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[Imagen: teresaclaramunt2.jpeg]

Teresa Claramunt Creus fue una mujer memorable. Poco se sabe sobre su vida pero toda ella estuvo dedicada a luchar por los derechos de los trabajadores y las mujeres. Su lucha influyó tanto en actividades sindicales como en el ámbito educativo.
Nació en Barbastre en el año 1862, aunque su familia pronto tuvo que trasladarse a Sabadell. Aún era casi una niña cuando comenzó a trabajar en la industria textil, por lo que tuvo una formación autodidacta. En ese momento es cuando comienza toda su andadura. Influenciada por las ideas del ingeniero Tárrida de Mármol destacó muy pronto como militante anarquista. Con sólo 21 años, en 1883, encabezó una huelga general en demanda de la jornada laboral de 10 horas, la llamada "huelga de las siete semanas". Esta huelga fue uno de los conflictos laborales más importantes que se dieron en Sabadell. En 1884, organizó un grupo anarquista de mujeres que desarrolló una intensa actividad político-social con la intención de solucionar la situación en la que se encontraban.
Entre 1888 y 1889, unida a su compañero, del que del que no hay mucha información, llevó a cabo numerosas actividades en Portugal. Todo lo hizo anónimamente, ya que estaba huyendo. A pesar de ello se sabe que colaboró con grupos anarquistas locales.
Teresa Claramunt fue una mujer muy perseguida por la policía, en esta época ya era bastante conocida entre ellos. En 1893 la detuvieron a la salida de un mitin porque durante el acto fueron lanzadas dos bombas por un tal Santiago Salvador. Su detención no duró mucho tiempo y fue liberada al demostrarse que ella no había tenido nada que ver. Pero en 1896 fue detenida de nuevo porque durante la procesión del Corpus, en Barcelona, estalló una bomba. El autor de esto nunca apareció, pero las autoridades, en su afán de terminar con el fenómeno anarquista llevaron a Teresa, junto a muchos de sus compañeros, a la cárcel de Montjuich. Allí fue víctima de torturas. Soledad Gustavo escribió lo siguiente: "Relatar lo que Teresa sufrió en aquel cautiverio es imposible. Presa en la cárcel de mujeres, azuzada y perseguida por las monjas que interiormente cuidaban aquel establecimiento, paso muchas desazones y solo gracias a su energía pudo salir lo mejor posible de sus manos”.
Después de pasar por esto Teresa no se quedó de brazos cruzados y armó tal revuelo que de nuevo fue llevada a Montjuich y allí estuvo hasta que el Estado pidió 28 penas de muerte y 57 condenas perpetuas de las cuales una era para ella. Pero finalmente fue desterrada gracias a las influencias del que un día la iniciara en todo esto, su amigo Tárrida de Mármol. Teresa se marchó a Londres y después a París. En 1898 volvió a España y fundó, en 1901 la revista "El Productor", muy importante en el ámbito obrero.
En 1903 ya era bastante conocida en Andalucía y viajó hasta allí, junto a Leopoldo Bonafulla con el fin de difundir su lucha obrera. En esta ocasión también la detuvo la Guardia Civil en Ronda. La llevaron hasta Málaga y allí la desterraron a Barcelona de nuevo. Aunque no escribió mucho, en este mismo año publicó un folleto llamado “La mujer. Consideraciones sobre su estado ante las prerrogativas del hombre”. Aquí la autora critica al hombre que intenta imponerse como autoridad en el ámbito familiar. Muestra unas ideas muy revolucionarias afirmando que la mujer debe emanciparse y esta emancipación la tiene que hacer ella misma. Culpa a la educación de esa dependencia que la mujer tiene del hombre.
Durante la Semana Trágica de 1909, para evitar una nueva detención, sus compañeros la enviaron a Zaragoza. Pero en 1911 vuelve a entrar en la cárcel acusada de “agitadora anarquista”. Su condena es de cuatro años. En esta época es cuando tuvo los primeros signos de parálisis. Esto dificultaba un poco su actividad, aunque nunca llegó a rendirse. Durante algunos años vivió en Sevilla, en casa de Antonio Ojeda, que se ofreció para ayudarla a recuperarse. Pero en 1923 dio un mitin en Sevilla contra la dictadura y en 1924 volvió a Barcelona. Fue en el año 1929 cuando dio su último mitin. En 1931, murió debido a la parálisis que había comenzado a padecer durante su última detención.

Texto Representativo
"Dejaos, amigas mías, de esos embustes que os enseñan las religiones todas. Desterrad lejos, muy lejos, esas preocupaciones que os tienen, como a los esclavos del siglo XIII, con un dogal que no os deja moveros para que no penetréis en la senda de la razón. Mi voz no llega a todas vosotras, compañeras queridas; pero seáis las que seáis las que leáis estos renglones que dicta un corazón que siente y un cerebro que piensa, no olvidéis que la mujer se ha de preocupar por su suerte, ha de leer los libros que enseñan, como son las obras ácratas, ha de asociarse con sus hermanas y formar cátedras populares donde aprender a discutir o para ir aprendiendo lo que nos conviene saber." "A la mujer, fraternidad". Teresa Claramunt
Carmen Gómez Moya
http://www.escritorasypensadoras.com/fic...ca.php/185 
[Imagen: austerlitz.jpg]

Ustedes han trabajado. Ustedes han sido engañados. No es tan grave. Una segunda oportunidad se les presenta. Hoy se manifiestan para conservar su jubilación a los sesenta años. Quisieran no continuar trabajando. Sin embargo, ya han trabajado. Han esperado a que tal cosa se acabara. Finalmente, se acabó. Y con ello, ustedes mismos.
Si ustedes tienen hoy cerca de sesenta años, en el 68 tuvieron unos veinte. Lo vieron, supieron que otros mundos eran posibles, distintos a éste que fue edificado con su participación. Pero lo olvidaron, han fingido que lo olvidaron. Ustedes han hecho como si trabajar fuera digno, soportable, interesante o simplemente humano. Las generaciones que les han seguido han imitado su resignación, y más grotescamente: su entusiasmo.
Una segunda oportunidad les es ofrecida. Ustedes saben en carne propia que no quieren seguir trabajando. Que a final de cuentas no han trabajado sino bajo obligación,  y que ustedes se han creado, como ciertas, las ilusiones necesarias. Dejen sus ilusiones atrás, en caso de que las tuvieran. Aún hay tiempo. Tienen los medios para hacerlo. A sus sesenta años, ustedes no están completamente agotados. El gobierno y la dominación han desarrollado un cierto terror hacia esto. Ellos querrían que ustedes volvieran a trabajar por cinco años más, que ustedes quedaran realmente vacíos. Antes de arrojarlos a la naturaleza.
Los gestores de la sociedad les temen. Ellos temen que, si siguen vivos, deserten. Ustedes tienen los medios para hacerlo. Incluso más que cuando tenían veinte años, probablemente. Ustedes tienen los medios para desertar, al precio de renunciar a la adhesión al orden social que los ha consumido. Desertar quiere decir: agenciar las condiciones de florecimiento de relaciones menos mutiladas que aquellas que comanda la dominación mercantil (hostilidad bulliciosa, incomprensión sistemática de hombres y mujeres, ausencia tanto de comunidad como de intimidad y amistad verdaderas, forclusión de la violencia, de la locura, del sufrimiento).
Ustedes tienen una última oportunidad para no traicionarse, para vivir, al fin. Es aquella que consiste en abandonar el barco. En cierto sentido, es nuestra última oportunidad. Un mundo que se dirige hacia el precipicio quiere asegurarse de no que no se vaya solo. Quiere arrastrarnos en su curso hacia el abismo. Está dispuesto a todo para impedir, para aniquilar, toda secesión social. No obstante, ésta es la única aventura a la altura de la vida que nos resulta abierta, por ahora.

El caos será nuestra huelga general.

