hachazos a los argumentos presentados en defensa de la redención en Dios.
 
Dos asuntos deben ocuparnos cuando se nos habla de la salvación en Dios:
 
1.- La predestinación, un plan que tiene Dios para toda persona de la humanidad y del cual no se puede escapar.
2.- El libre albedrío, es decir, la capacidad de la personas para decidir hacer el bien o el mal.
 
1.- Predestinación
Comencemos por desmenuzar la idea de la predestinación, y se enlazará inmediatamente con la idea del libre albedrío, de lo cual prometemos al lector llegar a la conclusión de que Dios no existe, y que de existir para nada es necesario a la humanidad.
Se nos dice comúnmente que Dios tiene un plan para nosotros y este plan no puede ser otra cosa que una predestinación, algo ya planeado y marcado de manera inmutable en el curso del destino, del cual no podemos escapar. Inmutable por cuanto es una característica del acto a realizar… antes de que este se realice.
Algo marcado ya en el acto que no podrá separarse del mismo por cuanto constituye parte de la misma existencia del acto. Por poner un ejemplo: la existencia de una persona no podría ser posible en tanto que no tuviera un plan destinado con anterioridad a su existencia y que daría sentido mismo a esa existencia.
Sin este plan, sin esta predestinación, su misma existencia no sería posible en tanto que no podría generarse así misma por generación espontánea, por decisión propia o por acción independiente de Dios; Dios no puede sino ser absoluto y no admite la posibilidad de algo existente al margen suyo. Ninguna voluntad ni acción puede ejercerse si no es por mediación suya.
Antes de proseguir con el tema es preciso que hablemos de esta característica de Dios: ser absoluto.
Dios no puede ser relativo. No cabe en su naturaleza serlo. Si Dios lo es todo, si él lo creo todo, cualquier cosa que se salga de su jurisdicción le contradice, le niega. La más mínima cosa realizada al margen suyo supondría la existencia de otro creador, menor, igual o superior a Dios, pero creador al fin y al cabo. Y esta dualidad de divinidades sería incomprensible con la existencia de un todopoderoso.
Porque todopoderoso significa que contiene en sí todo el poder; no a medias, no una cierta cantidad, todo el poder para el eterno.
De Dios deviene pues absolutamente todo. No tuvo antes ni después de su existencia, no tuvo inicio ni fin, no tiene algo que lo limite, porque este límite significaría una autoridad superior a la suya que no puede superar, con lo cual cesa de ser el todo del universo para ser uno más. Un ser limitado es un ser inferiorizado ante este límite, y en Dios no puede caber la inferioridad ante nada, so pena de verse reducido a súbdito, perdiendo su calidad de todopoderoso, de Dios en una palabra.
Dios no tiene competencia, ni límite, ni nada por encima de él. Absolutamente perfecto y eterno, todo está bajo su mano.
Por esto Dios debe ser absoluto, total, inconmensurable, inevitable, eterno, perfecto, único, sin parangón, incuestionable, ilimitable, insoslayable, incensurable, en una palabra, inmutable.
Evitaremos al lector abundar más en el tema. Sebastián Faure en su excelente texto “12 pruebas de la inexistencia de Dios” ha tratado el tema de la inmutabilidad de Dios, obra a la cual referimos al lector para evitarle más explicaciones, además de que creo que en los renglones pasados hemos demostrado que Dios es absoluto y nada ni nadie le puede levantar la voz o contradecirle (1). Sigamos.
Todo bondad, todo justicia, eterno e inmortal como ya hemos demostrado, no puede Dios sino ser absoluto, único; luego, este ser absoluto no podría convivir con una voluntad ajena a él que hiciera que un acto, como el nacer, se hiciera sin su conocimiento, sin su deseo y complacencia. De Dios emana, pues, todo acto realizado en la vida desde su nacimiento hasta su muerte. Dios ejecuta el plan del nacimiento de cada persona, y no contento con esto imprime en su vida una serie de actos que veremos a continuación.
La existencia de una persona contiene, por los argumentos antes dichos, la predestinación como parte esencial de su propia existencia.
Un niño nace según los designios de Dios, y desde el nacer tiene ya un plan en la vida diseñado por Dios.
Sus dolores, sus alegrías, sus tristezas y placeres, todo ha sido ya predeterminado por el ser supremo.
El mismo pecado original con el cual nace sobre su frente no es más que un síntoma de su predestinación. No tuvo participación alguna, no supo del evento, no conoció los detalles, pero el pecado yace sobre él desde que nace.
El mismo hecho del nacimiento, el despertar de una conciencia, de un pensamiento, de una infinidad de actos realizados en su vida y con variables infinitas, el mismo hecho de la existencia de esa persona ha sido (siempre según la religión) una predestinación emanada de Dios. Nace porque Dios tiene un plan para él.
Dios guía nuestros destinos, cada paso que damos está determinado por él.
Si el niño muere es porque “así lo quiso Dios”; si nace con un defecto de nacimiento “estaba en los planes de Dios”; si es de mayor un obrero empobrecido “Dios lo pone a prueba”; si es un rico magnate “Dios ha sido generoso con él”. Ninguna incógnita aparece en este terreno, todo tiene una respuesta única y unánime que dan los creyentes: “solo Dios sabe”
Hasta en su propio hijo se manifiesta la predestinación, el plan divino.
Los actos de Jesucristo sobre la tierra fueron predichos por los profetas, inspirados a su vez por Dios.
Si nace en un pesebre; si nace bajo 3 estrellas que se alinean para indicar su nacimiento; si tres reyes acuden a adorarlo; si es perseguido por Herodes al nacer; si a los doce años se entrevista con los doctores; si tiene doce discípulos; si una mujer le lava los pies; si revive muertos; si cura enfermos; si hace milagros; si es traicionado; si muere; si resucita a los tres días; si, en fin, realiza tal o cual acto o dice tal o cual palabra, cada paso de su vida está predeterminado. Es para que se cumplan las profecías.
Y como Dios hace para Jesucristo (omitiendo las muchas pruebas en contra de su existencia) hace para el resto de la humanidad.
Criaturas suyas, define cada paso que damos.
La bondad que nos otorgaría la salvación, y la maldad que nos condenaría, no son en absoluto méritos de la persona que los realiza, por cuanto esta persona solo ejecuta actos que ya estaban planeados.
Ninguna virtud ni acto condenable es atribuible a esta marioneta que es la humanidad según el plan divino, en el cual cada persona solo ejecuta lo que ya estaba planeado con anticipación.
La predestinación, el plan divino, nos revela una humanidad carente en absoluto de voluntad, que nada decide sobre su vida que ya ha sido planeada por su creador.
Si, en fin, somos condenados o salvados del infierno, también es Dios quien determina eso. ¿Quién, si no él, que tiene cada paso que damos ya destinado con anticipación?
Dios predice la condena o la salvación de la persona. Siendo absoluto, el ser humano nada puede interferir en las decisiones de Dios.
De nada valen reclamos o críticas, Dios está por encima de todo y de todos. Sus decisiones son incuestionables.
Tenemos solo dos caminos que seguir en la vida, la condena o la salvación, de los cuales no somos siquiera capaces de decidirnos por uno. Esa opción ya ha sido prevista por el creador.
Pero ¿en base a qué nos manda a la condena o a la salvación?
¿Depende de la voluntad de Dios?
¿Cómo define quien merece ser condenado y quién salvado? Pongamos por ejemplo un hombre llamado Pedro.
Pedro apena nace, no ha realizado ningún acto en su vida más que lanzar su primer grito al mundo.
Pues bien, para Pedro ya tiene Dios un destino hecho. Sus actos buenos o malos no definirán su salvación o su condena. Esta ya existe incluso anteriormente a su nacimiento. Y es así definitivamente, porque si tan solo Pedro puede determinar en un 1% su destino, estas decisiones pueden generar una infinidad de variables que podrían cambiar el curso de su vida y con ello Pedro rompe con el plan divino, despedaza la idea de una predestinación, Dios y sus planes se vienen abajo cual castillo de naipes.
No es así en la religión, por cuanto Dios determina todo. Todo poderoso, nada hay que pueda contradecirlo.
Si Dios destina a Pedro a ser condenado, pero Pedro hace uso de ese 1% donde él puede decidir, las variables de sus actos pueden ser tan infinitas que podrían hacerlo una excelente persona en la vida, con lo cual, o Dios manda a una persona buena a la condena, y entonces es injusto y por lo tanto se niega a sí mismo, pues Dios es todo justicia; o salva a Pedro, con lo cual su plan de condenarlo se contradice a sí mismo. Ese 1% de libertad para decidir de Pedro contradice con su misma existencia a Dios.
Absoluto en sus actos, inmutable en su existencia, infinito en su conocimiento, nada ni nadie hay que pueda contradecirlo como hemos ya demostrado antes.
Su designio se impone, y Pedro está destinado a ser salvado o condenado aún sin realizar ningún acto en la vida, y para más “INRI”, Dios lo mandará al mundo ya con su primer pecado… el cual ni siquiera es capaz de comprender.
No existe, pues, ninguna justificación para que Pedro sea salvado o condenado por Dios.
Nos encontramos entonces ante un niño con la tómbola de nuestros destinos, porque a unos injustamente los marca para el sufrimiento y a otros para la más lujosa de las dichas; a unos los salvará y a otros los condenará… independientemente de sus actos.
¿De qué depende entonces la salvación, cuando todo acto independiente es imposible, cuando está salvación o condena ya está determinada con anterioridad?
¿Depende del amor que la humanidad le tenga a Dios?
¡Imposible! Decimos nosotros. El amor es un sentimiento que se siente hacia la persona con quien se convive, determinado por reacciones químicas o de convivencia consuetudinaria con la persona.
En el caso de Dios no hay convivencia puesto que no se revela ante la humanidad, no es más que una idea, ni siquiera un objeto por cuanto Dios carece de materia (2) y por lo tanto ese sentimiento de amor a Dios puede ser solo un acto de la determinación, de la voluntad de una persona. Es decir, solo puede ser una decisión. Decisión, es verdad, no siempre tomada con conciencia de ello, es imposible creer en Dios apenas se le cuestiona un poco.
Esta decisión se toma basada en lo sentimental, no en lo cerebral. Y puesto que no se toma con una conciencia analítica de aquello en lo que se cree, sino en lo que la persona siente, la decisión de creer en Dios, aunque es una determinación, no es una determinación pensada y analizada. La religión no está basada en el análisis, sino en los sentimientos. Por eso es que ante las miles de pruebas en contra de la existencia de Dios y aún de Jesucristo, los creyentes no cambian de opinión, porque aman, creen en su Dios basados en lo sentimental.
Y sin embargo, para hacer caso omiso a las pruebas requieren un mínimo de decisión para cerrar los ojos. Esa decisión es una acción independiente de la persona, porque puede decidir poner a Dios en duda y analizarlo o seguir empeñada en su creencia. Se deciden comúnmente por lo segundo, eso no nos interesa demasiado. Nos interesa ver que esta toma de decisión revela la independencia de la persona del plan divino, esta decisión, buena o mala, es un acto independiente.
Solo puede ser fruto de ese 1% de determinación que tenga la humanidad independientemente de Dios.
Pero esta decisión contradice el plan divino, en el que la humanidad no puede decidir nada, porque si decide un mínimo, este mínimo negaría al Dios absoluto. La humanidad, si puede decidir, se erige en Creadora de sus actos, un nuevo Dios que contradice al Dios todopoderoso y absoluto.
No es entonces en base al amor que la humanidad le tenga a Dios que se define su condena o su salvación.
No hay, pues, nada que determine de manera lógica la condena o la salvación. Dios actúa como un demente jugando al azar con los destinos de las personas.
Ahora bien, si desde que existimos está determinada nuestra salvación o nuestra condena (más bien nuestra condena debido a la existencia del pecado original) ¿de qué sirve hacer el bien o el mal?
Si Dios nos predestina a ser salvados, nada ni nadie lo podrá evitar. Ni nuestras obras buenas o malas podrán hacerlo. En palabras más claras: la salvación no depende de nosotros, por cuanto ya estamos o salvados o condenados según el plan divino. A la humanidad no le corresponde intentar salvarse, pues de nada serviría contrariar el plan divino. Ni tampoco le sería posible contrariar al Dios absoluto y sin parangón.
Ser una buena persona o ser el peor de los criminales nada cambia: aun siendo un multihomicida o violador, si el plan de Dios es salvarte (y se puede juzgar por esto la criminalidad mental de semejante teoría) serás salvo.
Si eres una buena persona pero sobre ti pesa la condena, de nada valen tus buenos actos.
La Biblia misma está plagada de historias en las que se salva a hombres malvados que creen en Dios, y se condena a buenas personas por adorar a otros Dioses.
 
