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[Imagen: thump_962051211058632644083849070.jpg]

Puede decirse que la rebelión anárquica rechaza una concepción de la vida basada en el conservadurismo, el miedo, la estrechez, la mera supervivencia, los caminos ya transitados, y sí apuesta por un desarrollo de las fuerzas y por crearse su propio camino. La voluntad de vivir no puede verse bloqueada por determinadas condiciones materiales o espirituales, ello da lugar a esa rebelión, a una lucha que bien provoca la transformación o bien ve aplastada la propia vida.

Hay quien dijo que la primera expresión de la anarquía es este choque de un impulso vital contra las estructuras que se oponen a su despliegue, contra toda autoridad o poder constituidos contrarios al desarrollo que llegará tras aquel impulso. La rebelión puede tener un sentido de desesperación, el cual desemboca a veces en una explosión de violencia (la cual nunca es buena ni soluciona nada por sí sola, en mi opinión, aunque hay que considerar la concentración de fuerzas que siempre realiza el poder político y los males de la jerarquización social), aunque no hay que negar que algunos anarquistas la han considerado frente a un orden inadmisible. Solo así puede entendersela frase de Bakunin "La alegría de destruir es una alegría creadora", pero recomiendo enérgicamente, para la salud mental y para la preservación de la inteligencia, no tomar al pie de la letra lo que pudiera decir cualquier autor y sí tratar de profundizar en los motivos que llevaron a afirmar tal cosa. No creo en la trascendencia de ningún concepto, ni siquiera, o menos aún, hablando de la revolución o de la anarquía, por lo que apostar ciegamente por ello puede ser contrario a la rebelión libertaria. Frente a un poder aplastante y totalizador, puede ser una opción la búsqueda de un desorden que haga surgir de nuevo el deseo de libertad, pero solo como un desesperado recurso que impulse la vida popular y posibilite su desarrollo.
 
No es necesario aclarar que el ideal anárquico nada tiene que ver con el desorden y el caos, y sí con la aspiración a un orden nuevo en el que la igualdad social sea un hecho y la libertad individual constituya un valor supremo que no se vea enfrentado con la organización colectiva. El poder político tiende a ser más sutil en los regímenes democratico-liberales, sin menospreciar otros modos de dominación que obstaculizan el desarrollo del pensamiento y de la conciencia, por lo que los motivos de la falta de proliferación de una rebelión anárquica son dignos de estudio (no vale ya el victimismo plañidero por una sociedad que no es la que nos gustaría, las quejas constantes que buscan motivos externos, la legitimación de medios ajenos al anarquismo). Creo, una creencia que pretende no ser ciega, que en todo ser humano hay un deseo legítimo de rebelión y de deseo de una vida mejor para sí mismo y para los demás, pero despertar los mecanismos que despierten esa conciencia no parece tarea fácil (la propaganda honesta resulta una gota en el oceáno ante el maremágnum de información inconsistente). Esa ansiada rebelión sería la explosión de una energía vital comprimida, un primer movimiento que afirmará determinados valores.
 
Albert Camus dijo que la conciencia nace con la rebelión, en la que el ser humano se da cuenta de que no puede ser cosificado, de que lo inhumano no es tolerable. Así, el rebelde no admite ya que sus posibilidades de desarrollo, de elección o de rechazo, su propia autodeterminación, se vea ya mermada o negada. Sería ya el inicio de una lucha en nombre de la integridad; una exigencia de libertad, la cual sería la tensión esencial de su ser. Camus consideró que esa rebelión puede ser en un principio confusa, pero acaba despertando un sentimiento común en todos los hombres, una razón de obrar sustentada en la solidaridad de los oprimidos. Es por eso que la rebelión, despertando a la conciencia de sí mismo y de los demás, afirmando la ruptura con lo instituido en nombre de valores humanos superiores, hace surgir una comunidad nueva en la que el opresor no tiene ya cabida por su falta de humanidad. Esta nueva sociedad puede y debe ser libertaria (aunque, obviamente, toda rebelión no desemboca en el anarquismo), ya que sería la única que no traiciona sus fuentes originarias y que no niega la posibilidad de un horizonte mejor. El anarquismo confía en esa rebelión que concluye que la existencia humana no tiene sentido sin la libertad, pero debe seguir contribuyendo a afirmar la realidad (social e individual, alimentadas mutuamente) en base a esa libertad. Es toda una filosofía práctica de vida: la libertad no es real si no está sustentada en el comportamiento y la acción cotidianos. Es la gran pregunta a hacer a las personas, si nuestra conciencia, la ausencia o no de rebelión, la imposibilidad de detectar los obstáculos que imposibilitan nuestro desarrollo, están condicionados o no por motivos externos, por nuevas formas de determinación sin mucho que ver con nuestro verdadero ser (cuestionando siempre, por supuesto, que exista una verdad definitiva o una esencia inamovible).
 
