Calificación:
  • 0 voto(s) - 0 Media
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
Contra el "eco-extremismo" a la mecsicana
#1
Si hay algo que atesoro con demasiado cariño son mis etapas precedentes. Por esas etapas mi “Yo” ha discurrido para conformarse hasta lo que soy ahora, sin pena ni gloria marcaron algunos de mis acontecimientos, y con ellos, mi sensibilidad y mis estudios. Y una de esas etapas fue mi “nihilismo”, o más bien, mi pesimismo. Fungió como una defensa en mí contra el estado anímico abrumador de las mayorías, contra su estado risueño aun más perturbador que sus inercias. Aun en el pesar podía percatarme “algo” más puede obtenerse de toda esta mierda a la manera de un abonador. Luego, no tardé en darme cuenta que mi “pesimismo” no determinaba en ninguna manera al mundo, que lo único que ganaba era atiborrarme de bilis –y antes bien, la condición del mundo contra el cual me defendía y reaccionaba determinaba mi estado anímico. Actualmente trato de vivir una vida la cual el mundo no me afecte ni me sorprenda ingratamente: vivo sin esperanza ni desesperanza, y ahora gasto esfuerzos en persistir, en tratar de alcanzar la ecuanimidad de forma pueda convertirme en algo cercano a una piedra sin ser alterado sustancialmente por los asuntos de las mayorías (algo semejante a las enseñanzas del Tao y el budismo Zen se puede obtener y no por ello soy uno de sus emisarios místicos).

Así, pues, conozco “los pasos” que conducen a ciertos abismos, pero también a ciertas luces, y esta vez quisiera referirme a uno de esos abismos, llamado “eco-extremismo a la mexicana” en torno a ITS y RS. Porque conozco los caminos de la regresión, en mis vivencias y en su justo proceso psicodinámico, sé perfectamente que vivir con base al pasado no trae nada bueno, menos aún, buscar alguna pureza en el dichoso pasado. ¡Vivir atávicamente es como revivir un amor sin intenciones de ser correspondido para sumirse en la melancolía del “hubiera”! Que la historia por fin pudiera terminar de derrumbar sus ruinas y sus monumentos, hasta que la propia arqueología sea un oficio de polvo y cenizas –¡eso sí sería en verdad regenerador y saludable! Es enfermizo mantenerse supeditado a un pasado que merece ser destruido y construido por encima de él, pues tiende a reproducirse y estabilizarse en sus errores de manera que estos no sean advertidos tan “tajantemente” durante las fases atravesadas por un proceso cualquiera, aun el histórico. ¡Así son todos los sistemas, desde el humano a los naturales! Hay que desprenderse de todo atavismo y toda reminiscencia histórica que no sea constructiva, revitalizante, y hacerlo con nueva biografía, con nuevos acercamientos, nuevos amigos, nuevos encuentros y aperturas. Nueva forma de habitar y de sentir el mundo.