Tiqqun
https://tiqqunim.blogspot.mx/2016/06/nun...-para.html
[Imagen: MTE1ODA0OTcxNTI0MTk1ODUzsepia.png]

Otoño del año 2025. Un año ha pasado desde el derrumbe del sistema tecno-industrial, pero tú y los tuyos se las han arreglado. Su huerta ha florecido en el verano y tienen una buena reserva de vegetales deshidratados, legumbres y otros alimentos en su cabaña para pasar el invierno, y ahora mismo están cosechando sus patatas; con la pala, arrancan las plantas una por una, obteniendo grandes y hermosos tubérculos.
De pronto, uno de tus compañeros te hace un guiño para que levantes la vista. Oh-oh... un grupo de personas con cara de pocos amigos, y con armas, viene acercándose. No parecen tener muy buenas intenciones, pero ustedes se mantienen firmes. El que dirige al grupo se acerca:
— Pero qué lindas patatas...
— Lindas, ¿no?
— Nos las llevaremos.
— ¡Ni lo sueñes! Trabajamos duro todo el verano para cosecharlas...
El líder te apunta con su rifle directo a la cara.
— Púdrete, marica. Dick, Ziggy, vean que más tienen en la cabaña. Podríamos pasar aquí el invierno. Oye, Mick, coge a la zorra antes que escape; tiene un buen culo. Vamos a tirárnosla más tarde.
Entonces te enfureces y comienzas a gritar:
— ¡Mira, cabrón! No vas a...
El rifle hace ¡BANG! y estás muerto.
* * *
La no violencia sirve únicamente cuando la policía está ahí para protegerte; en cualquier otra situación, la no violencia es prácticamente lo mismo que el suicidio.
Ciertamente hay algunas excepciones: como Colin Turnbull observara, la violencia con resultados mortales contra humanos entre los pigmeos africanos casi no existía. Y aunque hay sociedades de cazadores-recolectores en las que las personas a veces pelean hasta la muerte, jamás conquistan el territorio de otras tribus ni las masacran sistemáticamente. En estas condiciones, la no violencia y la supervivencia son compatibles.
Pero debemos ser realistas: no serán esas las condiciones que se impondrán cuando colapse el sistema tecno-industrial. Hay mucha gente cruel dando vueltas por ahí: los nazis, los Hell’s Angels,[1] el Ku Klux Klan, la mafia... y muchos otros grupos no reconocidos. Esta gente no va simplemente a esfumarse cuando el sistema se venga abajo; seguirán aquí, y no se molestarán en intentar cultivar su propia comida —y si lo hacen, lo más probable es que no tengan éxito— porque les parecerá mucho mejor tomar la comida de alguien más en vez de cultivarla, y, teniendo en cuenta su crueldad, también puede que te maten o te violen sólo por diversión, aunque no necesiten tu comida.
Además de ellos, habrá personas que, habiendo sido tranquilas y apacibles bajo las condiciones actuales, podrían volverse despiadadas al estar desesperadas por conseguir alimento o un terreno cultivable. Puede que no haya gran escasez de alimentos en las regiones supuestamente «atrasadas», en las que los campesinos aún son relativamente autosuficientes, pero en los países y sectores industrializados, donde la agricultura depende completamente de fertilizantes químicos, pesticidas y combustible para los tractores (entre otras cosas), y donde muy poca gente sabe cómo producir eficientemente su propia comida, la escasez será muy grave al colapsar el sistema.
Supongamos por un momento que los países industrializados cuentan con suficiente terreno cultivable para que, en teoría, toda la gente pueda producir su alimento con métodos primitivos. Al no existir un gobierno activo no habrá forma de redistribuir a quienes viven en el campo y asignar a cada familia el lote que le corresponda, lo que resultará en gran confusión y caos. Algunas personas intentarán acaparar más y/o mejor tierra, y otras se les opondrán; se luchará a muerte; surgirán grupos armados que se organizarán con fines defensivos y ofensivos. Si quieres sobrevivir al colapso de este sistema, más te vale estar armado y preparado para defenderte; preparado tanto física como psicológicamente.
Estar armado y preparado para defenderte no sólo será una necesidad; será un deber. Los nazis, los Hell’s Angels y el Ku Klux Klan no serán los enemigos más peligrosos entonces, pues si consideramos su carácter rebelde y anárquico, es improbable que se organicen en grupos grandes y eficientes. Mucho más peligrosas serán las personas que hoy constituyen la columna vertebral del sistema; personas acostumbradas a estar en organizaciones disciplinadas: la clase «burguesa» —ingenieros, ejecutivos de negocios, burócratas, oficiales militares, policías, etcétera. Esta gente estará ansiosa por restablecer lo antes posible el orden, la organización y el sistema tecnológico. Puede que sus métodos no sean tan crueles como los de los nazis o los Hell’s Angels, pero no dudarán en usarla fuerza y la violencia cuando sea necesario para conseguir sus fines. DEBES estar preparado para defenderte físicamente de esta gente.
[1] Famosa pandilla de moteros

2001
Notas: Título original: «When Non-Violence is Suicide». Traducción basada en la versión publicada en e-library.ridingthetiger.org.   
https://es.theanarchistlibrary.org/libra...l-suicidio
[Imagen: internet_addiction__jalal_hajir.jpeg]

¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?(título original en inglés The shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains, publicado en Reino Unido con el nombre The Shallows: How the Internet Is Changing the Way We Think, Read and Remenber) es un libro escrito por Nicholas George Carr. En inglés fue publicado por primera vez en 2010 por la editorial W. W. Norton & Company y en español fue publicado en 2011 por la Editorial Taurus.
El libro desarrolla en más profundidad el argumento que ya expuso el autor en el artículo ¿Está Google haciéndonos estúpidos?12 que apareció en 2008 en el anuario de la revista The Atlantic.

Descarga PDF-->> https://danwin1210.me/uploads/289689516-...mentes.pdf <<<<
Tor: http://tt3j2x4k5ycaa5zt.onion/url.php?id=34700
http://filesto37i2x5dea.onion/uploads/28...mentes.pdf
I2P: http://danwin1210.i2p/uploads/289689516-...mentes.pdf

