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Apuntes sobre economía y episteme. Graeber y el mito de la riqueza nacional
#1
(última corrección febrero 2016) Dejo esto por aquí. Tiene algunas añadiduras menores y más correcciones:

Hasta donde llega mi pobre entendimiento sobre matemáticas, cualquier conjunto de proposiciones necesita verificaciones. Así, la correspondencia del álgebra y aritmética se encuentra en las comprobaciones de la geometría, y la geometría halla su comprobación en el álgebra (en un análisis más a fondo, estos son los “contextos del contexto” y se sospecha que un contexto mayor al reconocimiento de formas y relaciones se encuentre profundamente localizado en el sistema nervioso a través de “invariancias”, según von Foerster). Del mismo modo, la lógica halla su verificación en las matemáticas. Precisamente, en esta última se definen mucho mejor los valores cuantitativos del número y la cantidad, respecto valores cualitativos, vale decir, subjetivos, como “ángulo”, “spin” o relación espacial.

En cambio, en ciencias sociales se tiene más dilucidados los aspectos cuantitativos, y muy pobremente los subjetivos. En economía, que es lo me apura en este texto hacer mención, se dispuso de un rudimentario lenguaje, también para su lenguaje matemático (¡en sociología se utiliza la mecánica estadística y sus promedios como lo usara Laplace o Maxwell, es más, Laplace va más allá al establecer el cálculo vectorial que en sociología estadística se omite y esto podría definir “intensidades” entre relaciones aparentemente inconexas!) que poco a poco ha ido evolucionando a formas más grotescas, no pensemos ya en la deconstrucción totémica de “mercado” a través del dios Mercurio, el cual, ni la oferta ni la demanda hacen posible definir un mercado como al verdadero conjunto de especuladores que modifican el valor con su intervención o su sola observación. De hecho, el conjunto de observaciones serían, necesariamente, las anisotropías advertidas antes las diferencias de observación suscitadas para determinar el valor. Pero antes de poder adentrarnos en anisotropías, en concreto, aun la economía se encuentra definiendo las correspondencias entre valores cuantitativos y valores cualitativos. En matemáticas a tales “correspondencias” se les llama dominio y forman parte de algo llamado función, cuya dimensión geométrica lleva el nombre de vector.

Epistemológicamente, se halla estancada en el tiempo de las inestimables aportaciones de Euler y la estadística de Laplace desentrañando las correspondencias entre lo cualitativo y lo cuantitativo. Para hacerla “manejable”, es decir, operativo, se dispone de material historiográfico o sociológico para volver procedimental y sustancial su propio método cuantitativo. Hasta aquí muy bien.

Sin embargo, cuando dimensionamos ese material histórico y sociológico también se encuentran limitados a su operatividad y demostración/verificación empírica (un doble vínculo, de hecho). Piénsese los valores escalares que miden la distribución periódica de “x” cantidad. En física estas relaciones cobran la forma de “desintegración radiactiva”, en biología celular cobra la forma del crecimiento exponencial de bacterias. Son formas exponenciales en su forma general. Pero en economía toma la forma de “Ley de Malthus” a la distribución entre recurso y población, un vector periódico y otro vector geométrico, y tal cual, se reducen a través de otras escuelas economistas a través del nombre “Ley de oferta y la demanda” por medio de ecuaciones integrales para “reducirlas” a sus expresiones generales y de las cuales pueden obtenerse derivadas, es decir, observar cambios en su distribución a partir de interválos.

En otras áreas estas características se conoce como isomorfismo, a estas transformaciones entre derivadas e integrales, y estas son cosas que denuncian las relaciones esenciales entre distribuciones matemáticas que representan una dinámica, ya sea de índole biológica, química, física, social, etc. Asimismo, el isomorfismo puede denunciar cuantas “variables” puede aceptar; y en contrapartida, un homomorfismo habla del mecanismo de restricción para esas variables aceptadas, pero este es otro detalle. Lo único que quiere decir todo lo anterior es que “ley de oferta y demanda” no es más que un corriente vector y no una ley general como se pretende. Leyes generales son las leyes de Newton, los campos electromagnéticos de Maxwell, la cantidad de entropía entre sistemas dinámicos de Gibbs-Plank ¡pero no un vector simple y cualquiera!