Capi Vidal
http://reflexionesdesdeanarres.blogspot.com.es/
[Imagen: thumbs.jpg]

Las ideas de Proudhon, Bakunin y Kropotkin, que parecían sepultadas por la historia, en especial a partir de la segunda mitad del siglo XX, recuperan gran parte de su vigencia. Crece la cantidad de banderas libertarias en las manisfestaciones contra la globalización y las corporaciones, sus postulados aparecen en los deabtes contemporáneos sobre el neoliberalismo o la ecología, se multiplican los grupos de Internet que, de hecho, adhieren a sus principios. E intelectuales como Michael Foucault, Gilles Deleuze, Osvaldo Bayer, Noam Chomsky, Murray Boochkin… reconocen en sus trabajos la herencia de los primeros ácratas. La historia que construyeron los anarquistas en su pelea contra el poder y la opresión del Estado, que alcanzó su punto más alto en las Comunas campesinas de la España prefranquista, afecta también al mundo de la cultura y forma parte fundante de las vanguardias artísticas del siglo XX y también de algunos fenómenos de la cultura popular, como el movimiento punk. En el texto de Marcus Mayer, acompañado de los notables dibujos de Sanyú, Anarquismo para principiantes recorre la historia y las influencias de este movimiento que ha demostrado, con sus contradicciones y tropiezos, pero también con una notable imaginación y un incansable espíritu de lucha, que aún tiene mucho para aportar a la escena contemporánea.

Cita:[...] el problema principal del esclavo no son en sí mismas las distintas calamidades que tiene que soportar día tras día por su condición de esclavo
(...) sino que es, más bien, la matriz de pensamiento que no le permite cuestionar su esclavitud. [...]
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¿Cadenas físicas o mentales?
En el sí de una sociedad dada, podríamos plantearnos lo siguiente: ¿qué es lo peor que le puede pasar a un esclavo?
Uno podría responder que, sin duda alguna, lo peor de la vida de esclavo es, desde luego, la humillación constante y el trato degradante que supone su condición de esclavo. Sin embargo, habría otra posible respuesta: lo peor que le puede pasar a un esclavo es sentirse satisfecho y hasta agradecido de la vida que le ha tocado vivir y del trato que recibe. 
Esta satisfacción paradójica propia del neurótico adaptado, no reflexiona acerca del futuro y reduce la complejidad de la vida a la satisfacción inmediata de la rutina diaria. Aunque muchos contemplan esta filosofía de vida del carpe diem como una muestra loable de adaptación y de optimismo, lo cierto es que es una forma más de autoengaño. La trampa cognitiva radica en que el esclavo satisfecho aumenta progresivamente su aceptación resignada de su condición de esclavo; una condición que, a base de hic et nunc, termina por pasar inadvertida por el propio individuo.
Lo que define a un esclavo no son sus amarres físicos y su nula libertad de movimientos sin la expresa autorización de su amo. Ni siquiera lo define los latigazos que recibe.
El problema del esclavo satisfecho con los golpes y latigazos no es el dolor físico que éstos le causan, sino la predisposición psicológica a recibirlos y a naturalizar el ensañamiento del poderoso sobre él. 
En consecuencia, la desgracia del esclavo no son tanto las formas situacionales que sufre en su cotidianidad en términos de maltrato físico, sino la asunción del pensamiento del poderoso, que le impide plantearse y por tanto cuestionar su estado de sumisión. Esto conlleva que acepte de forma acrítica las condiciones de vida con una pasividad resignada y sin atisbo de determinación para poder revertir su vida. Si además sumamos una percepción de satisfacción por el trato que se le ofrece en tanto que esclavo, el individuo está condenado a vivir una vida miserable. En este caso, las cadenas no sujetan el cuerpo, sino la mente.

El esclavo satisfecho en la sociedad actual
Es cierto que, en las sociedades actuales, las luchas por los derechos sociales y civiles han ido cimentando algunas leyes que nos protegen de abusos flagrantes como el esclavismo de cadena y látigo. Sin embargo, todavía arrastramos algunos vestigios del sistema esclavista. 
El sistema socioeconómico y cultural vigente nos impone ciertos valores y ejerce una manipulación continua sobre la forma en que pensamos, conduciendo a la aceptación de algunas prácticas que chocan de pleno con el derecho básico de pensar de forma crítica y autónoma.
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El esclavismo moderno consiste en que atendemos sin reflexión previa a una serie de rutinas familiares, laborales y sociales. En este día a día frenético, se nos anula la capacidad para tomar la iniciativa ante cuestiones sumamente importantes como el consumo (qué compramos y para qué), la moda (muy relacionada con la imagen de nosotros mismos que queremos proyectar al mundo) y la moralidad (aquellas reflexiones que deberían guiar nuestros actos encaminados hacia fines concretos).
Entre el acriticismo, la pasividad y el carpe diem mal entendido, nuestra mente deja de plantearse ciertas cosas, lo que a la postre significa una resignación pasiva ante las vicisitudes de la vida. De este modo, tal como actuaría un esclavo y por la indefensión aprendida que supone la nula confianza en nuestras posibilidades, acabamos siendo meros espectadores de un statu quo que creemos ubicuo y, por tanto, por sí mismo legítim[color=rgba(0, 0, 0, 0.870588)]o.[/color]

