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06-12-2018, 08:07 AM
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Buenas tardes, 
estoy realizando un estudio y me gustaría pedir su colaboración. Se trata de cumplimentar un cuestionario que no les llevará más de cinco minutos. Es completamente anónimo y los datos se trabajarán con total discreción. Les agradezco su colaboración. Aquí les adjunto el link al cuestionario. Que tengan un buen día
https://docs.google.com/forms/d/1p9u1oJ-...#responses
[Imagen: milicias3.jpg]

Ya no son estos los mismos tiempos de hace 200 años.
El feudalismo y la servidumbre mantenían entonces al trabajador en el grado más bajo del trato humano.
La revolución industrial, y sobre todo la revolución francesa, cambiaron sin lugar a duda la condición de los trabajadores.
Pasaron de ser esclavos sin más a ser esclavos asalariados.
Antes se era esclavo por la fuerza, porque el señor feudal era dueño y señor del esclavo, sobre el que ejercía incluso el derecho de pernada.
La revolución industrial y la revolución francesa evolucionaron los medios de producción la primera, y reconocieron los “derechos” del hombre la segunda.
La primera hubiera significado librar al trabajador del trabajo penoso y agotado manual, pero la máquina no liberó al trabajador. Lo sustituyó en masa por una máquina que no cobraba ni se quejaba.
La segunda, la revolución francesa, hubiera significado reconocer la dignidad y libertad del trabajador; no hizo más que esclavizar institucionalmente al mismo.
El progreso industrial no significó progreso, sino esclavitud; los derechos del hombre no significaron derechos en sí, sino una esclavitud formalizada.
Hubo sin embargo cambios importantes. De los tiempos del feudalismo a finales del siglo XIX el vapor y luego la electricidad, aún sin olvidar que siempre se basaron en la explotación del pueblo, lograron cambios importantes en todo el mundo.
Las ciudades florecieron, los medios de producción avanzaron (basados en el trabajo esclavizador, nunca lo olvidemos ni dejemos de condenarlo), los pueblos se modernizaron, se tendieron puentes de rio a rio, de montaña a montaña. Los viajes en animales fueron sustituidos por modernos transportes, el telégrafo y las cartas fueron sustituidos en poco tiempo por el teléfono.
La energía a vapor fue sustituida por la electricidad, y los aviones modernos surcaron los aires.
Los siglos XIX y XX fueron testigos de una evolución tremenda en las comunicaciones, en los transportes, en la producción.
Y cuando la humanidad pensó que el avance había sido importante, llega la era tecnológica en su plenitud.
Ella permitió avances que hacía 50 años solo eran imaginables en la mente curiosa de algún cineasta.
La humanidad ha llegado a un grado tal de evolución, que el avance en poco más de dos siglos es mucho mayor al que tuvo en miles de años la humanidad.
La vida del paleolítico, por ejemplo, duró poco más de dos millones de años; la del neolítico fue hace unos 10.000 años, y como ellos podemos contar otras edades de la humanidad que constaron de miles de años, y en los que la evolución no es ni por asomo un 2% al actual.
Los medios de producción son capaces de terminar con el hambre en el mundo; las vías de comunicación abastecerían a las ciudades más lejanas; los procesos de construcción podrían tejer puentes y llevar los más modernos avances a los lugares más lejanos.
El internet podría propagar la inteligencia a grados enormes.
… y sin embargo… ¡Y sin embargo!
La humanidad es tanto o más esclava que hace 2 siglos. Y su esclavitud es la peor de todas: los medios de comunicación que deberían servir para difundir la cultura han alienado a la humanidad; los medios de producción que podrían acabar con el hambre producen cosas superfluas que son compradas con frenesí por trabajadores que empeñan su vida por adquirirlas; las migajas caídas del banquete de los ricos deslumbran a las masas, y estas no advierten muchas de las veces su novísima esclavitud. Por eso es la peor de todas.
La tecnología que podría liberar produce armas de destrucción que acercan a la humanidad al límite de su propia destrucción.
Los puentes tendidos entre montañas no sirven para enlazar pueblos, sino para transportar las mercancías del capitalismo voraz en su imparable hambre de absorción de los pueblos a su despotismo.
Los déspotas del mundo que antes tenían ejércitos y fortalezas que eran asaltadas por el pueblo en las revueltas e insurrecciones, se han servido de los avances para crear verdaderos imperios inatacables. Sus ejércitos tienen las armas más modernas y sus cámaras de videovigilancia no nos dejan un espacio para la privacidad.
De todo se ha servido el capitalismo para no sucumbir, se ha rejuvenecido, se ha inyectado una gran cantidad de progreso y tecnología, y se ríe a carcajadas de nuestros marxistas que junto a su maestro siguen hablando de una muerte natural e inevitable del capitalismo.
Sí, la humanidad ha evolucionado increíblemente, pero sus beneficios son en un 99% al servicio de la explotación y la miseria. A la creación de nuevas formas de mantener los privilegios de unos cuantos.
Y ante todos estos avances increíbles se alza poderosa y potente la barricada, deslumbrando las mentes caducas de los que creían que la resistencia estaba derrotada por la imponente fuerza del poder estatal.
Ella ruge fuertemente hoy como siempre gritando al pueblo “No destruyas el progreso industrial y tecnológico ¡apodérate de él y ponlo a tu servicio!”
Hoy, como en los siglos precedentes, la lucha no se ha detenido ni debe detenerse deslumbrada por el progreso.
Porque hoy como ayer sigue habiendo privilegios de unos pocos sobre la miseria de la mayoría.
¡Ay África, cuán grande es tu contraste de miseria con la era tecnológica!
¡Ay América, cuanto contrasta también la miseria de tus pueblos con los avances de producción!
¡Ay España, cuanto nos duelen los suicidios de que tú pueblo es víctima, cuando la humanidad puede dar alojamiento a cada persona de la tierra!
¡Cuántos ayes no da la humanidad ante la miseria que la rodea en medio de tantos progresos tecnológicos en todos los sentidos!
La más espantosa de las contradicciones es precisamente la que vivimos. Porque la miseria ahí donde no hay posibilidades de avance alguno es triste, pero comprensible.
Triste era por ejemplo mandar una carta que tardaba días en llegar a su destino. Una comunicación tan lenta era decepcionante, pero normal cuando no había medios para mejorarla. Y como este ejemplo pueden darse otros muchos similares.
Pero cuando es posible tanta y tanta mejora y sin embargo vemos pueblos muriendo de hambre, gente sin casa, explotados, en la más grotesca miseria, niños muriendo por falta de medicamentos, hambrunas mientras se arroja alimento al mar para no darlos a los pobres, cuando en medio de tanto progreso nuestra sociedad sigue siendo esclava y miserable, nuestros puños se encrespan porque sabemos que los culpables tienen nombres y apellidos. Y la indignación da paso a la organización.
El progreso del que la humanidad puede enorgullecerse, hoy secuestrado para beneficio de unos pocos, mañana ha de ser expropiado en su totalidad para beneficio del pueblo entero.
Y entonces, solo entonces, el progreso que hoy ha deslumbrado a la humanidad será mil veces mayor, porque expropiados los medios de producción y liberada la humanidad de la plaga capitalista, estatista, clerical y autoritaria, avanzará mucho más a prisa de lo que lo puede hacer ahora, y sus beneficios harán que la humanidad alcance un nivel de felicidad nunca antes pensada.
Y hoy como siempre, los anarquistas deben estar metidos de lleno en la formación de organizaciones anarquistas, en la difusión del ideal por el que nuestros antepasados lucharon y de quienes nosotros tomamos el relevo para seguir en la brecha de la lucha.
 