2.- El libre albedrío
 
“Pero los actos malos en la vida –se nos dirá- no son sino pruebas que el señor pone, dejando al hombre la capacidad de decidir si actúa bien o mal. La salvación, pues, está en uno mismo”
 
Y es aquí donde el argumento de la predestinación falla, pues deja al ser humano la capacidad de decidir sobre sus destinos. Otorga a la humanidad ese 1% de decisión individual que comentábamos antes. Este un 1%, aun cuando fuera tan mínimo, es una afrenta al Dios absoluto, a sus planes, a su creación.
Si Pedro tiene un cuchillo en las manos (3) y decide en lugar de matar personas prepararse de comer, entonces existe una acción en el ser humano que determina sus actos a cada momento; Pedro decide ser buena persona en lugar de usar el cuchillo para convertirse en multihomicida.
Aunque sabemos que a Pedro lo determina también la sociedad de la que forma parte y en la que creció, así como otros factores económicos, políticos y sociales, Pedro puede decidir también luchar por la transformación de su entorno y las condiciones que lo rodean. Pedro es, también, parte de esa sociedad e influye a su vez en su entorno.
Si, Pedro tiene capacidad de decidir, y es sólo él quien determina su forma de vida. Pedro posee un grado de decisión en su vida, y es ese grado de decisión lo que contradice al plan divino, lo que echa por los suelos la predestinación.
Y si está en las manos de Pedro y de toda la humanidad acceder a esa salvación ¿De qué sirve Dios?
Podemos pasar por encima de sus mandamientos, de sus anatemas, de sus órdenes, de su vigilancia.
Siendo buenos tendremos ganada la redención, y Dios pasa a ser un adorno en todo esto, del cual no depende nada, ni es nada, ni le debemos nada.
Ahora bien, seamos más estrictos, y veremos que no es un 1% lo que tiene la humanidad de voluntad para actuar conforme lo determine su pensamiento y su sociedad. Es mucho más el porcentaje.
Cada vez que una persona decide si actúa bien o mal está contradiciendo el plan divino, está negando ese Dios absoluto del que nos hablan, comete la peor de las herejías contra su Dios, lo niega, aplasta su pretendida existencia. Y lo que es mejor, esa decisión de sus actos es parte de su naturaleza, no podría vivir sin decidir aunque fuera los aspectos íntimos de su vida.
Y la humanidad ejerce diariamente cientos, miles de actos en su vida diaria donde decide conscientemente sus actos.
Estos propios actos nos prueban una cosa: Dios no es absoluto, y al no ser absoluto no existe.
La humanidad niega el plan divino constantemente. Y al negar el plan divino, la predestinación, niega también que exista otra vida después de la muerte. Su vida es un infierno o un paraíso en la tierra conforme sepa luchar (voluntad, determinación consciente) por ese mundo nuevo de hermanos libres.
No creemos en esa redención que nos promete una vida llena de gozos en otra vida después de la muerte.
Creemos en otra redención, la que realmente nos redimirá del mal, pero en esta vida, aquí, ahora.
 