Jóvenes depresivos y anestesiados
Tal como escribió Álvaro Saval en su artículo "¿Juventud depresiva o juventud anestesiada?", la manipulación de nuestros pensamientos va conformando una cultura fértil para el poder:nos amarra a prejuicios, consignas y estereotipos que paralizan a los jóvenes en un presente carente de esperanza. Aunque el movimiento 15-M despertó gran parte de estos jóvenes anestesiados bajo el yugo del pensamiento uniforme de la tecnocracia y el presentismo, la otra mitad sigue habitando un escenario en que la uniformidad de pensamiento, los empleos precarios y los momentos de ocio siguen un patrón idéntico. 
En estos círculos, cualquier atisbo de pensamiento independiente o de crítica hacia ciertos usos y costumbres se vilipendia y se excluye sistemáticamente. Así, el miedo a pensar por uno mismo y la autocensura son los obstáculos para escapar de las cadenas y latigazos en el esclavismo moderno. Por supuesto, el sistema saca rédito de este tipo de pensamiento, apuntalando individuos altamente obedientes: trabajadores precarios pero productivos, consumistas sin criterio y, por supuesto, nada críticos con la sociedad ni con las injusticias que sufren aun sin percatarse de ello.
La adolescencia no solo es la etapa en que nuestra personalidad se consolida, sino tambiénes el tiempo de nuestros pensamientos se estructuran y trazan ciertas líneas maestras de nuestra percepción del mundo que nos rodea. La influencia del grupo sobre el adolescente siempre es un factor relevante a la hora de presumir la influencia en el pensamiento uniforme o, por el contrario, en el pensamiento crítico. 
Sin cultura crítica, los individuos se muestran incapaces de pensar la realidad por sí mismos. En este sentido, la existencia deja de ser un viaje en busca del bien, la verdad y la felicidad, para convertirse en una sinrazón de espejismos y estereotipos cuya apariencia se revista del bienestar que nos brinda un pensamiento impuesto y asimilado: todo por no tener la valentía de superar a tiempo las cadenas del esclavo.
[Imagen: tumblr_m36uu4BLhL1qmdiz4o1_500.jpg]

 
 
Eliminemos la propiedad privada,
y la especie humana dejará de ser
un cuartel diario de guerra.
 