Contenido:
Índice
Reseña del libro
[Imagen: anarquia_constr.jpg]
Somos críticos con toda visión teleológica, y aun suponiendo que la historia tenga algún sentido, tal como se manifiesta en el prefacio de La voluntad del pueblo, las personas que componen los movimientos sociales pueden cambiar esa orientación gracias a las ideas y a la consecuente acción transformadora.
La intención del autor, Eduardo Colombo, con los artículos que componen la obra es "oponer la fuerza de las ideas, heterodoxas, revolucionarias, al conformismo imperante". La gran pregunta es si algún día se llegará a construir esa fraternidad universal deseada, un mundo libertario organizado en la igualdad sociopolítica de los hombres, pero garantizando la pluralidad y la distinción de los individuos. Desgraciadamente, el "sentido de la historia" parece abundar en el presente en la miseria y en la opresión, debido a la institucionalización autoritaria, la globalización capitalista y la división de clases. Todo ello asegurado en la obediencia y el conformismo de la población.
Colombo nos dice que las revoluciones son esos momentos fuertes de la historia, en los que se reinstituye el orden social y la acción humana desplaza los límites de lo posible. Desgraciadamente, estas mismas etapas revolucionarias concluyen con una determinada forma histórica que acaba reprimiendo los movimientos alternativos y los relega a la marginalidad. La Revolución Francesa, después de la Restauración, de las insurrecciones populares de los años 30 del siglo XIX y de la Comuna de París de 1873 acabó siendo domesticada a finales de ese mismo siglo con el triunfo de la burguesía liberal y de los regímenes constitucionales. El fin del Antiguo Régimen supuso lo que Colombo denomina un nuevo bloque imaginario, organizado en torno a los siguientes principios generales: la división entre el Estado y la sociedad civil, la igualdad forma ante la ley, la democracia representativa o parlamentaria y "lo sagrado" de la propiedad privada. En otra obra de Colombo, El espacio político de la anarquía, se abunda impagablemente en los diferentes paradigmas, o los diversos bloques imaginarios, que se han producido a lo largo de la historia.
La nueva organización política que se consolida en el siglo XIX, lo hace sobre las bases del capitalismo de la Revolución Industrial, ejerciendo una tremenda represión sobre los movimientos obreros y su lucha de clases, y terminando por legislar para producir la "integración imaginaria del proletariado" en las nuevas instituciones. Pero este nuevo bloque imaginario no logró acabar con los deseos sociopolíticos de la plebe: igualdad de hecho (no solo de derecho), democracia directa, delegación con mandato controlable y revocable. Colombo hace un repaso del aplastamiento de las insurrecciones obreras ya en el siglo XX, muchas de ellas producidas en un contexto supuestamente revolucionario y supuestamente socialista. El resultado fue la convulsión del mundo, guerras y masacres, y la instauración de dictaduras y sistemas totalitarios. Al acabar los regímenes totalitarios, fue consolidándose una reformulación del imaginario sociopolítco que Colombo denomina "bloque de la democracia neoliberal" y que define como la imposición del "límite infranqueable" de los valores de la modernidad.
Al hablar de bloque imaginario, se alude al funcionamiento de la sociedad sobre la base de una serie de conceptos y valores organizados como un "campo de fuerzas", atrayendo y orientando los diferentes contenidos de todo un universo de representaciones (expresado en instituciones, ideologías, mitos, formas sociales...), que al consolidarse limitan el pensamiento y la acción. Este campo de fuerzas constituye un sistema de representaciones simbólico-imaginarias, aunque Colombo aclara que el imaginario social pretende ser una imaginación creadora que forma parte de la realidad que vivimos, y no ninguna fantasía o ilusión. Llegamos a lo que se denominó El fin de la historia, según el cual la revolución liberal mundial ha conducido a la humanidad a su máximo desarrollo, no ha posibilidad de pensar un mundo diferente ni mejor. Aunque esta idea se ha suavizado en los últimos años, debido con seguridad a su delirio extremista, el credo de la clase dirigente, del tinte político que sea, es que la democracia liberal y la economía de mercado son las únicas posibilidades en la sociedad moderna.
Después del mayo de 68, las esperanzas revolucionarias comenzaron a apagarse y el nuevo marco político tuvo un terreno abonado para crecer, sembrado de la aceptación popular y de la falta de crítica. Colombo afirma que los derechos humanos e individuales, puestos en el horizonte después de las dictaduras militares y los regímenes totalitarios, contribuyeron sin pretenderlo a la consolidación del derecho jurídico y a la privatización de las relaciones sociales. El capitalismo, para subsistir políticamente, privatiza a los individuos, relegándolos a una esfera de banalidad íntima. De forma concomitante, el espacio político donde podría ejercerse la "voluntad del pueblo" se desatiende y se extiende la apatía, la impotencia y la idea de que, tanto el pensamiento, como la acción individual no llevan a cambio alguno. El resultado es la atomización y aislamiento de los individuos. En este contexto, la libertad es un privilegio individual a costa de la capacidad para decidir sobre nuestros asuntos. El neoliberalismo niega que la cuestión social sea central en la emancipación humana y margina toda lucha por la autonomía, hay una negación de toda ruptura transformadora y una constante reafirmación del presente como única posibilidad.
El anarquismo, que nace en el siglo XIX en el seno de la Primera Internacional, luchó siempre contra toda dominación y explotación, incluidas sus nuevas formas en la democracia representativa. El neoliberalismo, como nueva situación, implica nuevas dificultades y algunas de ellas quiere verlas Colombo insertadas en los movimientos libertarios. A pesar de su heterodoxia y falta de sistematización, así como de la existencia en su seno de diversas facetas y grupos, el anarquismo siempre tuvo un conjunto consistente de ideas y proposiciones reconocibles por cualquiera que se considere libertario: libertad edificada en base a la igualdad, rechazo a dominar y ser dominado, desaparición del Estado y de la propiedad privada, antiparlamentarismo, acción directa, lucha de clases...
Lo que Colombo denuncia es que en algunos medios libertarios se han ido desdibujando esas premisas libertarias, tal vez como consecuencia del poderoso neoliberalismo, dando lugar a un anarquismo rebajado y aislado de la lucha social. Ese mismo calificativo de lucha implica que la tarea sobrepasa a cualquier individuo aislado, situación a la que nos ha conducido en gran medida el sistema neoliberal, pero en la que tal vez tengamos algo de culpa. La desesperanza sobre un mundo mejor, la sensación de que nuestra incidencia en el mundo sociopolítico es nula, y al mismo tiempo esa intolerable falta de valores hace también que nos repleguemos tantas veces hacia una esfera privada en la que queremos ver que se salvaguardan esos valores. Los artículos de Eduardo Colombo, que integran La voluntad del pueblo, ayudan a revitalizar el movimiento anarquista, pero recuperando como valiosamente intemporales sus proposiciones de siempre. Es una confianza en las ideas como motor para la acción transformadora, algo que se presupone en ese deseo de franquear los límites de un proyecto de la modernidad inconcluso (o, más bien, pervertido). La voluntad del pueblo. Democracia y anarquía fue editado en 2006 por Tupac Ediciones, dentro de la colección Utopía Libertaria.

[Imagen: 20180221134717-2a475f3e.gif]

Capi Vidal (http://reflexionesdesdeanarres.blogspot.com.es/)
saludos a todos los integrantes del foro, mi nombre es emilio y vivo en chile, espero poder formar parte del ambiente del foro y tener una buena relacion con sus integrantes, junto con aprender y pulir mi propio pensamiento, un gran saludo a todos los compañeros que viven la resistencia
[Imagen: trena.jpg]