La redención
Existe ciertamente una redención y una condena para el ser humano, pero no son las mismas de las que nos habla la fábula religiosa.
La condena para Pedro, a quien hemos puesto de ejemplo simbolizando a la humanidad, y la humanidad entera, no es otra sino la esclavitud mental a la que las religiones someten a las personas de mente y reflexión débil o con temores internos.
La vida de la humanidad está condenada por la existencia de los privilegiados. Curas, ministros, policías, militares, burgueses, Estado, carcelarios, empresarios y demás gente de este tipo viven a costa del sufrimiento, la explotación y la injusticia cometida diariamente sobre la humanidad. Hacen de la vida de los pobres un verdadero infierno, en el que apenas se le otorgan algunos míseros placeres para mantenerle contento con su esclavitud.
Ellos son la verdadera condena para la humanidad, quien vive miles de privaciones (aún en plena era tecnológica de la abundancia y el consumo), un trabajo rutinario y explotador a cambio de unas míseras monedas que jamás son suficientes para suplir las necesidades de las personas.
Las guerras asolan a la humanidad.
Diariamente, a cada minuto, mientras lees esto, mueren de hambre muchos niños y gente mayor en Somalia y otros países del llamado “tercer mundo”, al que piadosamente las religiones dejan morir mirando para otro lado. Ese otro lado suele ser los bolsillos de los creyentes, a quienes se les saca lo poco que tienen para mantener en la abundancia a barrigones sacerdotes, ministros y demás funcionarios de la Iglesia.
Esa condena, ese infierno en la tierra, tiene nombre de responsables: Estado, Capital, Clero, Autoridad.
La redención para la humanidad no está en los rezos, en la Iglesia, ni en engordarle los bolsillos al cura más cercano. Tampoco está en la creencia en un Dios que no es comprobable que exista, y que de existir tampoco es útil para la humanidad cuando el hambre apremia.
Esa redención sí está en ser buenas personas, en actuar el bien aquí y ahora. No porque con ello pensemos ganarnos un paraíso inexistente, sino porque esos actos pueden convertir este mundo de lamentos en un paraíso en la tierra.
Pero al ser buena persona, no olvides que esos meros actos no transformarán las condiciones en que vive tu pueblo, tu gente, la gente de más allá de las fronteras que también son tu pueblo.
Al ser buena persona no olvides los niños mutilados de las guerras, los obreros explotados diariamente en sus puestos de trabajo, las mujeres usadas como productos por el capitalismo, los miles de personas que mueren de hambre en África o en otros lugares de la tierra; y recuerda, también, que es preciso acabar de una vez por todas con los causantes de esos males.
Estado, Autoridad, Clero, Capital, no caerán por el simple hecho de ser buenas personas.
Deberás organizarte para crear las condiciones que permitan hacerles frente y acaba con ellos y las injusticias y crímenes que realizan.
 
¡Basta entonces de rezos y lamentos!
¡Basta de ser marionetas de la Iglesia!
¡La salvación de las condiciones que te hacen la vida imposible está en ti, solamente en ti y en la gente que te rodea!
 
 
Notas:
 
1.- Trabajo un borrador de un artículo titulado “de la imposibilidad de la existencia de dos almas”, aun no publicado, donde abundaré más argumentos en este sentido para demostrar la inexistencia de Dios. Pronto se terminará y publicará también.
2.- No tiene peso, ni color, ni olor, ni forma, ni altura, ni condición alguna que lo determine. Porque la misma determinación implica un límite a su ser, y siendo Dios el todo, nada puede determinarlo, nada puede limitarlo. Pero si nada lo hace comprobable, es tan simple como definir en base a la lógica que no existe o que éste no puede ser sino una interpretación semántica naturalista del universo, pero jamás una realidad, un ente.
3.- He puesto este ejemplo en mi libro “Apuntes sobre el comunismo anarquista” al hablar sobre la bondad o maldad natural del ser humano, pero aquí se entrelaza con un texto antiteológico.


Erick Benítez Martínez. Abril del 2016
El apoyo mutuo es la obra más representativa de la personalidad intelectual de Kropotkin.
En ella se encuentran expresados por igual el hombre de ciencia y el pensador anarquista; el biólogo y el filósofo social; él historiador y el ideólogo. Se trata de un ensayo enciclopédico, de un género cuyos últimos cultores fueron positivistas y evolucionistas.

[Imagen: 56.jpg]

Abarca casi todas las ramas del saber humano, desde la zoología a la historia social, desde la geografía a la sociología del arte, puestas al servicio de, una tesis científico-filosófica que constituye, a su vez, una particular interpretación del evolucionismo darwiniano.
Puede decirse que dicha tesis llega a ser el fundamento de toda su filosofía social y política y de todas sus doctrinas e interpretaciones de la realidad contemporánea Como gozne entre aquel fundamento y estas doctrinas se encuentra una ¿tica de la expansión vital.
Para comprender el sentido de la tesis básica de El apoyo mutuo es necesario partir del evolucionismo darwiniano al cual se adhiere Kropotkin, considerándolo la última palabra de la ciencia moderna.

[Imagen: 20151117121125-c78907c8.gif]
(Ponencia en el Congreso Internacional de Estudios sobre Bakunin. Traducido de "Interrogations", num. 9.)

Uno de los fenómenos sociales más relevantes de¡ siglo XX ha sido, sin duda, el acceso al pleno poder político de una «Nueva clase» que los marxistas no preveyeron y que, en cambio, los anarquistas -sobre todo Bakunin y Machjaski-«adivinaron» con sorprendente precisión, escavando en las vísceras del movimiento obrero (1). El fenómeno, y la previsión de¡ mismo, todavía no han conquistado el estadio de plena ciudadanía en la cultura contemporánea. Sucede que, la difusión del marxismo y su hegemonía cultural, han deformado sensiblemente el sistema de percepción de la mayoría, provocando una auténtica ceguera intelectual bastante difícil de curar desde el momento que, quien la padece, está completamente convencido de tener en su mano la clave para entender el significado real de todos los acontecimientos pasados, presentes y futuros.

El asunto, sin embargo, no puede sorprender visto que ha sido precisamente el marxismo quien ha proporcionado a esta «nueva clase» las armas ideológicas para conquistar, y tener bien amarrado, el poder. Dicho de otra manera: el marxismo no sólo ha impedido la rápida percepción de la revolución burocrático-managerial que ha llevado a lo más alto de la jerarquía social a la oligarquía del saber y de la competencia técnicoadministrativa, sino que la ha permitido o, al menos, consolidado, poniendo a disposición de los «nuevos patrones» la fórmula política ideal para legitimar, ante ellos mismos y ante el pueblo, su dominio de clase.

[Imagen: 20150417225744-ff1d5a78.jpg]

Antes que nada, debemos someter a discusión uno de los lugares comunes (tópicos) más difundidos pero al mismo tiempo, más mixtificados, por el cual la naturaleza real del comunismo continúa estando oculta o presentándose distorsionada. Este lugar común -que en muchos ambientes políticamente «avanzados» se ha convertido en un verdadero test para detectar rápidamente a los enemigos del socialismo-, es puede formular así: el marxismo en la ideología («científica», naturalmente) del proletariado industrial, el cual gracias a ella ha conquistado el poder en algunos países -bautizados arbitrariamente como socialistas-, y hoy se presente en otros como el heredero histórico de la burguesía capitalista.   TODO EL PODER PARA EL ESTADO-PARTIDO   Las cosas, naturalmente, son del todo distintas, de forma que es puede decir que raramente una proposición estuvo más lejos de la realidad que ésta, y por tanto es más mixtificadora de la identidad histórica entre marxismo y clase obrera, entro alternativa comunista y emancipación de los trabajadores. Aquí, la realidad está literalmente trastocada, como en una cámara oscura gracias a una desviación que está considerada uno de los productos más estupefacientes del poder de engaño , y autoengaño, de que el hombre dispone. La «desviación» dice que el marxismo expresa puntualmente los intereses de la clase trabajadora; la historia, en cambio, demuestra que las revoluciones comunistas han llevado el poder a una nueva oligarquía que monopoliza las funciones directivos de la vida social, gracias al control de los recursos intelectuales, cognoacitivos y técnicos (saber es poder). Este nueva clase dominante, está conformada por burócratas, managers, técnicos y científicos, es decir, por un mosaico de grupos bastante diferenciados, pero sin embargo, lo suficientemente homogéneos en el monopolio del «conocimiento» que es la base de su supremacía social y política.