Erick Benítez Martínez. Abril del 2016
Texto realizado para la publicación "¡Luz!", órgano de difusión de la UAS-FAM
[Imagen: Egoldman.jpg]

Un libro que compila varios escritos de esta mujer alrededor de su pensamiento anarquista, refiriéndose al feminismo, el estado, la sociedad, etc. 

"Emma Goldman (Kowno 1869/Toronto 1940) sera considerada durante mas de 30 años como el enemigo publico numero uno en los Estados Unidos, no por cometer actos violentos, sino por utilizar el arma mas peligrosa que esta a mano de todo ser humano: la razón.
Prolifica en sus escritos, hemos querido recoger en castellano algunos de sus textos mas significativos, intentando rescatar del olvido de la historia a esta mujer, tan fundamental en el devenir del movimiento anarquista." 

- Editorial "La Malatesta"




[Imagen: 20151117121125-c78907c8.gif]
[Imagen: artistas-y-rebeldes-rudolf-rocker-21913-...2014-O.jpg]
Hoy más que nunca una publicación tal se hace indispensable: los viejos militantes se van yendo uno a uno y con ellos se corta cada vez más el hilo de la gloriosa tradición de luchas libertarias; entretanto, nadie mejor que Rocker, por su preparación y por su interés en los estudios históricos, para acometer tal empresa. Si este libro, el primero de sus hijos espirituales que traspone los límites del idioma original, sirviera para llevarle la voz de aliento y esperanza de tantos camaradas de tierras de habla hispánica la Editorial Argonauta quedaría satisfecha de haber cumplido esa misión de grata mensajera.


[Imagen: 20151117121125-c78907c8.gif]
[Imagen: esteticanarquista.jpg]

La estética anarquista surge de la reflexión prospectiva de ios fundadores del pensamiento anarquista moderno. Al definir la oríentación estética de una sensibilidad antiautoritaria actuante, prolonga la irradiación de un conjunto de teorias y practicas revolucionarias.
Para aplicar las tesis generales de una filosofía, de una "ciencia'' de la sociedad, a los problemas de la creación literaria y artística, adopta la tendencia de las estéticas sociológicas de los siglos XIX y XX. Pero la tentación iconoclasta que ha heredado de los grandes movimientos heréticos de la historia, le permite escapar al determinismo estéril de las "ciencias" socialistas del arte.
Para retomar su vigencia aparece La estética anarquista a más de treinta años de su publicación original en francés.



[Imagen: 20151117121125-c78907c8.gif]
[Imagen: 20160421213142-265cfafa.jpg]

Asociado a la obra de Ferrer desde algunos meses antes de la creación de la Escuela Moderna, a título de traductor para su biblioteca, estuve en feliz disposición para conocer la grandeza del pensamiento de aquel hombre singular, que me distinguió y honró con su amistad y confianza.
En una fiesta de los profesores racionalistas de Barcelona, en honor de Ferrer, para celebrar su absolución en la causa del atentado regio de mayo en Madrid, expresé mi concepto sobre la enseñanza científica y racional, que aquí reproduzco, en los siguientes términos: En este acto celebramos un triunfo del progreso humano y una caída del poder del privilegio.
Conviene que nos demos bien cuenta de ello para precisar la fuerza que nos apoya, la razón que nos asiste y la influencia que personal y colectivamente podemos tener en las futuras caídas del enemigo y en la serie infinita de triunfos que en la vía de la perfección, en el conocimiento de la verdad y en la práctica de la justicia nos esperan.
En una nación de masas analfabetas, en que el tanto por ciento de los iletrados acusa una de las mayores proporciones de Europa y de América, se ha planteado la enseñanza racional, cuyo objetivo se expresa claramente en estas palabras del programa de la Escuela Moderna: “Ni dogmas ni sistemas, moldes que reducen la vitalidad a la estrechez de las exigencias de una sociedad transitoria que aspira a definitiva; soluciones comprobadas por los hechos, teorías aceptadas por la razón, verdades confirmadas por la evidencia, eso es lo que constituye nuestra enseñanza, encaminada a que cada cerebro sea el motor de una voluntad, y a que las verdades brillen por sí en abstracto, arraiguen en todo entendimiento y, aplicadas en la práctica, beneficien a la humanidad sin exclusiones indignas ni exclusivismos repugnantes”.

[Imagen: 20151117121125-c78907c8.gif]
[Imagen: 9788483839515.jpg]

Las ideas del filósofo y escritor francés Albert Camus sobre la justicia, la libertad, el absurdo y la rebeldía se han consolidado como un referente ineludible para entender su tiempo y el nuestro. Aunque menos conocidas, las reflexiones que dedicó al pensamiento libertario y a las ideas de Bakunin y otros anarquistas no dejan de reflejar la lucidez y la vigencia de un autor que hizo del compromiso una de sus mayores señas de identidad.

En este libro se recogen las numerosas contribuciones de Albert Camus  -que colaboró en diferentes medios anarquistas y que mantuvo estrechos vínculos de solidaridad con el anarco-sindicalismo español- acerca del recurso a la violencia como arma política, la objeción de conciencia como principio ético fundamental o la difícil construcción de una Europa recién salida de la segunda guerra mundial. Mención aparte merecen las combativas y emocionantes páginas en las que Camus defiende la lucha de los exiliados españoles y la memoria de los valores republicanos, al tiempo que denuncia de forma elocuente la represión de la dictadura franquista.

El archivo está en formato Epub, éste se puede abrir descargando el programa Adobe Digital Editions 3.0

[Imagen: tumblr_lsq329GkTV1qlvnhwo1_1280.jpg]
 
Para nosotros, ateos, hablar de redención en términos religiosos supone hablar de la existencia de una vida extramundana, supuesto incompatible con nuestra forma de pensar y con las demostraciones de la ciencia.
Pero ya que la redención y el libre albedrío constituyen dos puntos importantes en la religión cristiana y católica (a las que los ateos tienen la guerra jurada) nos tomaremos un tiempo para hablar de estos temas, no sin antes advertir al lector que como ateos no creemos en su redención ni en sus ritos, si bien para debatir el tema hablaremos desde su terreno ideológico.
Y sin embargo existe otro tipo de redención en la que sí creemos y de la cual hablaremos al final del texto, para referirnos por ahora sólo a la redención en términos religiosos para demostrar lo que nos proponemos: Dios no existe y está en la humanidad realizar esa redención en la tierra, independientemente y comúnmente en contra de la idea de Dios. Comencemos pues.
 