Como es sabido, se llama anarquía a una concepción de la vida individual o colectiva en la que el Estado no existe, ni el gobierno ni, en una palabra, la autoridad. Los individualistas anarquistas son anarquistas que consideran la concepción anarquista de la vida bajo el punto de vista individual, es decir, basando toda realización anarquista en el "hecho individual", considerando a la unidad humana anarquista como la célula, el punto de partida, el núcleo de toda agrupación, medio o asociación anarquista.
Hay diferentes concepciones del individualismo anarquista, pero, al contrario de lo que corrientemente se piensa, ninguna se opone a la noción de "asociacionismo". Todas están de acuerdo, no en oponer el individuo a la asociación -lo que sería un contrasentido, ya que ello limitaría la potencia y las facultades del individuo-, sino en negar y rechazar la autoridad, luchar contra el ejercicio de la autoridad y resistir a todas sus formas.
Es necesario definir claramente lo que hay que entender por ejercicio de la autoridad, que es la forma 
concreta de la autoridad, el aspecto bajo el que se manifiesta la autoridad en cada uno de nosotros individualmente o asociados.
Existe "ejercicio de la autoridad" cuando un individuo, un grupo de hombres, un Estado, un gobierno, una administración cualquiera o sus representantes se sirven del poder que detentan para obligar a una unidad o colectividad humanas a realizar ciertos actos o gestos que les disgustan o que son contrarios a sus opiniones, o que incluso realizarían de otro modo si tuvieran la facultad de obrar según su propio criterio.
Existe ejercicio de autoridad cuando un individuo, grupo humano, Estado, gobierno o administración (o sus representantes) emplean el poder que detentan para prohibir a una unidad o colectividad humana actuar a su antojo, para imponerle restricciones, incluso cuando ese individuo o colectividad obren por su cuenta y riesgo, sin imponer sus deseos a nadie que esté al margen de ellos.
Una vez definida la situación respecto de la autoridad, los anarquistas individualistas pretenden resolver todas las cuestiones prácticas que surgen de la vida misma tratando de que se adopten soluciones según las que jamás la unidad humana se halle, obligatoriamente y contra ella, desposeída y sacrificada en provecho del conjunto social. El anarquismo individualista no es en manera alguna sinónimo de aislamiento, porque los anarquistas individualistas ni quieren el aislamiento, ni quieren la asociación forzosa.
Los individualistas anarquistas no se desarrollarán a sus anchas más que en un ambiente o ante una humanidad que considere la autonomía, la integridad, la inviolabilidad de la persona humana -de la unidad social, del individuo, hombre o mujer- como la base, la razón de ser y el fin de las relaciones entre los hombres, sin distinción de razas ni de nacionalidades.
Los individualistas reivindican para el individuo -hombre o mujer- a partir del momento en que puede determinar sus actos por sí mismo y sin ninguna restricción, el derecho de existir, de desarrollarse y de expresarse a su manera, ya sea por su temperamento, sus reflexiones, sus aspiraciones, su voluntad, su determinismo personal, y sin tener que dar cuenta de sus actos más que a sí mismo, a la vez que la absoluta y entera facultad de expresión, de profesión, de difusión, de publicación del pensamiento
-escrito o hablado- en público o en privado, así como la facultad completa de ensayo, de realización, de aplicación, en todos los terrenos, métodos, sistemas, modos de vida individual o colectiva, etc., a los que pueda dar lugar la materialización del pensamiento, la concreción de la opinión.
Todo esto, desde luego, con reciprocidad respecto del semejante, aislado o asociado, es lo que designan los anarquistas individualistas como expresión de libertad recíproca.
Si los individualistas anarquistas reivindican la plena y entera facultad para toda unidad humana de vivir aisladamente, al margen, fuera de toda agrupación, asociación o medio, con la misma energía reivindican la facultad de asociación voluntaria en todos los ámbitos en que pueda ejercerse e irradiar 
la actividad humana, sean cuales fueren las experiencias y los objetivos perseguidos; la plena y entera facultad de federarse para los individuos aislados, los convenios entre efectivos reducidos o las asociaciones, sea cual fuere su importancia.
Los individualistas anarquistas reivindican la facultad de aceptar toda clase de solidaridad, de hacer contratos en no importa cuál sea la rama de la actividad humana, su objetivo o su duración.
Se ve inmediatamente el abismo que separa la sociedad arquista -gubernamental, estatista y autoritaria- de la sociedad, de la asociación anarquista, antiautoritaria. La sociedad arquista obliga al hombre a integrarse en su seno, forzándole a soportar sus leyes, costumbres y usos, tradiciones que no permite sean discutidas o rechazadas. Los convenios, los estatutos, las directivas de la asociación individualista anarquista son voluntarios. El individuo es libre de integrarse o de permanecer al margen. Evidentemente, el aislado no puede participar de los beneficios de la asociación; pero bajo ningún concepto existirá ninguna autoridad, gobierno o Estado anarquista que obligue a nadie a ser miembro de una asociación dada.
Los anarquistas individualistas pasan por no ser revolucionarios. Es necesario aclarar esta aseveración: para que el individualismo anarquista se realice es indispensable que la mentalidad general y las costumbres estén a un nivel tal que impliquen o garanticen la impotencia o imposibilidad para toda individualidad, medio, administración, gobierno o Estado -sin reservas ni artificios-, para inmiscuirse, intervenir, usurpar la vida o las relaciones de las unidades humanas, entre ellas, el objetivo, la existencia, la evolución o el funcionamiento de los grupos, asociaciones de individualidades, federaciones de grupos o asociaciones. La realización de las reivindicaciones anarquistas es, pues, función de la transformación, de la evolución del medio humano en general en el sentido anarquista. Por eso es por lo que la propaganda individualista anarquista es más bien educativa y se sirve ante todo del ejemplo, interesándose antes que nada por formar individuos conscientes, realizadores aislados y asociados de las tesis individualistas anarquistas. Estos opinan que hay que partir de la unidad anarquista si se quiere determinar el ambiente en tal sentido. Es la unidad anarquista la que está llamada a representar, según ellos, el fermento determinante del ambiente.
Los individualistas anarquistas preconizan, en general, una forma de agitación que concuerda con todo lo que hemos expuesto y que llama preferentemente a la reflexión individual más que al adoctrinamiento irracional, y a la convicción profunda más que a la brutalidad. Los actos siguientes y de rebeldía son esencialmente anarquistas individualistas: huelgas de funciones atribuidas por la ley a los ciudadanos, negativa de participación en todo servicio público, abstención del pago de impuestos, rechazo a llevar armas y al servicio militar, abstención de concurrir a los actos civiles del Estado, evitar el envío de los hijos a las escuelas del Estado o de la Iglesia, y negarse a realizar cualquiera de las actividades relativas a la fabricación de aparatos de guerra o de objetos de culto oficial, a la construcción de bancos, iglesias, cárceles, cuarteles, etc. "Podemos hacernos una idea de la importancia capital que tiene para la propaganda cualquiera de estos hechos, sobre todo si, fuera de los muros carcelarios, que no podrán evitar los resistentes, hay multitud de militantes bien organizados" (Tucker). Es lo que se llama la resistencia pasiva. Pero los anarquistas individualistas son partidarios de la legítima defensa y no hacen de la resistencia pasiva un dogma intangible. No prescriben el uso de la violencia sin discernimiento, como una panacea o como un remedio, como algo absolutamente necesario. No obstante, hasta los más pacifistas de los individualistas anarquistas han reconocido que "si la efusión de sangre pudiese garantizar la libertad de actuación, sería necesario emplearla" (Tucker).
En resumen, para los individualistas anarquistas el empleo de la violencia revolucionaria es cuestión de táctica y no de doctrina. Opinan que la educación y el ejemplo conducirán más eficazmente a la humanidad hacia la liberación que la violencia revolucionaria.
Es frecuente atribuir a los individualistas anarquistas un supuesto respeto a la propiedad individual. En verdad, los anarquistas individualistas reivindican la libertad de disponer del producto obtenido por el trabajo directo del productor, producto que puede ser un trozo de hierro o una porción de terreno; producto que en ningún caso es el resultado de la explotación ajena, del parasitismo o del monopolio. La plena y entera disposición del trabajo y de sus productos (es decir, la plena y entera facultad de trocar dicho producto, de cambiarlo, de alienarlo e incluso de legarlo) va acompañada de la plena facultad de posesión del medio de producción que se hace valer ya sea individualmente o por asociación. Es comprensible que existan ciertas producciones que no pueden obtenerse sin una asociación sólidamente organizada. Lo esencial que hemos de tener presente es que gracias a la posesión personal de la herramienta o de la máquina o procedimiento de producción, la unidad productora, en caso de ruptura de contrato de asociación, no se halle jamás desprovista, entregada a la arbitrariedad o sometida a las condiciones de un medio social al que le repugnase pertenecer.
Los medios o métodos de realización de estas reivindicaciones difieren según las escuelas o las tendencias. Ciertos individualistas prefieren la idea de la moneda libre, es decir, de un valor de cambio emitido por el productor o la asociación de productores, que tenga curso solamente entre los que la adopten como medio de transacción. Otros no quieren oír hablar, bajo ningún concepto, de valores de cambio. Se puede ser individualista anarquista y participar, en la asociación a la que se pertenece, del comunismo libertario. A partir del momento en que una asociación se compone voluntariamente y funciona sin tener ninguna intención de imponer su funcionamiento o su organización a las demás asociaciones o individualidades aisladas, puede ser considerada como un aspecto del individualismo anarquista. No es individualista anarquista toda unidad o asociación que quiere imponer a un individuo o a una colectividad humana una concepción unilateral de la vida económica, intelectual, ética y otras: esta es la piedra de toque del individualismo anarquista.
En resumidas cuentas, el anarquismo individualista presenta:
a) Un ideal humano: el anarquista, la unidad humana que niega la autoridad y la explotación que es su corolario económico, el ser humano cuya vida consiste en una reacción continua contra un medio que no puede ni quiere comprenderle ni aprobarle, puesto que los integrantes de ese medio son esclavos de la ignorancia, de la apatía, de las tareas ancestrales y del respeto por las cosas establecidas.
b) Un ideal moral: el individuo consciente, en vías de emancipación, que tiende hacia la realización de un nuevo prototipo humano: el hombre sin dios ni dueño, sin fe ni ley, que no siente ninguna necesidad de reglamentos o de coacción exterior, puesto que posee bastante potencia de volición para determinar sus necesidades personales, para servirse de sus pasiones con el fin de desarrollarse más ampliamente, para multiplicar las experiencias de su vida y guardar su equilibrio individual.
c) Un ideal social: el ambiente anarquista, una sociedad en la que los hombres -aislados o asociados- determinarían su vida individual bajo los aspectos intelectuales, éticos, económicos, por un libre acuerdo consentido y aplicado, basado en la "reciprocidad", que tiene en cuenta la libertad de todos sin ponerle trabas a la libertad de nadie.
Es así como, mediante el libre acuerdo de la camaradería, sin esperar "la nueva humanidad", los individualistas, desde ahora, quieren realizar entre ellos su propio ideal.