Por otra parte, esta oligarquía de¡ «conocimiento» ha podido establecer una forma de dominio total en el momento en que las revoluciones hechas en nombre de la doctrina de Marx han concentrado todo el poder en el Estado-Partido que, por sí mismo, se ha convertido en el regulador de la vida social.

Desde el punto de vista del materialismo histórico, un fenómeno similar es inexplicable, desde el momento que la existencia de las clases se hace coincidir con la existencia de la propiedad privada. Y, en efecto, los marxistas ortodoxos, o niegan la existencia de la nueva clase dominante en la llamada sociedad socialista, o se ven obligados a considerar el dominio totalitario de la burocracia y de la inteligencia managerial, como una degeneración o una excrecencia pasajera, destinada a desaparecer en el momento que el proletariado se apropie del poder usurpado por los funcionarios del Partido comunista (2).   BAKUNIN SE ANTICIPO   Lo que pasa es que la «nueva clase», descrito en términos más o menos análogos por Bruno Rizzi, James Burham, Max Sachtman y Milovan Djilas (3), no sólo existe, sino que presenta una estabilidad tal que difícilmente su conformación puede presentarse como una desviación de aquel tráfico en una sola dirección que es, según los marxistas, la Historia. Además, la formación de una nueva clase dominante en el seno de las organizaciones obreras hegemonizadas por los marxistas, fue prevista, con bastante anticipación, por Bakunin que continuamente ponía en guardia a los trabajadores europeos, acerca de la «burocracia roja». El mismo Bakunin intuyó que a través de los sistemas autoritarios y centralistas de Marx no se podría verificar la emancipación (prometida) de la clase obrera, sino, por el contrario, la instauración de una nueva forma de dominio de clase basado, ya no en la propiedad privada de los medios de producción, sino más bien en el monopolio del saber y en la estatalización integral de la vida social. Vio, con notable antelación, que en el marxismo estaban todos los «bacilos» que podrían, si no eran rápidamente identificados los anticuerpos, «pervertir» las relaciones populares. De aquí, su constante polémica contra los doctrinarios marxistas, en los cuales veía los «nuevos patronos» de la sociedad futura, la oligarquía que, utilizando el movimiento obrero como trampolín, instauraría, sobre los despojos del Estado popular, propia dictadura de clase.

Bakunin llegó a esta notabilísima anticipación del futuro desarrollo del comunismo, analizando dos órdenes de fenómenos: la presencia, en el seno del movimiento obrero europeo, de una plétora de intelectuales proletarizados en busca de poder, y la particular naturaleza, autoritaria y doctrinario al tiempo, del marxismo. Sucesivamente, fue relacionando estos dos fenómenos -inteligencia alienada o ideología marxista-, y vio rápidamente el resultado político que, combinados, podían producir: la «colonización» de la clase obrera por parte de los revolucionarios doctrinarios, a la que seguiría, en donde se hubiera producido una revolución popular victoriosa, la dictadura de los intelectuales sobre la masa proletaria.   II   ¿Qué fue lo que permitió a Bakunin anticipar la involución, en sentido oligárquico y clasista, de la revolución comunista? Sin duda, una idea del poder mucho más realista que aquella sobre la que se apoya todo el imponente edificio de la sociología marxiana. Según ésta, la única fuente del poder del hombre sobre el hombre, es la propiedad privada que, convulsionando la solidaria y compacto comunidad primitiva, ha desencadenado la guerra de clases, descrito por Engels en los siguientes términos: «El Poder de la comunidad natural debía ser quebrantado, y, en efecto, lo fue. Y fue quebrantado por influencias que aparecen, desde el principio, como una degradación y una culpable caída de la simple altura de la comunidad gentilicio. Los más bajos intereses -vulgar avidez, brutal concupiscencia de goces, sórdida avaricia, rapiña egoísta de la propiedad común-, inauguraron la nueva sociedad incivilizado, la sociedad de clases» (4). El agente histórico que desintegró la unidad intelectual y moral de la humanidad primitiva fue, la propiedad privada que la teoría asume, por sí misma, como origen del mal radical. Así, a la doctrina cristiana del pecado original que encuentra en el corazón humano las raíces del mal radical, Marx y Engels contrapusieron una versión «actualizada» de la doctrina gnóstica de la caída y la alienación. Una doctrina exquisita e irremediablemente mítica, pero indispensable porque sin ella todo el edificio teórico marxista se tambalea, y se tambalea, sobre todo, la esperanza metastática de crear la sociedad sin clases y sin Estado a través de la supresión de la propiedad privada.   SUPRIMIDA LA PROPIEDAD, SIGUE EL PODER   El razonamiento que está detrás de esta singular concepción del poder tomado directamente de Rousseau, Morelly y Babeuf, es el siguiente: el dominio del hombre por el hombre no tiene raíces psicológicas, sino económicas y sociales. Y esto está estrechamente unido a la situación de penuria en que los hombres se encuentran frente a la naturaleza y la institución de la propiedad privada. Removido el primer obstáculo que es interpone entro la sociedad clasista y la sociedad sin clases gracias a la revolución industrial -de aquí la exaltación mística de Marx por el desarrollo de las fuerzas productivas en las que veía la condición sine qua non para emancipar al hombre de la esclavitud y librarlo del mal-, ya no queda más que eliminar la propiedad privado, es decir colectivizar todos los medios de producción.

Colocado en estos términos el problema de la edificación del socialismo es de una simplicidad exaltante: basta suprimir los expropiadores y la humanidad antes o después. Incluso a través de luchas intensas y dramáticas, encontrará su perdida unidad original. A Marx y a los marxistas, la idea de que la dictadura de transición pudiera llegar a transformarse en una nueva forma de dominio clasista, les parecía un auténtico absurdo. ¿No era la propiedad privada la única fuente del poder? Entonces, ¿cómo iba a ser posible la existencia del Estado y de las clases en una sociedad privada de la fuente del mal radical? Como se sabe éste fue el razonamiento que hizo Trotsky frente a lo que, con expresión reveladora, llamaba «usurpación burocrática» del poder en perjuicio de la clase obrera; y éste continúa siendo el razonamiento, más o menos explícito, de los marxistas, para los cuales, incluso cuando las sociedades comunistas recurren al terror, al lavado de cerebro, a la persecución de disidentes y a la represión de cualquier forma de protesta por parte de la clase obrera, conservan una superioridad moral indiscutible.   MISTICISMO ENMASCARADO COMO CIENCIA   Todo esto ocurre porque los marxistas están convencidos de que el mal radical no es inherente a la naturaleza humana, sino el producto de una institución -la propiedad privada- que ha pervertido cada cosa y que debe ser sorprendida hasta devolver a la unidad lo que ella ha dividido. Sólo entonces, la realidad volverá a ser lo que era en su origen: una totalidad perfectamente armónica.

Como se ve, nos encontramos frente a un verdadero dogma teológico, o artículo de fe, con el cual el marxismo se identifica todo corde -tanto que está dispuesto a defenderlo con todos los medios, sin excluir la persecución de los pocos creyentes o de los heréticos-, ya que de él depende la posibilidad de la salvación de la humanidad. De hecho sólo puede ser liberada redimida, sin ayuda de ninguna potencia externa, si el mal es externo a la naturaleza humana. Estamos en plena soteriología gnóstica (6).