Uno de los principales puntos que se critican de la creencia en Dios es que al prometer una vida de paz en la otra vida hace que las personas se resignen a la guerra en su contra en esta vida, a sufrir el despotismo de los poderosos y aceptar con resignación una vida de sufrimientos en la esperanza de una recompensa lejana pero segura (según ellos). Vale pues preguntarnos si el acceso a esa otra vida, si esa resurrección es algo en lo que, al margen de la crítica científica (la cual destroza la sola insinuación de la resurrección), podemos creer.
Demos un ápice de creencia en ese Dios del cual se nos habla, descendamos hasta la creencia (pues esta jamás se elevará a la ciencia) y desde su propio terreno vayamos dando hachazos a los argumentos presentados en defensa de la redención en Dios.
 
Dos asuntos deben ocuparnos cuando se nos habla de la salvación en Dios:
 
1.- La predestinación, un plan que tiene Dios para toda persona de la humanidad y del cual no se puede escapar.
2.- El libre albedrío, es decir, la capacidad de la personas para decidir hacer el bien o el mal.
 
1.- Predestinación
Comencemos por desmenuzar la idea de la predestinación, y se enlazará inmediatamente con la idea del libre albedrío, de lo cual prometemos al lector llegar a la conclusión de que Dios no existe, y que de existir para nada es necesario a la humanidad.
Se nos dice comúnmente que Dios tiene un plan para nosotros y este plan no puede ser otra cosa que una predestinación, algo ya planeado y marcado de manera inmutable en el curso del destino, del cual no podemos escapar. Inmutable por cuanto es una característica del acto a realizar… antes de que este se realice.
Algo marcado ya en el acto que no podrá separarse del mismo por cuanto constituye parte de la misma existencia del acto. Por poner un ejemplo: la existencia de una persona no podría ser posible en tanto que no tuviera un plan destinado con anterioridad a su existencia y que daría sentido mismo a esa existencia.
Sin este plan, sin esta predestinación, su misma existencia no sería posible en tanto que no podría generarse así misma por generación espontánea, por decisión propia o por acción independiente de Dios; Dios no puede sino ser absoluto y no admite la posibilidad de algo existente al margen suyo. Ninguna voluntad ni acción puede ejercerse si no es por mediación suya.
Antes de proseguir con el tema es preciso que hablemos de esta característica de Dios: ser absoluto.
Dios no puede ser relativo. No cabe en su naturaleza serlo. Si Dios lo es todo, si él lo creo todo, cualquier cosa que se salga de su jurisdicción le contradice, le niega. La más mínima cosa realizada al margen suyo supondría la existencia de otro creador, menor, igual o superior a Dios, pero creador al fin y al cabo. Y esta dualidad de divinidades sería incomprensible con la existencia de un todopoderoso.
Porque todopoderoso significa que contiene en sí todo el poder; no a medias, no una cierta cantidad, todo el poder para el eterno.
De Dios deviene pues absolutamente todo. No tuvo antes ni después de su existencia, no tuvo inicio ni fin, no tiene algo que lo limite, porque este límite significaría una autoridad superior a la suya que no puede superar, con lo cual cesa de ser el todo del universo para ser uno más. Un ser limitado es un ser inferiorizado ante este límite, y en Dios no puede caber la inferioridad ante nada, so pena de verse reducido a súbdito, perdiendo su calidad de todopoderoso, de Dios en una palabra.
Dios no tiene competencia, ni límite, ni nada por encima de él. Absolutamente perfecto y eterno, todo está bajo su mano.
Por esto Dios debe ser absoluto, total, inconmensurable, inevitable, eterno, perfecto, único, sin parangón, incuestionable, ilimitable, insoslayable, incensurable, en una palabra, inmutable.
Evitaremos al lector abundar más en el tema. Sebastián Faure en su excelente texto “12 pruebas de la inexistencia de Dios” ha tratado el tema de la inmutabilidad de Dios, obra a la cual referimos al lector para evitarle más explicaciones, además de que creo que en los renglones pasados hemos demostrado que Dios es absoluto y nada ni nadie le puede levantar la voz o contradecirle (1). Sigamos.
Todo bondad, todo justicia, eterno e inmortal como ya hemos demostrado, no puede Dios sino ser absoluto, único; luego, este ser absoluto no podría convivir con una voluntad ajena a él que hiciera que un acto, como el nacer, se hiciera sin su conocimiento, sin su deseo y complacencia. De Dios emana, pues, todo acto realizado en la vida desde su nacimiento hasta su muerte. Dios ejecuta el plan del nacimiento de cada persona, y no contento con esto imprime en su vida una serie de actos que veremos a continuación.
La existencia de una persona contiene, por los argumentos antes dichos, la predestinación como parte esencial de su propia existencia.
Un niño nace según los designios de Dios, y desde el nacer tiene ya un plan en la vida diseñado por Dios.
Sus dolores, sus alegrías, sus tristezas y placeres, todo ha sido ya predeterminado por el ser supremo.
El mismo pecado original con el cual nace sobre su frente no es más que un síntoma de su predestinación. No tuvo participación alguna, no supo del evento, no conoció los detalles, pero el pecado yace sobre él desde que nace.
El mismo hecho del nacimiento, el despertar de una conciencia, de un pensamiento, de una infinidad de actos realizados en su vida y con variables infinitas, el mismo hecho de la existencia de esa persona ha sido (siempre según la religión) una predestinación emanada de Dios. Nace porque Dios tiene un plan para él.
Dios guía nuestros destinos, cada paso que damos está determinado por él.
Si el niño muere es porque “así lo quiso Dios”; si nace con un defecto de nacimiento “estaba en los planes de Dios”; si es de mayor un obrero empobrecido “Dios lo pone a prueba”; si es un rico magnate “Dios ha sido generoso con él”. Ninguna incógnita aparece en este terreno, todo tiene una respuesta única y unánime que dan los creyentes: “solo Dios sabe”
Hasta en su propio hijo se manifiesta la predestinación, el plan divino.
Los actos de Jesucristo sobre la tierra fueron predichos por los profetas, inspirados a su vez por Dios.
Si nace en un pesebre; si nace bajo 3 estrellas que se alinean para indicar su nacimiento; si tres reyes acuden a adorarlo; si es perseguido por Herodes al nacer; si a los doce años se entrevista con los doctores; si tiene doce discípulos; si una mujer le lava los pies; si revive muertos; si cura enfermos; si hace milagros; si es traicionado; si muere; si resucita a los tres días; si, en fin, realiza tal o cual acto o dice tal o cual palabra, cada paso de su vida está predeterminado. Es para que se cumplan las profecías.
Y como Dios hace para Jesucristo (omitiendo las muchas pruebas en contra de su existencia) hace para el resto de la humanidad.
Criaturas suyas, define cada paso que damos.