Émile Armand 
(Encyclopédie Anarchiste) Émile Armand (1872-1962)

TIERRA Y LIBERTAD, MARZO DE 2005
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La Historia nos demuestra que los acontecimientos nunca suceden de manera casual; son consecuencia de una larga serie de circunstancias, de muy diversos tipos y orígenes, encadenadas entre sí.
Tanto el feminismo como el anarquismo tuvieron como antecedentes numerosas historias de desigualdades, injusticias y atropellos y su enclave histórico se sitúa en una sociedad decimonónica donde la burguesía, gestante de la revolución industrial y política, veía cómo la clase obrera se rebelaba cansada de soportar todas las cargas sin poder disfrutar de los privilegios. Pero hay ciertos aspectos que diferencian fundamentalmente la lucha de los trabajadores de la específicamente femenina. En la primera se da una conciencia de clase que no existe entre las mujeres, ya que ellas se sienten más unidas a los varones de su propio status que a sus compañeras de género pertenecientes a status diferentes. Asímismo, habría que añadir la escasa conciencia social femenina, consecuencia de muchos siglos de sumisión y tutelaje. Es cierto que hubo pensadores como Stuart Mill que se implicaron en la defensa de los derechos femeninos, pero ninguna revolución puede hacerse sin sus protagonistas. La mujer tenía que suprimir una mentalidad que la supeditaba al varón y aprender a valorarse y sentirse autosuficiente.
El sentido de confusión en que se han movido históricamente los vocablos feminismo y anarquismo, contribuye a que, tanto las personas defensoras como las detractoras de estos términos, descarguen sobre ellos golpes ciegos sin saber muchas veces qué defienden o qué combaten.
El feminismo primitivo, propulsor del derecho de la mujer a una participación política, ha dado paso a numerosas formas de feminismo que sería demasiado largo analizar. Algunas de ellas ven al hombre como un oponente a quien combatir a cualquier precio, pero no son esas las que interesan a las mujeres anarquistas, ya que éstas consideran al varón como un compañero que necesita ser concienciado, ya que se encuentra tan castrado por la sociedad patriarcal como la propia mujer.
Feminismo y anarquismo no son dos ideas contrapuestas, sino complementarias. Ambas aspiran a una sociedad formada por seres iguales, libres y responsables. El anarquismo lucha por la emancipación del individuo y, como tal, también por la mujer, pero ella sabe que sólo puede llevarse a cabo una revolución igualitaria si todos los individuos que participan en ella lo hacen en las mismas condiciones.
El problema de la emancipación femenina no surge de la diferenciación genética entre hombre y mujer, ya que las desigualdades biológicas que separan a ambos son muy escasas. La falta de entendimiento entre los dos géneros que forman la Humanidad se genera en un ejercicio de poder.
La subordinación de la mujer al hombre no se ha debido nunca a cuestiones de tipo biológico, sino ideológico y económico.
Salvo en casos excepcionales, debido a situaciones de privilegio, la mujer no tuvo conciencia de su opresión como género hasta finales del siglo XVIII. En 1791, la Revolución Francesa asumió en parte las inquietudes femeninas con la publicación de "Los derechos de la mujer y la ciudadana", que redactó Olimpia de Gouges basándose en la Declaración de los Derechos del Hombre. Casi simultáneamente, Mary Wollstonecraft, seguidora ideológica de Saint-Simon y Fourier, publicaba en Gran Bretaña "Vindicación de los derechos de la mujer" y provocaba una catarsis en una sociedad donde los derechos femeninos eran inexistentes y las normas legales sometían a la mujer a una total obediencia y dependencia del varón. Éste debía ser ciegamente obedecido por las mujeres de su familia, era quien fijaba el domicilio conyugal, quien debía autorizar la compra o venta de cualquier bien y quien se quedaba con todo el patrimonio en caso de separación o abandono.
No obstante, debido a la indiferencia social, las corrientes de opinión favorables a la emancipación femenina no tomaron cuerpo hasta mediados del siglo XIX. Mujeres como Flora Tristán, E. Cady Stone o Lucrecia Mott sembraron las primeras semillas de rebeldía. Numerosos grupos femeninos se organizaron en Francia, EE UU y Gran Bretaña, y salieron a la calle solicitando su derecho al voto como elemento de presión política para conseguir ciertas mejoras. Incluso hubo inmolaciones a favor de la causa, como el suicidio de Emily Davison que se arrojó a los pies de los caballos que corrían el Derby de Epson.
Así comenzó un imparable movimiento sufragista que sería el germen del feminismo. Millicent G. Fawcett fundó en Gran Bretaña una asociación que, tras cincuenta años de lucha consiguió, en 1918, una ley aceptando el voto de las mujeres mayores de 30 años. Asímismo, Emmeline G. Pankhurst fundó en Londres, en 1903, la Unión Femenina Social y Política y Brunschwing, en 1909, fue la creadora de la Unión Francesa para el Voto de las Mujeres.
En Alemania, hasta 1908, se consideraba a la mujer sólo apta para "el hogar, los niños y la iglesia" y en Gran Bretaña, universidades tan prestigiosas como Oxford o Cambridge, siguieron manteniendo cerradas sus puertas a la mujer. Ni la burguesía ni el proletariado facilitaban la incorporación social del mundo femenino. Pese a todo, una nación tras otra fue reconociendo el derecho de las mujeres al voto, con excepción, entre otras, de Francia y Suiza. Pero como pudo comprobarse muy pronto, el voto no había dado a la mujer su libertad y, tras un corto letargo, el feminismo surgió de nuevo con otras reivindicaciones y metas diferentes.
Paralelo al despertar de la conciencia femenina en el siglo XIX, estaba tomando cuerpo el anarquismo. William Godwin (1756-1836) atacaba la propiedad privada y acusaba al Estado de basar su existencia en la fuerza y en la opresión del individuo, y posteriormente Proudhon (1809-1865), que también condenaba la propiedad privada, rechazaba la actividad política y defendía un sistema social en el cual la libertad no surgiría de un orden, sino que sería el origen del mismo.
El anarquismo nunca hizo diferenciación de géneros, pero sus ideólogos, resultado de la época que les tocó vivir, ignoraron por completo a la mujer.
Fue la Revolución Industrial, con la incorporación de millones de mujeres al trabajo asalariado, que sirvió como revulsivo a una situación en exceso injusta; aunque bien es verdad que el cambio se inició muy lenta y paulatinamente. La sociedad burguesa admitió a la mujer en el mundo laboral, pero considerándola un individuo de segunda clase. Trabajadora poco cualificada y por tanto mano de obra barata, era fácilmente manipulable debido a unos rígidos principios religiosos y morales y estaba llena de miedos y prejuicios.
La inhumana situación que empezaron a soportar las mujeres en las fábricas situó la reivindicación de la emancipación femenina en el centro de una lucha social y política. Se produjo así una alianza histórica, la del feminismo con los movimientos obreros.
A pesar de todo lo dicho anteriormente, la mujer obrera, sin acceso a la cultura, sin derechos legales y con muy baja autoestima debido a su secular sometimiento al varón, no se encontraba capacitada para iniciar su propia revolución.
Debemos observar cómo las primeras mujeres sufragistas no sólo surgieron de la burguesía, lo que les permitía tener una saneada economía, sino que estuvieron unidas a hombres con inquietudes sociales. Podemos mencionar, entre otros muchos ejemplos, a Mary Wollstonecraft, que estaba casada con el ya mencionado William Godwin, considerado por muchas personas como el primer teórico anarquista y a Millicent Fawcett , esposa de Henry Fawcett, discípulo de los economistas Smith y Stuart Mill, profesor de economía política en Cambridge y ministro de Correos británico en 1880.
Como podemos deducir del anterior análisis, los movimientos feministas tienen una raíz burguesa y sufragista. Pretendían conseguir la igualdad de los géneros tomando como base la posición del varón en la sociedad; es decir, no buscaban una transformación social, sino la participación de la mujer en los privilegios, el poder y los estamentos jerárquicos que hasta entonces eran exclusivamente masculinos. Por esto, las mujeres anarquistas nunca se consideraron feministas e incluso llegaron a ridiculizar a quienes eran consideradas como tales. Se automarginaron y a la vez fueron marginadas por el feminismo. Sin embargo, todas ellas desencadenaron una lucha férrea contra la sociedad patriarcal y dejaron patente su voluntad de enfrentarse tanto al Estado que las alienaba en cuanto personas, como al patriarcado que les impedía su liberación como mujeres. Sin ellas mismas saberlo estaban actuando como verdaderas feministas, puesto que se desvinculaban de la lucha masculina en cuanto género.
Mientras en el resto de Europa los movimientos feministas surgieron de la concienciación de las mujeres, en España eran los intelectuales quienes se preocupaban del feminismo. La falta de un desarrollo industrial, la falta de una clase media fuerte y numerosa y la inestabilidad política que dominó España hasta 1975, frenaron los avances educativos de la mujer y la imposibilitaron para tomar conciencia de su situación. El siglo XX comenzó con una población analfabeta del 63,7 por cien, sólo algo inferior a la de Portugal que estaba en el 79,1 por cien y Bulgaria que se encontraba en el 80 por cien.
Sólo dos mujeres, María Egipcíaca Demaner y Gongoreda y Josefa Amar y Borbón, se interesaron por el tema de la instrucción femenina en el siglo XVIII y lo hicieron de una manera elitista, en la que dinero e inteligencia se identificaban y la mujer del pueblo era valorada solamente como elemento productivo.
No podemos hablar de movimientos feministas hasta el siglo XX, aunque sí de feminismo, ya que aparecieron corrientes que luchaban por la emancipación de la mujer, no organizadas, en torno a Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal o Cecilia Böll de Faber (Fernán Caballero), traductoras de numerosas obras de feministas francesas y británicas.
Como precursora de los movimientos feministas aparece en Cataluña en 1871 la Asociación para la Enseñanza de la Mujer. En ese mismo año, Teresa Claramunt organizó un sindicato para trabajadoras del textil y en 1903 Belén Segarra fundó la Federación de Mujeres Malagueñas.
Teresa Mañé, conocida en los medios libertarios como Soledad Gustavo, fue una de las grandes feministas de principios de siglo pese a no haber utilizado nunca ese apelativo. Junto con su compañero, Juan Montseny (escritor anarquista conocido con el pseudónimo de Federico Urales) fue editora de La Revista Blanca, publicación que llegó a dirigir mientras Urales se veía obligado a un exilio interior por orden gubernamental.
En 1888, la Ley de Asociaciones dio paso a la formación del sindicato UGT, que agrupó a los trabajadores, casi de manera exclusiva, hasta la aparición del anarcosindicalismo con la CNT, que alcanzaría su máximo esplendor en 1931.