Este misticismo enmascarado hábilmente como ciencia, fue rápidamente denunciado por los anarquistas que, contrapusieron a la teoría marxiana del poder la siguiente concepción: «El Estado no es, de ningún modo, un producto orgánico de la sociedad, ni la consecuencia de los antagonismos de clase, sino su causa ... El carácter insostenible de la hipótesis del nacimiento del Estado, y sobre todo, el rechazo en la utopía marxista de la «supresión» del Estado a través de¡ desarrollo dialéctico de¡ proceso de producción, tienen, como consecuencia, una postura completamente distinta acerca de la cuestión del camino al socialismo, o sea a una sociedad cualificada, de pleno derecho, como sociedad sin clases y sin Estado. El socialismo anarquista considera como un hecho adquirido que la historia es la historia de la lucha de clases y reconoce, con Marx, que es deber del proletariado suprimir los antagonismos de clase llevando la lucha contra la clase capitalista hasta el final abatiendo el monopolio de su potencia económica. Pero este monopolio ha sido posible a través de un monopolio de¡ poder, es decir, con la fuerza organizada como Estado que, en primer lugar, le ha hecho nacer y después, con este monopolio, le ha permitido un desarrollo siempre mayor: de aquí la necesidad de destruir tanto el monopolio del Estado político como el monopolio económico» (7).

Los marxistas, obviamente, han seguido una vía opuesta a la indicada por los anarquistas y, en perfecta armonía con su concepción de la naturaleza y del origen del mal radical, han instaurado, allí donde han triunfado, un Estado que suma el monopolio del poder político y el monopolio del poder económico. De tal forma que se ha llegado no a la supresión del Estado por parte de la sociedad, sino a todo lo contrario: la supresión de la sociedad por parte del Estado, o lo que es igual la instauración de un sistema totalitario gestionado por una oligarquía que monopoliza el know-how y controla todas las manifestaciones de la vida social gracias a una omnipresente máquina burocrático-managerial. Así un error técnico -la arbitraria identificación de poder y propiedad privada- ha generado un proceso político que ha llevado a un resultado completamente opuesto al prometido por los marxistas y previsto «científicamente» en la doctrina.

Bakunin fue el primero en prever con extrema precisión la desembocadura burocrático-totalitaria de la revolución marxista, precisamente porque comprendió que la propiedad privada de los medios de producción no es, en absoluto, la única fuente del poder y que, este último, puede surgir como producto espontáneo de la organización y del monopolio del saber. Suprimiendo la propiedad privada sin desmantelar las estructuras políticas -esta es en síntesis, su profecía (prognosis)- los marxistas automáticamente «exaltarían» a los gestores de la máquina burocrática estatal y a los grupos sociales en posesión de un patrimonio cognoscitivo superior al de los simples trabajadores. Esto le permitió no sólo prever el final clasista de la instauración de la dictadura revolucionaria, sino también individuar en el marxismo a la ideología de la inteligencia marginal que aspiraba a instaurar su propio dominio de clase expropiando, en nombre del pueblo, a los capitalistas.   III LA MENTIRA DE LA «DICTADURA PROVISIONAL»   Examinemos ahora más de cerca la fisonomía de la interpretación bakuniniana del marxismo como ideología de clase de la inteligencia proletarizada.

Las críticas de Bakunin se refieren en primer lugar a la concepción marxiana de la dictadura de¡ proletariado. «Si el proletariado -escribe el gran anarquista ruso- se convertirá en la casta dominante, ¿sobre quién dominará? Esto significa que quedará todavía otro proletariado sometido a esta dominación, a este nuevo Estado. Este es el caso, por ejemplo, de la masa campesina que, como se sabe, no goza de la benevolencia de los marxistas y que, al encontrarse en el grado más bajo de cultura, será evidentemente gobernada por el proletariado de la ciudad y de la fábrica; o quizá, si consideramos la cuestión desde el punto de vista nacional, tomando a los eslavos con relación a los alemanes, los primeros estarán con relación al proletariado alemán victorioso, bajo idéntica sujeción que estos últimos se encontraban con relación a su burguesía. Donde hay Estado hay inevitablemente dominación y, como consecuencia, esclavitud; el Estado sin esclavitud, abierta o enmascarada, es inconcebible; por eso somos enemigos del Estado. ¿Qué quiere decir que el proletariado se ponga a la cabeza del gobierno? ¿Que todo el pueblo gobierne y que no haya gobernados? En este caso, no habrá gobierno, no habrá Estado; pero si hay Estado habrá gobernados, habrá esclavos» (8).

La objeción, como se ve, no es banal, y será repetida muchas veces por los anarquistas contra los partidarios de la concepción estatocéntrica de la edificación del socialismo. Pero lo que resulta más interesante e instructivo en el análisis bakuninista de la teoría marxiana de la dictadura del proletariado es la individualización de los peligros insertos en la transformación de la mentalidad de la élite revolucionaria, apenas se habrá posesionado de la máquina estatal. Se sabe que en el marxismo las variables psicológicas se borran, o más exactamente, se reducen a manifestaciones de la corrupción de la humanidad generadas por la propiedad privada; con la consecuencia de que la idea de que también en una sociedad privada de propiedad privada pueda formarse una clase con intereses y mentalidad distinta de la masa de trabajadores, se descarta desdeñosamente como un prejuicio burgués reaccionario y anticientífico. Bakunin, en cambio, advierte rápidamente que las cosas son de forma diversa a como las imagina el marxismo, es decir que la tendencia egoísta y autoritaria de la naturaleza humana no deriva de la existencia de la propiedad privada. Y continúa: «Este dilema está resuelto simplisimamente en la teoría marxiana. Por gobierno popular ellos entienden el gobierno del pueblo por parte de un pequeño número de representantes elegidos por el pueblo, por los llamados representantes del pueblo y los gobernantes del Estado; esta es la última palabra de los marxistas al igual que de la escuela democrática, es una mentira que esconde el despotismo de una minoría dirigente más peligrosa porque se presenta como la expresión de la llamada voluntad del pueblo. Así, desde cualquier parte que se examine esta posición, se llega siempre al mismo desagradable resultado: al gobierno de la inmensa mayoría de las masas populares por parte de una minoría privilegiada. Pero esta minoría, nos dicen los marxistas, será de trabajadores. Si, ciertamente, de ex trabajadores que, apenas se conviertan en gobernantes o representantes de los trabajadores, dejarán de ser trabajadores y mirarán al mundo del trabajo manual desde lo alto del Estado; no representarán ya, desde aquel momento, al pueblo sino a sí mismos y sus pretensiones de querer gobernar al pueblo. El que dude de esto no conoce nada de la naturaleza humana» (9).

La teoría de la dictadura preparatoria se denuncia así como un sofisma tan peligroso como de graves consecuencias en abierto conflicto con el fin último de¡ socialismo, que es liberar al hombre. Y se critica de paso, con extrema precisión, la irreal concepción de la naturaleza humana que sirve de fondo antropológico a tal doctrina. El Estado de transición -dice Bakunin-, generará automáticamente una clase dominante en la que el ejercicio del poder incidirá en la psicología de los ex trabajadores y de los doctrinarios y los transformará en gobernantes, con todos los defectos típicos de las clases privilegiadas. En este sentido, la tesis de Bakunin es extremadamente radical: o se destruye el Estado o se tiene que aceptar «la mierda más vil y temible de nuestro siglo: la burocracia roja» (10). 

( 1 ) N. Berti: «Anticipación anarquista sobre "nuevos patronos"   («Interrogations». Marzo-78).

(2) P. Naville: «Burocracia y revolución» (Jaca Book, Milán-1973) y D. Russet: «La societé eclatée» (Grasset, París-1973.

(3) B. Rizzi: El Colectivismo burocrático (Galeati, Imola, 1969).

(4) F. Engels: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. P. 100.

(6) L. Pellicani: «El revolucionario profesional» (Vallecchi, Florencia, 1975).