La bondad que nos otorgaría la salvación, y la maldad que nos condenaría, no son en absoluto méritos de la persona que los realiza, por cuanto esta persona solo ejecuta actos que ya estaban planeados.
Ninguna virtud ni acto condenable es atribuible a esta marioneta que es la humanidad según el plan divino, en el cual cada persona solo ejecuta lo que ya estaba planeado con anticipación.
La predestinación, el plan divino, nos revela una humanidad carente en absoluto de voluntad, que nada decide sobre su vida que ya ha sido planeada por su creador.
Si, en fin, somos condenados o salvados del infierno, también es Dios quien determina eso. ¿Quién, si no él, que tiene cada paso que damos ya destinado con anticipación?
Dios predice la condena o la salvación de la persona. Siendo absoluto, el ser humano nada puede interferir en las decisiones de Dios.
De nada valen reclamos o críticas, Dios está por encima de todo y de todos. Sus decisiones son incuestionables.
Tenemos solo dos caminos que seguir en la vida, la condena o la salvación, de los cuales no somos siquiera capaces de decidirnos por uno. Esa opción ya ha sido prevista por el creador.
Pero ¿en base a qué nos manda a la condena o a la salvación?
¿Depende de la voluntad de Dios?
¿Cómo define quien merece ser condenado y quién salvado? Pongamos por ejemplo un hombre llamado Pedro.
Pedro apena nace, no ha realizado ningún acto en su vida más que lanzar su primer grito al mundo.
Pues bien, para Pedro ya tiene Dios un destino hecho. Sus actos buenos o malos no definirán su salvación o su condena. Esta ya existe incluso anteriormente a su nacimiento. Y es así definitivamente, porque si tan solo Pedro puede determinar en un 1% su destino, estas decisiones pueden generar una infinidad de variables que podrían cambiar el curso de su vida y con ello Pedro rompe con el plan divino, despedaza la idea de una predestinación, Dios y sus planes se vienen abajo cual castillo de naipes.
No es así en la religión, por cuanto Dios determina todo. Todo poderoso, nada hay que pueda contradecirlo.
Si Dios destina a Pedro a ser condenado, pero Pedro hace uso de ese 1% donde él puede decidir, las variables de sus actos pueden ser tan infinitas que podrían hacerlo una excelente persona en la vida, con lo cual, o Dios manda a una persona buena a la condena, y entonces es injusto y por lo tanto se niega a sí mismo, pues Dios es todo justicia; o salva a Pedro, con lo cual su plan de condenarlo se contradice a sí mismo. Ese 1% de libertad para decidir de Pedro contradice con su misma existencia a Dios.
Absoluto en sus actos, inmutable en su existencia, infinito en su conocimiento, nada ni nadie hay que pueda contradecirlo como hemos ya demostrado antes.
Su designio se impone, y Pedro está destinado a ser salvado o condenado aún sin realizar ningún acto en la vida, y para más “INRI”, Dios lo mandará al mundo ya con su primer pecado… el cual ni siquiera es capaz de comprender.
No existe, pues, ninguna justificación para que Pedro sea salvado o condenado por Dios.
Nos encontramos entonces ante un niño con la tómbola de nuestros destinos, porque a unos injustamente los marca para el sufrimiento y a otros para la más lujosa de las dichas; a unos los salvará y a otros los condenará… independientemente de sus actos.
¿De qué depende entonces la salvación, cuando todo acto independiente es imposible, cuando está salvación o condena ya está determinada con anterioridad?
¿Depende del amor que la humanidad le tenga a Dios?
¡Imposible! Decimos nosotros. El amor es un sentimiento que se siente hacia la persona con quien se convive, determinado por reacciones químicas o de convivencia consuetudinaria con la persona.
En el caso de Dios no hay convivencia puesto que no se revela ante la humanidad, no es más que una idea, ni siquiera un objeto por cuanto Dios carece de materia (2) y por lo tanto ese sentimiento de amor a Dios puede ser solo un acto de la determinación, de la voluntad de una persona. Es decir, solo puede ser una decisión. Decisión, es verdad, no siempre tomada con conciencia de ello, es imposible creer en Dios apenas se le cuestiona un poco.
Esta decisión se toma basada en lo sentimental, no en lo cerebral. Y puesto que no se toma con una conciencia analítica de aquello en lo que se cree, sino en lo que la persona siente, la decisión de creer en Dios, aunque es una determinación, no es una determinación pensada y analizada. La religión no está basada en el análisis, sino en los sentimientos. Por eso es que ante las miles de pruebas en contra de la existencia de Dios y aún de Jesucristo, los creyentes no cambian de opinión, porque aman, creen en su Dios basados en lo sentimental.
Y sin embargo, para hacer caso omiso a las pruebas requieren un mínimo de decisión para cerrar los ojos. Esa decisión es una acción independiente de la persona, porque puede decidir poner a Dios en duda y analizarlo o seguir empeñada en su creencia. Se deciden comúnmente por lo segundo, eso no nos interesa demasiado. Nos interesa ver que esta toma de decisión revela la independencia de la persona del plan divino, esta decisión, buena o mala, es un acto independiente.
Solo puede ser fruto de ese 1% de determinación que tenga la humanidad independientemente de Dios.
Pero esta decisión contradice el plan divino, en el que la humanidad no puede decidir nada, porque si decide un mínimo, este mínimo negaría al Dios absoluto. La humanidad, si puede decidir, se erige en Creadora de sus actos, un nuevo Dios que contradice al Dios todopoderoso y absoluto.
No es entonces en base al amor que la humanidad le tenga a Dios que se define su condena o su salvación.
No hay, pues, nada que determine de manera lógica la condena o la salvación. Dios actúa como un demente jugando al azar con los destinos de las personas.
Ahora bien, si desde que existimos está determinada nuestra salvación o nuestra condena (más bien nuestra condena debido a la existencia del pecado original) ¿de qué sirve hacer el bien o el mal?
Si Dios nos predestina a ser salvados, nada ni nadie lo podrá evitar. Ni nuestras obras buenas o malas podrán hacerlo. En palabras más claras: la salvación no depende de nosotros, por cuanto ya estamos o salvados o condenados según el plan divino. A la humanidad no le corresponde intentar salvarse, pues de nada serviría contrariar el plan divino. Ni tampoco le sería posible contrariar al Dios absoluto y sin parangón.
Ser una buena persona o ser el peor de los criminales nada cambia: aun siendo un multihomicida o violador, si el plan de Dios es salvarte (y se puede juzgar por esto la criminalidad mental de semejante teoría) serás salvo.
Si eres una buena persona pero sobre ti pesa la condena, de nada valen tus buenos actos.
La Biblia misma está plagada de historias en las que se salva a hombres malvados que creen en Dios, y se condena a buenas personas por adorar a otros Dioses.
 