La CNT se preocupó de atraer a la mujer española a su militancia, de resolver sus problemas laborales y de lograr su plena integración social.
En 1910 se fundó en Barcelona la Biblioteca Popular per la Dona y ese mismo año tuvo lugar el Congreso fundacional de la Confederación Nacional del Trabajo. En él se reconoció oficialmente la necesidad del empleo femenino como base para la consecución de la independencia de la mujer mediante un salario que, en todo momento, debía ser equiparable al del hombre. No obstante, acostumbrado el varón a tutelar a la mujer como si de una menor de edad se tratase, debemos señalar que le costaba mucho poner en práctica lo que defendía de manera teórica.
Al tratarse de un sindicato con planteamientos anarquistas, la CNT no apoyó ni participó en ningún momento en las aspiraciones de los denominados movimientos feministas. Partidaria de la acción directa, su lucha no se encaminó a la consecución del voto, sino a la consecución de igualdades laborales y salariales para los dos géneros.
A pesar de todo, el número de trabajadoras continuaba siendo minoritario. En 1921, con el desastre de Annual, muchos combatientes prefirieron morir en inmundos barracones acondionados como hospitales sin ninguna ayuda médica, antes que ser curados por manos femeninas. A esa descalificación femenina en los comienzos del siglo XX, se debe en parte el subdesarrollo de España en años posteriores.
En 1920 se creó en Valencia la Sociedad Concepción Arenal y en 1922, Margarita Nelken publicó "La condición social de la mujer" que contribuyó a la concienciación de buena parte de la sociedad femenina.
En 1928 se fundó la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, de tendencia izquierdista. Dos años después, Hildegart Rodríguez publicó "Al servicio de la Nueva Generación" y un año más tarde, otra obra que despertó una encendida polémica en todo el país, "Educación sexual".
Pero no fue hasta 1936 cuando anarquismo y feminismo unidos tomaron cuerpo en una organización que sirvió de revulsivo social. En ese mismo año se fundó la Agrupación Mujeres Libres, formada por mujeres militantes de la CNT, conscientes de que una revolución de mujeres sólo podría ser realizada por mujeres.
Mujeres Libres, propiciada por Lucía Sánchez Saornil, Mercedes Comaposada y Amparo Poch, llegó a contar con 119 agrupaciones, de las cuales 22 estaban en Madrid y 6 en Barcelona. El resto se dispersaban por Bélgica, Checoslovaquia, Francia, Holanda, Inglaterra, Polonia, Suecia, Argentina, EE UU etc.
Por mucho que se escriba sobre Mujeres Libres y por muchos homenajes que se le tribute, nunca se podrá hacer justicia.
Quisieron ser una rama más del Movimiento Libertario, lo mismo que la CNT, la FAI o JJ LL, lucharon por su emancipación de la triple esclavitud, de género, cultural y laboral. Deseaban estar en la vanguardia de la Revolución Social que preconizaba el anarquismo, y crear una conciencia solidaria entre hombres y mujeres para convivir sin ningún tipo de exclusiones y asumiendo una obra común.
Aquellas mujeres tenían muy claro algo que actualmente defendemos otras muchas que nos consideramos anarquistas. El cambio social no supondrá la terminación feliz de todas las marginaciones femeninas. El Estado extiende los tentáculos de su poder sobre tres pilares sociales fundamentales: el mundo laboral, el familiar y el educativo. Para esto necesita ejercer su fuerza sobre la mujer pero, como hay muchas facetas de la cotidianidad que se le escapan, ha buscado el apoyo del hombre convirtiéndolo en su cómplice. Éste es manipulado para que ejerza por delegación su fuerza sobre la mujer.
¿Por qué el hombre se presta a este juego? Sencillamente, porque el rol en que ha sido educado (y aquí las mujeres, como primeras educadoras, tendrían que iniciar su "mea culpa"), le permite identificarse con el poder. Cualquier varón, aun el más oprimido y ansioso de libertad, ve en el poder una tentación y un objetivo a alcanzar. Sin embargo, la mujer (y aquí no caben las excepciones que todos conocemos) acostumbrada a padecer el poder sobre su cabeza, lo analiza desde la realidad de su vivencia cotidiana y puede verlo con la cotidianidad que da la lejanía. Ella sabe por experiencia que el poder en sí mismo supone la castración, la negación de la libertad.
El tipo de relación que la mujer se ve obligada a mantener con su entorno, es decir, los roles de esposa y madre que la sociedad patriarcal ha establecido para ella, hace que asuma los valores ideológicos dominantes a través de la educación, entendida como tal no sólo la escolarización, sino la socialización global.
Es verdad que la mujer está accediendo cada vez más al mundo de la cultura, que ha entrado masivamente, no sólo en la enseñanza media, sino también en la universitaria, pero también es verdad que, empeñada en que siga conservando sus roles, la sociedad patriarcal la ha encaminado mayoritariamente hacia disciplinas consideradas humanísticas, en tanto que a los varones les ha incitado a las técnicas. Esto ha ocasionado que las humanidades estén devaluadas y que nos encaminemos hacia una enseñanza cada vez más técnica y práctica.
La preparación intelectual que el poder concede a la mujer, intenta situarla en un segundo plano y sirve como pretexto para impedir su avance social. Su incorporación tiene así un carácter subsidiario, es decir, cuando el hombre no puede trabajar, los ingresos masculinos son escasos o la mujer no tiene pareja que la apoye económicamente.
Sin embargo, la actual esclavitud de la mujer tiene unas connotaciones muy particulares. En cualquier caso de opresión, la lucha termina con la liberación del individuo subyugado. Sin embargo, en el caso de la liberación femenina, no ocurre así. Ella no desea romper los lazos que la unen a su opresor. Por este motivo, la mujer que debe liberarse del varón ha de enseñar a éste a liberarse de sí mismo. La liberación de la mujer no se agotará, por tanto, en sí misma, sino que tendrá que extrapolarse al varón si quiere ser eficaz. Y este es uno de los más importantes retos que tendrá que asumir.
Es posible que, sin ella misma percibirlo, la mujer actual esté poniendo los cimientos de una sociedad nueva, pero el verdadero cambio tiene que realizarse en su interior para continuar después en el interior del hombre.
Sólo cuando él aprenda a resistir la tentación del poder, cuando aprenda a contemplarlo con una mirada más objetiva y libre que le permite su actual implicación, lograremos los dos géneos unidos nuestros objetivos, que no son contrapuestos, sino convergentes.
Tal vez algún día, el varón se decida a no ejercer ninguna clase de poder sobre la mujer y no coarte su libertad, ya que ningún género puede ser realmente libre si no lo es el otro. Y porque la sociedad libre, justa e igualitaria con que todos y todas los que aspiramos al anarquismo soñamos, no podrá conseguirse jamás si la mitad de la humanidad permanece en silencio subyugada por la otra mitad.
Hoy hacen exactamente 100 años del infame tratado de Brest-Litovsk y no podemos dejar pasar la ocasión para recordarlo.
Eran los primeros meses de 1918. En Rusia, contra lo que había vaticinado Marx, había estallado la revolución en febrero y triunfado en octubre de 1917.
Ciertamente la situación en Rusia no era precisamente la mejor: desde 1914 Rusia vivía una situación de guerra que ciertamente no tenía nada contento al pueblo ruso ante una guerra que no tenía más efecto que la muerte en masa de jóvenes rusos.
El clima desde antes de la caída del Zar Nicolás había sido de rechazo de una buena parte del pueblo a la guerra, cuyo fin tenía como una de sus principales exigencias.
En 1917, desde febrero hasta octubre, la revolución rusa incrementaba en fuerzas derrotando en octubre de manera definitiva toda oposición a la revolución. El partido bolchevique subió al poder no sin fuertes reclamos de los anarquistas y otros sectores del movimiento social. En febrero de 1918 los alemanes arreciaron en la ofensiva contra Rusia (las negociaciones de paz iniciadas en diciembre de 1917 se dieron por finalizadas ante la negativa a rendirse de los bolcheviques), y fue entonces que el gobierno bolchevique discutió la posibilidad de firmar la paz con los generales alemanes.
Lenin y los bolcheviques prometieron desde los inicios de la revolución rusa dar por terminada la guerra.
Sabían que esta era una aspiración muy sentida por el pueblo y utilizaron estas ansias de paz para ganarse la simpatía del pueblo.
La guerra, sin embargo y en el complicado contexto de la revolución de octubre de 1917, no era solamente la que se sostenía contra Alemania desde 1914 y que se agudizó con fuertes ataques alemanes contra la Rusia revolucionaria en febrero de 1918.
Era también la guerra civil interna que se libraba ante la contrarrevolución que se iniciaba contra los ejércitos de Wrangel, Denikin (rusos), Petliura (ucraniano), etc., y ante este panorama Lenin y su partido sacrificaron al pueblo no solamente con reclutamientos forzados de la juventud rusa, sino también por medio del hambre más terrible agudizada por el llamado Comunismo de guerra.
Finalmente, la guerra al exterior con los alemanes, pues, fue firmada de manera formal, pero siguió existiendo al interior de Rusia, ya que en las provincias cedidas por los Bolcheviques a los alemanes en el Tratado de Brest-Litovsk como vamos a ver más adelante, hubo fuerte resistencia a la ocupación alemana.
Esto les valió bastantes críticas, pues si bien como hemos dicho antes el fin de la guerra era algo pedido con insistencia por el pueblo ruso, no era la firma de paz con los alemanes la forma en la que se concebía el fin de la guerra, pues más que paz se consideraba por el pueblo ruso, los Socialistas Revolucionarios de Izquierda, los anarquistas e incluso por algunos del partido bolchevique como una traición humillante a la revolución.
Se pensaba, y no sin razones, que era posible vencer a los alemanes. Atraerlos hacia el centro de Rusia, alejarlos de sus bases de abastecimiento por la enorme extensión que tiene Rusia y que, sumado esto al frío del país minarían las fuerzas de los alemanes y se podría vencerlos muy fácilmente.
¿Porqué no se hizo esto?
La experiencia demuestra que la propuesta de continuar la guerra contra los alemanes y vencerlos no era del todo descabellada: durante la segunda guerra mundial cuando Alemania atacó a Rusia les fue posible llegar muy cerca de Stalingrado (Volgogrado) debido a la sorpresa con que se hizo el ataque y que Stalin, amparado en el Tratado de no agresión firmado en 1938 con los nazis, pensaba como imposible una traición de sus aliados del momento.
Los alemanes se acercaron a Stalingrado, pero el abastecimiento de sus frentes se hizo complicado y el frío dejó a cientos de soldados alemanes congelados antes de llegar a conquistar su objetivo.
¿Será que las condiciones en las que Lenin llegó a Rusia hayan sido una de las condiciones por las cuales se dio por terminada la guerra y cedido grandes provincias al enemigo?
Veamos cómo sucedió esto:
En el plano internacional Alemania ampliaba sus dominios hacia el sureste de Europa, y el llamado Imperio Austro-Húngaro se expandía cada vez más.