Y es aquí inmediatamente donde antepongo mis diferencias, guiado por mi kinestesia y mi sensibilidad: 1) el pasado merece ser superado y 2) así también merece ser superado todo estado de aflicción como superar todo estado de exhaltación. Mejor aun, no hace falta ninguna regresión ¡hace falta superar nuestra condición humana! ¡Ir siempre más allá por medio del acontecer, y darle paso a nuestra próxima meta evolutiva! Bajo estas dos sencillas enseñanzas todo el “eco-extremismo” se me derrumba en objetivos muy bien enmascarados de iniciativa mística, pero vacío de contenido operativo. Y digo vacío operativo, porque, en serio, habiendo tantas figuras institucionales y políticas para atentar sólo se enfrascan contra objetivos que decididamente no se encuentren blindados por la vigilancia corporativa y sus alarmas de seguridad. ¡Eso es cobarde! ¡Qué fácil atentar contra la sociedad cuando ya no puede ponerse en guardia, cuando se encuentra disminuida en sus iniciativas! Un asalto a las comisarías y a los cuarteles ¡eso sí sería loable!
En definitiva, muchos son los aspectos del eco-extremismo y su idea de civilización que aborresco; están guiados por los más insalubres valores que ha generado la era occidental. Enfermizo su discurso ¡reivindican como suya esta iniciativa demencial, de abrazar decididamente la mierda! ¿Por qué no lanzarse todos a un pozo y cobrar por esta arenga? ¡Sería más noble un suicidio colectivo en nombre del anti-dios anti-progreso! El signo más visible de toda enfermedad es cuando el enfermo se jacta y se enorgullece de su estado mórbido, complaciente a su estado disminuido en el que no puede, ni quiere, sustituir dicho estado por el máximo bienestar. ¡Y al elevarse a ideología esta condición anímica y mental logra perpetuarse la enfermedad, incubándose en corazones nuevos como si prometiera este virus un estado óptimo de vida, un estado óptimo de resiliencia y de lucha! En resumen, nada sano y sensato puede devenir de abrazar la enfermedad civilizatoria con la que se reacciona ¡haciéndose esto con sus mismos valores de conformismo! Apenas en círculos de adictos, alcohólicos y de matones puede prosperar una ideología así, decayendo alegremente hacia la muerte nuestro feroz beato y creyente en su enfermedad. Pero con Nietzsche yo digo: acompañemos al adicto a la salud ¡o bien hasta su muerte y sin remordimientos!

Pero hay algo que me inquieta más en la monserga eco-extremista y es su aspecto teórico. Es sumamente laxo y débil. Su idea de sistema haría reír a cualquier matemático –¡de la mathesis contemporánea proviene toda la idea de informática y comunicaciones! De manera que, en mi caso, he podido internarme en matemáticas y he podido encontrar cosas maravillosas, sobre todo, de cómo se expresa la naturaleza; desde los conjuntos matemáticos que describen el campo eléctrico y el campo gravitatorio tras las ecuaciones de Maxwell-Heaviside, la cinemática de los flujos acontecidos en un circuito eléctrico, o las matemáticas de Gibbs-Boltzmann-Planck, que describen la entropía y con la cual podemos medir la cantidad de información de un sistema. ¡CON MATEMÁTICAS SE EXPRESA LA NATURALEZA! De buscar mejores referencias a la crítica a la civilización se arreglaría un poco más este aspecto, ya sea acercándose a Nietzsche, o a Elias; incluso, entre un crítico optimista como Marcuse o un cínico depresivo como Cioran persiste el mismo puente civilizatorio por denunciar procesos morales, anímicos y colectivos. ¡Incluso la literatura nihilista rusa podría ser más nutritivo que esta monserga eco-extremista! Incluso ¡podrían llegar al descubrimiento casi “asombroso” que las matemáticas económicas se han mantenido sin modificaciones importantes desde las matemáticas (diferenciales) newtonianas! ¡DE ALLÍ TANTO DETERMINISMO Y TANTO MECANICISMO! ¡O sea que describimos relaciones económicas y sociales de un mundo tal y como se presentaba hace 200 años! Sólo la enseñanza científica lograría compensar esto. Además de grupúsculos ¡también deberían hacer círculos de estudios para dedicarse a resolver exclusivamente ecuaciones diferenciales! Claro, pero con tal de “mantenerse puros” ¡hay que de desconocerlo todo!

