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Librado Rivera por James Cockcroft (extracto)
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[Imagen: Librado_Rivera_old.jpg]
Librado Rivera
Librado Rivera (1864-1932), a excepción de su estrecha asociación con Ricardo Flores Magón, es muy poco mencionado entre los precursores. Rivera mismo inducía a tal olvido por su actitud reservada y austera. Su gran reticencia, reflejada en su ponerse a leer libros incluso en salas llenas de gente o en celdas de la prisión, le ganó el sobrenombre de “el Fakir”, por su poder de concentración. Sin embargo, Librado Rivera fue un completo luchador revolucionario que en ocasiones editó el semanario Regeneración del PLM solo, sin ayuda, y que siempre estuvo en primera fila en el movimiento del PLM.
Hijo de un esforzado pequeño propietario de la municipalidad de Rayón, no lejos de Cárdenas y Río Verde, importantes puntos ferrocarrileros y agrícolas del centro de San Luis Potosí, creció a la sombra de las grandes haciendas del estado. Pudo no haber dejado su hogar rural, por sus estrechos lazos familiares y la lucha feroz por la tierra, de no haber sido por la inspiración del profesor Jesús Sáenz, quien enseñaba al aire libre en “La Estancita”, propiedad de Pablo Verástegui, hacendado de la región. Después de las clases de Sáenz caminaba con el taciturno y libresco muchacho campesino y lo llenaba de ideas acerca de Juárez, el liberalismo, la reforma social y la pobreza del campesinado.
Despertado intelectualmente, Rivera terminó su instrucción en la escuela municipal de Rayón, de la que Luis Barragán era director. Las inclinaciones intelectuales de Rivera atrajeron el interés del propietario Verástegui, quien obtuvo para él una beca del gobierno estatal para estudiar en la Escuela Normal de Maestros en San Luis Potosí. Esto fue el principio de una carrera que alejó al joven del duro trabajo campirano.
En 1888, Librado Rivera se graduó de la Escuela Normal con honores.  De 1888 a 1892, enseñó y dirigió la Escuela “El Montecillo”, de San Luis Potosí. En 1890 se casó con Concepción Arredondo. En 1895, Rivera regresó a la Escuela Normal, en donde enseñó historia y geografía como profesor de tiempo completo y. al mismo tiempo fue preceptor de los hijos de familias ricas de San Luis Potosí incluyendo a los del jefe político y los del gobernador del estado. Su presencia en los hogares de la aristocracia proporcionó a Rivera una oportunidad de comparar la riqueza y la comodidad de los ricos citadinos con la pobreza y el trabajo de los pequeños propietarios y trabajadores del campo. Poco a poco alcanzó el nivel máximo de su profesión, llegando a ser director de la Escuela Normal. Tan respetable posición social como educador de la comunidad, sin embrago, sólo exaltó su influencia como agitador de salón de clases y como rebelde social. Entre aquellos estudiantes que fueron afectados por su tutelaje en la Escuela Normal estaba Antonio I. Villarreal, con el que más tarde ayudó a organizar y dirigir el PLM desde su exilio en los Estados Unidos.
Cuando Rivera respondió al llamado de Arriaga y asistió al Primer Congreso Liberal en San Luis Potosí, en febrero de 1901, lo hizo como intelectual de la clase media que, en su calidad de director de la Escuela Normal de San Luis Potosí, había alcanzado ya la más alta posición a que pudiera aspirar en su carrera. Como para Díaz Soto y Gama, su avance social estaba obstaculizado. Aun cuando no había sufrido el grado de frustración social o de declinación económica como la que había afectado a Arriaga, Juan Sarabia y a Díaz Soto y Gama, Rivera se daba perfecta cuenta de que ese avance le había sido dado a un brillante muchacho campesino como él gracias a la atención paternalista de los ricos propietarios del estado y de los grandes jefes políticos. En los círculos internos del poder político de San Luis Potosí, a los cuales Rivera había logrado asomarse por su posición como preceptor familiar, la vida continuaba en el mismo espíritu de status y rango jerárquicos que habían observado en las haciendas de Rayón.
Otros profesores podían haber quedado contentos con la posición que Rivera había obtenido. No hay en verdad una necesaria relación causal entre un obstaculizado avance y una actitud revolucionaria. Sin embargo, la correlación es relevante y los posteriores actos revolucionarios de Rivera pueden ser ininteligibles sin el conocimiento de su educación y de su avance social bloqueado. Conscientemente o no, Rivera respondía comprometiéndose asimismo al derrocamiento de la rígida estructura social que lo separaba a él y a aquellos cercanos a él de participar en una vida más perfecta.
En el Primer Congreso Liberal, fue natural para Rivera hacerse amigo de Ricardo Flores Magón y Antonio Díaz Soto y Gama, con quienes había tenido correspondencia o conversaciones previas. Los tres eran entusiastas de las ideas anarquistas e hicieron buen uso de la colección bibliográfica de Arriaga. Rivera, al escribir acerca de la traición de 1912 por parte de los anarquistas europeos al tipo de anarquismo que él y Ricardo Flores Magón proponían, recuerda este periodo de 1900-1901 en los siguientes términos:

Ya en 1900 Ricardo conocía la Conquista del pan y la Filosofía anarquista por Pedro Kropotkin; había leído a Bakunin, las obras de Juan Grave, Enrique Malatesta y Máximo Gorki; conocía también obras de otros autores menos radicales, como León Tolstoi y Vargas Vila; pero era a los primeros a quienes él respetaba como sus maestros y a quienes conservaba especial predilección; y se puede decir que debido a estas consideraciones y a la oportuna intervención de Pedro Kropotkin, se contuvo Ricardo y no atacó rudamente, como lo sabía hacer, a Juan Grave y a Pedro Esteve por sus críticas insidiosas en contra de la Revolución social mexicana, que Ricardo impulsó y se esforzaba en orientar en los precisos momentos que aquellos camaradas se dejaban arrastrar por los radicalismos de Venustiano Carranza, a quien Ricardo atacó sin piedad.


En general, hay un olvido, muy desafortunado, de los innumerables maestros de primaria que, no obstante, callada e incospicuamente desempeñaron papeles vitales en el estallido y desenvolvimiento de la Revolución mexicana. La mayor parte de ellos, como Rivera, fracasaron o quedaron en el anonimato a nivel nacional…




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Gracias dadas por: Santiago Salvador Franch




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