(7) A. Lehning: «Marxismo y anarquismo en la Revolución rusa» (Ed. Antístato, Cesena, 1973).

(8) M. Bakunin: «Estatismo y anarquía».

(9) Ibídem

(10) Correspondencia de M. Bakunin (Perrin et Cie. París, 1896).  http://noticiasyanarquia.blogspot.com.ar...-como.html
[Imagen: prometeo01.jpg]

El viejo ácrata Enrique Arenas reflexionó: “Se puede ser rebelde y no anarquista; pero no se puede ser anarquista sin ser rebelde; de aquí que, afirmemos que la rebeldía no es anarquismo”. Un silogismo muy cierto que se refiere a una característica esencial de la Idea anarquista y que, al momento de pensar en aquellas figuras que antecedieron a la forma moderna del anarquismo, nos permite comprender las formas y principios que impulsaron a quienes hoy podríamos considerar como anarquistas antes del anarquismo.

Es, justamente, Max Nettlau quien reflexiona acerca de la relación que existe entre la rebelión y la Anarquía en los tiempos prehistóricos, señalando que en la mitología podemos encontrar la memoria de las rebeliones:

“Son los Titanes que dan el asalto al Olimpo, Prometeo desafiando a Zeus, las fuerzas sombrías que en la mitología nórdica provocan el crepúsculo de los dioses, es el diablo que en la mitología cristiana no cede nunca y lucha a toda hora y en cada individuo contra el buen Dios, ese Lucifer rebelde que Bakunin respetaba tanto, y muchos otros”.

En este sentido, viene al caso preguntarse: ¿Cuál era el contenido de las rebeliones a las que hace alusión Nettlau? Se trata de rebeliones originarias, mitológicas, que podríamos situar en las antípodas del origen de la humanidad y que, por lo tanto, ponen en duda su propia condición y se enfrentan a la creación como tal. Ya lo señaló Albert Camus en El Hombre Rebelde: “(…) no puedo dudar de mi grito y tengo que creer, al menos, en mi protesta”. Las rutas que posteriormente tome la rebelión, en cuanto movimiento mismo de la vida, pondrán en tensión la posibilidad de la destrucción de los otros, o bien su capacidad de levantar un ser, como gesto de amor y fecundidad. No obstante, como el hombre es aquel ser que se niega a sí mismo, es capaz de olvidar sus generosos orígenes, y hacer de la rebelión una máquina mortífera en nombre del poder y la historia.

Reflexionar sobre la Anarquía antes del anarquismo supone, entonces, pensar en el origen generoso de la rebelión. De ahí que nos interese el razonamiento de Max Nettlau y, particularmente, la historia del titán Prometeo, memoria de una obstinada rebeldía, o relato de un desobediente amor por los hombres.

Prometeo era primo de Zeus: el primero era hijo del titán Japeto, mientras que el segundo lo fue de Crono. Como todo mito, la historia de Prometeo tiene diversas versiones. Por ejemplo, según se señala en la Teogonía de Hesíodo, escrita por el siglo VII y VIII a.C., Prometeo nació de Japeto y Clímene, una bella Oceánide. Mientras que algunas versiones relatan que Prometeo creó a los hombres moldeándolos con arcilla, en la versión de Hesíodo es, simplemente, el bienhechor de la humanidad, el titán filántropo. Ciertamente, esto último es su rasgo principal y es el que podemos encontrar en sus diversas historias y versiones, además de su carácter mañoso y astuto.

La historia a la que nos referiremos a continuación es, sin duda, la más conocida de todas. Ha tenido referencia en variados autores griegos y latinos, como Esquilo, Aristófanes, Luciano de Samosata, Virgilio y Ovidio, y otros más modernos, como Percy Shelley y Nikos Kazantzakis.

Todo comienza en Mecona, durante una celebración que termina con la separación entre dioses y hombres. Allí, Prometeo ofreció un buey dividido en dos partes: en un lado coloca la carne cubierta por el vientre del buey, y en el otro los huesos disimulados bajo brillante grasa blanca. Ofrece a Zeus su parte, para que el resto quede para los hombres. Zeus escoge la brillante grasa, sin percatarse que en el fondo eran solo huesos. Encolerizado, castiga a los hombres, benefactores de la astucia prometeica, quitándoles el fuego. Es entonces cuando, según la descripción de Esquilo en su tragedia Prometeo Encadenado, los hombres, sin fuego, se asemejan a fantasmas de un sueño, amasando la vida al azar. Prometeo, en su amor por la humanidad, roba el fuego de la “rueda del Sol” de los dioses y corre a entregárselo a los hombres, para que hicieran uso del fuego en beneficio de ellos.

La connotación de este hecho es doble: por un lado, el acto de rebeldía de Prometeo, y, por otro lado, la significancia del fuego. Respecto al primero, hay que señalar que Prometeo es duramente castigado por Zeus, quien lo ata a una roca en lo alto del Cáucaso, abandonado de todo, y le envía un ave de amplias alas, que devora su inmortal hígado durante el día, creciendo por las noches las mismas proporciones devoradas. Pese a todo, y aun cuando se ofrece su liberación si dice cómo será la caída de Zeus (Prometeo tenía la facultad de ver el futuro), Prometeo se mantiene obstinado: “no cambiaría mi sufrimiento por tu servilismo”, dice en la tragedia de Esquilo, o “sabes bien que aborrezco a los dioses todos”, según Aristófanes escribe en su comedia Los Pájaros.De aquí podemos vislumbrar la segunda connotación del mito: el valor de su acto, y las razones por las cuales Prometeo cree en él, es que el fuego no solo es un elemento transformador, el motor de la sofisticación de la técnica, sino también es el arte. De hecho, la palabra griega “téchne” se traduce como “arte”, “ciencia” o “profesión”, es decir, arte y técnica habitan juntas y, más aún, ellas suponen la esencia del hombre: para dejar de vivir como fantasmas de un sueño, necesitamos del arte.

De esta forma, la rebeldía de Prometeo le dio al hombre una facultad única: la creación artística. Si los dioses no sufren, ellos no pueden conocer la creación artística. La rebeldía ante los dioses, por lo tanto, es mayor aún: se ha encontrado aquello de lo que los dioses carecen. Una tardía versión de Prometeo, de Luciano de Samosata (siglo II d.C.), versa: “Me parecía que algo le faltaba a la divinidad en tanto no había nada que oponerle”.

Una mitología, entonces, que podemos leer a la luz fogosa de las ideas anarquistas. Camus lo anotó en su ensayoPrometeo en los infiernos: “Los mitos no tienen vida por sí mismos. Aguardan a que nosotros los encarnemos”. Este mito contiene savia intacta, puede ser una posible resurrección. Porque es cierto, dice Camus, que si Prometeo volviera a robar el fuego serían los mismos hombres quienes lo encadenarían al Cáucaso, pues ellos no desean más el arte. Solo necesitan la técnica.

A nosotros y nosotras nos quedaría preguntarnos: Si encarnamos el mito, ¿a quiénes debemos robar el fuego?, ¿desde dónde debemos extraerlo?, ¿puede la técnica suponer un arte, y viceversa?, ¿reorganizar los oficios, como diría Proudhon? Recordemos, aun en esta avanzada, pero contradictoriamente salvaje, civilización: Aún queda todo por hacer, que será necesario volver a pensar en el fuego.

Ulises Verbenas
Fuente: http://grupogomezrojas.org/
[Imagen: maxnettlau.jpg]

Se suele asimilar las ideas anarquistas con la figura de los árboles: se dice que el árbol de la anarquía ha sido fecundo, que se desenvuelve en ramas diversas, que entrega frutos, que los anarquistas son sembradores. Incluso, es posible vislumbrar un tronco, conformado por las bases y los denominados clásicos, lugar donde algunos discuten cuál es el verdadero anarquismo, definiendo su ontología social y declarándose herederos de una tradición, según su parecer, fácil de determinar.

