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VI

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Llegados a este punto, ahora sí pondré a consideración mis creencias, y una de ellas es la "elevación" cosmogónica que en este texto he pretendido mantener como “tensión” oculta, tanto de los supuestos estéticos como los inteligibles, para afrontar nuestro aparente abandono y destino final en el universo. De ser creíble el escenario final del universo, dentro de 30 mil millones de años como se estima, o más, un buen día no quedará rastro de energía alguna y el frío absoluto terminará en una muerte térmica del universo en que las interacciones atómicas cesen. De ser creíble la inflación cósmica de una región extensa de absolutamente nada, y la disociación de sus componentes atómicos a un mayor grado de entropía, esto es, mayor grado de incoherencia, pone en perspectiva muchas cosas.

Pone a la vida como lo que realmente es: semejante a la negación de la entropía a partir de un delicado equilibrio entre ciclo y la ampliación de dichos ciclos, la vida como una verdadera "burbuja" cuántica retando al orden disipatorio de su gasto energético, incluso retando la irreversibilidad del tiempo y toda homogeneidad por la heterogeneidad térmica. Por ello me parece plausible considerar la elevación estética de nuestra cosmología contemporánea, y sin la cual no me hubiera atrevido a sugerir la conexión inextricable entre individuo, naturaleza y universo. ¿Qué pasaría si encontráramos “formas de vida” de otro material igual de abundante en el universo como el sílice, con semejantes propiedades cristalográficas al carbono? Esta conexión bien podría llamarse "espíritu", ya como "coherencia interna", de sistemas sin memoria a un sistema discreto de memoria, léase, discente, ya señalado por la física de la computación.

No dudo, por supuesto, que la naturaleza posea intrínsecamente un valor estético para ser precisado en la comunión de los organismos, que bien podría ser un hecho indemostrable e igualmente defendible, que sí se me antoja sagrado; pero tal parece que el lenguaje de los poetas y los artistas ha consistido, no en la abjuración del componente estético como trasfondo del mito, sino precisamente en la particularidad de emitir componentes estéticos para preservar de alguna manera la significatividad de nuestras expresiones –tal debe ser la funcionalidad del mito si nos permitimos un gesto afable a la historiografía mítica y a la personalidad mitómana. En efecto, este extremo no lidia con ninguna explicación inteligible, pero tampoco oculta su razonamiento. Quiero decir, hay unos mitos mejores que otros, la dignidad, por ejemplo, el derecho humano, ese invento originalmente aburguesado, constructos todos absurdos e indemostrables fuera del contexto humano y cultural con el que nos permitimos atribuirle un significado.

Y muy a pesar de la indiferencia cósmica de dios, podemos vivir sin dios, imputando y aspirando a la precisión en nuestras propias acciones, es decir, determinándolas. Sin este componente estético, la de nuestra coherencia, la coherencia de la vida y de la materia, quedaría entorpecida en su desarrollo para convertirse en un fatal e indecible accidente como el que pronostica la física nihilista de nuestros días, fundiéndose este nihilismo con los mitos por los cuales no consentiría ningún amante y asombrado de la vida en su mínima expresión. En lo personal, yo sí estaría dispuesto a convivir con ciertos mitos, no otros, con tal de mantener en movimiento y tan actuales los mismos ruidos, apetencias y perturbaciones con que el sentido humano afronta su todavía absurdo transitar en el universo, a la saga de uno de los brazos lácticos derramado por nuestra galaxia, teniendo a conciencia plena qué clase de "transubstanciación" le damos a nuestras creencias en el nuevo milenio.

Un científico como G. Bateson nos enseña precisamente tras este ocultamiento mágico y racional se encontraría lo que él llama "epistemología de lo sagrado" por el cual nuestro entendimiento de un patrón, y por el cual los sentidos perceptivos, toman arreglo de interfaz, y el contexto que produce dicho patrón forman una unidad perfectamente consistente con nuestra actual noción de ecología. De hecho, los artistas y poetas no estarían sino creando modalidades de interfaces para percibir y exhibir un patrón de la naturaleza. En cierta forma dicha, todos estos patrones han sido imbuidos en nosotros, por lo que, si hay que temerle a una maquinaria, si hay que tenerle miedo –eso sería no otra cosa que la ausencia de una maquinaria cósmica que nunca nos produjera. O sea, un universo exento de "maquinaria" no tendría "leyes" válidas, mejor dicho, regularidades para toda esta expansión cósmica y su jungla de partículas elementales. Ante estos patrones cósmicos que sí podemos llamar universales, que delinean funcionalidad y forma, las cosmogonías de los pueblos y sociedades son el reflejo de la "maquinaria social" por fijarse alguna meta de porvenir, por alcanzar los límites del universo y expandir los límites del yo, y el tú, y del nosotros, un porvenir que merece ser determinado por los constructos humanos y arrojarnos sin miedo a las peripecias en lo futuro, y así imputarnos ¡por fin! un "sentido humano" encima de esta nube de agua y roca.

Inadmisible, insensata, la idea de sujeto exiliado a un simple "devenir", vacío en su indeterminación.

En vez de retraernos al pensamiento puramente mágico, o bien, el retraimiento del pensamiento determinista igual al religioso, sucede que son las categorías morales, en las cosas de la intelección, las que imputan el orden de causación, no pocas veces confundiéndose la causa y sus efectos necesariamente por la percepción sicológica del observador. Un hacedor de lluvia poco le importaría bombardear con iones de plata la atmósfera para hacer llover, o bien, no estaría exento a sí mismo de modificar la danza ritual en nuevos cánticos y ruegos si con esto consigue el objetivo. Pero está claro que, para nuestro hipotético hacedor de lluvia, estos dos métodos, ionización y ritual, son producto de un método de observación y otro de actuación, uno computable y otro indeterminable; y queda más claro que el contexto de acciones parece la unidad de acción y entendimiento para que el pensamiento racional difiera al pensamiento mágico, donde el yoduro de plata para "siembra de nubes" es derivado de la experimentación y observación química ¡pero este patrón no es otra cosa que variables éticas empleadas por la "estructura" moral de la sociedad por corregir sus instrumentaciones!

Para estos intentos de formulación, y en abierta defensa a lo que hace posible al rigor científico, es decir, a su formalismo, resta decir un algo sobre el contexto o "estructura" política de ciertas propuestas científicas, conectando las últimas ideas del anterior apartado. Concretamente, me refiero a la validez de nuestras proposiciones, también llamado "lógica". Se sabe que una cosa es una "categoría" de elementos que comparten propiedades, y es distinto al "elemento" que los conforma: categoría y miembro no son iguales: GOBIERNO Y GOBERNANTES NO SON IGUALES, "todas las naranjas y un naranja" no son iguales ¡esta es la base tan sencilla de los tipos lógicos!Sólo espero no caer en un "logicismo"; riesgo, pues, asumido.

Que si hay que discriminar muy bien el objeto de nuestras observaciones, cabe señalar la naturaleza de las instrumentaciones políticas que han adoptado si no todas, buena parte de las formulaciones científicas de la historia contemporánea, y tenerlas perfectamente bien ubicadas. Ejemplificando: aquélla persona que sea capaz de culpar de genocida a quien inventó la pólvora, mezclando salitre y azúcar, debido a la implementación de las guerras acaecidas desde entonces, o en último término, condenando el país donde habitó este alquimista de la pólvora, se encontraría esa persona en craso error que confunde causas con sus efectos. Bien podría tacharse de falacia del consecuente. No sólo es por completo un anacronismo la "barbaridad" así planteada, sino que impide la formulación del problema si se asimila de esta forma la premisa. Nuestro ejemplo para inculpar al descubridor de la pólvora también equivale a este juicio totalmente silogístico: "Si hay instrumentos para la guerra, hay muerte; luego hay muerte; consecuentemente, la pólvora es muerte".

Otra semejante “la política… la economía: son muerte”. Sería una solución facilísima, una terriblemente simplista cuando es justo la estructura social, la organización económica de la guerra ya como conquista, ya como mercado, la verdadera premisa para la instrumentación de la guerra, y por la cual la estructura de muerte, presentada en líneas anteriores, no es debido a la pólvora ni el fusil. Podemos cambiar la argumentación de la premisa por la de "Hay ciencia computable... consecuentemente hay muerte" y estaríamos igualmente compelidos a razonar por el patrón de la premisa.
Hay pues, circunstancias en que el simple silogismo para una premisa no sirve, es más, impide la constatación de los argumentos dadas las características en la organización del mensaje incapaz de contextuar la información, y "muy" seguramente dado por las características de la "estructura" perceptual de quien lo perciba como hemos visto, aunque sea por encima con transductores. O bien, nociones inútiles como el concepto desafortunado de raza, por ejemplo, es incompatible a la biología humana para designar nuestras variaciones fenotípicas, y sobre esta confusión se pretende “crear programas” anti-raciales desde el gobierno; y aun así, se habla indistintamente de "raza" para sostener el argumento de la tolerancia, por mucho que el "inter-racismo" sea un pleonasmo para designar eso "inter-humano" (de hecho, se hablaría de "trans-racialidad" para designar estos movimientos de una categoría a otra, pero no tiene sentido reelaborar y resignificar un equívoco como este si se acepta implícitamente la premisa de "razas humanas"). Variación fenotípica es mejor, aunque a nadie guste un tecnicismo de este tipo. Este abuso "trans-racial" me lo permito para ejemplificar lo absurdo de abrazar premisas absurdas, pero igualmente de absurdo es seguir reelaborando la idea de mercado, oferta-demanda, inte-racismo oculto de mestizaje colonial, etc. El concepto de raza para humanos demanda salir de la premisa en que se concibe.

Me atrevería a sugerir que eso llamado "trastornos de percepción", es muy real, eso que han convenido en llamar "psicosis", es más corriente y común y ordinaria que la atribución "descompensatoria" de un diagnóstico mental. Liebniz quiso hacer creer “este era el mejor de los mundos posibles” y si uno le preguntara a un católico no objetaría en nada a dicha proposición. La aceptaría gustoso, a sabiendas que su dolor tendrá una recompensa, como los ruegos de nuestro hacedor de lluvia. El hecho que la psicosis sólo actúe a nivel de la percepción debiera prevenirnos de cualquier diagnóstico, pues lo infla innecesariamente. Es decir, podemos pasar por alto las causas clásicas dadas a la psicosis y permitirnos adecuarlo a un patrón general de percepción, tan general como sea de colectivo –este un razonamiento abductivo, de hecho. Un buen ejemplo que incide en la percepción, no como diagnóstico, es la desinformación, o bien, la deprivación sensorial, que no solo impide la percepción, genera premisas deficientes y todavía las reelabora en nuevas sofisticaciones de sentido no por ello menos erradas. También llamados prejuicios culturales, prejuicios cognitivos, etc. –lo que implica dejar de inculpar al individuo. Toda la era del espectáculo de Debord es claramente posible donde es posible la tergiversación de percepciones, de lo que se imputa y se concibe, por mala o buena leche que se haya tenido al tragarse uno la mediatización de lo público.

Así como la cuestión racial e "inter-racial" es absurda, es inimaginable pensar que existan sociedades como la norteamericana capaces de orientar las acciones de sus individuos ¡en torno a tergiversaciones, ausencias de sentido, deformaciones, etc.! La confusión del marxismo es también de este error lógico, a saber, que la confusión de una categoría de elementos en sus elementos constituyentes sean al mismo tiempo elementos de causas, o sea, el espectáculo como crisis estructural ¡cuando la crisis es todo el contexto del espectáculo y “la estructura”, el mensaje de la “estructura”! Tras todos estos marxianos, cualquier individuo, o bien, una clase ¡indistintamente, es un promotor del cambio pues confunde categorías con elementos! ¿cómo puede ser al mismo tiempo una clase social y su elemento constituyente ser su causa y efecto, sin provocar equívocos? Y esto se apoya en un hecho fundamental: no vemos TODAS las categorías ya que nuestras percepciones solo pueden identificar ciertos patrones y una categorías presupone una extensión infinita, por tanto, una percepción infinita sobre los elementos en ella reunidas. "Esto es una naranja" no son TODAS las naranjas, pero identificamos en una naranja una colección mayor de posibles naranjas. Así, pues, no vemos "la clase", vemos una "colección" y este es el fundamento básico de una serie, una seriación, una concatenación de eventualidades. Esta seriación recibe el nombre de propiedad distributiva, devenido de la conmutatividad ¡y es justamente por esta propiedad que las relaciones de igualdad son también extensiones de propiedades distributivas!

El erro económico es la confusión lógica entre individuo y clase; según nuestros economistas 100 o 4 millones ¡se comportan como 1 individuo! Esto equivale a decir, desde la confusión lógica del racismo y a clases sociales, si asumimos la falacia del marxismo, el poder en manos de la burguesía es tan "revolucionaria" como un teólogo tiene de "revolucionario" junto a un obrero del brazo y del cerebro. ¡Y todos asentados en el gobierno disputándose las migajas del empresario! Una lógica de segundo orden, es decir, un conjunto de proposiciones que puedan hablar sobre la configuración de la premisa, casi como "estando fuera" de la premisa, como la anarquista o el librepensamiento, habrían dicho, consecuentemente: “el error es la clase socialmente constituida en gobierno”, que es síntesis y negación incesante de los elementos que lo conforman. "Gobiernos”, “burgueses” o “proletarios” es precisamente la confusión entre las prerrogativas de clase y sus prerrogativas como individuo de una clase. Enumerar los casos hasta el infinito para constatar confusiones lógicas de este tipo, también sería un absurdo; pero que nos sirva para orientar la imputación causal donde la paradoja o la ausencia de sentido aparentemente gobierna de manera servil y retrógrada en el raciocinio y lo anímico.

Al respecto, allí donde reina la paradoja, la ausencia del sentido y la más plena indeterminación hacen referencia a algo muy plausible, que es lo que más me alarma de la condición anímica del nuevo milenio, y digo “me alarma” no en sentido moralista, pero sí para ocuparme en mis actuales temas investigación, y lo es el efecto de vivir en una sociedad que no se permite constatar, a corroborar siquiera, sus percepciones, siquiera a determinarlas. Quiero decir, después de 500 años de colonialismo, fue necesario venir alemanes a mediados del s. XX para explicarnos “México es una multitud de naciones indígenas” y llamarnos “mesoamericanos”. Sin esta eventualidad, la literatura mexicana todavía estaría en periquillos sarmientos, y su poesía remilgada, recordándonos siempre la bestialidad patriótica para tratar de identificarnos. Sencillamente como pobladores, no ya como sujetos de nación, nos conocemos extremadamente poco.

Un medio que comprometa y ponga permanentemente en duda las percepciones de sus miembros ¡ay, y sin conocerse! es lo mismo que matar a sus miembros en su intelección y en su ánimo. Silenciarlos en el olvido y la ignominia ¡no puede haber algo más doloroso y miserable que pasar un ser humano inadvertido por la sociedad! Es borrado el individuo en la monotonía gris de lo estereotípico, de lo ya sabido y resabido, lo mismo que muertos en vida por un medio que descalifica y omite decididamente el reconocimiento de la individualidad, el reconocimiento del ingenio y la sensibilidad, el reconocimiento de la discusión, la convivencia con el diferente. Si de verdad aspiramos a un concepto de justicia, la justicia no puede prescindir de elementos de igualdad material, ética y cosmogónica; una justicia desprovista de todo sentido estético e incapaz de elevarse a través de la cosmogonía, no es justicia. Eso es desnaturalizar a los pueblos, si me permiten otra direccionalidad de lo “natural”. La socialización se antoja un verdadero acto creativo, un sentido estético para su dimensión ecológica si estamos preparados ya a transmutar nuestros valores artísticos en torno a un nuevo ideal ¡Que esa sea la elevación sagrada de las cosmogonías, la dimensión estética de la socialización humana!

Quienes hemos probado lo enteógenos sabremos a que se refiere el sentido común cuando nos plantea una diferencia aparentemente trivial, pero más pronta y urgente de tratar. Esta sutil y vital diferencia es lo que implica "estar en el viaje" de un "se quedó en el viaje".
La crítica social, pareciera pues, seguir este segundo camino sin mayor cura que la autodestrucción.

Mensaje dirigido a la "administración" :p :p
Pido disculpas si parece "spam" el foro de Discusiones generales.
Tuve problemas para publicar íntegro el texto "Sobre la naturaleza", un mensaje de error parecía indicar era la extensión del ensayo y lo dividí en tres. No tengo ningún inconveniente si los posts "fallidos" son borrados.
Adjunto a esta última parte la versión completa en archivo.
[Imagen: tumblr_ob999t2mzV1qhpsl4o1_540.jpg]

A manera de exordio:

Existe algo muy aludido y hasta "consagrado". Es lo tocante a la cuestión de la naturaleza y este significado medio espiritual en su trasfondo. Bien valdría una forma de "transustanciación" de la naturaleza entre sus adoradores –así como hace el cristiano en la transustanciación de la sangre del cristo en hostia y vino. Hay pues, un sesgo en la adoración, sea al mito o a la razón, que desvirtúa el objeto de su causación para convertirla en la propia causa –tal es el mecanismo de la sublimación en las cosas de la mente, diría un psicólogo que no psiquiátra, común también al totemismo, y, al menos que se estipule una operatoria de segundo orden para una constante como la energía, la densidad, el peso o la luz no tiene sentido hablar una causa de sí misma. Me apego al hecho y no exagero: el anarquismo tanto como el librepensamiento poseen una base por completo racional, que no racionalista, analítica-sintética, no reduccionista-simplista, y mejor aún, la razón es anti-totémica, pero una razón luminosa acompañada de estética y plenitud, no una gris monotonía en el juicio: la ciencia no merece considerarse menos junto a esta estética en sus vinculaciones armónicas con el cosmos. Hablo de invocar un análisis juicioso, no prejuicioso; comprensivo e implacable, al mismo tiempo sereno y flexible.