2.- El libre albedrío
 
“Pero los actos malos en la vida –se nos dirá- no son sino pruebas que el señor pone, dejando al hombre la capacidad de decidir si actúa bien o mal. La salvación, pues, está en uno mismo”
 
Y es aquí donde el argumento de la predestinación falla, pues deja al ser humano la capacidad de decidir sobre sus destinos. Otorga a la humanidad ese 1% de decisión individual que comentábamos antes. Este un 1%, aun cuando fuera tan mínimo, es una afrenta al Dios absoluto, a sus planes, a su creación.
Si Pedro tiene un cuchillo en las manos (3) y decide en lugar de matar personas prepararse de comer, entonces existe una acción en el ser humano que determina sus actos a cada momento; Pedro decide ser buena persona en lugar de usar el cuchillo para convertirse en multihomicida.
Aunque sabemos que a Pedro lo determina también la sociedad de la que forma parte y en la que creció, así como otros factores económicos, políticos y sociales, Pedro puede decidir también luchar por la transformación de su entorno y las condiciones que lo rodean. Pedro es, también, parte de esa sociedad e influye a su vez en su entorno.
Si, Pedro tiene capacidad de decidir, y es sólo él quien determina su forma de vida. Pedro posee un grado de decisión en su vida, y es ese grado de decisión lo que contradice al plan divino, lo que echa por los suelos la predestinación.
Y si está en las manos de Pedro y de toda la humanidad acceder a esa salvación ¿De qué sirve Dios?
Podemos pasar por encima de sus mandamientos, de sus anatemas, de sus órdenes, de su vigilancia.
Siendo buenos tendremos ganada la redención, y Dios pasa a ser un adorno en todo esto, del cual no depende nada, ni es nada, ni le debemos nada.
Ahora bien, seamos más estrictos, y veremos que no es un 1% lo que tiene la humanidad de voluntad para actuar conforme lo determine su pensamiento y su sociedad. Es mucho más el porcentaje.
Cada vez que una persona decide si actúa bien o mal está contradiciendo el plan divino, está negando ese Dios absoluto del que nos hablan, comete la peor de las herejías contra su Dios, lo niega, aplasta su pretendida existencia. Y lo que es mejor, esa decisión de sus actos es parte de su naturaleza, no podría vivir sin decidir aunque fuera los aspectos íntimos de su vida.
Y la humanidad ejerce diariamente cientos, miles de actos en su vida diaria donde decide conscientemente sus actos.
Estos propios actos nos prueban una cosa: Dios no es absoluto, y al no ser absoluto no existe.
La humanidad niega el plan divino constantemente. Y al negar el plan divino, la predestinación, niega también que exista otra vida después de la muerte. Su vida es un infierno o un paraíso en la tierra conforme sepa luchar (voluntad, determinación consciente) por ese mundo nuevo de hermanos libres.
No creemos en esa redención que nos promete una vida llena de gozos en otra vida después de la muerte.
Creemos en otra redención, la que realmente nos redimirá del mal, pero en esta vida, aquí, ahora.
 
La redención
Existe ciertamente una redención y una condena para el ser humano, pero no son las mismas de las que nos habla la fábula religiosa.
La condena para Pedro, a quien hemos puesto de ejemplo simbolizando a la humanidad, y la humanidad entera, no es otra sino la esclavitud mental a la que las religiones someten a las personas de mente y reflexión débil o con temores internos.
La vida de la humanidad está condenada por la existencia de los privilegiados. Curas, ministros, policías, militares, burgueses, Estado, carcelarios, empresarios y demás gente de este tipo viven a costa del sufrimiento, la explotación y la injusticia cometida diariamente sobre la humanidad. Hacen de la vida de los pobres un verdadero infierno, en el que apenas se le otorgan algunos míseros placeres para mantenerle contento con su esclavitud.
Ellos son la verdadera condena para la humanidad, quien vive miles de privaciones (aún en plena era tecnológica de la abundancia y el consumo), un trabajo rutinario y explotador a cambio de unas míseras monedas que jamás son suficientes para suplir las necesidades de las personas.
Las guerras asolan a la humanidad.
Diariamente, a cada minuto, mientras lees esto, mueren de hambre muchos niños y gente mayor en Somalia y otros países del llamado “tercer mundo”, al que piadosamente las religiones dejan morir mirando para otro lado. Ese otro lado suele ser los bolsillos de los creyentes, a quienes se les saca lo poco que tienen para mantener en la abundancia a barrigones sacerdotes, ministros y demás funcionarios de la Iglesia.
Esa condena, ese infierno en la tierra, tiene nombre de responsables: Estado, Capital, Clero, Autoridad.
La redención para la humanidad no está en los rezos, en la Iglesia, ni en engordarle los bolsillos al cura más cercano. Tampoco está en la creencia en un Dios que no es comprobable que exista, y que de existir tampoco es útil para la humanidad cuando el hambre apremia.
Esa redención sí está en ser buenas personas, en actuar el bien aquí y ahora. No porque con ello pensemos ganarnos un paraíso inexistente, sino porque esos actos pueden convertir este mundo de lamentos en un paraíso en la tierra.
Pero al ser buena persona, no olvides que esos meros actos no transformarán las condiciones en que vive tu pueblo, tu gente, la gente de más allá de las fronteras que también son tu pueblo.
Al ser buena persona no olvides los niños mutilados de las guerras, los obreros explotados diariamente en sus puestos de trabajo, las mujeres usadas como productos por el capitalismo, los miles de personas que mueren de hambre en África o en otros lugares de la tierra; y recuerda, también, que es preciso acabar de una vez por todas con los causantes de esos males.
Estado, Autoridad, Clero, Capital, no caerán por el simple hecho de ser buenas personas.
Deberás organizarte para crear las condiciones que permitan hacerles frente y acaba con ellos y las injusticias y crímenes que realizan.
 
¡Basta entonces de rezos y lamentos!
¡Basta de ser marionetas de la Iglesia!
¡La salvación de las condiciones que te hacen la vida imposible está en ti, solamente en ti y en la gente que te rodea!
 