No son pocas las personas, y aun las hay entre los socialistas, que se escandalizan al escuchar esas afirmaciones en los anarquistas.
Son tantos los prejuicios que hay sobre la propiedad que el espanto es normal. Se piensa que sin propiedad privada el género humano caería en un apocalipsis, en una catástrofe a donde no merece llegar. Y en efecto, los anarquistas no buscan ninguna de esas desgracias para la humanidad. Se debe todo a un prejuicio, y esperamos aclararlo en las siguientes líneas.
Es necesario que antes de crearnos un prejuicio sobre las posibles (y solo imaginadas) consecuencias de la abolición de la propiedad privada nos preguntemos si hasta ahora el régimen de propiedad privada ha dado algún beneficio para el género humano.
Se piensa que el trabajo genera el derecho a la propiedad privada y ya que se piensa que es así se deduce que “nada más justo que quien trabaje tenga acceso a lo que desee y no se le prive de ello” nos dicen los defensores de la propiedad, y pareciera a primera vista que, efectivamente, no hay nada más justo.
Sin embargo antes de aceptar esto como algo cierto hay que analizarlo.
Bien que una persona que trabaje tenga con toda justicia el derecho de obtener lo que necesite para desarrollarse física y culturalmente, así como las necesidades primarias de todo ser humano.
Pero, preguntamos ¿Es esto lo que prima en nuestra sociedad bajo el régimen de la propiedad privada? ¿En realidad el trabajo genera el derecho a ser propietario de algo?
En la actualidad la enorme mayoría de los medios de producción son propiedad de personas que o han heredado las propiedades (es decir, no han trabajado para obtenerlas) o las han obtenido poniendo a otros a trabajar para ellos (es decir, no han trabajado ellos), dándoles apenas lo necesario para no desfallecer y continuar produciéndoles riqueza.
Vemos por el otro lado una enorme capa de trabajadores de todos los niveles, verdaderos productores de la riqueza que paradójicamente no pueden disfrutar del fruto de su trabajo porque se les quita para entregarla a otros. No se les quita necesariamente con la fuerza física, sino con la fuerza económica cimentada en artilugios que el trabajador común rara vez comprende y por medio de los cuales no percibe el robo del que es objeto.
Trabajan y producen la riqueza durante toda su vida para que al final de su existencia no tengan ni lo necesario para descansar en su vejez; entre tanto los dueños oficiales de los medios de producción, que nunca han trabajado y que se dedican únicamente a disfrutar la vida a costa del pueblo productor, tienen el futuro asegurado para ellos y para su descendencia. Preguntamos entonces: si el trabajo genera el derecho a la propiedad ¿Cómo es que los trabajadores carecen de todo y los que nunca trabajan poseen todo?
Se debe a un hurto, a un robo del que nuestros economistas oficiales no dicen una sola palabra.
A consecuencia de semejante hurto a los trabajadores tenemos actos absurdos (o en palabras de Proudhon, un  sistema de las contradicciones económicas) como por ejemplo agricultores que desfallecen de hambre; albañiles sin casa… porque en esta sociedad donde supuestamente el que trabaja consume sucede que el que trabaja apenas puede consumir lo que produce. Y ello aún en una etapa de la historia humana donde el consumismo es lo que permea en la sociedad… pero no en todos lados.
Y si estas incongruencias en que vivimos no fuesen suficientes para tensar nuestros sentimientos de igualdad, recordemos que mientras tres cuartas partes de la población mundial viven en condiciones de pobreza, la mayor parte de la riqueza está actualmente en muy pocas manos, siempre a costa de todo un mar de pobres que les sostienen en la holganza.
Estas condiciones, las de la propiedad privada que otorga todo a unos cuantos y priva al resto de casi todo, son sostenidas siempre por las leyes de cada país donde el respeto a la propiedad privada constituye uno de los fundamentos en que está basada la sociedad autoritaria. Porque protección a la propiedad privada exigen los dueños de los medios de producción. Protección siempre en contra de quienes ellos privan de todo. Y ahí tenemos explicada la existencia de militares, policías, fuerzas armadas en general, cuya misión no consiste en defender al país en una guerra con un enemigo externo (que de momento no hay), sino en mantener a raya al enemigo interno, es decir, al pueblo que es robado diariamente y el que bien podría sublevarse contra sus verdugos. La guerra, pues, es siempre interna y perpetua. Esa guerra que tanto temor suscita en las personas a su sola mención se ejerce diariamente contra las poblaciones sin que la mayor de las veces se den cuenta de ello. Las leyes no son sino códigos de protección al robo que se mantienen no por consenso (a nadie le han preguntado si está de acuerdo o no), sino por la fuerza de las armas contra las poblaciones.
El Estado, defensor de esas leyes y cuya función primordial es la de asegurar estas condiciones, al hacerlo se convierte en el guarura del capital, no en tus representantes.
Pero ejemplifiquemos la manera absurda en que está basada la propiedad privada.
Una fábrica se construye a partir de la colaboración de muchos albañiles para su construcción primero; se dota de mercancías producidas por obreros manufactureros o campesinos después; se administra por trabajadores; se atiende por trabajadores; y sin embargo, esos mismos trabajadores rara vez pueden acceder a la mercancía que se vende donde trabajan. Todos sus salarios juntos nunca podrían comprar la mercancía con que se comercia en sus puestos de trabajo.
Nuestros economistas nos cuentan que los beneficios obtenidos por el dueño se deben a una especie de seguro por su inversión. Puesto que la ha puesto en riesgo ha colaborado para la producción. El trabajador no arriesga nada (nos dicen) y entonces sus ganancias son menores en consecuencia.
Suponiendo el que argumento fuera válido, preguntamos ¿En cuánto tiempo se reintegra el dinero al inversor, más aparte una gratificación por su “riesgo”? Porque cuando la empresa ya está funcionando el dueño cesa de arriesgar su capital, que recupera en seguida, y el restante tiempo es el trabajador el que continúa –como desde el inicio y de hecho con mayor riesgo porque no arriesga dinero, sino su salud y su tiempo (vida) en la fábrica- arriesgándolo todo, gastando su propia vida (un medio invaluable y no restituible), y sin embargo tenemos que el patrón sigue engordando sin cesar y el trabajador padeciendo siempre. El robo es bien visible.
Pero el absurdo va más allá, porque incluso los artículos que cualquier empresa pueda vender son imposibles de evaluar. Una silla, por ejemplo, no puede decirse que sea producto de un carpintero. Es el resultado de muchos otros trabajadores:
El transportista que entregó la madera contribuyó al proceso; antes que él hubo un talador que cortó y preparó la madera; e incluso antes de éste último hubo quien sembró el árbol, y quienes cuidaron de él hasta que estuviera listo para ser cortado.
Un articulo pues, sea el que sea, pertenece a toda una serie de trabajadores, por lo que no es posible valuar el artículo. A ello sumemos otro ejemplo: quien inventó digamos la sierra eléctrica recibió un pago por dicho invento (a veces ni eso sucede) a la hora de patentarlo, pero este ha continuado produciendo madera a una velocidad más rápida que antes de su invención, lo cual no ha sido pagado porque ¿La cantidad dada al inventor es la correcta pese al paso del tiempo? Los beneficios que produce su invento a lo largo de siglos e incluso sus mejoras que harán dicho invento más eficiente ¿realmente se paga con una cantidad x dada al momento de su fabricación? ¿qué hay de las devaluaciones de la moneda respecto a este caso? Porque con lo que antes se compraba una casa hoy apenas alcanza para malvivir ¿no afecta ello al pago dado al inventor y demuestra que el pago en realidad no fue justo? Existe entonces un valor que flota en el tiempo que no se paga, pero del que se beneficia el capitalista. Todo invento, pues, es víctima de otro robo a manos del capitalista. Los inventos y los productos, pues, para no sufrir robos y beneficiar realmente deberían ser propiedad de la humanidad en su totalidad. Y si la economía actual no estuviera de cabeza el capitalista, que no produce nada, no sería dueño de nada, ni de los medios de producción ni de los productos obtenidos por ellos.
Pasemos a otra parte de la propiedad, el de la restitución de la producción. Todo artículo, como hemos dicho, es producto de una cantidad inexacta de trabajadores a los que no se les retribuye el costo del producto. Se les paga un jornal –teoría proudhoniana-, pero no se les paga nunca el costo por la asociación que dicho trabajo genera.
Una casa puede ser construida por 50 albañiles en un mes; esa misma casa jamás podría ser construida por 1 albañil en 5 años. Para construirla se precisa de la acumulación de fuerzas y de asociación que hace posible levantar la estructura necesaria para la cimbra. Esa fuerza y esa asociación no la puede conseguir ninguna persona como no sea apoyándose en otros trabajadores.
Así pues, aunque el patrón pague los jornales, esa fuerza colectiva jamás es pagada.
¿Qué decir por ejemplo de la plusvalía?
Una empresa produce en medio día (o en menos) la cantidad necesaria de productos para pagar los jornales (solo los jornales, ya que como hemos indicado la fuerza asociativa jamás es pagada) de los obreros.
La fuerza asociativa generada por el trabajo de éstos y la cantidad de productos generados a partir digamos del medio día, jamás es pagada a los trabajadores.
Esta cantidad de dinero sobrante la producen los trabajadores y les es completamente robado bajo distintos argumentos apoyados en teorías economicistas a beneficio del burgués y siempre apoyados en las leyes del Estado.
Esas ganancias van a parar a otorgar un nivel de vida a los dueños de la empresa sin haber movido un solo músculo para obtenerlas. Aun en el caso de que el dueño de la empresa se involucra en alguna actividad sus ganancias son muchas veces mayor a las de los demás trabajadores: un robo por donde quiera que se le vea.
Un estudiante de ingeniería construye un invento que hará que el proceso de siembra sea dos veces más sencillo ¿Beneficiará eso al campesino para que su vida sea menos agotadora?
No. Beneficiará al terrateniente, que comprará el invento para producir más; y al campesino, o se le paga menos, o se le corta la jornada laboral con lo que sus ingresos igualmente degeneran. Tenemos pues que en la sociedad actual todo avance en la producción con máquinas no beneficia a los trabajadores, los empobrece. Se les roba primero el producto de su trabajo; se les roba después la vida misma cuando son suplantados por una máquina. Porque ¿qué otra cosa es sino el hecho de quedar en la calle porque una máquina hace el trabajo de 20 trabajadores?
Ejemplos como este podemos encontrar por montones en todo el avance humano desde que un grupo de rufianes amparados en las armas dijeron “esto nos pertenece” y se convirtieron en propietarios.
El capitalismo no solamente comete un robo contra los trabajadores, sino que impide incluso que el avance humano sea en provecho de la especie humana, y utiliza todo avance para generar más ganancias al más bajo costo.
El robo no puede ser más grande.
Ahora transportemos este caso a todos los procesos productivos donde se utilizan herramientas y máquinas creadas no por un hombre extraordinario (hemos visto que eso no es posible), sino por una infinidad de ideas de generaciones anteriores, y veremos que el producto del trabajo no puede sino pertenecer a toda la especie humana.
El capitalismo se aprovecha de esta forma económica que el Estado y la propiedad privada pone a su servicio (la explotación “legal” de los trabajadores y con ello el dominio de la economía) para generar inmensas riquezas a costa siempre de la explotación de los trabajadores.
Al ser el capitalismo quien mueve toda la economía puede poner y quitar gobiernos conforme le venga en gana (1) y estos, si no quieren ser un órgano parasitario y con ello ser reemplazados (pues ellos nunca dejan de existir ¡de ellos no te libras!) por otros, deben ser obedientes y poner toda la maquinaria del Estado (fuerzas armadas, leyes, medios de comunicación, etc.) al servicio del capitalismo.
Tenemos entonces que es completamente normal que el Estado defienda la propiedad privada como principio sagrado de sus instituciones, que el policía arremeta contra las ocupaciones, expropiaciones de empresas y toda forma organizativa tendente a destruir los cimientos de la propiedad privada, y que sus economistas hagan toda una maraña de teorías sofísticas cuyo fin más inmediato es la defensa teórica de la propiedad privada.
Porque si no ¿Qué sabio economista podría explicar esta contradicción de trabajadores empobrecidos/holgazanes enriquecidos, sin decir abiertamente que todo ello se debe a que el propietario es un ladrón amparado por las leyes?
¿Qué derecho tienen los propietarios a declarar como suyo algo por lo que no han trabajado? ¿Con qué derecho entonces se atreven a quedarse con la mayor parte de las ganancias? ¡Con el derecho que le otorga el gobierno, perro fiel a su servicio!
Se nos dice que la abolición de la propiedad privada y la anarquía misma conducirían a los pueblos a la miseria, la desorganización, la injusticia y que todos arreglarían sus diferencias a tiros. ¿Y qué es lo que existe ahora bajo el Estado y la propiedad privada sino hambre, miseria, caos, injusticia, desigualdad, miseria, desorganización y masacres a tiros contra los pobres cuando se sublevan para mejorar sus condiciones de vida?
Al analizar pues semejantes mentiras aparece por deducción lógica la figura contraria: la anarquía y la abolición de la propiedad privada significarán la justicia, la equidad, la prosperidad del pueblo y el cese de los vividores y ladrones que hoy tienen en sus manos los medios de producción y la riqueza generada por todo el pueblo trabajador.
Es normal entonces que los anarquistas veamos la propiedad privada como algo ilógico, injusto, cruel y totalmente necesaria de abolir. En un mundo de justicia social, de equidad y de hermandad como el que proponemos, la propiedad privada no tiene cabida.
El derecho de propiedad que otorga a unos cuantos la posibilidad de acumular riquezas y explotar al pueblo, tiene como corolario el hambre, la miseria, la guerra, la explotación, la injusticia, la degeneración humana.
Más que como principio revolucionario, la eliminación de la propiedad privada se presenta ante quienes analizan la cuestión social a fondo como una necesidad no ya solo de la revolución, sino de la propia especie humana.
La desaparición de la propiedad privada y su consecuente, la destrucción del capitalismo, va de la mano de la destrucción del Estado y de la autoridad, pues el uno no puede sobrevivir sin el otro, y es necesario a cada una de estas instituciones defender a su homólogo.
La cuestión a resolver por los revolucionarios actuales como lo fue por los anteriores, no es la manera en la que se debe reformar o embellecer la esclavitud, sino destruirla; y en ese trabajo la abolición de la propiedad privada ha de ser uno de los asuntos neurálgicos de la revolución social.
Pero no creas amigo lector que pretendemos solamente destruir sin edificar nada; lejos de nosotros semejante pensamiento.
A la propiedad oponemos la posesión. Nos explicamos:
 