La actitud contemporánea por defenestrar a la razón pone en relieve el ánimo intelectual de posguerra, cierto "berrinche" medio hippie, medio trasnochado, que termina por aborrecer el incremento de criterio en su calidad o en su compenetración. Es inútil asumirnos como si no fuéramos capaces de autodeterminarnos por encima de cualquier límite, aun el natural –¡y esta es nuestra segunda naturaleza! O sea que si fuimos naturales, eso debió ser en tiempos anteriores a un homínido, aquél lémur hoy extinto que diera paso a la evolución del primate hasta lo que hoy somos, y para el cual el único retorno a ese estado, el único vestigio viable a ese estado "natural" –¡es verdaderamente una lobotomía al cerebro o una literal extirpación de lóbulos frontales! Por poner casos, me refiero a Deleuze y a Guatari, y su máxima regresión, la que aspiraría a extirpar todo hasta contentarse en dejar la amígdala y unas cuántas hormonas tras este desprecio por la razón, por la reificación del deseo para suplirla.

Tal y como puede hallarse en un texto bastante gracioso de cierto grupo autonombrado “ruptura colectiva” –de ser esa su intención la de bromear– se entiende a más de uno le encantaría reducir el desarrollo histórico y material de la economía a un mero objeto libidinal para no tener que lidiar con su complejidad matemática, que ni es tanta (esos de la teoría de cuerdas, para que vean, sí están loquísimos ¡miren que proferir matemáticas de once dimensiones cuando apenas podemos demostrar físicamente cuatro!). Como si todo esto fuera un gran acierto, el abjurar un lenguaje sin equívocos para explicar las transiciones de un insumo y su consumación, y los procesos empleados en ello. Si vale mi opinión para estas variantes "iconoclastas", iconoclastas sólo en lo provocativo, y en la sensualidad de un sapo viscoso con el imperativo de ser besado, es que no hay mucho qué agregar. A todas ésas "máquinas de guerra deseantes" William Blake, poeta y místico, les respondió hace dos siglos: "Quien desea y no actúa engendra la plaga". ¡Ah! ¡Eso mismo! plaga es como se antoja esta "barbarie semiótica" en el discurso que ha dejado de aspirar a su formalismo, pero una formalización que no oculte la luz de su inspiración libre y creativa, sospecha o creatividad que van siempre en contra de este miedo por aprender, a tientas por la curiosidad, y proponernos a despejar toda esta neblina del absurdo contemporáneo –más densa cuanto se asume acríticamente toda esta "disgnosis", o disociación, pura y simple, de conocimiento y acción, por ponerle dos epítetos muy forzados a través de "barbarie" y "disgnosis" a todo lo anterior.

O simplemente consideremos estas ácidas palabras de Proudhon, en el contexto de todo ese sensualismo, sin duda, parte de la “miseria sensual” de algunos socialismos al que deberíamos incluir los eclecticismos por él duramente criticados, como hablo de los colectivismos que se fraguaran con el inconciente freudiano en el siglo XX. ¡Ay, si Proudhon tuviera ojos para mirar la teórica de nuestros días en su sensualidad y ecléctica, moriría dos veces y al cuadrado! Aquí su juicio al respecto, muy bien aplicable a tanto “amoroso” de la acción, que no tiene por búsqueda y por camino una cabeza fría y un corazón ardiente: una primavera tibia y meridiana:

El fourierismo es la negación del hogar doméstico, elemento orgánico de la propiedad; es la negación de la familia, alma de la propiedad; y es la negación del matrimonio, imagen de la propiedad transfigurada. ¿Y por qué el fourierismo quiere abolir todas estas cosas? Porque no admite el lado negativo de la propiedad; porque en vez de la posesión normal y santa, manifestada por el matrimonio y la familia, busca con todas sus fuerzas la prostitución integral. Este es todo el secreto de la solución que el fourierismo da al problema de la población. Está probado, dice Fourier, que las mujeres públicas no son madres una vez por millón; al contrario, la vida de familia, los cuidados domésticos, la castidad conyugal, favorecen muchísimo la progenitura. Luego el equilibrio de la población se restablecerá si, en vez de reunirnos por pares y favorecer la fecundidad por medio de la exclusión, nos prostituimos. Amor libre y amor estéril es una misma cosa. ¿A qué viene, pues, el hogar doméstico, la monogamia y la familia? ¡Convertir el trabajo en una intriga y el amor en una gimnasia! ¡Qué sueño el del falansterio!

“El socialismo, como la economía política, encontró en el problema de la población la muerte y la ignominia a la vez. El trabajo y el pudor son palabras que queman los labios de los hipócritas de la utopía, y que sólo sirven para ocultar a los ojos de los simples la abyección de las doctrinas. Yo no sé hasta qué punto los apóstoles de estas sectas tendrán conciencia de sus torpezas; pero no consentiré jamás en descargar a un hombre de la responsabilidad de sus palabras, como no consentiría en salvarle de la de sus actos.” (“El comunismo ecléctico”, en Filosofía de la miseria).

Si de desear se tratara, pues, si esa es toda la idea que se puede obtener para enfrentar el mundo contemporáneo sin una clara explicación de cambio o de proceso económico –hace muchísimo se habrían resuelto los problemas del mundo; más aón, los cambios ya se hubieran generado todos por efectos mágicos como queriendo ir al baño. Que todos "seremos grupúsculo" ¡aunque sólo en su revoltura! Siempre me da un olor a santurrón y bienhechor en estas personas, siempre un cebo y una trampa, y no dejo de tener la impresión encuentran paz en la privacidad de la comuna para la expiación de sus pecados, santos elegidos. Al mundo siempre le placen éstos héroes momentáneos. Hay, pues, a quienes la comuna nada más es un pretexto para expiarse a sí mismos, fariseos necesitado de otros para ser atendidos.

Tratando de aportar con un mínimo a algo así como una "socialización de conocimiento", al menos, una incitación, hago explícita mi intención de superar no sólo la "nueva" conquista del sujeto en la era del mercado por medio del deseo, consiguientemente, del consumo ilimitado, energético y visceral, y por superar esas trasnochadas "insurrecciones que vienen", sino también por combatir la pseudociencia del materialismo dialéctico y su concepción naturalista de la sociedad, ganando adeptos generacionales y estancados a la moda intelectual juvenil, por igual en todo este naturalismo la materia, o bien, por el deseo como se vuelvan los eclecticismos. Como el estancamiento de una economía que permanezca inalterable para el s. XXI, anteponiendo ante nosotros un obstáculo por cuanto representa un mundo, no exagero, tal y cómo se presentaba hace unos 250 años en sus formulaciones matemáticas; encima de todo, con formulaciones del “inconciente” para expresar el s. XXI ¡eso para mí ya es demasiado! ¡Ya basta! EL ser humano sólo posee al ser humano y queda de éste dejarse poseer –¡no hay más que decir acerca de cómo amarnos y al porvenir!

Que sean suficientes sugerir algunos pasos a esa dirección en la crítica, en apego al librepensamiento y a la máxima libertad, de manera que cada quien, con bases suficientes, pueda proseguir por su propia cuenta en estas incursiones para confirmar o rechazar o nutrir estas impresiones. Algunos pocos elementos de filosofía matemática bastan para entender el trasfondo de las mediciones económicas canonizadas, de hecho, canonizadas según un mundo matemáticamente cristiano… hasta que la segunda ley termodinámica y su violación trajo un montón de cosas. Sin embargo, este universo cristiano persiste en el discurso, basado en monismos, inalterable al hecho de perseguir la finalidad absoluta, la causa última de las cosas, y el fin de la propia historia tras esta realización –aunque valdría alguna consideración al respecto y cómo las matemáticas contemporáneas en realidad sólo se contentan con su composición creativa, y en estricto apego a las propiedades operatorias de los grupos algebraicos, unos cerrados (cierre), otros abiertos (variedad); esto es, que la asociatividad de sumas, la conmutatividad de multiplicaciones, las relaciones de equivalencia e identidad algebraicas, y otras como sus operaciones inversas, y muchísimas más propiedades, son comunes a la generalización de números reales a los números complejos cuando se pretenden “medir” planos paralelos, por ejemplo, la posición y el momento de un electrón y su propagación ondulatoria en dos campos como el eléctrico y el magnético tras emitir un fotón, que no es otra cosa que un plano para el electrón y un plano de su propagación; otro ejemplo, lo que 10 a la menos 13 segundos y 5 minutos para un fenómeno como la interacción nuclear débil --equivalen para nosotros 1 segundo y 30 millones de años, respectivamente.

El hecho es que la crítica económica tendría que dar cuenta de las correspondencias históricas hechas entre liberales y marxistas, de tal modo, sean ellas expresiones limitadas de un espacio de enunciación tan inoperables matemáticamente como una superstición, un relación primitiva, y este espacio de enunciación, al mismo tiempo sea el camino a su superación –hasta que enriquecerse y acumular sea tan absurdo para que la expropiación lo sea por igual, mientras lo sea, la expropiación y abolición de las categorías económicas serán necesarias en el movimiento de la materia y de la conciencia. Algo semejante pasa con la historia de la ciencia: la causa final aristótelica (teleología) es ampliado por la relatividad galileana en términos trigonométricos: hoy ya nadie creer que al lanzar una piedra va paralelo y cae inmediatamente en vertical –tal es proposición Aristóteles al ignorar la parábola. La relatividad galileana de nuevo es ampliada por la analítica de Fermat y Descartes, y la mecánica newtoniana mediante el plano cartesiano, y este, de nuevo, superado por la mecánica relativista en nuevas coordenadas para el espacio y el tiempo, de tal manera estos modelos de la realidad queden perfectamente delimitados –pues algo semejante le falta a la economía, de hecho, mantiene un discurso cerrado que hace imposible constatar siquiera una “constante”, luego “una constante económica” siendo que la física de partículas no trata de otra cosa que de hallar constantes para darle lógica a toda esa jungla de quarks y bosones.

Este camino fue dado por Proudhon, y sólo resta ampliar estas rupturas en cuanto al trabajo como distribución y al consumo igualitario como cese del valor de cambio. Es más fácil decirlo que demostrarlo matemáticamente, por cuanto hay que asociar espacios escalares, esto es, coordenadas muy específicas para el inicio y el fin de una unidad de producción. Hay pues, muchos caminos señalados y problemas que enfrentar en dichas alternativas pero no impsosible. En este contexto matemática se utilizará la definición de "razonamiento analítico", porisma y zetetes, como se asumía en el renacimiento a estos valores tomados por un intervalo (continuos) dentro de otro intervalo y a la expresión geométrica de todas las funciones y coordenadas espaciales para dichos intervalos volumétricos. A muchos sorprendería que es precisamente la noción de F=ma (fuerza igual a masa por aceleración) la expresión cualitativa y cabal de un vector de direccionalidad, también llamado momentum, o sea que existen muchas clases de vectores como expresiones cualitativas tenga un fenómeno para su expresión general

I
Naturalismo económico y naturaleza.
La matemática: composición formal como creativa

Lo siguiente es mi punto a tratar, que uno de estos monismos, y tenidos por "naturales", tan extrañamente tenido por válido entre liberales y "materialistas" por igual, es este: si alguien está convencido de "la relación entre recursos y población" sea una de competencia (liberales) o mercancía (marxistas), no es solo cuestión de interpretación de un grupo dominante, "apropiador" por conveniencia: es el sesgo cognitivo del observador que refleja sus puntos ciegos de percepción, en este caso, el liberal que rivaliza contra todo aquél que quiera depreciarlo y expropiarlo en su riqueza, omitiendo no sólo el valor del trabajo y el impacto en la persona, sino su impacto en el propio sistema productivo de este en el medio.

En efecto, cualquiera podría establecer una correspondencia matemática entre población y recursos, determinar esta relación como una variación en el tiempo, y llamarle "tasa de crecimiento". Pero nuestros economistas definen así estos dos indicadores, tasa de demanda para población y tasa de oferta para dinero disponible. Tomamos la función población por f(y), luego recursos por f(x), o bien, y=f(x) que se lee: “la variable independiente i griega es función de la variable equis”, o bien, más explícitamente “los valores continuos en el conjunto (y) mapean los intervalos de la variable (x)”. Otra propuesta un poco más seria es tomar la función de dos conjuntos de variables tal que f(x,y) dando por resultado derivadas parciales. ¡Pero hay tantas soluciones como maneras de formular las premisas y cada una de estas soluciones es diferente! Tras esta correspondencia entre funciones, obtendremos una curva que median en la población al mapear sus recursos, o bien, un vector, que asocia la dirección tomada por dos valores en tal mapeado mediante, ecuaciones diferenciales, que no es otra cosa que asociar (clásicamente) el tiempo como magnitud absoluta para dos variables. Lo curioso es que no he visto vectores asociados en las matemáticas marxistas y neoclásicas. Un vector asocia una dirección, y en ciertos casos, autovalores que indican relaciones de recurrencia para constantes “universales” muy específicas.

Y esto se puede explicitar más aun, el del vector, de tal forma que el tiempo absoluto sea en función de un módulo |t| tal que f(x)=|x|; o bien, mediante el operador [/size]mediría el incremento o bien, la rapidez de cambio de algo del conjunto (y) en el conjunto (x) tal que f(x)= ∆x/∆y. Aun más curioso bajo la forma ∆y=f(x+∆x)−f(x) que relaciona el incremento en población conforme a la variación relativa en los recursos. Ahora esto, la operación del tipo ∆, operador de segundo orden, es llamado operador nabla o laplaciano, un rotacional, y este otro D (dx/dt) ambos, no son más que un diferencial sobre otro diferencial respecto a ciertas coordenadas; lo interesante de esto es que al utilizar estos operadores se comienza la composición de funciones y a indagar las propiedades de grupos algebraicos con variaciones en el tiempo. (Pero un ∆ y un modulo absoluto en economía ¡implicaría decir analíticamente que el tiempo absoluto del recurso y población es el espacio absoluto de la humanidad en ecuaciones parciales posiblemente no continuas, mediante valoreseigen y teoría espectral!). Uno puede componer funciones respetando las reglas de diferenciación y de L’Hopital, y si las magnitudes con que llenamos estas variables se aproximan a la realidad, en teoría ¡cualquiera puede “crear” una escuela económica tanto más rigurosa y creativa sea para el tratamiento de estos modelados! Y ¿por qué no? Descubrir propiedades matemáticas constantes en la economía.

Hasta aquí todo bien con estas matemáticas, también consistente donde hay tasas de crecimiento en una colonia de bacterias, o bien, tasas de decrecimiento como la radiactiva... sólo que Smith y Ricardo presuponían alguna relación inequívoca entre "recurso" y "población", que Ricardo nunca la halló y de Smith, bueno, él sospechaba de una oferta del recurso girando a la división del trabajo. Justo en este vacío es donde realmente la ideología liberal se perfila en su contemplación naturalista de la sociedad para ser llenado por el naturalismo marxiano, allí donde el pensamiento económico de Proudhon, Bakunin y Kropotkin, siempre vio el despliegue de la creatividad y el ingenio humano limitados de acorde al medio y los valores más nobles para construir. Que un país se vea a sí mismo como una mercadería sabemos no implica reducir la totalidad de la actividad económica del resto del mundo a mercaderes, aunque es sea la tendencia.

Y es ahora que viene la trampa. Lo que se consideran "las fuerzas que gobiernan el comportamiento del mercado" tras una función ordinaria como la anterior y=f(x) eso se pretenden tan "naturales" como el espacio ortogonal de un mapa cartesiano ¡como si las fuerzas "naturales" tuviera una mentalidad de mercado para tener sus propias coordenadas! En todo caso, un "mercado" como coordenada espacial, así dado en el liberalismo sería aun más impreciso, que aquellos históricos mapas de navegación que suponían al otro lado del Océano Atlántico estaba… ¡Asia! –¡tal es la imprecisión cartográfica de estas mathesis en el mapeado de sus funciones! Algo más raro sucede cuando estas tasas de "fuerzas indeterminables" son asociados a la disponibilidad de la oferta para determinar el recurso y al crecimiento de la población para determinarla por su demanda; luego entonces, las variaciones provocadas en las tasas de crecimiento son las variaciones (¡diferenciales!) entre los precios sometidos a la disponibilidad del dinero y el precio del salario para satisfacer dicha disponibilidad. Por alguna razón que no entiendo, la economía está limitada a las funciones diferenciales del tipo D(f)/dt=f´, que se lee, diferencial (cambio) de una función es igual a su función derivada (esa "coma" índica un superíndice, normalmente un exponencial, en este caso, una deriva que es la operación inversa de un diferencial por medio de límites de integración entre aproximaciones infinitas). O sea, una diferencia (d) en el tiempo (t) donde el tiempo es una constante y no un valor absoluto de una muy determinada configuración espacial, que, en el caso de la física, el tiempo es un escalar o magnitud cuyo vector se relaciona al espacio, a la densidad y a la gravedad. O sea ¡la economía necesita definir perfectamente que valor son escalares tan medibles como peso, kilo, presión, densidad, o cantidad de energía, es decir, determinar perfectamente un valor para poder hablar seriamente de coeficientes y magnitudes constantes como se hace de ordinario en física para el tiempo o el espacio! Habría que aspirar pues, a una Economía Biofísica, y en estricto apego a la termodinámica para medir el impacto de la energía que en todo proceso se disipa “fuera” del sistema, en este caso, fuera del ámbito de la producción para modificar el entorno.