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Al oeste Alemania batallaba en su empeño por atacar a Francia (luego de cierta resistencia de Bélgica y final vencimiento de esta para continuar el ataque a Alemania por esa frontera), y desde el Este mantenía otro frente de batalla con Rusia.

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En este contexto, y con una incógnita que no se puede resolver más que declarando que Lenin, más que tolerado fue apoyado por los generales prefascistas (1) de Alemania, cruza Vladimir desde Suiza por en medio de Alemania, luego a Suecia, Finlandia y finalmente Moscú.

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Una Alemania rabiosamente anticomunista dio el paso libre a Lenin para que se trasladara a Rusia a hacer posible el alto a la guerra con Alemania. Lenin llegaría a Rusia en abril de 1917, dos meses después de los acontecimientos de febrero, con lo que cosecha el trabajo realizado por muchas organizaciones a las que él no pertenecía, llegando con la gloria de la revolución rusa, que él no hizo, a los acontecimientos de octubre.
Más allá de este acto de tolerancia del prefascismo alemán a Lenin importa visualizar el asunto del alto a la guerra desde el punto de vista estratégico-militar que supo impulsar y realizar Alemania.
La guerra en Rusia, como hemos dicho, era algo a lo que el pueblo deseaba poner fin cuanto antes, y apenas llegado Lenin a Rusia realiza una serie de exposiciones y actos en los que aparte del llamado a la revolución que liquidaría los últimos vestigios del zarismo en octubre, llama también a finalizar la guerra.
Una vez firmado el Tratado una parte del pueblo ruso tenía por fin satisfechas sus exigencias de dar por acabada la guerra aunque de una manera que no deseaba y con las consecuencias funestas que trajo la firma del Tratado, como veremos más adelante, pero el prefascismo alemán se veía absolutamente beneficiado teniendo un costado de la guerra que libraba totalmente descubierto, con lo que sus fuerzas tenían la posibilidad de retomar aliento y concentrar todas sus fuerzas en el ataque por el lado oeste con Francia.
 
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Rusia y Lenin, de esta manera, dieron un aire de refresco al prefascismo alemán.
Pero más allá de esta ayuda, voluntaria (por el paso de Lenin en medio de Alemania) o involuntaria (el pueblo ruso exigía también poner fin a la guerra aunque no en las condiciones que se dio), el final de la guerra no fue un pacto de tú a tú con los alemanes: estos trataron a la “patria del proletariado” como verdaderos caciques, exigiendo una rendición total por parte de Rusia y además obtener las provincias de Finlandia, Polonia, Estonia, Livonia, Curlandia, Lituania, Ucrania y Besarabia, además de Ardahan, Kars y Batumi al Imperio otomano.

