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Bakunin y la Primera Internacional
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[Imagen: fanelli-bakunin.png]

Bakunin y la Primera Internacional

Cosa extraña entre los historiadores de la Internacional (nótese el sarcasmo), generalmente de corte marxista, suele pensarse o confundirse que el propio Marx fue uno de los fundadores de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), mejor conocida como la Primera Internacional. Sin embargo, no fue una sola cabeza la que dio origen y vida a la organización obrera. Suele pensarse que las clases explotadas no cuentan con la capacidad de llevar a cabo una organización de tal magnitud y que forzosamente debe existir un pensamiento intelectualioide detrás de éstos. Pero son las situaciones, las experiencias propias las que llevan a buscar formas organizativas diferentes que permiten la búsqueda de una mejora en la vida tan dura que se presenta ante nuestros ojos.
En este aspecto, fueron los obreros franceses, socialistas proudhonianos quienes comenzaron con esta tarea revolucionaria,[1]desafortunadamente y debido a las condiciones a las que Napoleón III llevó al país galo, el Consejo General de la Internacional no pudo situarse en dicho país. Por lo que el Consejo tuvo que trasladarse a Inglaterra.[2]Marx participó en la creación, pero como lo comentamos, no fue el fundador de la Internacional, “pero también fue el enterrador de esta organización que, al escapársele su control de las manos prefirió desplantarla de su suelo en el Congreso de la Haya en 1872 […]”.[3]
Como ya lo mencionamos, la iniciativa partiría de los trabajadores galos y de los ingleses, sin embargo la misma no sería tan acogida por los propios obreros ingleses como por los franceses, en quienes, durante los primeros congresos, serían la fuerza de la Internacional junto a los suizos. Y sería hasta septiembre de 1866 que se llevaría a cabo el Primer Congreso. De entre los puntos que podemos resaltar en el orden del día podemos encontrar: Reducción de horas de trabajo; el trabajo de las mujeres y los niños, el trabajo cooperativo; la necesidad de extirpar la influencia rusa en Europa (apartado visiblemente influenciado por Marx), así como la afectación de las ideas religiosas en el movimiento social, político e intelectual.[4]Podría ser criticado esta primera labor de la propia Internacional, pero debemos tener en cuenta eso, en su primer congreso era necesario comenzar paso a paso, así mismo la asistencia de delegados fue de 60, predominando los suizos y los franceses con 33 y 17 representantes respectivamente. También hubo delegados de Inglaterra y Alemania en menor medida.
Además de los puntos señalados anteriormente, se suscitaron dos debates de gran importancia durante este primer congreso, el primero se refiere a la adhesión de trabajadores intelectuales a la organización. La idea de los franceses era la de formar una organización puramente obrera, sin intervención de otras clases (intelectuales) que pudiesen permear el trabajo arduo que había costado levantar a la AIT. Pero los intelectuales han representado una clase explotada de igual forma, al estar sujetos a un patrón han de ser identificados como trabajadores u obreros asalariados. Han sido sus aspiraciones burguesas lo que a lo largo de los años ha llevado a este distanciamiento de las clases obreras y campesinas. Pero la resolución del Primer Congreso fue que los intelectuales podían adherirse, pero no podrían fungir como delegados, esta tarea sería encargada a los trabajadores manuales. Y el segundo debate se debió, no alejado del primero, a que los trabajadores galos pretendían formar una organización netamente obrera basada en federaciones, a su vez formados por sindicatos o sociedades de resistencia, pero conocemos la historia.
Pero tras los devenires y debates en los primeros congresos, los recelos de Marx hacia quienes no coincidían con su pensamiento y actuar se hicieron siempre presentes. Sería en el Tercer Congreso en Bruselas donde haría presencia uno de los grandes promotores de la lucha y organización revolucionaria: “Bakunin aparece en ese congreso rodeado de una aureola de gigante. Su figura llegó a ofuscar a la del gran Garibaldi y su discurso, desgraciadamente perdido por la posteridad porque los taquígrafos no lograron seguirlo en su rápido francés, fue uno de los más aplaudidos”.[5]En ese mismo año, Bakunin llegaba a Ginebra para radicar en aquel lugar, adhiriéndose en aquella sección, pues había salido de la Liga de la Paz y de la Justicia.
Para mala fortuna del propio Marx, quien desde los primeros congresos se propuso como objetivo derrotar a los proudhonianos franceses, estos serían vencidos en este Tercer Congreso, pero esta tarea no sería llevada a cabo por los autoritarios, sino por las ideas colectivistas que ya se venían exponiendo en oposición al cooperativismo.[6]Este periodo sería bastante agitado en diversas situaciones, en Francia, la Asociación sería disuelta en dos ocasiones, en la que abría detenidos y pagos de multas, la represión contra las organizaciones obreras eran el pan de cada día en el país galo. Es en este periodo en que Bakunin comienza su trabajo en España, enviando Giuseppe Fanelli, amigo íntimo de este primero y en donde comenzaría a organizar a los trabajadores en la Alianza Internacional de la Democracia Socialista para difundir las ideas colectivistas.[7]
Las ideas del ruso retroalimentaron las discusiones dentro de la Internacional, como fue el caso del derecho de herencia de la propiedad o la necesidad de la colectivización. Referente a las propiedades de minas, cuencas, ferrocarriles y la propiedad agrícola y en las que concluyen y son influenciadas las ideas bakuninistas, las canteras y cuencas, los ferrocarriles, así como las tierras agrícolas pertenecerían a las sociedades y no a los capitalistas, sumándose a estos los caminos, los canales y las redes telegráficas como resolutivos del Congreso. Se condenó la propiedad individual y los delegados argüían la entrada de temáticas de vital importancia a la AIT.
Mientras tanto, Fanelli permitía que se fundaran secciones obreras en Madrid y en Barcelona dando no solo un empuje considerable a la Alianza, sino a la propia Internacional. En la Suiza francesa se formó la Federación Romanda, unión de varias secciones y que crearían el periódico L’Egalité en el que el propio Bakunin tendría gran participación con la idea de desenmascarar a los falsos socialistas, ganando de esta forma la simpatía y amistad de los trabajadores de la región del Jura.[8]Además de esta sección, las de Francia, Bélgica e Italia comenzaron a marchar junto a las ideas colectivistas, lo que comenzó a dar fuerza a los antiautoritarios y que permitía prever el triunfo se estas ideas en el siguiente congreso.
En el año de 1869, año del IV Congreso fue de un distanciamiento más serio entre los grupos autoritarios y antiautoritarios en el seno de la Internacional. Marx, al conocer la existencia de la Alianza, desde el Consejo General busca la disolución de ésta so pretexto de que no podía existir una organización dentro de la AIT, pues esta misma era una asociación ya internacional.[9]Aunque el alemán pretendía restar fuerza a los libertarios, pues Bakunin acepta las ideas del Consejo y por medio de una consulta a los adherentes a la Alianza, se decide disolver, sin embargo el congreso celebrado en Basilea, sería de una mayoría predominantemente colectivista, asestando una derrota más al ala autoritaria dirigida por Marx. Farga Pellicer y el doctor Santiñon serían delegados españoles en este congreso. Este año sería fructífero para la propia Internacional pues contaba con más de un millón de afiliados mientras que el propio Bakunin tuvo una extensa actividad literaria participando en la L’Egalité, como ya mencionamos y el Progrés, órgano editorial de James Guillaume.
Las disputas y las intrigas de Marx y Engels, así como sus triquiñuelas para restarle simpatía entre las organizaciones son de orden público. Sabemos que el alemán prefería ver muerta a la Internacional antes de que terminara encabezada por los libertarios, específicamente por Bakunin. La guerra franco-prusiana en 1870 fue el punto culminante de la escisión en la AIT pues “Marx pensó que el triunfo prusiano favorecía los intereses de la clase obrera alemana, a la que consideraba vanguardia teórica del movimiento proletario europeo, mientras que Bakunin rechazaba la expansión germánica, nefasta para la liberación de los pueblos”.[10]Durante este año y por las condiciones de guerra, no fue posible llevar a cabo el congreso, pero la misma guerra y la derrota de la Comuna de París permitió abrir aún más la brecha entre autoritarios y libertarios. Los alemanes consideraron prudente la centralización de la AIT dirigida desde el propio Consejo General, mientras que la Federación Jurasiana optó por una coordinación de federaciones. Bakunin salió de Ginebra y se dirigió a Italia en donde llevaría un trabajo propagandístico aminorando el sentimiento nacionalista que había generado Mazzini y fortaleciendo el empuje de la Internacional.
Ya para 1871, se llevaría a cabo una Conferencia en Londres, en donde las ideas de Marx y Engels saldrían avantes debido a las calumnias de los alemanes, acusando estos a Bakunin de ser el provocador de la escisión en la Internacional. Las disputas arreciaron entre las dos alas.[11]La moneda estaba echada al aire y el Congreso de La Haya en 1872 sería un año capital para la Internacional y los objetivos tanto de antiautoritarios como de libertarios…
 