Al menos que las coordenadas cartesianas equivalgan a "oferta" y "demanda" en el espacio escalar de la humanidad, le agregarían un sentido; pero "el mercado" dentro de este contexto no es otra cosa que la participación y apreciación de los individuos en procesos de transformación –que sean de materia o energía estos recursos dan igual, mientras el orden de estas transformaciones sean constancias entre energía y materia: a mayor gasto energético mayor su desaprovechamiento. El “mercado” ni es demostrable como tampoco es indemostrable, esto es, lo inexistente y el absurdo son sus propiedades. ¡Pues bien, miren que a esta relación entre recurso y población, entre oferta y demanda, le llaman canónicamente Ley de Malthus hasta evolucionar a la Ley de Say en “leyes” de mercado, mucho más ordinaria que decir “ley” de la gravitación universal! Para esto, Malthus no enmascara su iniciativa personal por exterminar y segregar a los pobres; para él, la asistencia a los pobres no modifica en nada la cantidad de alimentos, ni modifica los recursos disponibles dentro del mundo capitalista, es más, el asistencialismo según él eleva el precio a favor de la oferta hasta que la demanda no tenga gran cosa que comprar, de modo que la demanda es igual al salario, permaneciendo encarecido por el tope a su "poder" de adquisición.

Pues bien, para que sus números cuadren a huevo como dice el adagio ¡intervienen mediante control de cambio, ya sea en el tipo de divisa, ya sea en impuestos o en intereses, ya sea limitando o aumentando a su antojo la inyección del dinero! Intervienen mediante “control de cambio” con todas sus restricciones mercantiles y hacendarias ¡y se le pide al estado intervenir a su favor para nivelar esas “fuerzas libres de mercado”, ese gobierno al mínimo cuya demanda insaciable es dinero y más dinero, sin atreverse a intervenir directamente en la racionalidad matemática de estos errores de operación sin la menor idea de qué ratas es una magnitud o un coeficiente constante! (Para más pronto, tendrá cerca de dos meses que los índices de pobreza y de riqueza estimados por los censos del INEGI ¡han sido modificados de tal forma no hay manera de comparar el nuevo registro con los censos anteriores! ¡Ni los sectores más pudientes lo creyeron al implicar mentirle al mundo y correr el riesgo de perder sus beneficios en torno a la OCDE y OMC! Esto debido a México es uno de dos o tres países, todos corruptos, que no normalizado sus indicadores según las exigencias de la ONU. La estimación de este error premeditado no se hizo esperar, según los nuevos registros ¡más de 100 millones de mexicanos vieron incrementado su salario en 1,000 pesos durante el período de NIeto! Y la concentración de la riqueza privada, de cerca del 60% ¡se redujo al 16-18%! ¡Es increíble, en serio! Lo curioso es que un panista, en las sesiones emitidas por el congreso, en la comparecencia del INEGI ¡con estos “nuevos” indicadores estaríamos a 2 años de alcanzar el ritmo de crecimiento económico, léase acumulación, de EU! “Éstos son errores de primer semestre” todavía se le sale decir, pero más bien hubo saña desde a nivel federal y de partido de estado si cree que nadie sabe de matemáticas, aunque ellos demuestran no leer ni un libro al año para poderse burlar del mundo de esta forma.)

Justamente, aquí consiste el dizque "gran" hazaña de Marx: la oferta equivale al valor del trabajo generado por la sociedad y la demanda al precio de ese trabajo (salario). Así, la relación "real y concreta", según el historicista alemán, de las oscilaciones en los precios de la oferta y demanda, es la relación del valor total del trabajo generado por todos los trabajadores empleados –según él, es un plusvalor, lo que en liberales es capacidad de renta, o bien, utilidad marginal desde el punto de vista neoclásico. Nótese como Marx no se detiene a analizar la naturaleza matemática inicial de estas composiciones en oferta y demanda entre recurso y población ¡las deja intactas para trabajar con ellas pero con otros nombres, y a esos cambios de nombre les llama “concretos”! Nótese además cómo el valor de trabajo en Marx es equivalente en Ricardo a "costes de producción"; y nótese, finalmente, cómo el precio de trabajo, de generar un "plusvalor" es un "Plustrabajo" en Proudhon. El concepto marxista de nueva cuenta es transustancializado, de "plusvalor" a "Utilidad marginal" desde Marshall a nuestros días, libre de la causación del trabajo y el ingenio incorporado, y sus impactos, si en ello se hace permanecer la constitución orgánica del capital. De esto Keynes aprendió muy bien para generar su teoría del (des)empleo apenas con alguna sofisticación, basado en la barbaridad que ¡puede sostenerse alguna riqueza mediante ahorro de dinero, léase acumulación, sin la intermediación de la fuerza de trabajo que entrega su salario para mantener el valor! Crudamente, la única aportación de Marx fue cuantificar la fuerza de trabajo de la forma diferencial dx/dt tras lo cual el alemán puede definir el capital variable, y a partir del capital variable la compra de la fuerza de trabajadores como mercancía, la fuente de explotación, según él, entre alguna que otra novedad en cuanto al ciclo económico de destrucción del capital.

Pero todavía hay una diferencia fundamental en las matemáticas liberales-marxistas con la proudhoniana.

Pues vale la pena un paréntesis en torno al valor oferta-precio-demanda, y ampliarlo para variar. Proudhon se centra en el inicio del ciclo del capital entre valor de uso y valor de cambio, de hecho, valor de uso y de cambio es una de las antinomias de un ciclo de productores por ampliar su riqueza, fincada estas oscilaciones en la propiedad para proseguir con la expoliación del trabajo: “
Lo que se necesita hoy, es un instrumento que, reuniendo las propiedades del silogismo y de la inducción, partiendo a la vez de lo particular y de lo general, llevando de frente la razón y la experiencia; en una palabra, imitando el dualismo que constituye el universo y que hace salir toda existencia de la nada, conduzca siempre, infaliblemente, a una verdad positiva… Pero si la antinomia no puede engañar ni mentir, no es por eso toda la verdad; y si se limitase a este instrumento, la organización del sentido común sería incompleta, porque dejaría al arbitrio de la imaginación el orden de las ideas particulares determinadas por la antinomia; no explicaría el género, la especie, la progresión, las evoluciones, el sistema, en fin; precisamente, lo que constituye la ciencia. La antinomia habría cortado una multitud de piedras, pero quedarían esparcidas y no habría edificio.” (Sistema de… o Filosofía de la miseria).

]En contraparte, Marx se centra en el fin de este ciclo en la transformación de valor a mercancía, también como expoliación del trabajo. Es más, los reproches sin fundamento de Marx al francés fue el hecho de invertir Proudhon el polo de la mercancía a su materia administrativa, cuando Proudhon ya determinaba el empobrecimiento del valor de la mercancía a medida aumenta su disponibilidad, que se traduce de nuevo en la confinación meramente administrativa de la propiedad entre productores elegidos para intervenir directamente en la forma de inversionistas, y que Marx siempre desestimó por ser “pura metafísica”. A ello Proudhon consagra un capítulo entero para describir la accesión y la tributación del dinero (contribuciones, en el lenguaje de nuestro francés, y más adelante, a nombre de la marca del producto como valor agregado) mientras que Marx oculta la propiedad obviándola en los costes de producción ¡que es la dimensión de la oferta! y a esto le llama “precio de coste de producción” y finalmente como “composción orgánica del capital”. Tal diferencia es lo fundamental: No es es difícil llegar con Prouhon a la determinación del valor en su medida: de antiguo era conocido la participación de entidades para participar en las utilidades generadas por sus trabajadores así también para los asuntos del inmobiliario en el cambio de propietarios; pero esto en Marx se limita a la rentabilidad del uso de suelos, propiedad del suelo, acaso como catastro, y no estrictamente en su forma accesionaria en la que su tributación, ni es crédito ni es deuda: es título de propiedad otorgado por el Estado a un especulador de utilidades; de aquí pues, que el derecho a la vivienda se otorga como crédito inmobiliario evaluándose al mismo tiempo como mercancía. ¡Marx no habría podido explicar la reciente crisis inmobiliaria en EU y la burbuja causada, replicada en otros país y poco resentida aquí, sin haber comprendido la evolución de la vivienda a título de propiedad o como gasto público!

Es justo en su forma tributaria el primer despojo al valor del trabajo, a la participación de entidades inversionistas por medio de la tributación, como se caracteriza una sociedad anónima (S.A.). La historia del accionista, o la sociedad anónima, coincide perfectamente con la adquisición de plustrabajo en Proudhon antes incluso de haberse generado la división internacional de trabajo, y no llega esta figura del accionista a refinarse hasta la aparición de la propiedad industrial como auténtica forma de propiedad para monopolio del acero y petróleo en un Rockefeller, o un Edison de la energía eléctrica, o un Bell en los teléfonos, hasta la aparición de marcas registradas cuyo valor dependen de su valor en propiedad. ¿Cómo se hace posible un multimillonario como Slim sin las facilidades tributarias otorgadas por el estado mexicano a su monopolio? En Marx lo anterior se reduce a un simplismo como “ideología de clases” pero en Proudhon este plustrabajo adquiere propiedad como “marcas” de producción, lo que hoy conocemos como “marcas registras” y “copyright”.

Visto así, tanto Marx como Proudhon estarían correctos en su crítica a la explotación, y con creces en Proudhon, al establecer la relación entre el impuesto tributario, o el valor de propietarios, en la fluctuación del valor para medir su acumulación –pero es precisamente el mantenerse fiel a la formulación de las premisas desde el inicio entre recurso y población, entre oferta y demanda, los callejones sin salida tras la apreciación de sus ciclos, donde acumular más dinero significa depreciar el valor del dinero, ya como propiedad o fluctuaciones de precios, o lo que sea por las cuales no coincidan la distribución productiva y del trabajo en el ciclo capitalista, de hecho, tal coincidencia sería meramente fortuita en el necesario caos del capitalismo que lo desordena todo. Armonizar la productividad en términos de la igualdad no sería otra cosa que problemas de transformación y de transferencia asociados a un único vector humano para su gasto energético: el valor de uso y no de cambio. No es otra cosa que la medida del valor tiende a cero a medida aumenta sus poseedores[1] para restituir su igualdad en valor de uso por valor usufructuario, y no valor de cambio ¡Ay, también una economía del arte se basaría no en su tipo de cambio, léase dinero, para ser su propietario, sino en su capacidad de poner en movimiento los patrones de la belleza y la intelección incluso en la más mínima acción de amor y conocer! El hecho de entrometerle un mercado para esa distribución al valor de cambio es el problema real, como un absurdo es el tomar por mercado y renta una parte del consumo, en tanto inicio de todo este ciclo de contradicciones, efímeras matemáticamente hablando, pero catastróficas en la adecuación de las sociedades.

En otras palabras, al regular y limitar los recursos al monopolio de la oferta, ocultando la magnitud “real” de producción, se mantiene constante el valor del capital transformándolo en propiedad (Proudhon) o en mercancía (Marx) por igual, donde lo disponible se vuelve "competitible", y una legión entera de desempleados estará lista para competir por trabajos malpagados para mantener constante la depreciación del dinero ¡por que lo que importa es acumularlo ya no si mantiene constante su valor! Con tal de no seguir el mismo camino, se torna indispensable no corregir el liberalismo, ni corregir el espacio matemático de estos vectores de la oferta y la demanda, aunque algunas luces se podrían haber arrojado aquí; puesto hay que salirse de las premisas y plantear una nueva superación al hecho de transformar algo y consumirlo, a favor o no de la concurrencia que no es otra cosa que los individuos libres y pobladores. Entonces, una vez eliminado el arreglo de las propias premisas, no tendría que ser reformulado el liberalismo si queremos pasar a nuevas formas de relaciones económicas ¡matemáticamente también libres de este falso materialismo, pobremente analítico en comparación a las ecuaciones de estado de un gas ideal a un oscilador armónico! Digo esto porque las ecuaciones económicas son tanto más semejantes al modelo de un gas ideal, pero en este modelo, tanto más se acerca a describir la densidad y rotación de dicho gas, más se específica en un campo de coordenadas y a un fluido caliente como el plasma. ¡Tanto como que el peso es un vector espacio-gravedad lo que el ciclo económico un vector de producción-consumo!

Tal es la ingeniería social de la miseria por la que, en serio, y es esto lo que me parece más grave detrás de toda esa literatura dizque "materialista", sencillamente el asunto económico no se ha tambaleado gran cosa con su crítica marxista y trasnochada en el s. XIX fiel al valor de cambio y valor de uso, esto es, fiel al valor de la oferta y la demanda respectivamente.

Pues bien, tanto "recurso" y "población" son cosas medibles más o menos de manera fácil, así como medimos un metro, un peso en kilogramos, etc. Pero el orden de este error a su medición en el mercado, es tanto como corregir el aumento de la población por su calidad de vida como no incluir la distribución o “costes” de la vivienda y “servicio público” ya en las variables económicas. Para salir de aquí, matemáticamente hablando, la población habría que considerarla una magnitud escalar, un vector escalar (campo tensorial para mentalidades más avanzadas) tanto como un recurso y estos se definen por valores constantes. Analizar la naturaleza matemática de los "recursos", y la naturaleza matemática de constantes, de haberlas, los cuales se dirían contiene valores discretos, es lo que ayuaría mucho a los economista, pero lo complicado viene cuando advertimos que una "población" posee tanto valores discretos como posee valores continuos ¡que por ser población es tanto un recurso como su propia medida! Decir discretos y continuos ¡es que tiene infinitos aproximables y se extienden tanto como seamos capaces de apreciar escala en escala! Esta advertencia ya lanzada por Proudhon, se define por el límite material a la extracción de recursos, también un límite entre su mejor y peor aprovechamiento, siempre en términos energéticos vale la pena agregar.

Y si consideramos a estos dos escalares valor-trabajo y problación en un contexto más amplio al error de la medida planteado por un observador, de manera que a dos cantidades podamos concederles un espacio de coordenadas ajustadas para otros observadores en sus respectivas "inercias" y "tiempos", veríamos que actúan restricciones que podríamos llamar grados de libertad si conociéramos todas las variables materiales para una transformación dada, lográndose trazar TODAS las posibles trayectorias a la distribución del valor generado por el trabajo si aplicáramos el principio mínimo de acción (o transformada de Lagrange). Esta reducción planteada se basa en el presupuesto que no es necesaria contabilizar todos los recursos, uno por uno, para entenderlos por su energía como valor constante de la materia a ser desencadenada; más aún, la transformada de Lagrange es una relación de ecuaciones que resuelve qué función es la más próxima a su solución: es el principio de mínima acción que implica una direccionalidad dada para una concatenación de sucesos. No ya por su "oferta y demanda", sino el mínimo de "inercia" por la que un flujo, transformaciones de cosas o energía, pueden entrar en circulación en límites ya establecidos por la experiencia y siempre por la experiencia.

En el lenguaje arcaico y naturalista del liberal, estas trayectorias de bienes serían "dadas" por los valores del mercado que es él mismo –pero más valdría nombrar las trayectorias de bienes tras su consumo final por lo que realmente son: distribución pura y simple, además de hallarse en el consumo final del producto, mejor dicho, en la unidad direccional de producto (vector) el cese a la transformación de la mercancía para comenzar a definir un ciclo de usufructo y no un ciclo deflacionario o inflacionario demercancías. Si hay escasez de algo, es la inutilidad de la sociedad por distribuirlo, no por generarlo Si la mercancía que contiene el valor del trabajo es objeto de intercambio, es este el medio del intercambio, el usufructo como su ciclo final que puede hacerse camino y meta por el trabajo, o mejor dicho, el intercambio y proporcionalidad del valorpor el mismo trabajo. Porque sí hay producción y bienestar fruto del trabajo manual e intelectual de la humanidad –su posesión es un derecho (¡Proudhon!). Esto significaría eliminar el concepto de riqueza por el mínimo de energía que una cosa se necesite transformar y no un número máximo de intermediarios. Y sinceramente ¡preferiría mil veces lidiar si tal usufructo puede medirse como "felicidad", "eficiencia termodinámica" o lo que sea, antes de ver en el despojo humano una medida para conservar el valor de la producción!

Lo que es más extraño, y no me cansaré de repetirlo, es que jamás se hayan intentado trastocar estos fundamentos como si fueran "inviolables", "irrefutables", en una palabra: apodícticas. Aparentemente la realidad solo y nada más que solo, puede ser captada por "oferta y demanda", y ya, esto es todo, como si esto resolviera el hecho de poner en intelección múltiples comunidades de acción o de producción. ¡Ay se entiende como lo ininteligible abrazado por esos, incluyendo el marxiano, son tachados duramente de eclécticos por Proudhon! Si el discurso de dios es apodíctica, si es irrefutable, es porque no es determinable; por tanto, no es argumentable. ¿No es justo este blindaje de la crítica convertida en dogma, “inargumentable”, la que ha convertido a la economía en una religión civil adorando al mercado como su camino y salvación, sin más camino que comulgar con otro beato secularizado? Apenas en Proudhon he visto formulada con suficiente claridad un camino distinto a esta racionalidad mercantil, y tal vez Abraham Guillén, traduciendo a lenguaje lógico las trayectorias posibles para el acuerdo solidario, y en un contexto bien preciso como es el federativo, otro tanto por la égida del apoyo mutuo. ¿Cómo? Reconociendo las propiedades conmutativas y binarias-bilaterales ¡estas son las propiedades indispensables utilizadas de ordinario para la composición de formas en álgebra y geometría! Así pues, no sólo habría que abolir las categorías económicas mediante la expropiación de las mismas: hay que abolir y desbaratar toda noción liberal, todo su razonamiento, hasta volverla inconcebible, hasta demostrar su absurdo histórico, o un cuento primitivo del sueño de las cavernas de Platón, hasta que no quede rastro de su historia en lo futuro, hasta que sea tan inútil creer en "mercados" como escupir en contra del viento; demostrar su totemismo, uno naturalista, tan improbable como lo es su utopía de mercado como "coordenadas espaciales" para la realización humana.