Propiedad privada significa la posibilidad de acumular riquezas. Y vemos ya que esa “posibilidad” no es sino una exclusiva de los detentadores de los medios de producción. Es decir, de los capitalistas.
La posesión significa, valga la redundancia, la posesión que cada persona hace de las cosas que necesita para su desarrollo físico, intelectual y personal.
Más claramente: mientras la propiedad hace posible que en las manos de una sola persona haya, por ejemplo, 20 casas mientras hay 19 familias sin hogar, la posesión de las cosas hace que cada quien tenga solamente (pero no restrictivamente) aquello que necesita para vivir bien.
¿Para qué tener 20 casas, si se puede vivir en una de forma cómoda y sin privaciones?
Acumular riquezas significa privar a otras personas del derecho a la vida, y la sociedad libre de parásitos sociales que proponemos los anarquistas, será una sociedad donde a nadie se le prive del derecho a vivir.
Abolida la propiedad privada el delito pierde bastante sentido: si todo es de todos ¿Quién robará a su prójimo arriesgando con ello la libertad como ocurre en la actualidad?
¿No es acaso claro que todo lo que hay en el mundo –exceptuando la naturaleza- ha sido hecho por trabajadores como tú amigo lector, y que a todos ustedes es a quienes realmente pertenece todo?
Nos dicen en la escuela, en la Iglesia y en trabajo que el robo es malo; no lo es, sin embargo, si quienes roban lo hacen conforme a las leyes. Tales mentiras ponen al descubierto la miseria de un sistema que mientras aplasta a las mayorías, protege siempre a los mayores ladrones de la sociedad.
Nosotros proponemos la abolición de la propiedad privada como condición inmediata para la extirpación en la sociedad de los ladrones grandes: el Estado, capital, clero, propietarios.
Porque sin propiedad privada toda persona en condiciones de trabajar tendrá derecho a techo, alimento, vestido, calzado, etc., todo lo que necesite para vivir bien, a cambio únicamente de trabajar un par de horas (el avance de los métodos de producción hace posible esto) en un trabajo no como el actual, lleno de penurias, carencias e injusticias, sino en un ambiente laboral sano, seguro, limpio, en camaradería con sus compañeros de labor.
Auguramos para dicha sociedad una espléndida forma de vida, pues estamos seguros que derribados los principales cimientos del crimen y de la injusticia (Estado, capitalismo, clero, autoridad, propiedad privada, leyes, etc.), la sociedad, al estar conformada por seres sociables, sabrá desarrollarse en plena libertad y justicia, donde el mundo en que vivimos ahora será solamente un triste recuerdo.
 