 
Notas:
 
1.- Trabajo un borrador de un artículo titulado “de la imposibilidad de la existencia de dos almas”, aun no publicado, donde abundaré más argumentos en este sentido para demostrar la inexistencia de Dios. Pronto se terminará y publicará también.
2.- No tiene peso, ni color, ni olor, ni forma, ni altura, ni condición alguna que lo determine. Porque la misma determinación implica un límite a su ser, y siendo Dios el todo, nada puede determinarlo, nada puede limitarlo. Pero si nada lo hace comprobable, es tan simple como definir en base a la lógica que no existe o que éste no puede ser sino una interpretación semántica naturalista del universo, pero jamás una realidad, un ente.
3.- He puesto este ejemplo en mi libro “Apuntes sobre el comunismo anarquista” al hablar sobre la bondad o maldad natural del ser humano, pero aquí se entrelaza con un texto antiteológico.


Erick Benítez Martínez. Abril del 2016
El apoyo mutuo es la obra más representativa de la personalidad intelectual de Kropotkin.
En ella se encuentran expresados por igual el hombre de ciencia y el pensador anarquista; el biólogo y el filósofo social; él historiador y el ideólogo. Se trata de un ensayo enciclopédico, de un género cuyos últimos cultores fueron positivistas y evolucionistas.

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Abarca casi todas las ramas del saber humano, desde la zoología a la historia social, desde la geografía a la sociología del arte, puestas al servicio de, una tesis científico-filosófica que constituye, a su vez, una particular interpretación del evolucionismo darwiniano.
Puede decirse que dicha tesis llega a ser el fundamento de toda su filosofía social y política y de todas sus doctrinas e interpretaciones de la realidad contemporánea Como gozne entre aquel fundamento y estas doctrinas se encuentra una ¿tica de la expansión vital.
Para comprender el sentido de la tesis básica de El apoyo mutuo es necesario partir del evolucionismo darwiniano al cual se adhiere Kropotkin, considerándolo la última palabra de la ciencia moderna.

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(Ponencia en el Congreso Internacional de Estudios sobre Bakunin. Traducido de "Interrogations", num. 9.)

Uno de los fenómenos sociales más relevantes de¡ siglo XX ha sido, sin duda, el acceso al pleno poder político de una «Nueva clase» que los marxistas no preveyeron y que, en cambio, los anarquistas -sobre todo Bakunin y Machjaski-«adivinaron» con sorprendente precisión, escavando en las vísceras del movimiento obrero (1). El fenómeno, y la previsión de¡ mismo, todavía no han conquistado el estadio de plena ciudadanía en la cultura contemporánea. Sucede que, la difusión del marxismo y su hegemonía cultural, han deformado sensiblemente el sistema de percepción de la mayoría, provocando una auténtica ceguera intelectual bastante difícil de curar desde el momento que, quien la padece, está completamente convencido de tener en su mano la clave para entender el significado real de todos los acontecimientos pasados, presentes y futuros.

El asunto, sin embargo, no puede sorprender visto que ha sido precisamente el marxismo quien ha proporcionado a esta «nueva clase» las armas ideológicas para conquistar, y tener bien amarrado, el poder. Dicho de otra manera: el marxismo no sólo ha impedido la rápida percepción de la revolución burocrático-managerial que ha llevado a lo más alto de la jerarquía social a la oligarquía del saber y de la competencia técnicoadministrativa, sino que la ha permitido o, al menos, consolidado, poniendo a disposición de los «nuevos patrones» la fórmula política ideal para legitimar, ante ellos mismos y ante el pueblo, su dominio de clase.

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Antes que nada, debemos someter a discusión uno de los lugares comunes (tópicos) más difundidos pero al mismo tiempo, más mixtificados, por el cual la naturaleza real del comunismo continúa estando oculta o presentándose distorsionada. Este lugar común -que en muchos ambientes políticamente «avanzados» se ha convertido en un verdadero test para detectar rápidamente a los enemigos del socialismo-, es puede formular así: el marxismo en la ideología («científica», naturalmente) del proletariado industrial, el cual gracias a ella ha conquistado el poder en algunos países -bautizados arbitrariamente como socialistas-, y hoy se presente en otros como el heredero histórico de la burguesía capitalista.   TODO EL PODER PARA EL ESTADO-PARTIDO   Las cosas, naturalmente, son del todo distintas, de forma que es puede decir que raramente una proposición estuvo más lejos de la realidad que ésta, y por tanto es más mixtificadora de la identidad histórica entre marxismo y clase obrera, entro alternativa comunista y emancipación de los trabajadores. Aquí, la realidad está literalmente trastocada, como en una cámara oscura gracias a una desviación que está considerada uno de los productos más estupefacientes del poder de engaño , y autoengaño, de que el hombre dispone. La «desviación» dice que el marxismo expresa puntualmente los intereses de la clase trabajadora; la historia, en cambio, demuestra que las revoluciones comunistas han llevado el poder a una nueva oligarquía que monopoliza las funciones directivos de la vida social, gracias al control de los recursos intelectuales, cognoacitivos y técnicos (saber es poder). Este nueva clase dominante, está conformada por burócratas, managers, técnicos y científicos, es decir, por un mosaico de grupos bastante diferenciados, pero sin embargo, lo suficientemente homogéneos en el monopolio del «conocimiento» que es la base de su supremacía social y política.

Por otra parte, esta oligarquía de¡ «conocimiento» ha podido establecer una forma de dominio total en el momento en que las revoluciones hechas en nombre de la doctrina de Marx han concentrado todo el poder en el Estado-Partido que, por sí mismo, se ha convertido en el regulador de la vida social.

Desde el punto de vista del materialismo histórico, un fenómeno similar es inexplicable, desde el momento que la existencia de las clases se hace coincidir con la existencia de la propiedad privada. Y, en efecto, los marxistas ortodoxos, o niegan la existencia de la nueva clase dominante en la llamada sociedad socialista, o se ven obligados a considerar el dominio totalitario de la burocracia y de la inteligencia managerial, como una degeneración o una excrecencia pasajera, destinada a desaparecer en el momento que el proletariado se apropie del poder usurpado por los funcionarios del Partido comunista (2).   BAKUNIN SE ANTICIPO   Lo que pasa es que la «nueva clase», descrito en términos más o menos análogos por Bruno Rizzi, James Burham, Max Sachtman y Milovan Djilas (3), no sólo existe, sino que presenta una estabilidad tal que difícilmente su conformación puede presentarse como una desviación de aquel tráfico en una sola dirección que es, según los marxistas, la Historia. Además, la formación de una nueva clase dominante en el seno de las organizaciones obreras hegemonizadas por los marxistas, fue prevista, con bastante anticipación, por Bakunin que continuamente ponía en guardia a los trabajadores europeos, acerca de la «burocracia roja». El mismo Bakunin intuyó que a través de los sistemas autoritarios y centralistas de Marx no se podría verificar la emancipación (prometida) de la clase obrera, sino, por el contrario, la instauración de una nueva forma de dominio de clase basado, ya no en la propiedad privada de los medios de producción, sino más bien en el monopolio del saber y en la estatalización integral de la vida social. Vio, con notable antelación, que en el marxismo estaban todos los «bacilos» que podrían, si no eran rápidamente identificados los anticuerpos, «pervertir» las relaciones populares. De aquí, su constante polémica contra los doctrinarios marxistas, en los cuales veía los «nuevos patronos» de la sociedad futura, la oligarquía que, utilizando el movimiento obrero como trampolín, instauraría, sobre los despojos del Estado popular, propia dictadura de clase.