Con esto espero haber sugerido algunas inconsistencias completamente naturalistas en la apreciación de las "fuerzas" económicas, valiéndome sin duda de Proudhon, y proponiendo al mismo tiempo creaciones libres en la composición de funciones. Queda por demostrarlas con material empírico reciente, y más aun, demostrar sin lugar a dudas que una idea totalmente "técnica" como "tasa de crecimiento poblacional" ha sido reificado y confundido convenientemente con "tasa de crecimiento económico" a pesar que el valor de las premisas planteadas por Malthus han sido completamente inconsistentes en la realidad, refutadas por Godwin mucho antes de Proudhon, y que ninguno de los pronósticos malthusianos se hayan cumplido. La hipótesis del valor en Malthus ¿no es acaso igual de metafísico que una divinidad? Asimismo el trabajo como fuente de adquisición, y no como fuente de intercambio ¿no ha inoculado al germen del usurpador para negar su propia posesión y distribuirse el trabajo como verdadera fuente de la mercancía? ¡Hállese en esta apropiación el fundamento del valor como propiedad distributiva de relaciones y no por su exponenciación!

Las matemáticas del liberalismo no son más verdaderas por asentarse en el poder; precisamente, sólo prueba el desajuste del poder cuando sus observadores, léase economistas, conciben recursos ilimitados para extraer de ellos consumos y ganancias también ilimitadas ¡en un mundo que es claramente finito! De aquí resulte necesario un mínimo de inflexión (acción) capaz de poner en movimiento las cosas de la economía y no un máximo de utilidad; y que, de haber "ganancia", este tiene por límite la satisfacción, por lo que cubrir costes de producción y distribuirla en la sociedad ¡es el vector, la meta y dirección real entre población y producción! El materialismo liberal, tanto como el marxista, son pues, un burdo naturalismo que hace de la ganancia ilimitada su fantasía, que no ha reflexionado críticamente en sus bases racionalistas convirtiéndola en una base matemáticamente trivial, y bien valdría caracterizar estas ideologías como "naturalismos económicos" alejados de la Economía biofísica que este milenio viene a reclamar con bases sólidas en el ser humano y su entorno.
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II
Personales
Así pues, buena parte de estas consideraciones nacen de tres-cuatro años de investigación, y apenas me he sentido en "capacidad" de decir algo de esta aventura. Surge como una necesidad y un reto compartirlo: la sociología a la que me quise incorporar la encontré tan desconsiderablemente absurda como los supuestos económicos anteriores, canonizados como lo están para blindarlas de crítica, que no pude más que sentir aversión. Sin remedio, o no quise más bien, me identifiqué a la reacción sensualista, hasta que en su momento se consumió en desesperanza, admitiendo, sin más, no hay racionalidad científica ni métodos para asir cualquier cosa –aunque implicaba la sospecha bien fundada que el materialismo histórico y liberal, como "cuerpos científicos", o son erróneos o son absurdos, en todo caso, totalmente inconducentes; de aquí que lo falso y lo indeterminado no son compatibles con la determinación del juicio por lo que ¿qué clase juicio histórico me había hecho si ellos también son falsos? ¿No es la confusión precisamente un estado de indeterminación anímico como lógico, una muy conveniente para no arrojar luces a estos aspectos metodológicos y matemáticos?

Esto ya indica, al menos, POR DONDE NO SEGUIR, y qué pasos han sido recorridos y qué pasos no se dieron; y ahí están los pasos dados; quedan los “otros pasos” señalados por las luces de la historia, aquellos que no se dieron, pasos listos más bien a darse en saltos. Porque sí es posible y probable la destrucción metodológica, entonces es dable la creación de nuevas herramientas metodológicas –y estas ser derribadas y construidas otras sobre este derribo. Más aún, la interacción de fenómenos implica propiedades compartidas de categorías, de modo que, de aspirar alguna intelección, debe dar cuenta de esto que convenientemente llamaremos "multidimensionalidad" de los fenómenos aspirando al mismo rigor de la proposición matematica; rigor que no autoridad, precisión que no un dogma: solamente el rigor en la formulación de premisas de manera que sean tan concretas como sus soluciones, acaso realizables. Y hablando de categorías, en adelante será sinónimo de “clase” y sus elementos conformadores “elementos” para ceñirnos a la lógica proposicional y no confundir nunca “elementos” por categoría y “categorías” por elementos, que es una de las confusiones de la dialéctica disminuida de ese comunismo ecléctico. Si la dialéctica no es retroactiva, tan formal como la separación de intérvalos [a,b] no es dialéctica, y por tanto, no implica la transitividad y sólo un mero intervalo, donde en este contexto operacional y sólo en este contexto, hay pocos argumentos transitivos tal que a=b=c donde c=a.

Esta recuperación en su mathesis lo tengo un poco más pormenorizado en otro trabajo en preparación, a punto de finalizar, que consiste en un rodeo acerca de las matemáticas de Euclides, Galileo, Fermat, Newton y Euler, personajes cuyas contribuciones científicas sugieren una trayectoria consistente con la formalización de estos conceptos. Sólo ruego paciencia para una próxima entrega (esto porque la investigación que estoy llevando me exigió tener una valoración si no precisa, al menos un poco más cercana en cuanto a la crítica de los paradigmas científicos, especialmente la metodología psicológica y sociológica. Lo anterior lo abordo en un problema empírico de valores cualitativos como en el estigma social hacia las personas para vincular investigación cualitativa y empiria). Dicho lo anterior, no exagero si afirmo y me permito resumir dicho trabajo en la evolución de un concepto como función a uno de vector para espacios planos; luego, de tensor a espacio tensorial en un espacio curvo. ¿Qué quiere decir esto? Que al establecer la relación de dos o más propiedades, como la anterior entre "recurso" y "población", una función tiene una "dimensión" geométrica para medirla; pues bien, eso es un vector, y mide propiedades CUALITATIVAS como fuerza y otras propiedades que no podemos medir directamente como el escalar del espacio o la gravedad; "la magia" del asunto es que estas relaciones geométricas quedan "impresas" en nuestras formas proposicionales para analizarlas. Puesto que la sociología y todas las ciencias humanas tienen una pobre, pero sumamente pobre concepción de las propiedades cualitativas de la socialización, esta es una tarea no puede reservarse a futuro como sí hacerlo de común en el presente para proseguir con la solución de este debate insulso. Remito a la epistemología genética de Piaget para entender cómo se conservan estas propiedades de la materia en las impresiones geométricas del ser humano.

Asumir el simbolismo matemático es considerable al hecho de aprender un nuevo idioma, o aprender la notación musical en un pentagrama, o aprender una lengua. Como todo, hay que perderle un poco el respeto, sólo un poco. para quitarle ese velo de intimidación, solemne, abstracto, o todo a la vez, que nos inculcaron son las matemáticas. Ya que sospecho no soy el único listo a dar este salto, hacerlo en compañía nos vendría más que bien. Son pues, lenguajes que al ser socializados logran representarnos, también un lenguaje estético en sus apariencias, y la matemática es suficientemente deductiva-inductiva para contener en sí los componentes epistemológicos de nuestras ciencias al cuestionarnos la naturaleza. ¡Solo por esto son sencillamente Bellas las mathesis! En el fondo no sugiero otra cosa, pues, que la historia de la ciencia es una crítica de conocimiento a través de sus rupturas, rupturas epistemológicas como acuñara G. Bachelard,  apropiada esta noción rupturista por J. Piaget y R. García; más aun, es una sociología del conocimiento en su crítica; y resulta tanto más evidente reconstruir los pasos de este continuum para conocimiento de lo común, que no es más que nuestra disposición con nosotros mismos, con la naturaleza y el cosmos por abordarnos de manera inteligible. Tanto más pronto asociemos estos lenguajes con lugares comunes, se dice, más ganamos en realidades.

Nada más solicito su paciencia hasta el final de este texto, y al físico, ingeniero o matemático entendido en estos temas, no ser tan duro conmigo con las deficiencias que podrá notar, sobre todo la simplificación de nociones, necesario explicitar tales deficiencias en su momento. Por lo demás, me propondré en lo siguiente poner de manifiesto algo que han llamado "coherecia interna" en la conjunción de algunos temas, también en la economía si la consideramos desde la economía biofísica, coherencias también en la química, biología, astrofísica, ingeniería, y más, en cuanto a su mathesis, pues el lenguaje de la física, química, biología, y así, no es otra cosa que matemático. No invocaré a Hakim Bey y toda esa idea estrafalaria del caos, pero sí a la cosmogonía –ya que no creo la ontología sean fantasías del caos para evadir la realidad, y sí algo más tangible como la ontogénesis y la filogénesis en las especies. Asímismo, las consecuencias de una economía biofísica resultan insospechadas según entiendo, pero peor sería caer en el error de considerarla como un nuevo naturalismo sin extender la acción humana más allá de la curiosidad y el ingenio.

Creo, porque en los hechos se desborda, que esta es la belleza, esta "coherencia interna", la creación y reconocimiento de patrones en el átomo y en los enlaces de electrones del carbono por la cual se nos revelan las conversiones del "misterio" de la materia desorganizada a la materia increíblemente organizada del ser vivo. Si hay algo que me propongo en este transcurso, es defender abiertamente la actividad científica a nombre de estas “revelaciones”, prescindiendo de la hipótesis divina, aunque sí me permitiré representaciones analógicas de lo divino que emulan la realidad, y que cada quien pueda obtener el criterio que mejor se ajuste a sus expectativas, de acorde al librepensamiento y extender la creatividad en cada uno de nuestros proyectos.
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[align=justify][1] Ya veremos que esto no es metafísica. Proudhon determina así en su cap. 11: “De la misma manera, para llegar a la completa inteligencia de la propiedad, para adquirir la idea del orden social, tenemos que hacer dos cosas: 1) determinar la serie de las contradicciones que comprenden la propiedad; y 2) por medio de una ecuación general, dar la fórmula positiva de esta serie”. Y Proudhon continúa, siguiendo la idea que la serie de contradicciones está en la determinación del trabajo a la par de la distribución del valor: (…) Si la esperanza no nos engaña, bien pronto habremos realizado la primera parte de este trabajo. La propiedad es uno de los hechos generales que determinan las oscilaciones del valor; es una parte integrante de esta larga serie de instituciones espontáneas que comienza en la división del trabajo y termina en la comunidad, para resolverse después en la constitución de todos los valores”. Si aplicamos esta consecuencia, semejante a la iteración algebraica, del capítulo 11 al capítulo 2, declara congruente y enfáticamente: La proposición, no hay medida del valor, es ilógica y contradictoria, como resulta de las mismas razones en que se ha pretendido fundarla.

“La proposición, el trabajo es el principio de proporcionalidad de los valores, no sólo es verdadera, porque resulta de un irrefragable análisis, sino que también es el objeto del progreso, la condición y la forma del bienestar social, el principio y el fin de la economía política. De esta proposición y de sus corolarios, todo producto vale lo que cuesta de trabajo, y los productos se compran con productos, se deduce el dogma de la igualdad de las condiciones”. Si me permiten, yo añadiría, escrito de forma diferencial todo esto: función trabajo=función valor, o bien, una función tal que c(x) sea la función constante del trabajo c(f)x donde (y) es función valor, tal que c(f)x=y. Para obtener su variación tenemos c(f)x=c(f) donde la derivada de esta función es f´©=0 (además de obtenerse un producto escalar en esta relación definido por su direccionalidad en términos de vectores o de tensores, si se usara más ingeniería matemática mediante eigenvalores, también llamados autovalores, que son las que definen formalmente recurrencias para entender mejor un “ciclo” pero son transformaciones que sinceramente no domino, no por el momento). Para redondear esta ecuación, en palabras de Proudhon: ”Llamamos por fin valor a la proporción (constante) según la cual entra cada elemento a formar parte del todo. Lo que después de esa combinación queda es valor negativo, no-valor, mientras que, por la accesión de cierta cantidad de otros elementos, no se combina ni se cambia.” Paréntesis míos y negritas mías.. Luego, cumpliendo propiedades básicas de igualdad entre derivadas, su solución nos da una operación binaria [c*f(x)] entre dos puntos del valor constante y magnitud de trabajo. ¡Implican de inmediato derivadas parciales! La solución de estas derivadas si cumplen la igualdad anterior, siguiendo a Proudhon, donde f´ce s igual 1, es equilibrio dinámico, 0 equilibrio estacionario y -1 un “no equilibrio” como un “máximo” de indefinición, es más, -1 para definir un “proceso propietario”; el siguiente reto es qué modelos matemáticos satisfacen esta igualdad ¡y pronto veremos que son del tipo de osciladores armónicos, fluidos y atractores, y constancias de energía-espacio! Un modelo basado en sólidos elásticos lo estoy desarrollando para un futuro cercano, para sugerir un modelo de identidad sin definir o restringir “sus interiores”, siendo deformada por la presión de la discriminación, y el estigma como medida de densidad, estos es, discrminación y estigma como constantes semejantes a la anterior.

Siguiendo a Proudhon, refiriéndose a implementar una racionalidad económica con este grado de sofisticación que él considera estadístico, aunque estas no sea más que propiedades distributivas de ecuación: “Pero un trabajo tal, por interesante que fuese, nos enseñaría muy poca cosa. Por una parte, en efecto, sabemos que la proporción varía incesantemente; por otra, es claro que, no dando un cuadro de la fortuna pública sino la proporción de los valores en la localidad y la hora en que ha sido hecho, no podríamos nunca deducir de ahí la ley de la proporcionalidad de la riqueza. No bastaría para esto un solo trabajo de este género; admitiendo que el procedimiento fuese digno de confianza, se necesitarían millares y millones de trabajos semejantes.
“Ahora bien, no sucede aquí con la ciencia económica lo que con la química. Los químicos, a quienes ha descubierto la experiencia tan bellas proporciones, no saben nada del cómo y del porqué de esas proporciones, como nada saben tampoco de la fuerza que las determina. Por lo contrario, la economía social, que por ninguna investigación a posteriori podría llegar a conocer directamente la ley de proporcionalidad de los valores, puede descubrirla en la fuerza misma que la produce y que es tiempo ya de dar a conocer.”
Los químicos actualmente saben el porqué de las propiedades simétricas y más aun de las propiedades de los electrones que definen dichas simetrías debido a la fuerza débil, la radiactividad que rompe simetría, y fuerza nuclear fuerte, asociada a la simetría entre los átomos, y que determinan una frecuencia específica de asociación a su conformación molecular por los enlaces electrónicos, como la organización creciente del carbono de mineral a un ácido ribonucleico. Dejando a un lado esta precisión en cuanto a la cibernética de la vida, tanto Marx y Proudhon, de haber estudiado un poco operaciones entre funciones como el laplaciano o el diferencial del diferencial como ∂, sus derivadas y sus derivadas de segundo orden inversamente proporcional al diferencial de diferencial, habría podido asociar un campo escalar constante (no sé, una constante gamma análogo a la física ciertas magnitudes, por decir algo) como espacio de la humanidad y su propio vector ¡tendríamos la variación del valor en torno al concepto de su rapidez y evanescencia, en toda su fugacidad, de haber sido más serios con Proudhon, una unidad de producción en coordenadas humanas y no otras coordenadas! Que los problemas a enfrentar o grados de libertad son esas coordenadas enfrentadas para su distribución, es esto de hacer llegar productos a zonas remotas o bien, a sectores peyorativamente “improductivos”, e implica mayores retos que una población urbana con límites muy precarios de experiencia individual y colectiva. Al menos no tuvo tiempo de enterarse de la fuerza débil y fuerte, pero todo indica Proudhon estaba al tanto de operaciones entre funciones, en tanto operaciones de segundo orden devenidas del álgebra “simple” o lineal, pero, al menos que alguien me corrija, esta y otras nociones, más exactamente, en la composición de funciones, ya estaban implícitas en Proudhon si no desarrolladas. (Acaso se le puede achacar a este la falta de noción para un campo escalar, pero aun en su tiempo estaba en desarrollo, pues, el hecho que algo tan corriente como un peso en kilogramos o la presión de la masa sea más bien producto de la deformación del espacio con un vector asociado a un campo de gravedad, que además sea resultado de caprichos cuánticos debido a la densidad eléctrica de fermiones y quarks, no suena muy intuitivo que digamos).

Como sea lo anterior expuesto, de la definición dada a la medida del valor prosigue Proudhon, también en el capítulo 2: “La idea de valor socialmente constituido o de proporcionalidad de los productos, sirve además para explicar: a) cómo un invento mecánico, a pesar del privilegio que temporalmente crea, y de las perturbaciones que ocasiona, produce siempre al fin una mejora general; b) cómo el acto de descubrir un procedimiento económico no puede jamás proporcionar al inventor un beneficio igual al que proporciona a la sociedad; c) cómo por una serie de oscilaciones entre la oferta y la demanda, el valor de cada producto tiende constantemente a nivelarse con el precio de coste y las necesidades del consumo, y por consiguiente a establecerse de una manera fija y positiva; d) cómo aumentando incesantemente la producción colectiva la masa de cosas consumibles, y siendo, por consecuencia, mejor retribuido de día en día el jornal, el trabajo debe dejar a cada productor un sobrante; e) cómo el trabajo, lejos de disminuir por el progreso industrial, aumenta sin cesar en cantidad y en calidad, es decir, en intensidad y dificultad para todas las industrias; f) cómo el valor social elimina continuamente los valores ficticios, en otros términos, cómo la industria socializa el capital y la propiedad; g) por fin cómo regularizándose la distribución de los productos a medida que se establece la garantía mutua, producida por la constitución de los valores, impele las sociedades hacia la igualdad de las condiciones y de las fortunas.
“Finalmente, dado que la sucesiva constitución de todos los valores comerciales implica un progreso hasta lo infinito del trabajo, de la riqueza y del bienestar, conocemos ya nuestro destino social desde el punto de vista económico: Producir incesantemente, con la menor suma posible de trabajo para cada producto, la mayor cantidad y la mayor variedad posibles de valores, de manera que resulte para cada individuo la mayor suma de bienestar físico, moral e intelectual, y para la especie la más alta perfección, y una gloria infinita”. ¿No están, pues, ímplicitas en Proudhon tanto las premisas, así como el cambio de las premisas en esta doble crítica a la propiedad y al dinero? Es una de las preguntas que más me gustaría que fueran respondidas por nuestros economistas y hago mías, junto a muchos otros, como las omisiones deliberadas por evadir la consideración material y fenomelógica del razonamiento económico proudhoniano y acallar su penetrante análisis.
 