Sin embargo, pocos se preguntan por las raíces de este árbol, que son igual de diversas que las ramas y, sobre todo, son difíciles de medir, pues permanecen ocultas bajo la tierra. Más aún, sería menester, también, preguntarse cómo la semilla de ese árbol logró germinar, qué agentes trabajaron la tierra durante los siglos anteriores y cuáles fueron los otros seres vivientes que interactuaron en este ecosistema libertario, ¿cabría consultarnos si sólo ha brotado un árbol?, ¿será posible que en la extensa historia del Planeta Tierra, e incluso del Cosmos, hayan brotado otros árboles ácratas? Bakunin nació hace 200 años, período que no es siquiera un parpadeo del Universo.

Lo cierto es que esta inquietud no es nueva. Max Nettlau, el Heródoto de la Anarquía según Rudolf Rocker, escribió al comienzo de su voluminoso libro “La Anarquía a través de los tiempos” que “una historia de la idea anarquista es inseparable de la historia de todos los desarrollos progresivos y de las aspiraciones hacia la libertad”. Sus palabras, sin duda, evocan a los dichos del comediante latino Terencio, quien en su obra “El atormentador de sí mismo” pone en boca del personaje Cremes la expresión “Homo sum, nihil homini a me alienum puto”, es decir, “Humano soy, nada humano me es ajeno”. La Anarquía, idea de lo humano y su entorno, es un pensamiento que no puede separarse del desarrollo de las sociedades y sus culturas a lo largo del Tiempo, incluso antes del nacimiento de la Historia. Elisée Reclus, en efecto, señaló en su texto “El ideal anarquista” que “la anarquía no es una teoría nueva”, dado que “siempre ha habido hombres libres, despreciadores de la ley, gentes que han vivido sin amos, según el derecho primordial de su existencia y de su pensamiento”.

No se trata, en ningún caso, de suponer que existe un paleoanarquismo o un protoanarquismo que fundamente históricamente las ideas libertarias, ni mucho menos que conformen una supuesta construcción histórica que decantó en lo que conocemos como anarquismo desde el siglo XIX. Se trata, más bien, de comprender dilemas como los que Piotr Kropotkin señala en su libro “Ética: Origen y evolución de la moral”, donde expresa, por ejemplo, que el libro “Investigación sobre la justicia política e influencia sobre la virtud y la felicidad en general” de William Godwin, que fue escrito en Inglaterra el año 1793, “contiene la exposición completa y sincera de lo que más tarde ha sido propagado con el nombre de anarquismo”. Incluso, si consideramos la categoría de “anarquistas sin saberlo” que Kropotkin esboza en su “Moral anarquista” para referirse al dramaturgo noruego Henrik Ibsen y al filósofo francés Jean-Marie Guyau, el dilema es más claro aún: ¿Existe tal cosa como un origen de los anarquistas?, ¿tiene fecha el nacimiento de las ideas anarquistas?, ¿una ubicación geográfica exacta? Y si todo nacimiento supone que habrá una muerte, ¿cuándo morirá el anarquismo, si es que ya no murió hace décadas? No, no son esos los términos para pensar en el ideario ácrata. La discusión entre el geógrafo ruso Piotr Kropotkin y el historiador canadiense George Woodcock nos aclara, en cierta medida, esta problemática: según Kropotkin, el fundamento de las ideas anarquistas reposa en la dinámica que le ha sido propia a todos los tiempos y que se compone por la lucha entre dos principios, uno de libertad y otro de coerción, siendo el primero de estos al que le debemos la evolución, conforme sostiene en su libro “El apoyo mutuo: un factor de la evolución”. No obstante, Woodcock piensa que el anarquismo es una “tendencia desarrollada, articulada y claramente identificable, [que] aparece solamente en la era moderna de las revoluciones sociales y políticas”, lo que significa que “es una doctrina político-social con un específico objetivo encaminado a cambiar la sociedad, pasando de una forma de administración autoritaria a una administración libertaria” (véase su libro “Albores del anarquismo”).

¿Tenemos que optar por una de estas visiones para saber dónde se hunden las raíces del anarquismo? No necesariamente; según nuestro parecer, ambas tienen razón e, incluso, se complementan entre sí. Y es que, justamente, no podemos obviar que “poseemos textos de más de dos mil años en los que no sólo se describen sociedades humanas sin gobierno, ejército ni leyes restrictivas, sino que también aseguran que este tipo de relaciones sociales es el ideal del género humano”, como nos cuenta el profesor Bert F. Hoselitz en “The political philosophy of Bakunin: Scientific Anarchism”. Precisamente, en la obra “Metamorfosis” del poeta romano Ovidio, se narra el proceso de las edades, etapas que constituyeron la prehistoria del hombre y que estuvieron sujetas a un constante devenir. Allí, entre los versos 89 a 115 se cuenta cómo era la primera edad del hombre, o sea, la edad de oro: sin ley, ni castigos ni jueces, donde “no existía la espada”, tampoco el miedo y, menos aún, las amenazas, y la gente podía disfrutar sus “blandos ocios sin uso de soldado”. Se relata, en efecto, la utopía anarquista, narrando, incluso, los beneficios de una fructífera tierra que sin necesidad de arado daba frutos en unaprimavera eterna, casi como si se tratase de la propuesta que Piotr Kropotkin plantea en “Campos, fábricas y talleres”, según la cual –en contraposición a las ideas de Malthus– se podría desarrollar una producción infinitade alimentos para todas y todos.

La diferencia, sin embargo, es clara: para los anarquistas, la edad dorada puede estar en el porvenir, y no necesariamente como un pasado lejano. Es lo que ya anunció, con gran claridad, Gustav Landauer: el socialismo no es un invento, sino más bien un descubrimiento, una forma de relación que subyace a la vida humana y que sólo basta con querer desarrollarla para vivir en anarquía. Las raíces, en tal caso, no tienen relación con la Historia, ni mucho menos con condiciones geográficas o económicas. Al contrario, las raíces se hunden en nosotros mismos y, sencillamente, en toda práctica de libertad que se articula ante cada escenario, tanto en lo individual como en lo colectivo.

Anarquistas ha habido, y existen mucho antes de lo que luego se elaboró bajo el título de “anarquismo”. Incluso hoy en día, muchos anarquistas viven fuera del anarquismo, de su tradición y discusiones. Nuestra tarea, por el momento, será observar desde esta amplitud aquellos viejos ácratas que vivieron en la Grecia Antigua, en las guildas medievales o en Oriente. No para pensar un nacimiento. No creemos que al final esté la muerte. Nos interesa, más bien, pensar en formas, métodos, formas de relación que aún tienen mucho para enseñarnos hoy en día.

Ulises Verbenas
Fuente: http://grupogomezrojas.org/

* [Imagen] Max Nettlau: “Una historia de la idea anarquista es inseparable de la historia de todos los desarrollos progresivos y de las aspiraciones hacia la libertad”
[Imagen: proudhon.jpg]
El tipo ideal de Weber es un concepto que ayuda a distinguir entre teoría y realidad. Básicamente lo que dice es que una conceptualización no puede ser encontrada empíricamente en la realidad ya que es una abstracción. Tomemos un concepto teórico como ejemplo: “modo de producción esclavista”, podemos utilizarlo para analizar una sociedad, pero no todas las relaciones de producción que se dan en esa sociedad determinada son en relación propietario/esclavo. Esto ocurre porque "modo de producción esclavista" es una conceptualización teórica, no es la realidad misma.
Weber analiza muchísimos tipos ideales, por ejemplo tipos de dominación: racional, carismática y tradicional y un largo etcétera. Mediante este concepto y su obra Weber refutó para siempre las teorías marxistas que pretenden ser una explicación única y totalizadora de la realidad.
Proudhon  se adelanta a la teoría de los tipos ideales en el "Principio federativo" cuando analiza las formas de gobierno: Monarquía, Comunismo, Democracia y Anarquía (al referirse a comunismo se refiere a comunismo autoritario). Proudhon dice "Son concepciones ideales, fórmulas abstractas, tras las cuales se constituyen empírica e intuitivamente todos los gobiernos de hecho; pero que no pueden pasar ellas mismas a la calidad de hechos. La realidad es compleja por su naturaleza".
Proudhon se refiere a que la anarquía es el reino de la libertad, pero en algún lugar de la sociedad siempre quedará un resto autoritario, esto es así porque Autoridad y Libertad son dos polos irreductibles (nunca pueden desaparecer del todo ya que uno no existe sin el otro).
Por eso la lucha consiste en  ampliar la libertad constantemente, pero Proudhon se cuida mucho de no caer en el utopismo de muchos de sus predecesores y sucesores;  en su sistema político y económico siempre siguen ocurriendo conflictos de intereses entre los grupos sociales y es en ese intento exitoso, a nuestro entender, que logra un pragmatismo que une teoría y práctica. 