 
Salud y revolución social.
 
Erick Benítez Martínez. Octubre del 2013.
 
Notas:
 
1.- “Dadme el control de la moneda de un país y no me importará quién hace las leyes” Ha dicho Rothschild hace muchos años, y es completamente verdad. Está a la vista de todos que quienes mueven el mundo, las leyes y los gobiernos son siempre los burgueses.
[Imagen: 4495.jpg]


Durante casi sesenta años Malatesta desarrolló actividades dentro del movimiento anarquista como agitador y propagandista. Basta con dar una ojeada a los archivos de la prensa anarquista para percibir que fue uno de los miembros más respetados del movimiento, así como siguió siendo hasta el final uno de los más controvertidos. Su actividad abarcó muchas partes del mundo, y también la dirección de una cantidad de diarios anarquistas italianos, incluido el cotidiano Umanità Nova (1920-22). Pasó la mitad de su vida en el exilio y el respeto con el que le trataron los gobiernos queda claramente en evidencia por el hecho de que estuvo preso durante más de diez años, generalmente en espera de juicio. Los jurados, por contraste, mostraron un respeto diferente, absolviéndolo en casi todos los casos y reconociendo que el único galantuomo, el único hombre honesto, era el que los enfrentaba en el banquillo de los acusados.


Estaba el Buda meditando en la espesura junto a sus discípulos, cuando se acercó un detractor espiritual que lo detestaba y aprovechando el momento de mayor concentración del Buda, lo insultó, lo escupió y le arrojó tierra.

Buda salió del trance al instante y con una sonrisa plácida envolvió con compasión al agresor; sin embargo, los discípulos reaccionaron violentamente, atraparon al hombre y alzando palos y piedras, esperaron la orden del Buda para darle su merecido.

Buda en un instante percibe la totalidad de la situación, y les ordena a los discípulos, que suelten al hombre y se dirige a este con suavidad y convicción diciéndole: "Mire lo que usted generó en nosotros, nos expuso como un espejo muestra el verdadero rostro. Desde ahora le pido por favor que venga todos los días, a probar nuestra verdad o nuestra hipocresía. Usted vio que en un instante yo lo llené de amor, pero estos hombres que hace años me siguen por todos lados meditando y orando, demuestran no entender ni vivir el proceso de la unidad y quisieron responder con una agresión similar o mayor a la recibida.

Regrese siempre que desee, usted es mi invitado de honor. Todo insulto suyo será bien recibido, como un estímulo para ver si vibramos alto, o es sólo un engaño de la mente esto de ver la unidad en todo".

Cuando escucharon esto, tanto los discípulos como el hombre, se retiraron de la presencia del Buda rápidamente, llenos de culpa, cada uno percibiendo la lección de grandeza del maestro y tratando de escapar de su mirada y de la vergüenza interna.

A la mañana siguiente, el agresor, se presentó ante Buda, se arrojó a sus pies y le dijo en forma muy sentida: "No pude dormir en toda la noche, la culpa es muy grande, le suplico que me perdone y me acepte junto a Usted".

Buda con una sonrisa en el rostro, le dijo: "Usted es libre de quedarse con nosotros, ya mismo; pero no puedo perdonarlo".