[Imagen: ilia-repin-los-sirgadores-del-volga.jpg?w=1200]

1) Dado el conflicto, el disturbio, la insurgencia, los historiadores (y el resto de los científicos sociales) inmediatamente se disponen a investigar las “causas”, a polemizar sobre los “motivos”, a buscar “explicaciones”, a “interpretar” lo que se percibe como una alteración en el pulso regular de la Normalidad. “Causas” de los ‘furores’ campesinos medievales (Mousnier), “causas” de las ‘revoluciones burguesas’ del siglo XIX (Hobsbawn), “causas” de las ‘revoluciones de terciopelo’ de 1989 en el Este socialista,… Sin embargo, la ausencia de conflictos en condiciones particularmente lacerantes, que hubieran debido movilizar a la población; los extraños períodos de paz social en medio de la penuria o de la opresión; la misteriosa docilidad de una ciudadanía habitualmente explotada y sojuzgada, etc.; no provocan de igual modo el ‘entusiasmo’ de los analistas, la ‘fiebre’ de los estudios, la proliferación de los debates académicos en torno a sus “causas”, sus “razones”…

Se diría que la docilidad de la población en contextos histórico-sociales objetivamente explosivos, bajo parámetros de sufrimiento, injusticia y arbitrariedad a todas luces ‘insoportables’, es un fenómeno recurrente a lo largo de la historia de la humanidad y, en su paradoja, uno de los rasgos más llamativos de las sociedades democráticas contemporáneas. Aparece, a la vez, como un objeto de análisis tercamente ‘excluido’ por nuestras disciplinas científicas, una empresa de investigación que nuestros doctores parecen tener ‘contraindicada’. ¿Por qué?

2) Wilhem Reich, en Psicología de masas del fascismo, llamó la atención sobre este hecho: lo extraño, lo misterioso, lo enigmático, no es que los individuos se subleven cuando hay razones para ello (una situación de explotación material que se torna insufrible en la coyuntura de una crisis económica, de la intensificación de la opresión política y de la brutalidad represiva, del germinar de nuevas ideas contestatarias,…), sino que no se rebelen cuando tienen todos los motivos del mundo para hacerlo. Esta era la “pregunta inversa” de Wilhem Reich: ¿Por qué las gentes se hunden en el conformismo, en el asentimiento, en la docilidad, cuando tantos indicadores económicos, sociales, políticos, ideológicos, etc., invitan a la movilización y a la lucha? Trasplantando su pregunta a nuestro tiempo, grávido de peligros y amenazas de todo tipo (ecológicas, socioeconómicas, demográficas, político-militares, etc.), con tantos hombres y mujeres viviendo en situaciones límite -no sólo “sin futuro”, sino también “sin presente”- y con un reconocimiento generalizado de la base de injusticia, arbitrariedad, servidumbre y coacción sobre la que descansa nuestra sociedad, podríamos plantearnos lo siguiente: ¿Cómo se nos ha convertido en hombres tan increíblemente dóciles? ¿Qué nos ha conducido hasta esta enigmática docilidad, una docilidad casi absoluta, incomprensible, sólo comparable -en su iniquidad- a la de algunos animales domésticos y, lo que es peor, a la de los “funcionarios”?

3) Isaac Babel, corresponsal de guerra soviético, cronista de la campaña polaca desplegada por el Ejército Rojo en torno a 1920, contempla atónito las matanzas gratuitas llevadas a cabo en nombre de la Revolución. Cuarenta soldados polacos han sido detenidos. Los reclutas cosacos preguntan a Apanassenko, su general, qué hacen con los prisioneros, si pueden disparar contra ellos de una vez. Apanassenko, educado en el internacionalismo proletario y en la universalización de la Revolución, responde: “No malgastéis los cartuchos, matad con arma blanca; degollad a la enfermera, degollad a los polacos”. Babel se estremece y mira hacia otro lado. Esa noche escribirá en su diario algo que no será ajeno a su posterior encarcelación y a su fusilamiento acusado de actividades antisoviéticas: “La forma en que llevamos la libertad es horrible”. Días después se repite la escena, pero ya sin necesidad de que los soldados cosacos pierdan el tiempo preguntando qué deben hacer a su general: degüellan a una veintena de polacos, mujeres y niños entre ellos, y les roban sus escasas pertenencias. A cierta distancia, Apanassenko, que se ha ahorrado la orden, los premia con un gesto de aprobación y de reconocimiento. Babel mira a los cosacos, sonrientes después de la matanza; los mira como se mira algo extraño, indescifrable, algo misterioso en su horror, algo terrible y, sobre todo, enigmático: “¿Qué hay detrás de sus rostros; qué enigma de la banalidad, de la insignificancia, de la docilidad?”, anota, al caer la tarde, en su Diario de 1920. Yo me pregunto lo mismo, me interrogo por este “enigma de la docilidad” que nos aboca, todos los días, a la infamia de una obediencia insensata y culpable. He mirado a mis excompañeros de trabajo, profesores, cosacos de la educación, como se mira algo extraño, indescifrable, algo misterioso en su horror (horror, por ejemplo, de haber suspendido al noventa por ciento de la clase; de haber firmado un “acta de evaluación”, con todo lo que eso significa: ¿cómo se puede firmar un “acta de evaluación”, aunque nos lo pida el Apanassenko de turno- “matad con arma blanca”?). Ante las pequeñas ‘unidades’ de profesores, avezadas en ese degüelle simbólico del “examen”, me he preguntado siempre lo mismo: “¿Qué hay detrás de sus rostros; qué enigma de la banalidad, de la insignificancia, de la docilidad?”. “Docilidad” también del resto de los funcionarios, de tantísimos estudiantes, de los trabajadores, de los pobres…

4) Recientemente, Daniel J. Goldhagen, en Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto, ha subrayado, de un modo intempestivo, la culpabilidad de la sociedad alemana en su conjunto ante la persecución y el exterminio de los judíos; ha remarcado la participación de los alemanes ‘corrientes’, afables padres de familia y buenos vecinos por lo demás, gentes completamente normales (como reza el título de un libro de Christopher R. Browning, que constata también la cooperación -de manera voluntaria, desprendida, ‘generosa’- de muchísimos alemanes “del montón” en la empresa nacional del Holocausto), en todo lo que desbrozó el camino a Auschwitz. Estos alemanes corrientes, lo mismo que los cosacos de Apanassenko, torturaron y mataron a sangre fría, sin que nadie los obligara a ello, sin necesitar ya el empujoncito de una orden, deliberadamente, en un gesto supremo, y horroroso, de docilidad -seguían, sin más, la moda de los tiempos, se dejaban llevar por las opiniones dominantes, calcaban los comportamientos en boga, se apegaban blandamente a lo establecido… No es ya, como solía decirse para disculpar su aquiescencia, que ‘cerraran los ojos’ o ‘miraran hacia otra parte’ -eso lo hizo, mientras pudo, Babel-: abrían los ojos de par en par, miraban fijamente a los judíos que tenían delante, y los asesinaban. Es un hecho ya demostrado, por Goldhagen, Browning y otros, que estos homicidas no simpatizaban necesariamente con la ideología nazi, no eran siempre funcionarios del Estado (policías, militares,…), no ‘cumplían órdenes’, no alegaban ‘obediencia debida’: eran alemanes corrientes, de todos los oficios, todas las edades y todas las categorías sociales, hombres de lo más normal, tan ‘corrientes’ y ‘normales’ como nosotros; gentes, eso sí, que tenían un rasgo en común, un rasgo que muchos de nosotros compartimos con ellos, que nos hermana a ellos en el consentimiento del horror e incluso en la cooperación con el horror: eran personas “dóciles”, misteriosa y espantosamente dóciles. Toda “docilidad” es potencialmente homicida… Aquellos jóvenes que, en un movimiento incauto de su obediencia, se dejaron ‘reclutar’ y no se negaron a realizar el Servicio Militar, cuando la “objeción” estaba a su alcance, sabían, ya que no cabe presuponerles un idiotismo absoluto, que, al dar ese paso, al erigirse en “soldados”, en razón de su docilidad, podían verse en situación de disparar a matar (en cualquier ‘misión de paz’, por ejemplo), podían matar de hecho, convertirse en asesinos, qué importa si con la aprobación y el aplauso de un Estado. La docilidad mata con la conciencia tranquila y el beneplácito de las Instituciones. Goldhagen lo ha atestiguado para el caso del genocidio… En general, puede concluirse, parafraseando a Ciorán, que la docilidad hace de los hombres unos “aspirantes taimados a la dignidad de monstruos”.

5) Sostengo que este enigmático género de docilidad es un atributo muy extendido entre los hombres de las sociedades democráticas contemporáneas -nuestras sociedades. En la forja, y reproducción, de esa docilidad interviene, por supuesto, la Escuela, al lado de las restantes instituciones de la sociedad civil, de todos los aparatos del Estado. Me parece, además, que esa docilidad potencialmente asesina y capaz de convertirnos en monstruos, se ha extendido ya por casi todas las capas sociales, de arriba a abajo, y caracteriza tanto a los opresores como a los oprimidos, tanto a los poseedores como a los desposeídos. No resultando inaudita entre los primeros (empleados del Estado, propietarios, hombres de las empresas,…; gentes -como es sabido- con madera de monstruos), se me antoja inexplicable, sobrecogedora, entre los segundos: docilidad de los trabajadores, docilidad de los estudiantes, docilidad de los pobres,… Trabajadores, estudiantes y pobres que se identifican, excepciones aparte, con la misma figura, apuntada por Nietzsche: la figura de la “víctima culpable”. “Víctimas” por la posición subalterna que ocupan en el orden social -posición ‘dominada’, a expensas de una u otra modalidad del poder, siempre en la explotación o en la dependencia económica. Pero también “culpables”: “culpables” por actuar como actúan, justamente en virtud de su docilidad, de su aquiescencia, de su conformidad con lo dado, de su escasa resistencia. “Culpables” por las consecuencias objetivas de su docilidad…

Docilidad de nuestros trabajadores, encuadrados en “sindicatos” que reflejan y refuerzan su sometimiento. Desde los extramuros del Empleo, las voces de esos hombres que huyen del salario han expresado, polémicamente, la imposibilidad de simpatizar con el obrero-tipo de nuestro tiempo: “Es más digno ‘pedir’ que ‘trabajar’; pero es más edificante ‘robar’ que ‘pedir’”, anotó un célebre ex-delincuente…

Docilidad de nuestros estudiantes, cada vez más dispuestos a dejarse atrapar en el modelo del “autoprofesor”, del alumno participativo, activo, que lleva las riendas de la clase, que interviene en la confección de los temarios y en la gestión ‘democrática’ de los Centros, que tienta incluso la autocalificación; joven sumiso ante la nueva lógica de la Educación “reformada”, tendente a arrinconar la figura anacrónica del profesor autoritario clásico y a erigir al alumnado en sujeto-objeto de la práctica pedagógica. Estudiantes capaces de reclamar, como corroboran algunas encuestas, un robustecimiento de la disciplina escolar, una fortificación del Orden en las aulas…

Docilidad de unos pobres que se limitan hoy a solicitar la compasión de los privilegiados como privilegio de la compasión, y en cuyo comportamiento social no habita ya el menor peligro. Indigentes que nos ofrecen el lastimoso espectáculo de una agonía amable, sin cuestionamiento del orden social general; y que se mueren poco a poco -o no tan poco a poco-, delante de nuestros ojos, sin acusarnos ni agredirnos, aferrados a la raquítica esperanza de que alguien les dulcifique sus próximos cuartos de hora…

6) De todos modos, se diría que no es sangre lo que corre por las venas de la docilidad del hombre contemporáneo. Se trata, en efecto, de una docilidad enclenque, enfermiza, que no supone afirmación de la bondad de lo dado, que no se nutre de un vigoroso convencimiento, de un asentimiento consciente, de una creencia abigarrada en las virtudes del Sistema; una docilidad que no implica defensa decidida del estado de las cosas. Nos hallamos, más bien, ante una aceptación desapasionada, casi una entrega, una suspensión del juicio, una obediencia mecánica olvidada de las razones para obedecer. El hombre dócil de nuestra época es prácticamente incapaz de “afirmar” o de “negar” (Dante lo ubicaría en la antesala del Infierno, al lado de aquellos que, no pudiendo ser fieles a Dios, tampoco quisieron ser sus enemigos; aquellos que no tuvieron la dicha de ‘creer’ de corazón ni el coraje de ‘descreer’ valerosamente, tan ineptos para la Plegaria como para la Blasfemia); acata la Norma sin hacerse preguntas sobre su origen o finalidad, y ni ensalza ni denigra la Democracia. Es un ser inerte, al que casi no ha sido necesario “adoctrinar” -su sometimiento es de orden animal, sin conciencia, sin ideas, sin militancia en el frente de la Conservación.

Los cosacos dóciles de Babel no ejecutaban a los polacos movidos por una determinación ideológica, una convicción política, un sistema de creencias (jamás hablaban del “comunismo”; era notorio que nunca pensaban en él, que en absoluto influía sobre su comportamiento); sino sólo porque en alguna ocasión se lo habían mandado, por un espeluznante instinto de obediencia, por el encasquillamiento de un acto consentido y hasta aplaudido por la Autoridad. Goldhagen ha demostrado que muchos alemanes ‘corrientes’ participaron en el genocidio (destruyeron, torturaron, mataron) sin compartir el credo nacional-socialista, sin creer en las fábulas hitlerianas; simplemente, se sumergían en una línea de conducta lo mismo que nosotros nos sumergimos en la moda…

7) Ningún colectivo como el de los funcionarios para ejemplificar esta suerte de “docilidad sin convencimiento”, docilidad exánime, animal, diría que meramente alimenticia: escudándose en su “sentido del deber”, en la “obediencia debida” o en la “ética profesional”, estos hombres, a lo largo de la historia reciente, han mentido, secuestrado, torturado, asesinado,… Se ha hablado, a este respecto, de una funcionarización de la violencia, de una funcionarización de la ignominia… Significativamente, estos “profesionales” que no retroceden ante la abyección, capaces de todo crimen, rara vez aparecen como fanáticos de una determinada ideología oficial, creyentes irretractables en la filantropía de su oficio o adoradores encendidos del Estado… Son, sólo, hombres que obedecen… Yo he podido comprobarlo en el dominio de la Educación: se siguen las normas “porque sí”; se acepta la Institución sin pensarla (sin leer, valga el ejemplo, las críticas que ha merecido casi desde su nacimiento); se abraza el profesor al “sentido común docente” sin desconfiar de sus apriorismos, de sus callados presupuestos ideológicos; y, en general, se actúa del mismo modo que el resto de los ‘compañeros’, evitando desmarques y desencuentros. Esta “docilidad de los funcionarios” se asemeja llamativamente a la de nuestros perros: el Estado los mantiene ‘bien’ (comida, bebida, tiempo de suelta,…) y ellos, en pago, obedecen. Igual que nuestro perro condiciona su fidelidad al trato que recibe y probablemente no nos considera el mejor amo del mundo, el funcionario no necesita creer que su Institución, el Estado y el Sistema participan de una incolumidad destellante: mientras se le dé buena vida, obedecerá ladino… Y encontramos, por doquier, funcionarios escépticos, antiautoritarios, críticos del Estado, anticapitalistas, anarquistas,…, obedeciendo todos los días a su Enemigo sólo porque éste les proporciona rancho y techo, limpia su rincón, los saca a pasear… Me parece que la docilidad de nuestros días, en general, y ya no sólo la ‘docilidad funcionaria’, acusa esta índole perruna…

8) Desde el campo de la sicología -sicología social, sicología de la paz, sicología clínica,…- se han aportado algunos conceptos, elusivos y tambaleantes, con la intención de esclarecer este “enigma de la docilidad”, abordado como enigma de la parálisis (noreacción, ausencia de respuesta, ante el peligro, la amenaza o incluso la agresión). Partiendo de las tesis de Norbert Elias, que interpreta la civilización de los individuos como formación y desarrollo gradual de un “aparato de auto-coerción” (un aparato de auto-represión que lleva a los sujetos a no exteriorizar sus emociones, a no desatar sus instintos, a no manifestar su singularidad, a sacrificar su espontaneidad y casi a desistir de expresarse), Hans Peter Dreitzel ha defendido la idea de que “en los países industriales los individuos se encuentran doblemente ‘paralizados’ como consecuencia de la fuerza del aparato de auto-coerción y de la extremada complejidad de las cadenas de acción.” El “hombre civilizado”, vale decir el “hombre de Occidente”, es, desde esta perspectiva, un ser que se auto-reprime incesantemente, de modo que en él, y por ese hábito de la autoconstricción, de la autovigilancia, “la energía para huir o para oponerse está paralizada”(P. Goodman). Esta “parálisis”, esta “falta de energía para huir o para oponerse”, se resuelve al fin en aquella docilidad estulta y casi suicida de los hombres de las sociedades democráticas contemporáneas. En “Retrato del hombre civilizado”, Emil M. Ciorán abundó, por cierto, en esa visión de la Civilización como ‘degeneración’, como ‘retroceso’, como alejamiento de la base natural, biológica, del ser humano -olvido de nuestra espontaneidad y de nuestra animalidad.