Marcelo T.
[Imagen: thump_955653111058126193711211651.jpg]

Desde hace décadas, las teorías más prestigiosas en los ámbitos académicos defienden sin casi oposición que la literatura es una compleja forma de acceso a la realidad o de intelección o una reflexión más o menos profunda sobre la existencia hoy (o ayer o siempre) o una privilegiada forma de comunicación…, o una combinación de algunos de esos elementos (u otros que se nos olvide) con todos los matices que se quieran introducir. Más allá de las diferencias entre teorías, lo habitual es coincidir en entender la literatura como un fin en sí mismo, como una forma autónoma de creación artística libre y viva que tiene una relación de difícil análisis con la sociedad y con el creador, pero nunca supeditada ni a uno ni a otro ni al lector, sino a todos ellos con diferente predominio de alguno de estos aspectos según corrientes. La complejidad de las sociedades occidentales tardocapitalistas en general y de su mundo académico no facilita un análisis simple. Solo cabe decir que este mundo académico se construye sobre un muy elaborado discurso teórico, vinculado casi en exclusiva al ámbito universitario.
 Alejado de la concepción elevada de la alta literatura, podemos encontrarnos con la literatura comercial o de consumo, esa que se puede encontrar en las grandes librerías de los centros comerciales, que se anuncia en los medios de “comunicación”, que suele ser elogiada como un buen entretenimiento y que tiene como objetivo final ser un producto lo más rentable posible. Detrás de este mundo hay a menudo costosas campañas de publicidad, premios amañados y todo un juego de apariencias cercano al impostado mundo de la música y el cine comerciales. No es extraña la figura del autor de consumo que vende su producto artístico usando como “literatura minoritaria”, esa que hemos descrito arriba, como reclamo publicitario.
 En la actualidad, con un carácter completamente minoritario podemos encontrar una literatura de carácter social, es decir, una literatura que muestra una crítica radical del mundo en el que nace. El fracaso del individuo, la creación literaria, las relaciones interpersonales, los conflictos sobre la identidad… son temas propios de la literatura de minorías; las relaciones personales tratadas con brocha gorda, las tramas históricas con algo de suspense y casi cualquier asunto digno de tratarse superficialmente son característicos de la literatura de consumo; las miserias de la democracia, el ecologismo, la divulgación política a través del ensayo y una multitud de temas de denuncia social forman el grueso de una literatura antagonista cuyo principal objetivo es esencialmente generar conciencia.
 Dentro de esta literatura de carácter social se puede llegar a distinguir una literatura de carácter netamente libertario, que principalmente toma forma en el ensayo de carácter político, por ser el género literario que mejor se ajusta a la urgente necesidad de realizar una crítica explicíta a todas las formas de opresión existente y, sobre todo, posibilita la plasmación de alternativas propiamente libertarias. Las posibilidades de otros géneros reduce a menudo la posibilidad de un mensaje unívocamente anarquista, por lo que hay ciertas formas de literatura social que, sin explicitar su activismo libertario, lo sostiene sobre valores anarquistas que toman formas diversas aunque desde una sensibilidad perfectamente definida.
 
 El canon, la literatura social y la sensibilidad anarquista
 
 El canon literario, es un conjunto de valores que sirve para “reglamentar” qué textos son los prestigiosos en una sociedad o en un grupo social determinado en un momento concreto. Es frecuente, aunque es un argumento algo engañoso, remarcar que los textos que constituyen el canon son aquellos que sobreviven al tiempo por su carácter universal. En realidad el canon suele estar constituido por textos valorados por ser los propios de las clases dominantes del momento de la creación o del momento de la recepción. Alrededor de estos textos canónicos se puede encontrar una cantidad importante de material crítico más o menos complicado que sirve para legitimar su condición de texto prestigioso.
 Dicho esto, no podemos obviar que eso que muchos llaman posmodernidad, es decir, la lógica cultural de nuestro tiempo, se caracteriza por un canon que muchos consideran abierto o fragmentario. En unas sociedades como las democracias capitalitas contemporáneas no es fácil definir de forma unívoca las relaciones de poder sobre las que se sostiene el canon por lo que esta sensación de diversidad está bastante extendida.
 Pese a la heterogeneidad de propuestas que caben bajo el paraguas de la posmodernidad, no todas disfrutan del mismo estatuto. No todas tiene la misma posición. Por ejemplo, hay que señalar que la literatura social, esa que se propone crear conciencia de la explotación económica, la opresión política, etc. que en otros periodos (como parte de los 50, 60 y 70 del siglo XX) fue considerada como una literatura de cierto prestigio, ha quedado relegada, como ya mencionamos, a una posición secundaria, minoritaria o incluso, por momentos, marginal.
 La historia de la literatura, que se construye desde los despachos oficiales, nos dice que la literatura social ha pecado tradicionalmente (con escasas excepciones) de simplona en sus tramas y temas; maniquea en la creación/recreación de personajes; torpe (o siendo generosos, descuidada) en su elaboración formal, prosaica; etc.
 Esta concepción del arte que piensa en la literatura como sofisticado ejercicio intelectual responde a una de las varias concepciones burguesas de la creación. Tras esta visión de la literatura, hay una concepción del artista como genio, como individualidad especialmente dotada, que cobró fuerza tras el medioevo y que durante el romanticismo (ese movimiento pequeñoburgués) exaltó al artista como ser diferenciado, particular… Esta idea se ha prolongado hasta hoy y tiene un calado innegable en las sociedades occidentales que han interiorizado dicha forma de entender al artista. Por todo esto, los pensadores orgánicos dicen que la literatura social es un subarte o arte torpe de barricada y denuncia. No hay nada que decir. Debemos darles la razón. La creación burguesa pensada como estética (como ética del jarrón de museo), con su refinamiento, con sus genios y sus admiradores de genios, sus sutilezas y su capacidad de indagar en lo más profundo, no puede sino mirar con desdén a una literatura para destruir el poder y el estatuto del artista profesionalizado. El arte es demasiado importante como para dejarlo en manos del artista. Por el contrario, descentralizar la figura del creador (y desacralizarlo), anclarlo a las necesidades comunes y llevarlo al encuentro de lo colectivo son fundamentos propios de la cultura literaria del anarquismo.
 No es decir nada nuevo que para el anarquista el refinamiento conceptual y las indagaciones metafísicas, la construcción de un imaginario poético propio es algo secundario cuando no frívolo y estúpido. La anarquía no necesita de artistas que nos deslumbren y dejen su nombre para la posteridad. La creación libertaria está atada a la rabia de la rebeldía colectiva del aquí y del ahora. Esa su expresión.
 Por eso no deben extrañarse algunos de que para nosotras/os algunas pintadas que aparecen en las tristes tapias de la ciudad tengan más contenido artístico que muchas salas enteras del Museo Reina Sofía.
 Lo dicho, la neurosis o las barricadas.

Grupo Heliogábalo
http://culturayanarquismo.blogspot.mx/