Lo que es peor es su idea de “sistema” y “naturaleza”. ¡Tanto la naturaleza es el sistema como el sistema es la naturaleza! Ante la historia natural del mundo somos igualmente productos y creadores, por lo que importa poco cuan “bueno” o “malo” se es con la naturaleza ¡ella tampoco es buena ni mala! Ni es violenta ni es pacífica –¡eso nosotros se lo imputamos de manera muy artificiosa según por los movimientos que la vida en sociedad nos depara! La vida en sociedad precisamente retrae para sí una “imagen de la natura” para volverla también constructo, un mero artificio simbólico ¡y esta es la imagen, una muy borrosa por cierto, que le imputamos a la naturaleza! Por demás, la naturaleza se expresa tanto por sí misma como nosotros lo hacemos por representarla, pero la única diferencia entre nosotros y ella es precisamente el orden de transformaciones. Y también, está por demás decirlo, cuando el “orden de transformaciones” ve atentado su propia continuidad y regularidad, entonces sí podemos hablar de “desajustes”.
Esto quiere decir tanto la historia natural como la historia social produce auténticos “actores” en toda su performatividad para montar su acto y ser a la vez escenario, o como me gusta llamarle, en todo su “fenómeno”. La pregunta es ¿está en verdad el ser humano capacitado para sostenerse como el mayor ser viviente capaz de ayudar a la naturaleza, a través de nuestros artificios, para que ésta se reproduzca? El hecho que la mayoría de los seres humanos mostremos una gran estupidez para comprender lo anterior significa que es la próxima tarea de la civilización como entidad orgánica organizada. De hecho, significa que apenas, en nuestra historia reciente, hemos llegado a un pequeño umbral de conciencia planetaria, un pequeño umbral de conciencia ecológica pero suficiente para reconocer la máxima valía de la vida –que es permanecer ella integrada en la gran y fastuosa evolución cósmica; que va ella en contra de la flecha de tiempo que manifiesta la entropía, y consiguientemente, la vida y los sistemas organizados gastan su energía en reducir la entropía.
De aquí que no me puedo considerar nihilista, ni eco-extremista –por mucho que coincide en la crítica a la civilización; y hasta allí mi coincidencia porque, a diferencia de convertirme en un mero espíritu reaccionando a sus bulliciones yo sí me doy tiempo de enfriarme la cabeza– y tras haber sido guiado por la misma preocupación, aunque con diferente derrotero teórico, no exagero cuando afirmo soy coherente conmigo, no con ustedes, en relación a mis preocupaciones desde mis días universitarios. Kaczynsky francamente es un escolar, para mí, respecto a mis referencias. Para cuando los eco-extremistas conocían a Kaczynsky en los 2006-2007, yo venía de leer a Elias (y viviendo a expensas de la “expropiación”). Y es por ello que soy un “futurista” donde los aspectos políticos y operativos decididamente empantanan la visión a futuro por la inmediatez coyuntural de hacerlo todo a como venga. Lo que es más, estos aspectos decididamente operativos no consideran costes de vida. LA REVOLUCIÓN, EL CAMBIO, O LO QUE SEA POR LO QUE DEMOS LA VIDA POR TRANSFORMAR, NO PUEDE HACERSE A CUALQUIER COSTO PUES ES A CUALQUIER COSTO EL FRACASO DE TODAS LAS REVOLUCIONES Y LA DE SUS INTENTONAS AFINES –de modo que la primera misión, es y será, preservar la vida sin abandonar los frentes y el flanco, si en serio se está en consonancia con la programática de la naturaleza: que la vida siempre se SUPERA A SÍ MISMA.
Por esto mismo desconfío de todas las propuestas vacíos de contenido operativo, pero bien lleno de programática, de recetas y pasos a realizar sumido en la más vergonzosa inmediatez. Eso sólo los convierte en fríos pragmáticos y teóricos de la violencia gratuita, no distinto a los pragmáticos oficiosos y gubernamentales que mantienen sumida en la locura a la población –planificando estadística y racionalmente la violencia. Y peor aun, atentar contra individuos que no sean capaces de defenderse no es mi idea de hacer justicia. Incluso a mi mayor enemigo le prestaría una pistola si no tuviera una con tal de batirse a duelo conmigo. Y que se entienda: no me asusta la sangre ni la muerte, lo que me asusta es tener que convivir con mercenarios y lunáticos que no ven el valor de la sangre derramada como sangre propia, su propia sangre: sangre inútilmente derramada –¡pero obligados por circunstancias más allá de lo que dos organismos, al azar y encontrándose uno al otro a la vuelta de una piedra, pudieran merecerse!




Responder }




Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)