Bakunin llegó a esta notabilísima anticipación del futuro desarrollo del comunismo, analizando dos órdenes de fenómenos: la presencia, en el seno del movimiento obrero europeo, de una plétora de intelectuales proletarizados en busca de poder, y la particular naturaleza, autoritaria y doctrinario al tiempo, del marxismo. Sucesivamente, fue relacionando estos dos fenómenos -inteligencia alienada o ideología marxista-, y vio rápidamente el resultado político que, combinados, podían producir: la «colonización» de la clase obrera por parte de los revolucionarios doctrinarios, a la que seguiría, en donde se hubiera producido una revolución popular victoriosa, la dictadura de los intelectuales sobre la masa proletaria.   II   ¿Qué fue lo que permitió a Bakunin anticipar la involución, en sentido oligárquico y clasista, de la revolución comunista? Sin duda, una idea del poder mucho más realista que aquella sobre la que se apoya todo el imponente edificio de la sociología marxiana. Según ésta, la única fuente del poder del hombre sobre el hombre, es la propiedad privada que, convulsionando la solidaria y compacto comunidad primitiva, ha desencadenado la guerra de clases, descrito por Engels en los siguientes términos: «El Poder de la comunidad natural debía ser quebrantado, y, en efecto, lo fue. Y fue quebrantado por influencias que aparecen, desde el principio, como una degradación y una culpable caída de la simple altura de la comunidad gentilicio. Los más bajos intereses -vulgar avidez, brutal concupiscencia de goces, sórdida avaricia, rapiña egoísta de la propiedad común-, inauguraron la nueva sociedad incivilizado, la sociedad de clases» (4). El agente histórico que desintegró la unidad intelectual y moral de la humanidad primitiva fue, la propiedad privada que la teoría asume, por sí misma, como origen del mal radical. Así, a la doctrina cristiana del pecado original que encuentra en el corazón humano las raíces del mal radical, Marx y Engels contrapusieron una versión «actualizada» de la doctrina gnóstica de la caída y la alienación. Una doctrina exquisita e irremediablemente mítica, pero indispensable porque sin ella todo el edificio teórico marxista se tambalea, y se tambalea, sobre todo, la esperanza metastática de crear la sociedad sin clases y sin Estado a través de la supresión de la propiedad privada.   SUPRIMIDA LA PROPIEDAD, SIGUE EL PODER   El razonamiento que está detrás de esta singular concepción del poder tomado directamente de Rousseau, Morelly y Babeuf, es el siguiente: el dominio del hombre por el hombre no tiene raíces psicológicas, sino económicas y sociales. Y esto está estrechamente unido a la situación de penuria en que los hombres se encuentran frente a la naturaleza y la institución de la propiedad privada. Removido el primer obstáculo que es interpone entro la sociedad clasista y la sociedad sin clases gracias a la revolución industrial -de aquí la exaltación mística de Marx por el desarrollo de las fuerzas productivas en las que veía la condición sine qua non para emancipar al hombre de la esclavitud y librarlo del mal-, ya no queda más que eliminar la propiedad privado, es decir colectivizar todos los medios de producción.

Colocado en estos términos el problema de la edificación del socialismo es de una simplicidad exaltante: basta suprimir los expropiadores y la humanidad antes o después. Incluso a través de luchas intensas y dramáticas, encontrará su perdida unidad original. A Marx y a los marxistas, la idea de que la dictadura de transición pudiera llegar a transformarse en una nueva forma de dominio clasista, les parecía un auténtico absurdo. ¿No era la propiedad privada la única fuente del poder? Entonces, ¿cómo iba a ser posible la existencia del Estado y de las clases en una sociedad privada de la fuente del mal radical? Como se sabe éste fue el razonamiento que hizo Trotsky frente a lo que, con expresión reveladora, llamaba «usurpación burocrática» del poder en perjuicio de la clase obrera; y éste continúa siendo el razonamiento, más o menos explícito, de los marxistas, para los cuales, incluso cuando las sociedades comunistas recurren al terror, al lavado de cerebro, a la persecución de disidentes y a la represión de cualquier forma de protesta por parte de la clase obrera, conservan una superioridad moral indiscutible.   MISTICISMO ENMASCARADO COMO CIENCIA   Todo esto ocurre porque los marxistas están convencidos de que el mal radical no es inherente a la naturaleza humana, sino el producto de una institución -la propiedad privada- que ha pervertido cada cosa y que debe ser sorprendida hasta devolver a la unidad lo que ella ha dividido. Sólo entonces, la realidad volverá a ser lo que era en su origen: una totalidad perfectamente armónica.

Como se ve, nos encontramos frente a un verdadero dogma teológico, o artículo de fe, con el cual el marxismo se identifica todo corde -tanto que está dispuesto a defenderlo con todos los medios, sin excluir la persecución de los pocos creyentes o de los heréticos-, ya que de él depende la posibilidad de la salvación de la humanidad. De hecho sólo puede ser liberada redimida, sin ayuda de ninguna potencia externa, si el mal es externo a la naturaleza humana. Estamos en plena soteriología gnóstica (6).

Este misticismo enmascarado hábilmente como ciencia, fue rápidamente denunciado por los anarquistas que, contrapusieron a la teoría marxiana del poder la siguiente concepción: «El Estado no es, de ningún modo, un producto orgánico de la sociedad, ni la consecuencia de los antagonismos de clase, sino su causa ... El carácter insostenible de la hipótesis del nacimiento del Estado, y sobre todo, el rechazo en la utopía marxista de la «supresión» del Estado a través de¡ desarrollo dialéctico de¡ proceso de producción, tienen, como consecuencia, una postura completamente distinta acerca de la cuestión del camino al socialismo, o sea a una sociedad cualificada, de pleno derecho, como sociedad sin clases y sin Estado. El socialismo anarquista considera como un hecho adquirido que la historia es la historia de la lucha de clases y reconoce, con Marx, que es deber del proletariado suprimir los antagonismos de clase llevando la lucha contra la clase capitalista hasta el final abatiendo el monopolio de su potencia económica. Pero este monopolio ha sido posible a través de un monopolio de¡ poder, es decir, con la fuerza organizada como Estado que, en primer lugar, le ha hecho nacer y después, con este monopolio, le ha permitido un desarrollo siempre mayor: de aquí la necesidad de destruir tanto el monopolio del Estado político como el monopolio económico» (7).