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Trotsky fue quien se encargó de capitular de manera total y absoluta en todo lo que se le pedía, y el pacto se firmó con el Tratado de Brest-Litovks de la ciudad Bielorrusa el 3 de marzo de 1918, hace exactamente 100 años.
La oposición a la firma de paz en condiciones tan humillantes no era algo exclusivo de los anarquistas como ya hemos indicado: hubo oposición en los anarquistas, en los Socialistas Revolucionarios de Izquierda, en las masas populares e incluso en las propias filas del bolchevismo. Lenin se aferró a la firma del Tratado de paz de una manera fanática, amenazando incluso a su propio partido con dimitir si se le exigía no firmar la paz con Alemania.
Esta actitud no fue confrontada por los bolcheviques que, aun cuando no compartían su punto de vista, eran sumisos ante su mesías y aceptaron complacer al jefe para no perder su dirigencia. Una muestra de la disidencia del bolchevismo a la actitud de Lenin se puede leer en Pravda Nº. 31, de febrero de 2018, pero al final se aceptó seguir a Lenin en su empecinamiento por firmar el Tratado.
Lenin podía ser de todo, menos tonto. Sabía perfectamente que las condiciones climáticas de Rusia eran un arma poderosa y que podían ser aprovechadas contra los alemanes (la rapidez del ataque contra Kronstadt en 1921 antes de que se descongelara el hielo y Kronstadt fuera inatacable, hace ver que sabía la importancia del clima ruso).
Su empecinamiento en firmar la paz con los alemanes cuando se les podía combatir y derrotar y que además existía una oposición a firmar en el pueblo, en las organizaciones no bolcheviques y hasta en ciertas fracciones bolcheviques ¿se debe a corresponder el favor a los alemanes por permitirle dejarle pasar de Suiza a Rusia, a un compromiso contraído con el prefascismo alemán? La incógnita quedará siempre en el aire, pero su paso por Alemania y su empecinamiento en firmar el Tratado de Brest-Litovsk darán siempre mucho de qué hablar.
Llama poderosamente la atención el hecho de que en las provincias cedidas a los alemanes el movimiento socialista y anarquista era de mucho interés, tal cual había sido la importante actividad anarquista antes de la revolución rusa en Bialystok y en Krinki (Polonia).
Lenin y Trotsky sacrificaron así a miles de revolucionarios a las masacres de los alemanes.
Este Tratado cedía, entre otras provincias, a Ucrania, tierra del célebre anarquista Néstor Makhno, en donde ante la ocupación de las tropas alemanas los revolucionarios tuvieron que ocultarse para, posteriormente y por inspiración de Makhno, agruparse en el célebre Ejército Insurreccional Makhnovista.
Los alemanes que ocupaban las tierras de Ucrania fueron combatidos por los anarquistas Makhnovistas como bien se sabe.
Los bolcheviques alegan que la firma del Tratado de Brest-Litovsk se realizó para obtener tiempo y preparar las fuerzas revolucionarias y al ejército rojo por la actividad contrarrevolucionaria.
El argumento es sumamente absurdo, porque posteriormente al tratado se dieron varios ataques a Rusia planeados por contrarrevolucionarios desde Finlandia y Ucrania. La guerra que habían tratado de dar por terminada con la ignominiosa firma del Tratado de Brest-Litovsk no se finiquitó y los contrarrevolucionarios siguieron intentando dar por terminada la revolución en Rusia y lo que es además significativo: a pesar de la entrega de las provincias mencionadas a los bolcheviques la resistencia al enemigo alemán continuó existiendo. En otras palabras, ni hubo paz en las provincias cedidas a los alemanes ni tampoco al interior de Rusia por la contrarrevolución.
La estrategia militar de Alemania era bien clara: permitir el paso de Lenin a Rusia para que éste sacara a Rusia de la guerra, dando a Alemania un flanco de alivio para preparar sus tropas y lanzarlas con más efectividad contra Francia; firmada la paz en el Tratado de Brest-Litovsk y aparte de ganar una extensa región rusa, preparar futuros ataques a Rusia.
De esta manera la revolución rusa sería anulada totalmente. Si se lograba el plan de Alemania el zarismo habría caído, pero la revolución rusa también, y con ello se daría paso a una democracia burguesa que hiciera que la revolución no estuviera en la frontera con Alemania donde, recordemos, estallaba un intento movimiento de inspiración socialista en noviembre de 1918, ocho meses después de firmado el Tratado de Brest-Litovsk.
Erich Ludendorff, el general que facilitó el traslado de Lenin dijo sobre este: “Lenin combatirá a los patriotas rusos, después lo estrangularé a él y a los bolcheviques”
¡Nada más esclarecedor sobre la táctica alemana! Táctica que, sin embargo, no fue un triunfo pese a la firma del Tratado.
Rusia había cedido provincias donde la ocupación alemana no resultaba fácil y la resistencia continuaba como he indicado antes; resistencia en la que absolutamente nada tenían que ver los bolcheviques. Sin embargo, Rusia no fue dominada por los alemanes como pensaba Lundendorff.
Si no sucedió tal cosa fue porque, entre otras cosas y paradójicamente, Makhno y sus fuerzas detuvieron varias veces la contrarrevolución… aunque como es bien sabido los bolcheviques traicionaran a los anarquistas y se aprovecharan de ellos para después liquidarlosa traición.
La guerra civil fue la mayor prueba de que la paz no se obtuvo con la firma del Tratado, y el llamado Comunismo de guerra fue además el aumento de la represión hacia el pueblo ruso que, saliendo del despotismo zarista tuvo que soportar el despotismo bolchevique.
El Tratado de Brest-Litovsk no significó en los hechos más que la entrega de varias provincias al despotismo alemán y una humillación a la revolución rusa, una traición a sus principios revolucionarios que Lenin, Trotsky y compañía pisotearon para complacer a los generales alemanes.
Pero resulta todavía más claro el panorama sobre el marxismo ruso cuando se ve que mientras en la firma del Tratado los bolcheviques agacharon los cuernos, débiles, sumisos y cobardes, un mes después, el 11 de abril de 1918, atacan 26 centros anarquistas de la capital y la llamada Casa de la anarquía, asesinando unos 40 anarquistas, no sin la resistencia de estos que mataron a 12 Tchekistas.
Trotsky, a quien Lenin encargó la firma del Tratado, fue quien se encargó de esta operación que era la primera ofensiva seria del bolchevismo a la revolución rusa y a los anarquistas en especial, además de también realizar el ataque a Kronstadt en 1921.
¿Cómo se entiende que supuestamente se firmara el Tratado para tener tiempo de organizar el ejército rojo, pero que al mismo tiempo se atacara cobardemente a los anarquistas?
¿Cómo se entiende que el Tratado se hiciera supuestamente para detener el conflicto con los alemanes y que al mismo tiempo se continuaran los combates contra los alemanes en las provincias de Rusia cedidas en el Tratado?
¿Cómo se entiende que se diga que el Tratado permitía tener paz al pueblo, cuando el Comunismo de guerra traía hambre, el gobierno bolchevique represión, encarcelamientos y asesinatos de revolucionarios que no deseaban la paz de los cementerios de los bolcheviques?
El Tratado de Brest-Litovsk no significó sino una traición a la revolución rusa de parte de los bolcheviques. La primera vez, después de la designación de los Comisarios del pueblo, con el que tampoco estuvieron de acuerdo los anarquistas porque ello significaba la creación de un Estado en manos de los Bolcheviques, cosa peligrosa que advirtieron siempre; la primera vez, decimos, en que el bolchevismo pasaba por encima de la voluntad del pueblo. La primera, pero no la última, pues los miles de asesinados, encarcelados y deportados a Siberia son la prueba patente de ello.
A 100 años de esta traición, no podemos dejar pasar el momento para recordarlo, afirmando el lema de los marinos de Kronstadt asesinados en 1921: ¡Abajo la comisariocracia!

Erick Benítez Martínez. 3 de marzo de 2018

Notas: 

1.- Llamaré prefascistas a los alemanes de esta época porque, si bien no había estallado el movimiento fascista, los carácter absorbentes de los dictadores alemanes y la brutalidad desatada hacia las poblaciones conquistadas permite ver lo que vendría años después con la Alemania de Hitler, de lo que ellos eran los precursores
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Programa de actividades de la Novena feria del libro y publicaciones anarquistas organizada por la FAM-IFA:


Sábado 3 de marzo
10:30 a 11:30. Instalación
11:30 a 12. Inauguración
12 a 13. Libro – Disco Fernando Bárcenas. Por Ediciones Antagonismo
13 a 13:50. Presentación de Cuentos “PLM - Cuando la dignidad y el coraje se hacen cuentos”. Por editorial Tierra y Libertad y Arturo López Jiménez de sección 22
13:50 a 14:40.  Presentación de ediciones recientes de la cooperativa Rebozo. Por  Rebozo
14:40 a 15:30. Presentación del proyecto de medio de comunicación independiente Rebelando la información. Por radio rebelando la información, medios
15:30 a 16:30. Presentación Libro Anarquía 36 artículos revolucionarios de Manuel Gonzales Prada. Por Editorial IIITS
16:30 a 1730. Anarquistas de Melchor Ocampo “Un capítulo de la historia del anarquismo en México”. Por Archivo la casa del Ahuizote y la comisión del centenario del municipio de Melchor Ocampo
17:30 a 18:30. 100 años del Tratado de Brest-Litovsk. Por Erick Benítez Martínez
18:30 a 19:30. Conversatorio: A 50 años del 68. Contra el olvido y por la emancipación: Con Alfonso Gonzales, quien estuvo en los orígenes del autogobierno de arquitectura UNAM en 1966-68 con la charla “los anarquistas en México del 68”
19:30 a 21. Sonidero bombita
Domingo 4 de marzo
 
12:00: Inicio de venta de material
14:00: Presentación del libro "Antes muerto" (novela que retoma aspectos de la vida de Emma Goldman). Por el autor Alain Dervez (precio especial por presentación de libro).
15:00: Poesía feminista. Colectivo Hilanderas
16:00: Clausura
 
Invita: Federación Anarquista de México-IFA
Participan: La Voz de la Anarquía / REDEZ / Rebozo / Antagonismo / Editorial Tinta Negra / Tiempo Animal / Marea Negra / Editorial IIITS / Libros Silvestres / Fanzines feministas / Editorial Tierra y Libertad (Oaxaca) / Archivo la casa del Ahuizote/Medias de luna/Editorial Banderas Negras