El hombre muy compungido, le pidió que por favor lo hiciera, ya que él era el maestro de la compasión, a lo que Buda respondió: " Entiéndame, claramente, para que alguien perdone, debe haber un ego herido; solo el ego herido, la falsa creencia de que uno es la personalidad, ese es quien puede perdonar, después de haber odiado, o resentido, se pasa a un nivel de cierto avance, con una trampa incluida, que es la necesidad de sentirse espiritualmente superior, a aquel que en su bajeza mental nos hirió. Solo alguien que sigue viendo la dualidad, y se considera a sí mismo muy sabio, perdona, a aquel ignorante que le causó una herida". Y continuó: "No es mi caso, yo lo veo como un alma afín, no me siento superior, no siento que me hayas herido, solo tengo amor en mi corazón por usted, no puedo perdonarlo, solo lo amo. Quien ama, ya no necesita perdonar".

El hombre no pudo disimular una cierta desilusión, ya que las palabras de Buda eran muy profundas para ser captadas por una mente llena todavía de turbulencia y necesidad, y ante esa mirada carente, el Buda añadió con comprensión infinita: -"Percibo lo que le pasa, vamos a resolverlo: Para perdonar, ya sabemos que necesitamos a alguien dispuesto a perdonar.
Vamos a buscar a los discípulos, en su soberbia están todavía llenos de rencor, y les va a gustar mucho que usted les pida perdón. En su ignorancia se van a sentir magníficos por perdonarlo, poderosos por darle su perdón, y usted también va a estar contento y tranquilo por recibirlo, va a sentir un reaseguro en su ego culposo, y así más o menos todos quedarán contentos y seguiremos meditando en el bosque, como si nada hubiera pasado". Y Así fue.


No creáis nada por el simple 
hecho de que muchos lo crean
o finjan que lo creen; creedlo
después de someterlo al
dictamen de la razón y a la voz
de la conciencia. Buda
Buenas tardes, 
estoy realizando un estudio y me gustaría pedir su colaboración. Se trata de cumplimentar un cuestionario que no les llevará más de cinco minutos. Es completamente anónimo y los datos se trabajarán con total discreción. Les agradezco su colaboración. Aquí les adjunto el link al cuestionario. Que tengan un buen día
https://docs.google.com/forms/d/1p9u1oJ-...#responses
[Imagen: milicias3.jpg]