Los marxistas, obviamente, han seguido una vía opuesta a la indicada por los anarquistas y, en perfecta armonía con su concepción de la naturaleza y del origen del mal radical, han instaurado, allí donde han triunfado, un Estado que suma el monopolio del poder político y el monopolio del poder económico. De tal forma que se ha llegado no a la supresión del Estado por parte de la sociedad, sino a todo lo contrario: la supresión de la sociedad por parte del Estado, o lo que es igual la instauración de un sistema totalitario gestionado por una oligarquía que monopoliza el know-how y controla todas las manifestaciones de la vida social gracias a una omnipresente máquina burocrático-managerial. Así un error técnico -la arbitraria identificación de poder y propiedad privada- ha generado un proceso político que ha llevado a un resultado completamente opuesto al prometido por los marxistas y previsto «científicamente» en la doctrina.

Bakunin fue el primero en prever con extrema precisión la desembocadura burocrático-totalitaria de la revolución marxista, precisamente porque comprendió que la propiedad privada de los medios de producción no es, en absoluto, la única fuente del poder y que, este último, puede surgir como producto espontáneo de la organización y del monopolio del saber. Suprimiendo la propiedad privada sin desmantelar las estructuras políticas -esta es en síntesis, su profecía (prognosis)- los marxistas automáticamente «exaltarían» a los gestores de la máquina burocrática estatal y a los grupos sociales en posesión de un patrimonio cognoscitivo superior al de los simples trabajadores. Esto le permitió no sólo prever el final clasista de la instauración de la dictadura revolucionaria, sino también individuar en el marxismo a la ideología de la inteligencia marginal que aspiraba a instaurar su propio dominio de clase expropiando, en nombre del pueblo, a los capitalistas.   III LA MENTIRA DE LA «DICTADURA PROVISIONAL»   Examinemos ahora más de cerca la fisonomía de la interpretación bakuniniana del marxismo como ideología de clase de la inteligencia proletarizada.

Las críticas de Bakunin se refieren en primer lugar a la concepción marxiana de la dictadura de¡ proletariado. «Si el proletariado -escribe el gran anarquista ruso- se convertirá en la casta dominante, ¿sobre quién dominará? Esto significa que quedará todavía otro proletariado sometido a esta dominación, a este nuevo Estado. Este es el caso, por ejemplo, de la masa campesina que, como se sabe, no goza de la benevolencia de los marxistas y que, al encontrarse en el grado más bajo de cultura, será evidentemente gobernada por el proletariado de la ciudad y de la fábrica; o quizá, si consideramos la cuestión desde el punto de vista nacional, tomando a los eslavos con relación a los alemanes, los primeros estarán con relación al proletariado alemán victorioso, bajo idéntica sujeción que estos últimos se encontraban con relación a su burguesía. Donde hay Estado hay inevitablemente dominación y, como consecuencia, esclavitud; el Estado sin esclavitud, abierta o enmascarada, es inconcebible; por eso somos enemigos del Estado. ¿Qué quiere decir que el proletariado se ponga a la cabeza del gobierno? ¿Que todo el pueblo gobierne y que no haya gobernados? En este caso, no habrá gobierno, no habrá Estado; pero si hay Estado habrá gobernados, habrá esclavos» (8).

La objeción, como se ve, no es banal, y será repetida muchas veces por los anarquistas contra los partidarios de la concepción estatocéntrica de la edificación del socialismo. Pero lo que resulta más interesante e instructivo en el análisis bakuninista de la teoría marxiana de la dictadura del proletariado es la individualización de los peligros insertos en la transformación de la mentalidad de la élite revolucionaria, apenas se habrá posesionado de la máquina estatal. Se sabe que en el marxismo las variables psicológicas se borran, o más exactamente, se reducen a manifestaciones de la corrupción de la humanidad generadas por la propiedad privada; con la consecuencia de que la idea de que también en una sociedad privada de propiedad privada pueda formarse una clase con intereses y mentalidad distinta de la masa de trabajadores, se descarta desdeñosamente como un prejuicio burgués reaccionario y anticientífico. Bakunin, en cambio, advierte rápidamente que las cosas son de forma diversa a como las imagina el marxismo, es decir que la tendencia egoísta y autoritaria de la naturaleza humana no deriva de la existencia de la propiedad privada. Y continúa: «Este dilema está resuelto simplisimamente en la teoría marxiana. Por gobierno popular ellos entienden el gobierno del pueblo por parte de un pequeño número de representantes elegidos por el pueblo, por los llamados representantes del pueblo y los gobernantes del Estado; esta es la última palabra de los marxistas al igual que de la escuela democrática, es una mentira que esconde el despotismo de una minoría dirigente más peligrosa porque se presenta como la expresión de la llamada voluntad del pueblo. Así, desde cualquier parte que se examine esta posición, se llega siempre al mismo desagradable resultado: al gobierno de la inmensa mayoría de las masas populares por parte de una minoría privilegiada. Pero esta minoría, nos dicen los marxistas, será de trabajadores. Si, ciertamente, de ex trabajadores que, apenas se conviertan en gobernantes o representantes de los trabajadores, dejarán de ser trabajadores y mirarán al mundo del trabajo manual desde lo alto del Estado; no representarán ya, desde aquel momento, al pueblo sino a sí mismos y sus pretensiones de querer gobernar al pueblo. El que dude de esto no conoce nada de la naturaleza humana» (9).

La teoría de la dictadura preparatoria se denuncia así como un sofisma tan peligroso como de graves consecuencias en abierto conflicto con el fin último de¡ socialismo, que es liberar al hombre. Y se critica de paso, con extrema precisión, la irreal concepción de la naturaleza humana que sirve de fondo antropológico a tal doctrina. El Estado de transición -dice Bakunin-, generará automáticamente una clase dominante en la que el ejercicio del poder incidirá en la psicología de los ex trabajadores y de los doctrinarios y los transformará en gobernantes, con todos los defectos típicos de las clases privilegiadas. En este sentido, la tesis de Bakunin es extremadamente radical: o se destruye el Estado o se tiene que aceptar «la mierda más vil y temible de nuestro siglo: la burocracia roja» (10). 

( 1 ) N. Berti: «Anticipación anarquista sobre "nuevos patronos"   («Interrogations». Marzo-78).

(2) P. Naville: «Burocracia y revolución» (Jaca Book, Milán-1973) y D. Russet: «La societé eclatée» (Grasset, París-1973.

(3) B. Rizzi: El Colectivismo burocrático (Galeati, Imola, 1969).

(4) F. Engels: El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. P. 100.

(6) L. Pellicani: «El revolucionario profesional» (Vallecchi, Florencia, 1975).

(7) A. Lehning: «Marxismo y anarquismo en la Revolución rusa» (Ed. Antístato, Cesena, 1973).

(8) M. Bakunin: «Estatismo y anarquía».

(9) Ibídem

(10) Correspondencia de M. Bakunin (Perrin et Cie. París, 1896).  http://noticiasyanarquia.blogspot.com.ar...-como.html