Para Dreitzel, como para Goodman o para Ciorán, habría algo terrífico en el “proceso de civilización”; algo siniestro y no-dicho que acudiría justamente por el lado de aquel “aparato de autocoerción”, por el lado de la “parálisis” que origina y de la “docilidad” a que aboca; algo que nos erigiría, como he anotado, en aprendices desapercibidos de monstruos; algo, en fin, que echó a andar en Auschwitz y que aún no se ha detenido -un horror que nos persigue desde el futuro. En palabras de Dreitzel: “Hasta ahora sólo se han tomado en consideración las, aún así dudosas, ganancias humanitarias del proceso de civilización; y no sus pavorosos ‘costes humanos’ (…). En este país, Alemania, la cuestión se plantea con toda brutalidad: ¿Es Auschwitz un retroceso momentáneo en el proceso de civilización, o no será más bien la cara oscura del nivel de civilización ya alcanzado? ¿Cuánta coerción internalizada debe haber acumulado un hombre para poder soportar la idea, y no digamos ya la praxis, de Auschwitz?”. La interrogación es perfectamente retórica: Auschwitz sólo fue posible -y así lo considera Dreitzel- en el seno de una sociedad altamente civilizada; devino como un fruto necesario de la Civilización Occidental, un hijo predilecto de nuestra Cultura; se desprendió por su propio peso de este árbol de la auto-represión y de la docilidad que llamamos “Capitalismo Liberal”. Auschwitz es la verdad de nuestras democracias, el resumen y el destino de las mismas…

Goldhagen ha hablado de la “responsabilidad individual” de todos y cada uno de los alemanes de ayer en el genocidio (por participación o por pasividad). Karl Otto Apel ha añadido la idea de una “responsabilidad heredada”, como alemán, en todo lo que su pueblo ha podido hacer (“Soy hijo de este pueblo y pertenezco a la tradición sociocultural e histórica de este pueblo… No puedo negar que soy corresponsable de lo que este pueblo haya podido hacer”). Dando un paso más, y acaso también para no satanizar en exceso a los alemanes (el Diablo no tiene patria: ya se ha globalizado), yo me permito apuntar la corresponsabilidad de todos nosotros, en tanto hombres dóciles, en el Auschwitz que ya conocemos y en los que tendremos ocasión de conocer. En la medida en que consintamos que la docilidad acampe a sus anchas en nuestro corazón y en nuestro cerebro, seremos los padres morales y los artífices difusos de todos los Holocaustos venideros…

9) Otros psicólogos, como Harry Stuck Sullivan o el americano Ralph K.White, han intentado concretar un poco más los mecanismos psíquicos que acompañan y casi definen la mencionada “parálisis” del hombre contemporáneo. Y han aludido, por ejemplo, a la autoanestesia psíquica y a la desatención selectiva.

La “autoanestesia psíquica” permite al ‘hombre civilizado’, que ya ha interiorizado unos umbrales estremecedores de contención, hacerse insensible al dolor derivado de la percepción del peligro, de la constatación de la amenaza -dolor de una comprensión de la iniquidad de lo real-, y al padecimiento complementario de la conciencia de su esclerosis (reconocimiento de aquella “falta de energía” para huir o para oponerse). Autoanestesiado, todo lo acepta: la insidia de lo de ‘afuera’ y la vergüenza de lo de ‘adentro’; las miserias de lo social y su propia miseria de ser casi vegetal, casi mineral, monstruosamente dócil. Todo se admite, a todo se insensibiliza uno, como mucho con una “ligera mezcla de resignación, miedo, impotencia y fastidio” (Lifton).

Por su parte, la “desatención selectiva”, un ‘mirar a otro lado’, ‘desconectar interesada y oportunamente’, pretensión de no-ver, no-sentir y no-percibir a pesar de todo lo que se sabe, quisiera “lavar las manos” de la parálisis y de la docilidad cuando el sujeto se enfrenta por fin a las consecuencias de su no-movilización: la atención se concentra en otro objeto, cambiamos de canal perceptivo, hacemos ‘zapping’ con nuestra conciencia. Desatención selectiva por no querer “asumir” a dónde lleva la docilidad… White señala que la “desatención selectiva” se estabiliza en algunos individuos, ampliando su campo, haciéndose casi general, a través de una sobreatención compensatoria (una atención focalizada obsesivamente sobre un único objeto, o sobre unos pocos objetos), sobreatención de índole histérico-paranoide. En el caso de los profesores, hombres normalmente dóciles, paralizados, extremadamente ‘civilizados’ (es decir, ‘autoreprimidos’), cabe observar, en efecto, cómo la “desatención selectiva” que les lleva a ‘desconectar’, a ‘no querer saber’, de su propio oficio (“el tema de la enseñanza no me interesa nada”, me han dicho a menudo), se complementa con una “sobreatención histérico-paranoide”, un centramiento desaforado y enfermizo, devorador, en algo noescolar, extraescolar, algo que de ningún modo remite o recuerda a la Escuela: sobreatención a algún ‘hobby’, a algún proyecto (construcción de una casa, preparación de un viaje, estudio de una operación económica,…), a algún interés (afectivo, o sexual, o intelectual, o…), a alguna cuestión de imagen (la línea, el cuerpo, el vestir, los signos de ostentación,…), etc. Como la “autoanestesia psíquica” no es muy efectiva en el caso de la docencia -el sujeto se expone casi a diario, y durante varias horas, a la fuente de su dolor-, la “desatención selectiva” (desinterés por la problemática escolar, en sus dimensiones sociológicas, políticas, genealógicas, ideológicas, filosóficas,…) y la “sobreatención histérico-paranoide” paralela quedan como los únicos recursos para procurar ‘sobrellevar’ la mentira de una tarea envilecedora y la conciencia de que nada se le opone, nada se trama contra ella.

10) Desde un campo muy distinto, y con unos intereses divergentes, Marcel Gauchet, analista y comentarista de ese otro “enigma”, ese otro “absoluto desconocido” (está entre nosotros, pero no sabemos con qué intenciones), que llamamos Democracia Liberal -ya he adelantado que, en mi opinión, los regímenes liberales conducen a una modalidad nueva, inédita, original, de “fascismo”-, ha pretendido asimismo arrojar alguna luz sobre este desasosegante “misterio de la docilidad contemporánea”. Gauchet parte precisamente de lo que podemos conceptuar como docilidad de la ciudadanía ante la forma política de la democracia liberal -una docilidad que no significa respaldo firme y convencido, sino mera tolerancia, aceptación desapasionada y descreída. Detecta, incluso, “un movimiento de deserción cívica de la democracia que la abstención electoral y el rechazo hacia el personal político en ejercicio está lejos de medir suficientemente”. En el momento en que el régimen demoliberal se queda sin antagonistas de peso (por la cancelación del experimento socialista en la Europa del Este), parece también que no convence a la población y que simplemente se ‘soporta’. Gauchet habla de una “formidable pérdida de sustancia de la democracia, entendida como poder de la colectividad sobre sí misma, que explica la atonía, o la depresión, que ésta sufre en medio de la victoria”. El aliento que mantiene viva la democracia no es otro que el aliento de la docilidad: como fórmula vigente, consolidada, que de todos modos “está ahí”, se admite por docilidad; pero ya no despierta ilusiones, ya no genera entusiasmo, no suscita verdaderas adhesiones, resueltas militancias. “Si está ahí, y parece que no tiene recambio, que siga estando; pero que no espere mucho de nosotros”: esto le dice el ‘hombre dócil’, todos los días, al sistema democrático… Curiosamente, la hegemonía de la cultura democrática se ha acompañado de una despolitización sin precedentes de la población.

Incapaz de “amar” o de “odiar” el sistema político imperante, inepta para “afirmar” o “negar” una fórmula de la que deserta sin acritud -o que ‘acepta’ sin convicción-, la ciudadanía de las sociedades democráticas se hunde hoy en una apatía difícil de explicar. Marcel Gauchet busca esa explicación en un terreno equidistante entre lo social y lo psicológico. Consumido en inextinguibles “conflictos interiores”, corroído por innumerables “dilemas íntimos”, atravesado por flagrantes “contradicciones”, el hombre de las democracias -sugiere Gauchet- ya no puede cuestionar nada sin cuestionarse, no puede combatir nada sin combatirse, no puede negar sin negarse. “Lo que combato, yo también lo soy (o lo seré, o lo he sido)”. De mil maneras diversas el hombre contemporáneo se ha involucrado en la reproducción del Sistema; y obstaculizar o torpedear esa reproducción equivale a obstaculizar o torpedear su propia subsistencia. Gauchet menciona el atascamiento, la inmovilización, que se sigue de esos “imposibles arbitrajes internos”, de esas “perplejidades desorientadoras”, de esos “torturantes dilemas” de cada sujeto consigo mismo. Entre estas contradicciones paralizantes encontramos, por ejemplo, la de aquellos críticos del Estado y del autoritarismo que se ganan la vida como funcionarios o insertos en un aparato o en una institución de estructura autoritaria; la de los enemigos del Mercado y del Consumo que se aficionan a los “mercados alternativos” y a un consumo de élites, de privilegiados (artículos ‘bio’, o ‘eco’, o ‘artesanales’, o de ‘comercio justo’, o…); la de los padres de familia ‘antifamiliaristas’; la de los “defensores de la libertad de las mujeres” enfermos de celos cuando sus mujeres quieren hacer uso de esa libertad ‘con otros’; la de los antirracistas que no terminan de ‘fiarse’ de los gitanos; etc., etc., etc. La lista es interminable, y ninguno de nosotros deja de aparecer entre los afectados…

Sólo se puede luchar de verdad desde una cierta coherencia, desde una relativa pureza; si se consigue que nos instalemos en la inconsecuencia y en la culpabilidad, se nos habrá desarmado como luchadores, se nos habrá desacreditado ante los demás y ante nosotros mismos, se habrá dejado caer sobre nuestra praxis el anatema de la impostura, de la doblez, de la falsía. Por otro lado, “asumidas” dos o tres contradicciones, se pueden asumir todas; cerrados los ojos a dos o tres pequeñas miserias íntimas, se pueden cerrar a la miseria total que nos constituye. La docilidad del hombre contemporáneo se alimenta, sin duda, de este juego paralizador de las contradicciones personales, de este astillamiento del ser a golpes de complicidad y culpabilidad. El individuo que se sabe culpable, cómplice, apoyo y resorte de la iniquidad o de la opresión, dócil por no poder rebelarse contra nada sin rebelarse contra sí mismo, no encuentra para sus conflictos interiores otra salida que la seudo-solución del “cinismo” (percibir la incoherencia y seguir adelante) o la huida hacia ninguna parte de la “negativa a pensar”, del vitalismo ciego, amargo, del sensualismo desesperado… No sé si con estas observaciones de Gauchet, sumadas a las de Dreitzel y otros, el “enigma de la docilidad” se hace un poco menos opaco, un poco menos abstruso. Desde luego, no son suficientes…

11) Algunos autores asumen esta docilidad de la ciudadanía contemporánea como un hecho incontestable, un factor siempre operante; una realidad casi material que han de incorporar a sus análisis, pero sin ser analizada en sí misma; evidencia que ayuda a explicar muchas cosas, aunque permaneciendo de algún modo inexplicada (¿inexplicable?); cifra de no pocos procesos actuales, que no se sabe muy bien de dónde procede o a qué responde. Calvo Ortega, abordando cuestiones de educación, subraya, en esa línea, el “enorme automatismo del comportamiento social”; y M. Ilardi ha apuntado el “fin de lo social” como cancelación de toda forma de apertura insubordinada al Sistema…

Yo, que tampoco hallo muchas explicaciones a esta faceta dócil del hombre de las democracias, y que me resisto a esquivar el problema mediante la apelación a “conceptos-fetiche” (el concepto de alienación, por ejemplo), quiero remarcar no obstante la responsabilidad de la Escuela en la forja y reproducción de esa rara aquiescencia. Estimo que se está diseñando una “nueva” Escuela para reasegurar la mencionada docilidad, hacerla compatible con un exterminio global de la Diferencia y sentar las bases de una forma política inédita que convertirá a cada hombre en un policía de sí mismo (“neofascismo” o “posdemocracia”). Junto a la docilidad de las gentes, la disolución de la “diferencia” en irrelevante “diversidad” prepara el camino de ese Sistema. Y la Escuela está ya allanando las vías…

Pedro García Olivo
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El Estado representa la máxima expresión del orden institucional. El Estado es un modelo de organización construido sobre la jerarquía, el control y la coacción. Siguiendo un análisis que muchos anarquistas comparten, el orden institucional no sería otra cosa que la usurpación de un orden diferente que se podría definir como espontáneo. Según esta tesis la vida social se llevaría a cabo a través de reglas que son intrínsecas a ella, y que tienden por tanto a aparecer en cualquier contexto. Esta capacidad autorreguladora del conjunto social sería ahogada por la intervención externa (intervención basada en otras reglas, las del orden institucional) del Estado. Y es sobre esta espontaneidad que los anarquistas han teorizado y practicado sus proyectos revolucionarios. Espontaneidad tanto en el momento insurreccional del enfrentamiento con las fuerzas estatales, como en la organización de la sociedad desde la base cuando la intervención de las distintas políticas y económicas quedan anuladas por la lucha en curso. En condiciones de relativa ausencia de poder, los explotados tienden a satisfacer las necesidades de la producción y la distribución de manera horizontal.

Desde esta óptica, el orden verdadero no es el estatal, que al contrario, crea desigualdad, dominación, y por tanto, guerra civil, sino precisamente el espontáneo. Es la idea que Proudhon expresó en la famosa frase: “la libertad es madre, y no hija del orden”. Un orden impuesto desde arriba acaba sofocando la libertad mientras mantiene y aumenta la organización rígida y cada vez más racional de las técnicas de gobierno. La expresión completa de la libertad eliminaría en cambio los motivos del desorden social.

Yo no comparto este modo de plantear el problema. Ciertamente se trata de un problema de considerable importancia. Las siguientes líneas deben ser consideradas por tanto como interrogantes, sobre todo para quien las escribe.

Entre sociedad y Estado no es posible establecer una diferencia nítida. No existe un afuera y un adentro. De hecho, si es verdad que el Estado transforma en fuerza coercitiva el resultado de las relaciones sociales, también es verdad que el poder de alienar y organizar esta fuerza viene dado por la sociedad misma. El Estado no tiene nada suyo. Es más, todo contexto social tiende a institucionalizar las relaciones entre individuos. Cuando es el contexto el que condiciona las relaciones, éstas se transforman en meras funciones de un organismo más amplio. Sin la incesante voluntad de unirse y de determinar las uniones a partir de los deseos propios, la sociedad se convierte en un pertenecerse recíprocamente, un vínculo que reproduce y automatiza el único elemento común: la falta de libertad. El Estado es el orden de esa carencia.

Lo que intento decir no es exactamente que la dominación sea un producto de los dominados. La idea de que si nadie obedece nadie manda, como decía Belleguarrigue, me parece difícil de refutar. Pero no es esto lo que me interesa. Creo, por decirlo de alguna manera, que no existe una espontaneidad autorreguladora que el Estado usurpa. Mejor, creo que el poder y la jerarquía son tan espontáneos como la libertad y la diferencia. Es más, tal vez sea precisamente la dominación la que expresa la espontaneidad social (sin caer por esto en una lectura inversa de Rousseau). Además el concepto de orden ha sido utilizado con demasiada frecuencia como sinónimo de ausencia, o por lo menos de razonable contención de los conflictos; ya que es el Estado quien crea los conflictos, una sociedad libre de su injerencia sería ordenada. Desde mi punto de vista sin embargo, la autoridad no nace de la disputa, de la imposibilidad de armonizar lo distinto, sino del intento de imponer la armonía de manera coercitiva, de resolver los contrarios, es decir, de anularlos. La división en clases y la jerarquía son la expresión de la diferencia mutilada.

Una concepción distinta de orden es la que hace de la diferencia misma el elemento común, el espacio de la compenetración entre contrarios. Sólo que los contrarios no se pueden armonizar si no es haciendo de la diversidad una simple función de algo superior. Cuando en todo caso debería ser el orden una función de la diversidad. En otras palabras, no es la libertadtolerada o garantizada con la intención de crear una sociedad armónica lo que expresa la singularidad (esa singularitas que para los latinos era lo totalmente distinto). El espacio de la individualidad es una unión siempre variable que no puede ser contenido.

Identificar los principios de espontaneidad social, atribuyéndoles un valor que vaya más allá de la mera descripción significa ya identificar deberes y fines. Creo que no está escrito en ninguna parte que una sociedad sin Estado deba ser necesariamente libre. Aquí es donde nace la fascinación por la libertad, precisamente por tratarse de una decisión que va más allá del simple desarrollo espontáneo, como en el sentido de ruptura, de diferenciación. Se pueden desarrollar relaciones de reciprocidad no basadas en la obediencia sólo construyendo, y no a través de una simple sustracción. Si existen formas de orden espontáneo, pueden ser a lo sumo una base de partida. Una base recíprocamente antisocial. Liberándose tanto de los destinos de la espontaneidad como de las imposiciones de todas las instituciones, el concepto de orden se convierte en algo más lingüístico que real. Tal vez así se explique la profunda antipatía que todos los rebeldes han sentido hacia él. “Libres, o sea, ordenados” he leído muchas veces. Sí, ya. https://revistanada.com/

Massimo Passamani
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Herbert Read, para la administración en una sociedad anarquista, hablaba de sistema equitativo, más que de un sistema legal, y al igual que éste demanda un arbitrio que no implique dominación; habría que dejar a un lado todo prejuicio legal y económico y recurrirá a los principios universales de la razón, determinados por la filosofía o el sentido común.