Ya no son estos los mismos tiempos de hace 200 años.
El feudalismo y la servidumbre mantenían entonces al trabajador en el grado más bajo del trato humano.
La revolución industrial, y sobre todo la revolución francesa, cambiaron sin lugar a duda la condición de los trabajadores.
Pasaron de ser esclavos sin más a ser esclavos asalariados.
Antes se era esclavo por la fuerza, porque el señor feudal era dueño y señor del esclavo, sobre el que ejercía incluso el derecho de pernada.
La revolución industrial y la revolución francesa evolucionaron los medios de producción la primera, y reconocieron los “derechos” del hombre la segunda.
La primera hubiera significado librar al trabajador del trabajo penoso y agotado manual, pero la máquina no liberó al trabajador. Lo sustituyó en masa por una máquina que no cobraba ni se quejaba.
La segunda, la revolución francesa, hubiera significado reconocer la dignidad y libertad del trabajador; no hizo más que esclavizar institucionalmente al mismo.
El progreso industrial no significó progreso, sino esclavitud; los derechos del hombre no significaron derechos en sí, sino una esclavitud formalizada.
Hubo sin embargo cambios importantes. De los tiempos del feudalismo a finales del siglo XIX el vapor y luego la electricidad, aún sin olvidar que siempre se basaron en la explotación del pueblo, lograron cambios importantes en todo el mundo.
Las ciudades florecieron, los medios de producción avanzaron (basados en el trabajo esclavizador, nunca lo olvidemos ni dejemos de condenarlo), los pueblos se modernizaron, se tendieron puentes de rio a rio, de montaña a montaña. Los viajes en animales fueron sustituidos por modernos transportes, el telégrafo y las cartas fueron sustituidos en poco tiempo por el teléfono.
La energía a vapor fue sustituida por la electricidad, y los aviones modernos surcaron los aires.
Los siglos XIX y XX fueron testigos de una evolución tremenda en las comunicaciones, en los transportes, en la producción.
Y cuando la humanidad pensó que el avance había sido importante, llega la era tecnológica en su plenitud.
Ella permitió avances que hacía 50 años solo eran imaginables en la mente curiosa de algún cineasta.
La humanidad ha llegado a un grado tal de evolución, que el avance en poco más de dos siglos es mucho mayor al que tuvo en miles de años la humanidad.
La vida del paleolítico, por ejemplo, duró poco más de dos millones de años; la del neolítico fue hace unos 10.000 años, y como ellos podemos contar otras edades de la humanidad que constaron de miles de años, y en los que la evolución no es ni por asomo un 2% al actual.
Los medios de producción son capaces de terminar con el hambre en el mundo; las vías de comunicación abastecerían a las ciudades más lejanas; los procesos de construcción podrían tejer puentes y llevar los más modernos avances a los lugares más lejanos.
El internet podría propagar la inteligencia a grados enormes.
… y sin embargo… ¡Y sin embargo!
La humanidad es tanto o más esclava que hace 2 siglos. Y su esclavitud es la peor de todas: los medios de comunicación que deberían servir para difundir la cultura han alienado a la humanidad; los medios de producción que podrían acabar con el hambre producen cosas superfluas que son compradas con frenesí por trabajadores que empeñan su vida por adquirirlas; las migajas caídas del banquete de los ricos deslumbran a las masas, y estas no advierten muchas de las veces su novísima esclavitud. Por eso es la peor de todas.
La tecnología que podría liberar produce armas de destrucción que acercan a la humanidad al límite de su propia destrucción.
Los puentes tendidos entre montañas no sirven para enlazar pueblos, sino para transportar las mercancías del capitalismo voraz en su imparable hambre de absorción de los pueblos a su despotismo.
Los déspotas del mundo que antes tenían ejércitos y fortalezas que eran asaltadas por el pueblo en las revueltas e insurrecciones, se han servido de los avances para crear verdaderos imperios inatacables. Sus ejércitos tienen las armas más modernas y sus cámaras de videovigilancia no nos dejan un espacio para la privacidad.
De todo se ha servido el capitalismo para no sucumbir, se ha rejuvenecido, se ha inyectado una gran cantidad de progreso y tecnología, y se ríe a carcajadas de nuestros marxistas que junto a su maestro siguen hablando de una muerte natural e inevitable del capitalismo.
Sí, la humanidad ha evolucionado increíblemente, pero sus beneficios son en un 99% al servicio de la explotación y la miseria. A la creación de nuevas formas de mantener los privilegios de unos cuantos.
Y ante todos estos avances increíbles se alza poderosa y potente la barricada, deslumbrando las mentes caducas de los que creían que la resistencia estaba derrotada por la imponente fuerza del poder estatal.
Ella ruge fuertemente hoy como siempre gritando al pueblo “No destruyas el progreso industrial y tecnológico ¡apodérate de él y ponlo a tu servicio!”
Hoy, como en los siglos precedentes, la lucha no se ha detenido ni debe detenerse deslumbrada por el progreso.
Porque hoy como ayer sigue habiendo privilegios de unos pocos sobre la miseria de la mayoría.
¡Ay África, cuán grande es tu contraste de miseria con la era tecnológica!
¡Ay América, cuanto contrasta también la miseria de tus pueblos con los avances de producción!
¡Ay España, cuanto nos duelen los suicidios de que tú pueblo es víctima, cuando la humanidad puede dar alojamiento a cada persona de la tierra!
¡Cuántos ayes no da la humanidad ante la miseria que la rodea en medio de tantos progresos tecnológicos en todos los sentidos!
La más espantosa de las contradicciones es precisamente la que vivimos. Porque la miseria ahí donde no hay posibilidades de avance alguno es triste, pero comprensible.
Triste era por ejemplo mandar una carta que tardaba días en llegar a su destino. Una comunicación tan lenta era decepcionante, pero normal cuando no había medios para mejorarla. Y como este ejemplo pueden darse otros muchos similares.
Pero cuando es posible tanta y tanta mejora y sin embargo vemos pueblos muriendo de hambre, gente sin casa, explotados, en la más grotesca miseria, niños muriendo por falta de medicamentos, hambrunas mientras se arroja alimento al mar para no darlos a los pobres, cuando en medio de tanto progreso nuestra sociedad sigue siendo esclava y miserable, nuestros puños se encrespan porque sabemos que los culpables tienen nombres y apellidos. Y la indignación da paso a la organización.
El progreso del que la humanidad puede enorgullecerse, hoy secuestrado para beneficio de unos pocos, mañana ha de ser expropiado en su totalidad para beneficio del pueblo entero.
Y entonces, solo entonces, el progreso que hoy ha deslumbrado a la humanidad será mil veces mayor, porque expropiados los medios de producción y liberada la humanidad de la plaga capitalista, estatista, clerical y autoritaria, avanzará mucho más a prisa de lo que lo puede hacer ahora, y sus beneficios harán que la humanidad alcance un nivel de felicidad nunca antes pensada.
Y hoy como siempre, los anarquistas deben estar metidos de lleno en la formación de organizaciones anarquistas, en la difusión del ideal por el que nuestros antepasados lucharon y de quienes nosotros tomamos el relevo para seguir en la brecha de la lucha.
 
Erick Benítez Martínez. Abril del 2016
Texto realizado para la publicación "¡Luz!", órgano de difusión de la UAS-FAM
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Un libro que compila varios escritos de esta mujer alrededor de su pensamiento anarquista, refiriéndose al feminismo, el estado, la sociedad, etc. 

"Emma Goldman (Kowno 1869/Toronto 1940) sera considerada durante mas de 30 años como el enemigo publico numero uno en los Estados Unidos, no por cometer actos violentos, sino por utilizar el arma mas peligrosa que esta a mano de todo ser humano: la razón.
Prolifica en sus escritos, hemos querido recoger en castellano algunos de sus textos mas significativos, intentando rescatar del olvido de la historia a esta mujer, tan fundamental en el devenir del movimiento anarquista." 

- Editorial "La Malatesta"




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Hoy más que nunca una publicación tal se hace indispensable: los viejos militantes se van yendo uno a uno y con ellos se corta cada vez más el hilo de la gloriosa tradición de luchas libertarias; entretanto, nadie mejor que Rocker, por su preparación y por su interés en los estudios históricos, para acometer tal empresa. Si este libro, el primero de sus hijos espirituales que traspone los límites del idioma original, sirviera para llevarle la voz de aliento y esperanza de tantos camaradas de tierras de habla hispánica la Editorial Argonauta quedaría satisfecha de haber cumplido esa misión de grata mensajera.


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