 
Bibliografía
Bakunin, Mijaíl, Tácticas revolucionarias, introducción de James Guillaume, Buenos Aires, Libros de Anarres, 2013.
Cappelletti, Ángel, Bakunin y el socialismo libertario, México, Editorial Minerva, 1987.
García, Víctor, La Internacional Obrera, México, Ediciones La Voz de la Anarquía, 2016.
Nettlau, Max, Miguel Bakunin, la Internacional y la Alianza en España. 1868-1873, Madrid, La Piqueta, 3ª ed., 1977.
Nettlau, Max, La anarquía a través de los tiempos, Madrid, Júcar, 1977.
Paniagua, Javier, Breve historia del anarquismo, México, Tombooktu, 2012.
 
 
 


[1]No olvidemos que la idea de crear una organización internacional que cobijara a los trabajadores partió, en 1843, de la anarquista Flora Tristán.
[2]García, Internacional, 2016.
[3]Ibid., p. 26.
[4]Ibid.
[5]Ibid., p. 51.
[6]Guillaume en Bakunin, Tácticas, 2013.
[7]Para mayor información vid. Max Nettlau, Miguel Bakunin y la Alianza en España 1868-1873, 1977.
[8]Guillaume en Bakunin, Tácticas, 2013.
[9]Ibid.; García, Internacional, 2016 y Paniagua, Breve, 2012.
[10]Paniagua, Breve, 2012, p. 46.
[11]para mayor información sobre estos debates, vid. Anselmo Lorenzo, El proletariado militante.




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Gracias dadas por: Santiago Salvador Franch




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