El anarquista Read apela a cierto idealismo en la gestión de la sociedad, rechaza un materialismo enconsertado en el que los hechos deban ajustarse a una teoría preconcebida. Ese idealismo demanda algo parecido a una religión, sin la cual considera Read que una sociedad no se mantiene demasiado tiempo. Las connotaciones negativas que implica el término "religión", con su demanda de subordinación al ser humano y su dogmatismo, no deben hacernos desestimar lo que este autor quiere decirnos. Por supuesto, el fenómeno de las religiones es analizable científicamente, es posible conocer su evolución y otorgarla una explicación, pero es importante igualmente darla a conocer como "actividad humana sensible". Read considera que si no se otorga una nueva "religión" a la sociedad revertirá inevitablemente hacia creencias antiguas, tal y como ocurrió en el socialismo implantado en Rusia. Además de la readmisión de la Iglesia Ortodoxa, el comunismo dio lugar también a cierta salida para las emociones religiosas: deificación del líder político, con su tumba sagrada, sus estatuas y sus leyendas. El nazismo introdujo un nuevo credo basado en el sincretismo y el fascismo italiano nunca se desvinculó de la Iglesia Católica. Read considera que es posible que de las ruinas del capitalismo pueda aparecer una religión nueva, tal y como el cristianismo surgió de las ruinas de la civilización romana, sin que vaya a ser el socialismo tal y como lo entendieron los materialistas seudohistoricistas.

Carl Gustav Jung habló de "arquetipos del inconsciente colectivo", consistentes en complejos factores sicológicos que dan cohesión a una sociedad, y Read apela en esa linea a una religión que implique una "autoridad natural" de gran vitalidad que actúe como árbitro, sin que acabe conviertiéndose en etapas posteriores en un nuevo "opio del pueblo". Hay que entender bien a Read, desprovistos de prejuicios ideológicos, ya que no pide la restauración de ninguna religión ni cree en ninguna en concreto, simplemente piensa que la religión es un componente necesario en cualquier sociedad orgánica. Por otra parte, demanda un mayor desenvolvimiento espiritual que puede aportar el anarquismo, el cual no se muestra exento de cierta "tensión mística" y puede ocupar el lugar de una nueva religión. Si observamos la religión únicamente como un fenómeno histórico a "abolir", si tenemos en cuenta todos los factores que mantienen al ser humano arrodillado y sujeto a cierta voluntad trascendente, se nos hace obviamente rechazable desde nuestra perspectiva libertaria; pero no hay que olvidar que el anarquismo, no solo pretende la transformación de la sociedad en un sistema más equitativo, demanda una moral y un espíritu infinitamente más poderosos que todas las creencias basadas en un plano trascendente y en una voluntad superior. Ahí radica tal vez lo que Read pide con un "mayor desenvolvimiento espiritual", al igual que pedimos una mayor horizonte para la razón lo demandamos también para la moral y la acción humanas.

Lo que desea Read es asentar una comunidad socialista que respete las leyes de progresión orgánica, y por lo tanto capaz de perdurar en el tiempo. Para ello, dentro de la visión anarquista, solo es posible que la industria, en manos de los trabajadores y lejos de cualquier centralización que la mantenga estática, se constituya en el seno de una federación de organizaciones colectivas que se gobiernen a sí mismas. Read hablaba de la posibilidad de una parlamento industrial, una especie de cuerpo diplomático regulador de las relaciones entre las diversas colectividades y organo decisor sobre cuestiones generales, pero sin llegar a ser un cuerpo legislativo o ejecutivo ni tener situaciones privilegiadas. La meta sería la desaparición del antagonismo entre productor y consumidor, propio del sistema capitalista, y la expansión del principio de solidaridad y de la ayuda mutua para crear estructuras en consonancia con ellas, en detrimento de las basadas estrictamente en la competencia. En estas ideas radica la simplicidad que pide Read, opuesta al monstruo estatal centralizado con sus numerosos conflictos producidos por el abismo abierto entre el productor y el administrador. Dentro de una economía descentralizada, a nivel local o regional, puede darse de manera más eficaz el bienestar de la comunidad basándose en la asociación y en la ayuda mutua. Read quería asegurar el espíritu emprendedor, fundado en esa búsqueda de máximo beneficio para la sociedad.

El problema de la interpretación de la equidad, recordaremos que Read prefería esta denominación a "administración de la justicia", quedará en manos de las organizaciones colectivas. Las tendencias peligrosas de ciertos individuos bien pueden ser sublimadas gracias a determinadas vías de escape inofensivas para las energías emocionales; Read habla del deporte en el que se pueden insertar esos instintos agresivos y tendencias competitivas de algunas personas para ser liberados de manera no dañina. El observar la sociedad como un ser orgánico, como una estructura viva con sus apetitos, instintos, pasión, inteligencia y razón, hace que el crimen sea un mal extirpable. Indagando en la génesis del crimen, como enfermedad social que nace en la pobreza, la desigualdad y las limitaciones emocionales de todo tipo, puede creerse verdaderamente que una sociedad puede ser liberada de esa enfermedad. Toda alternativa a esta visión, netamente anarquista, resulta en adaptar el mundo y la sociedad a alguna suerte de orden artificial producto de una voluntad autoritaria.

Pero, al margen de las exposiciones de Kropotkin, o de autores posteriores, que podrían actuar de guía, Read no desea enconsertar la organización de la sociedad. Sí cree que hay que volcar los esfuerzos en establecer los principios de equidad, de libertad individual y de autogestión, por parte de los productores, a partir de las necesidades y circunstancias locales. Para ello, puede hablarse de acción revolucionaria, aunque se recuerda a Stirner y a Albert Camus en la distinción entre revolución y rebeldía; es la diferencia entre un movimiento que apunta a un mero cambio de instituciones políticas y aquel dirigido contra el Estado que pretende acabar por completo con toda institución jerárquica. El gran arma de la clase trabajadora es la huelga, algo que Read consideraba que no se había empleado estratégicamente a fondo ni con la suficiente valentía, era necesario emplearla contra el Estado (fuerza antagónica de la sociedad). Para Read, pasaba por esta vía acabar con toda tiranía. El sentido de la justicia reclamado era incompatible con el sistema que imperaba ya en Europa y Estados Unidos a mediados del siglo XX y que había hecho ya que la iniquidad se instalara en el mismo desarrollo del capitalismo, por lo que Read deseaba una rebeldía espontánea y universal capaz de atraer lo mejor del hombre, de expandir la razón y la ayuda mutua. Décadas después, y lejos de cualquier tentación visionaria, es incluso más importante insistir en estos valores imperecederos del anarquismo.

Capi Vidal 
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Mijaíl Bakunin fue un hábil devastador del pensamiento religioso, y lo hizo en nombre de la libertad, la dignidad y la emancipación humanas; apartando definitivamente la costumbre, la resignación y la sumisión, tan propias de la religión, el ser humano debe emplear renovadas energías para, mediante la razón y el conocimiento, llegar a la liberadora revolución social.

Bakunin consideraba que en toda religión con una teología suficientemente desarrollada, con la posible excepción del budismo, establecida en parte como una religión atea, Dios aparece como un ser supremo, eterno y predeterminante, el cual contiene en sí mismo el pensamiento y la voluntad creadora anteriores a toda existencia. Este supuesto Dios no se encontraría en el universo real, al alcance del conocimiento humano. El anarquista ruso consideraba que, al no poder encontrarle en el exterior, el hombre terminó por buscar a Dios en el interior de sí mismo; la manera de buscarle fue despreciando todas las cosas reales y vivientes, y todos los mundos visibles y conocidos. Tal y como lo expresaba Bakunin, el hombre al término de este viaje solo se descubre a sí mismo, despojado de todo contenido y de todo movimiento, convertido en una abstracción, en un ser inmóvil y vacío. Sería un no-ser absoluto, pero la fantasía religiosa lo ha denominado el ser supremo, Dios.

El hombre se condujo a esta abstracción debido a la diferencia que estableció, e incluso también conflicto, entre cuerpo y alma (entendiendo ésta en realidad como el pensamiento y la voluntad). Bakunin, por supuesto, entendía que el "alma" era solo el producto o expresión última del organismo humano, algo que no comprendió el hombre religioso. Éste, quería observar que el cuerpo obedecía siempre a las sugestiones del pensamiento y la voluntad, por lo que su facultad de abstracción los convirtió en el alma del universo entero (en Dios). Así, un Dios universal, externo e inmutable, generado por la imaginación religiosa y por la facultad abstractiva del hombre, se instaló por primera vez en la historia. En el siguiente paso, el hombre fue sucesivamente incapaz de reconocerse en su propia creación y empezó a adorar a ese supuesto Dios. Así, se invirtieron los papeles, la cosa creada se transformó en creador, y el hombre ocupó su lugar entre las demás criaturas miserables.

Bakunin pensaba que el desarrollo posterior de las teología, una vez que se instaló Dios, se explica como reflejo del desarrollo histórico de la humanidad. Si la idea de un ser sobrenatural y supremo se instala en la imaginación humana, y toma posesión de ella convirtiéndose en una convicción hasta el punto de parecerle al hombre más real que las cosas producto de su experiencia, también se convierte en algo natural que esta idea sea la base primordial de toda experiencia humana. Enseguida, el "ser supremo" se convirtió en dueño absoluto, y el pensamiento y la voluntad pasaron a ser la fuente universal. Nada podía ya rivalizar con esta idea y todo se desvanecería ante su presencia (incluido el hombre), ya que la verdad con mayúsculas estaba en Dios. A pesar de todo, Bakunin quería observar la lógica en este proceso, para comprender por qué Dios se había convertido en un ser supremo, omnipotente y absoluto; en caso contrario, Dios no podría existir de modo alguno.

El hombre atribuyó a Dios todas las cualidades, potencias y virtudes que acababa descubriendo en sí mismo. Como ese ser supremo es solo una abstracción, sin ningún contenido real, solo se llena y enriquece con las realidades del mundo existente, apareciendo ante la imaginación religiosa como el gran señor y el gran maestro. En una definición nada delicada, Bakunin definía a la divindad como el saqueador absoluto; lo que definía a la religión era el antropomorfismo, y el cielo solo suponía un reflejo, invertido y engrandecido, de la visión del creyente. El cometido de la religión sería entonces arrebatar al mundo terrenal sus riquezas y fuerzas naturales para transferirlas al mundo celestial y transmutarlas en tantos seres o atributos divinos. En este proceso transformador, se cambia también la naturaleza de esos poderes y cualidades, se falsifican y se corrompen adquiriendo una dirección opuesta a su tendencia original.

La razón, el organo que tiene el ser humano para discernir lo correcto, se convierte en razón divina, deja de ser inteligible y se impone a los creyentes apelando a lo absurdo. El respeto al cielo y la divinidad se convierten en desprecio al hombre y al mundo terrenal. El amor humano, la gran solidaridad universal que tiene que vincular a todos los pueblos del mundo, se transforma en amor divino y caridad religiosa, convirtiéndose en una tremenda aflicción para la humanidad. Como ejemplo, la religión es uno de los máximos responsables del enfrentamiento entre los seres humanos y de la gran cantidad de sangre derramada a lo largo de la historia. La justicia, que debería ser la que garantice la igualdad, al ser transportada en tiempos de la fantasía religiosa hacia terrenos celestiales, regresa a la tierra en forma de gracia divina, la cual suele ser cómplice del más fuerte y asegura los privilegios. Por supuesto, Bakunin no era simplista, hablaba de cierta necesidad histórica de la religión y no la consideraba un mal absoluto dentro de la historia. Habría sido un primer despertar de la razón humana como sinrazón divina, un primer destello de la verdad humana a través del velo divino de la falsedad. En la línea de lo que consideran pensadores ateos actuales, como Gonzalo Puente Ojea, el nacimiento de la religiosidad habría sido producto histórico de una distorsión de la razón.

La religión habría sido también el primer paso de la humanidad para emerger desde la bestialidad, aunque deberá desprenderse de ella para potenciar lo humano y conquistar la razón y la libertad. El cristianismo es considerado la religión por excelencia, ya que muestra claramente la esclavitud y degradación de la humanidad en beneficio de la divinidad. Esto era lo que Bakunin consideraba el principio supremo de toda religión, y también de toda escuela metafísica, deísta o panteísta. Además, al ser el hombre incapaz por sí solo de encontrar el camino hacia la verdad y la justicia, se recibe como una revelación del más allá y se genera una clase intermediaria elegida y enviada supuestamente por la gracia divina. Se produce, por lo tanto, también una jerarquía terrenal y los hombres, además de esclavos de Dios, pasan a ser esclavos de la Iglesia y del Estado. El epítome de toda esta visión es la Iglesia Católica Romana, la cual la ha extendido y proclamado con vehemencia absoluta.

No habría que hace la más mínima concesión a la teología, si de verdad amamos la libertad; para Bakunin, amar a Dios es renunciar a la libertad y a la dignidad humana. Además, la religión se ha mostrado históricamente, siempre, al lado de la tiranía; incluso, aquellos sacerdotes perseguidos que se enfrentaban al poder establecido, no tardaban demasiado en imponer una nueva obediencia y en establecer los fundamentos de una nueva tiranía. La religión, como proclamadora de la costumbre, de la paciencia, la resignación y la sumisión, es habitual aliada de todo Estado, incluso aunque sus gobernantes aseguren no ser metafísicos, teólogos o deístas, ni tampoco ser creyentes. Bakunin creía fírmemente que la influencia religiosa era un obstáculo para la emancipación humana y social; las energías laborales y la razón, instrumentos esenciales para la liberación, son mitigados por causa de la religión. El trabajo, en el que había que volcar todo esfuerzo liberador, se convierte así en una maldición o en un castigo merecido, mientras el ocio queda reservado a la divinidad. Para el anarquista ruso, la manera de combatir la religión, y preservar así la libertad, sería mediante la razón, la ciencia y el socialismo. Por sí sola, la propaganda del librepensamiento, aunque muy útil, no podrá acabar con la superstición religiosa; es necesario que las personas adquieran una existencia digna, para evitar que tengan la necesidad de entrar en una iglesia (o en una taberna, con la cual Bakunin realizaba cierta analogía). La revolución social puede y debe otorgar esa existencia a la humanidad.

Capi Vidal 
http://reflexionesdesdeanarres.blogspot.mx/
[Imagen: pedagogia_libertaria.jpg]
Es triste ver que varios grupos anarquistas salen a las calles sin tener claras muchas ideas, a veces incluso reclamando más intervención estatal.

Y la educación no es la excepción, y es que la educación pública ni es la mejor, ni es libre, es simplemente el Estado tomando otro monopolio. La educación privada tampoco, es uno de los casos donde el negocio no crea ni calidez ni calidad. ¿Por qué? Porque en un mundo donde la competencia es la ley básica de la vida, la población está dispuesta a hacer lo que sea, eso incluye, corromper maestros, comprar títulos, falsificar trabajos de grado, etc.


La buena noticia, es que las y los anarquistas no pasamos una y hemos creado nuestro propio sistema con el objetivo de hacer que el conocimiento sea libre: la pedagogía libertaria. Lamentablemente, la pedagogía libertaria se ha limitado a un curso de verano y no como una verdadera estructura de aprendizaje.

Y esto personalmente diría que se debe al factor miedo, ¿Qué pasa si una familia confía en un centro libertario pero después las oportunidades del estudiantado se ven limitadas? ¿Qué pasa si este mundo capitalista le cierra todas las puertas al desarrollo?

Debemos pensar en abrir centros de educación libertaria que superen toda la estructura estatal y/o privada de los centros educativos al servicio del poder.

Debemos formar personas capacitadas que hagan devuelvan a la ciencia su verdadera vocación: el servicio a la comunidad.

De esta forma la población confiará y tendrá la seguridad de que el aprendizaje libertario es bueno, es de calidad y funciona.

La pedagogía de Ferrer I Guardia no es la única alternativa, existen muchos estudios psicológicos y sociológicos de comunidades no necesariamente anarquistas que han creado modelos excelentes, podemos tomar muchas teorías y darle al conocimiento “el bien más preciado”: la libertad.

Daniel Castillo C.
http://www.portaloaca.com/
[Imagen: portada_proyecfenix1.jpg]
Tomando como idea un aporte anterior que en 2015 fue publicado por la editorial anarquista Untorelli Press (EE.UU.) recopilando los comunicados de las acciones reivindicadas en nombre del Proyecto Fénix durante 2013 y 2014, y aprovechando la finalización del juicio por el Proyecto Fénix en Grecia después de 2 años y las sentencias dictadas contra el compañero Andreas Tsavdaridis y contra lxs compañerxs de la CCF (siendo absuelto el compañero Spyros Mandilas), decidí tomar la iniciativa, recogiendo  el recuento de las acciones que incluyeron en su traducción de la crónica lxs compas de Sin Banderas Ni Fronteras (a quienes quiero agradecer particularmente su trabajo una vez más), de editar un libro actualizado y en castellano, recopilando los comunicados de los 18 ataques reivindicados hasta la fecha como Proyecto Fénix, así como algunas aportaciones a mayores alrededor de la represión y del juicio contra lxs compas acusadxs.

La intención es que el libro sea impreso por quien lo encuentre interesante y difundido en los espacios e instancias anarquistas (o no) donde cada cual se mueva o participe, y que genere debate y diálogos fructíferos en torno a cuestiones como la viabilidad/inviabilidad o la importancia de las prácticas ofensivas e insurreccionales en nuestros respectivos contextos, o como los puntos fuertes y débiles de una campaña como ésta, además de servir de acción por la difusión informativa de la situación de lxs compañerxs que han sido represaliadxs (y uno de lxs cuales, Andreas Tsavdaridis, asumió su responsabilidad en una de las acciones, siendo recientemente condenado por ello a 32 años de prisión, de los que tendrá que cumplir como mínimo 21).

Por otro lado, que haya decidido editar este libro no significa que comparta al 100% los planteamientos expresados en los comunicados y palabras que contiene, y mis afinidades varían de un comunicado a otro, encontrando esto como una ventaja del libro y no como un defecto o problema, ya que tensionar ideas y poner sobre la mesa perspectivas diferentes a las que cada unx tenga interiorizadas o asumidas es siempre un ejercicio de construcción y deconstrucción útil y positivo, al margen de las conclusiones resultantes.

Este trabajo está dedicado a los compañeros Andreas Tsavdaridis y Spyros Mandilas, a lxs 10 miembros presxs de la Conspiración de Células del Fuego (Giorgos y Michalis Nikolopoulos, Damianos Bolano, Gerasimos y Christos Tsakalos, Giorgos Polydoros, Olga Ekonomidou, Haris Hatzimihelakis, Theofilos Mavropoulos y Panagiotis Argyrou) y a la compañera Angeliki Spyropoulou, que aunque no tuvo nada que ver con este caso en particular, se encuentra encerrada después de asumir su responsabilidad como cómplice activa en la preparación del plan de fuga frustrado de la CCF.

Sin más que decir, os dejo la introducción del libro junto a los enlaces para la descarga. Toda difusión (por Internet o en la calle) es más que bienvenida.

¡Solidaridad con lxs anarquistas presxs!
¡Abajo los muros de las prisiones!
Para descargar el libro:
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El Proyecto Fénix fue y sigue siendo una propuesta abierta, una iniciativa informal y anónima para la coordinación entre aquellas individualidades o grupos que deseen unir sus negaciones, sus esfuerzos y su creatividad en un proyecto común de ofensiva anarquista, aportando con sus acciones y con sus palabras a la destrucción material y simbólica de las relaciones de poder y sumisión que rigen el mundo existente.

Desde que la propuesta fue lanzada en 2013, se han producido hasta la fecha 18 ataques reivindicados, dirigidos contra diversos objetivos, todos ellos representantes o símbolos del orden de explotación y dominación en el que vivimos, profanando el silencio que el poder impone con sus medios de comunicación embusteros y sus tristes sueños de publicidad.


Este libro recoge los comunicados que acompañaron a cada una de esas acciones y que dieron vida y sentido a este proyecto. Además actualmente hay varias personas cumpliendo condena por el Proyecto Fénix. Por eso, también se incluye información sobre estos procesos represivos para difundir la situación de lxs compas acusadxs, como un mínimo gesto de solidaridad hacia ellxs.

No pretendo crecerme, ni tampoco fingir. A quien edita este material aun le quedan muchos miedos, muchas barreras que saltar, hasta hacer míos los compromisos definitivos que conlleva asumirse como parte de la ofensiva anarquista permanente. Sin embargo, y a pesar de ser consciente de que partimos de momentos y realidades distintas, me parece importante aportar en la medida de mis posibilidades a que la acción anarquista insurreccional no quede en el silencio ni en el olvido. Porque sólo manteniendo vigentes las prácticas de negación del mundo del poder podemos trazar un recorrido y mostrar y amenazar la vulnerabilidad de nuestros enemigos.
Fuente: [url=https://vozcomoarma.noblogs.org/?p=13290]La Rebelión de las Palabras
Un recorrido por la historia y el presente del encierro de mamíferos marinos para el ocio.
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El 18 de noviembre de 1961, Wanda apareció débil y desorientada en la bahía de Newport (California). Varios hombres la estuvieron acosando durante todo el día. Ella luchó con todas sus fuerzas, y hasta en tres ocasiones consiguió burlarles, pero finalmente fue secuestrada. La llevaron a Los Ángeles y la encerraron en un pequeño recinto. No pudo soportar que le robaran su libertad, así que pasó dos días golpeándose contra las paredes hasta provocar su propia muerte. Wanda fue la primera orca de la historia capturada para ser exhibida en un acuario. El equipo del parque, Marineland of the Pacific, reconoció que la causa de su muerte fue el suicidio.
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Más de medio siglo más tarde, la industria ha evolucionado: se han desarrollado nuevas técnicas de captura y manejo, y se han cubierto las espaldas con excusas conservacionistas y pseudocientíficas para justificar lo injustificable. Pero el sufrimiento de las orcas sigue siendo el mismo. En Loro Parque, Tenerife, se ha documentado recientemente cómo Morgan se golpea contra las rejas metálicas de su recinto y yace prácticamente inerte fuera del agua durante largos períodos. Esta acción, que no sólo representa su apatía sino que podría llevarla a la muerte por el peso de su propio cuerpo, no es reconocida como intento de suicidio, sencillamente, porque desde lo sucedido con Wanda los/as explotadores/as han aprendido la lección. Morgan llegó al cautiverio de manera muy similar a Wanda. Se extravió de su grupo y unos pescadores la encontraron en muy mal estado en aguas holandesas en 2010. Una vez rehabilitada, se llegó a la conclusión de que no debía ser devuelta al mar por razones tan “científicas” como que en ese momento hacía demasiado frío como para poder seguirla con un barco. Varias organizaciones se unieron para pelear en los tribunales por la libertad de Morgan, contando con apoyo científico e incluso habiendo localizado al posible grupo de orcas del que Morgan se había extraviado. Tras varios años de sentencias y apelaciones, salió convenientemente a la luz que Morgan podría padecer de sordera, y que eso sería un impedimento para su supervivencia en el océano. La sentencia final fue, por tanto, que debía quedar “bajo el cuidado humano”. Pero esta conclusión tan preocupadísima por el bienestar de la orca no significó que fuera trasladada a un lugar donde sus necesidades fueran a ser atendidas de la manera más digna posible y su individualidad respetada. Significó que se cediera definitivamente su “propiedad” a la multimillonaria empresa SeaWorld y se mantuviera su “custodia” en Loro Parque, uno de los delfinarios con peor reputación y peor preparados para el cuidado de orcas –según palabras de una ex trabajadora-, donde los animales son obligados a realizar trucos para entretener a la audiencia, y donde se han documentado diversos incidentes, problemas de salud y conflictos sociales entre los individuos cautivos, e incluso la muerte del entrenador Alexis Martínez, atacado por la orca Keto en 2009.  Como tantas otras veces, los mecanismos capitalistas, enarbolando la bandera de la compasión y la conservación, se proclamaban vencedores sobre toda lógica ética o científica.

Pero las orcas no son la única especie atrapada por este entramado. El primer espectáculo con delfines se abrió en St. Augustine (Florida) en 1938. Desde entonces, se han extendido prácticamente sin límite a lo largo de todo el mundo, y otros cetáceos, como las belugas, han pasado a formar parte de esta industria cruel. Las focas, leones marinos, etc. ya venían utilizándose en los circos desde hacía tiempo. De hecho, en los delfinarios de hoy en día son obligadas a realizar el mismo tipo de trucos circenses.

La organización SOS Delfines estima que en total hay más de 2.000 cetáceos cautivos en 60 países del mundo, utilizados no sólo para espectáculos, sino también con fines militares, o incluso exhibidos en centros comerciales, hoteles y discotecas. Por cada uno de estos animales, existe un grupo social en el océano que los ha perdido, que ha sido perseguido, dispersado o masacrado para su captura. En lugares como Taiji (Japón) tienen lugar cada año terribles cacerías de delfines que consisten en desorientarlos mediante ultrasonidos para atraerles hacia una ensenada. Allí, los/as responsables de los parques acuáticos eligen a los/as más jóvenes y atractivos/as, que se capturan cuerpo a cuerpo, y el resto son masacrados/as para el consumo de su carne. Las orcas y belugas proceden principalmente de Islandia, donde se trasladaron los/as cazadores/as después de que se prohibiera la captura en EEUU y Canadá. Son avistadas desde aviones, acosadas con lanchas motoras que arrojan bombas al agua y, finalmente, atrapadas con redes de cerco. Las pequeñas son secuestradas mientras el resto del grupo permanece a su lado tratando de salvarlas. En cuanto a los/as nacidos/as en los tanques de hormigón, en raras ocasiones permanecen junto a sus madres tal y como harían en la naturaleza. Se respeta -como máximo, aunque no siempre- la edad de destete. En ese momento son separados/as, con las consecuencias psicológicas que ello conlleva, para ser trasladados/as a otros centros.

Cárceles de agua en el Estado español
De los 34 delfinarios existentes en la Unión Europea, 11 están en territorio del Estado español. Actualmente, hay uno más en fase de construcción en Lanzarote. Esto supone que más de un tercio de los cetáceos cautivos en la UE se encuentran aquí.

En 2014, el Zoo de Barcelona fue el primero en anunciar que en un plazo de tres años dejaría de ofrecer espectáculos con delfines. Ante la presión popular y legal, la nueva estrategia –que probablemente seguirán muchas instituciones- será mantener el cautiverio y la exhibición, pero sin trucos circenses de por medio. Este zoo se encontró en la encrucijada tras reconocer sus propios/as trabajadores/es que las instalaciones no eran adecuadas para el desarrollo de los animales, y que éstos presentaban problemas sociales y de salud. Albert López, ex jefe de entrenadores/as de mamíferos marinos, se opone ahora abiertamente a su cautiverio y ha sacado a la luz algunos hechos interesantes sobre las condiciones en las que viven y son entrenados los delfines: el control químico del comportamiento al que son sometidos para gestionar la reproducción, la dificultad para comunicarse entre ellos/as debido a las estresantes condiciones acústicas, los problemas en la piel por la calidad del agua, y las lesiones producidas por algunos ejercicios. El “footpush”, por ejemplo, consistente en que el/la entrenador/a se apoye en la mandíbula inferior del delfín para ser empujado/a fuera del agua, puede provocar heridas y hasta problemas graves en la columna vertebral.

En Barcelona hay seis delfines cautivos, de los cuales sólo Anak llegó a conocer la libertad. En el Zoo Aquarium de Madrid, más de la mitad de los once cetáceos encerrados fueron capturados en el Caribe cubano. El Zoo omite este dato cuando presenta a los animales durante el espectáculo. A 400 km. del mar más cercano, Mancha, Mary, Lala, Einyel, Guarina, Loren, Ringo, Blu, Noa, Lennon e Iruka, comparten un espacio 14 metros menor que una piscina olímpica.

En cuanto al célebre Oceanográfic de Valencia, presentado ante el público como el mayor acuario de Europa, dos ex entrenadores denunciaron en 2013 haber sido testigos de toda una serie de horrores. Destaca el caso de la beluga Kairo, que era golpeada por negarse a tomar los fármacos camuflados en su comida, o de la morsa Yuri, que murió hundida por su propio peso. La autopsia reveló que su estómago estaba lleno de piedras, supuestamente ingeridas a causa del estrés que le producía la falta de luz natural. También declararon que eran frecuentes dolorosas prácticas sin anestesia para extraer a los animales objetos del público que caían al agua, como teléfonos móviles.

La agencia y la resistencia

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Uno de los pilares que sustentan el especismo y la explotación animal es la falacia de que la especie humana posee la exclusividad sobre determinadas emociones, sentimientos y relaciones. Sin embargo, muchos animales de otras especies nos superan en su altísimo sentido de lo común. Las orcas, por ejemplo, poseen una extensión en el sistema límbico que los/as humanos/as no tenemos, y que para algunos/as científicos/as constituye una especie de “cerebro social” que procesa la interconexión de los individuos y las relaciones grupales. Esto no hace, desde nuestro punto de vista, que mantenerles en cautiverio sea intrínsecamente “peor” ni más importante que explotar a individuos de otras especies; pero sí nos ayuda a comprender el particular sufrimiento que puede suponer para ellos/as la constante ruptura de sus lazos sociales y afectivos, y su mantenimiento en grupos artificiales cambiantes. Las piscinas de los delfinarios son como el patio de una cárcel, donde son obligados a convivir individuos confusos, alterados, que no se comunican con el mismo lenguaje, que han sido separados de todo lo que quieren y conocen, y no tienen espacio suficiente para alejarse si lo necesitan. En ocasiones, se agreden entre ellos/as, intentan escapar, atacan a los/as entrenadores/as o terminan con su propia vida. No son incidentes aislados, es una constante que se intenta ocultar, aunque cada vez con menos eficacia.

Los zoológicos en general han adoptado en los últimos años un argumentario que les ayuda a perpetuarse, presentando su actividad al público como una labor educativa y de divulgación científica. Una de las fórmulas más repetidas en sus guiones es que los trucos de los delfines y ballenas son “extensiones de las habilidades naturales de los animales”, o que estos “colaboran voluntariamente”. Sin embargo, lo que ellos/as llaman “refuerzo positivo”, consiste en entrenamientos intensivos con el alimento como instrumento de premio o castigo. Los animales han aprendido que realizar los trucos al oído del silbato es la única manera de cubrir su necesidad de comer. Para ello han tenido que fallar repetidas veces y, por tanto, pasar hambre y frustación. Dependiendo del comportamiento que se les quiera enseñar, este proceso puede durar desde dos días hasta varios meses. A los adiestramientos destinados al espectáculo en sí, hay que sumar los que se realizan para facilitar su manejo –por ejemplo, para extraer el semen a los machos reproductores-, y su control veterinario –por ejemplo, para practicarles endoscopias cuando tienen problemas estomacales por masticar desesperadamente las paredes de los tanques -. Absolutamente todos los aspectos de su vida consisten en aprendizajes a través de la privación de comida.

Los animales tienen, por tanto, una perfecta comprensión sobre qué tipo de acciones van a ser recompensadas y cuáles no. Así que, cada vez que desobedecen el sonido del silbato, están resistiendo activamente a su explotación. Muchos/as van más allá de la desobediencia y se rebelan directamente contra quienes les someten. Cada vez hay más casos documentados de resistencia de todo tipo de animales en toda clase de centros de explotación; pero, entre los cetáceos, los ataques a entrenadores/as son especialmente frecuentes, y los individuos involucrados raramente lo intentan una sola vez. Tilikum, Nootka, Haida, Kandu, Kasatka, Hugo, Orky, Cuddles, Ramu y Keto, son solo algunos ejemplos de orcas que destacan o han destacado por su rebeldía. Sus acciones han influido en la gestión de los parques, en la legislación y, sobre todo, en el crecimiento de la oposición a su cautiverio. Su lucha, ya sea consciente o desesperada –probablemente ambas cosas-, es revolucionaria. Es su lucha por la libertad.

Para más información: porelfindeloszoosyacuarios.wordpress.com


Cita:[Documental] Blackfish.
Directora: Gabriela Cowperthwaite. Guionistas: Gabriela Cowperthwaite, Eli Despres. EEUU. 2013. 83´
[Imagen: Blackfish-210x300.jpg]
Desde 1959, la empresa SeaWorld se ha enriquecido explotando impunemente a todo tipo de animales, especialmente marinos, en sus parques repartidos por EEUU, y sus afiliados en otros países. Cuando en 1992 compraron a la orca macho Tilikum para utilizarle como banco de semen, no sabían lo que se les venía encima. Tilikum ya había estado involucrado en la muerte de una entrenadora, y aún mataría a dos personas más durante su estancia en SeaWorld. No fue ninguna casualidad que Gabriela Cowperthwaite le eligiera como protagonista de su documental. Los/as narradores/as son, en su mayoría, las personas que le han conocido, que le han amado y temido, y también que le han explotado y se han arrepentido. Pero la voz es la suya, la voz de su historia, la voz de sus acciones arrojando una luz cegadora sobre cada aspecto de este oscuro negocio. Sobre nacer, vivir, morir y matar. Sobre el encierro, el sufrimiento, la injusticia y la lucha. Sobre todo lo que conocemos y entendemos como humanos/as que amamos y deseamos la libertad, visto a través de los ojos de un individuo de otra especie. Es difícil que algo así no desate un cambio.
Desde el estreno de Blackfish, SeaWorld ha declarado pérdidas de más de 25 millones de dólares, y recientemente ha anunciado el cese de la cría de orcas. Los frecuentes ataques, enfermedades y muertes que han ocultado durante años, se analizan ahora en los medios bajo el microscopio. La película “Buscando a Dory”, cambió su argumento tras el estreno de Blackfish para incluir un mensajes anti-cautiverio contra SeaWorld.
Tilikum sigue encerrado, enfermo, flota inánime durante horas. Se niegan a liberarle.
Extraído del nº 66 de la publicación anarquista Todo por Hacer
http://www.todoporhacer.org
Según la RAE:
terrorismo
1. m. Dominación por el terror. 
2. m. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror. 
3. m. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.
[Imagen: obama_terroeu.jpg]

Cabría, pues, denominar como terrorismo un sinfín de actos perpetrados individual o colectivamente. Así, podríamos aplicar el término al maltratador/a de género que aterroriza a su pareja para dominarla o que directamente la asesina. Qué decir de esas prácticas publicitarias a todas luces engañosas, auspiciadas por ciertas industrias y encaminadas a establecer una lucrativa clientela de envenenados y amedrentados adeptos. O, en este mismo sentido, la pavorosa amenaza doctrinal con que ciertas religiones aterrorizan a sus fieles con el fin de mantenerlos en “el buen camino”. O el mismo paro, utilizado por el Estado y la patronal como amenaza para aterrorizar a la población con el fin de someterla e imponerle sus tiránicas condiciones. Y qué decir de la banca, de su implacable usura, cuántas vidas quebradas y suicidios no habrá propiciado su abusivo proceder. La lista de actos terroristas, cometidos en nombre de dios, del Estado, del lucro, de la competitividad, de la sanidad, de la industria farmacéutica, alimentaria, automovilística, etc., sería realmente extensa y fundada. Sin embargo, no es bajo tal denominación (terrorismo) que dichos actos son contemplados por la sociedad ni por los llamados medios de comunicación.


Ciertamente, cabe plantearse lo mismo con otros términos tales como crimen, robo, estafa, violencia… Pero es el terrorismo el que actualmente ocupa y protagoniza, de manera más que sospechosa, titulares, artículos, minuciosos análisis e innumerables tertulias mediáticas que siempre suelen desembocar en las mismas conclusiones: los terroristas no somos “nosotros”, son ellos. Quien paga manda y quien se vende pregona su consigna.

Y sin embargo, el o la Terrorista, que no sus manipulados peones, pues incluso en esto hay clases, es un personaje respetado, recibido con honores de Estado y agasajado por sus pares, aclamado y votado por la multitud, e incluso poseedor del Premio Nobel de la Paz.

[i]Loam
http://www.portaloaca.com/
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