De modo que la economía ha caracterizado, como en este caso, apenas un límite entre las múltiples relaciones del mundo y tiene la arrogancia de llamarle “leyes económicas”. Estas discrepancias entre método y objetividad tras el registro de casos particulares son tratados por generales, del mismo modo se incurre en la falacia lógica de decir “todo islamista es un terrorista”, son, muy a menudo, más casos de un simple error de tipificación lógica que saña (exceptuando la escuela austríaca, esos son mañosos, mal librada tras su debate con la escuela hermenéutica antes de finalizar el s. XIX).

Adentrarse en esta problemática conlleva a considerar el PIB como medida de riqueza cuando otras escuelas consideran el salario. Aun la corrección socialista hecha al salario, tiene que llegar necesariamente hasta las contradicciones mismas sujetas a la consideración del “valor”, ya sea como linealidades excecpcionalmente regulares (mecánica), o bien, fluctuaciones cuya mayor indagación es en términos probabilísticos (dinámica). Pero curiosamente estos procesos oscilatorios apenas están siendo entendidos en su forma geométrica y algebraica, conllevando muchísimos riesgos al momento de “situarse” en la reconstrucción ideológica de x planteamiento político (¡Weber!). No en balde, alguien como Wiener recomienda no utilizar estas matemáticas “oscilatorias” considerando las contradicciones contenidas de antemano en el valor dada la imposibilidad de sostener un medio “estable” para valores terminantemente variables y cambiantes. Asumiendo uno solo de estos riesgos, por mi parte, creo que es posible determinar racionalmente el valor de uso, más no el valor de cambio. Porque el valor de cambio rige, de cierta manera dicha, los procesos especulativos a través del dinero o del crédito dentro de las sociedades acreedoras mencionadas por Graeber, hace falta esta reconstrucción para dar visos sobre ello.

Estas son contradicciones metodológicas, y ya veremos algunas de sus consecuencias en el análisis y en la incursión netamente experimental de lo social. Pues bien, discurriremos en un desarrollo diferente a Graeber, pero en definitiva complementaria al confluir con algunas de sus premisas y conclusiones.

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Graeber considera el crédito una forma de deuda, y lo más alarmante, considera el crédito “un pago” dentro de la dinámica histórica al realizar esta suerte de génesis del dinero y la deuda. Si me atrevo a un resumen, se trata de una genealogía que esclarece hasta cierto punto la contradicción de como la propia deuda invertida genera irracionalmente algún valor. Hasta aquí todo muy bien. La inversión de la genealogía resulta, al menos, plausible ante el dato histórico. Pero también podemos desarrollar de forma distinta estas premisas, confrontando estos resultados con los análisis de Graeber. Reconstruyamos un probable debate anticipado, susceptible de desarrollarse:

Al meollo: ¿qué es el crédito? Una forma de inversión que no determina en modo alguno todo el resto de inversiones. Muy bien. Pero su característica es precisamente contar con la disparidad en la ganancia de manera que el acreedor disponga de mayor VALOR que el deudor. O sea, el acreedor posee una inversión previa, y es él realmente el “objeto inversor” en la medida que se disponga aumentar sus ganancias. ¿Bajo qué garantías? Bajo la prerrogativa de la propiedad y la conquista. Como sabemos, con el nacimiento de las sociedades que cobran, indefectiblemente nace además la sociedad desposeída cuyo pago está incapacitado siempre a rendir por debajo de su valor (¡la verdadera sorpresa consistiría que el deudor en todo momento pagara por arriba de su rendimiento!) ¿Cómo actúa esto? Le llama Graeber “sistemas complejos”, de manera mucho más oscura que sus divulgadores sistémicos. De hecho, una sola mención hace a la palabra “mecanismo” en su entrevista “Qué es la deuda? aunque jamás lo esclarezca y lo deje a la divinidad de lo “complejo”.

Pues bien, la característica que le está faltando a lo que es propiamente al cobro y fiscalización del dinero, no es otra cosa que el desarrollo de eso llamado hacienda y tributación. Si la aparición de la banca tuvo una aparición más o menos tardía allá en Italia durante el Renacimiento, eso se debió al lento desarrollo del régimen fiscal. De hecho, hay un salto bien extraño entre Mesopotamia a la aparición del FMI en la citada entrevista a Graber y en sus textos. Pero, precisamente, sin este régimen fiscal es imposible poder hablar de comercio internacional, derecho internacional y de su historia; y cómo es que el régimen crediticio nunca desaparece en realidad, como sostiene Graeber, más bien se mantiene el régimen crediticio por la aparición de la iglesia en su forma tributariaen lo que el estado secular se desarrollaba en el seno de una sociedad aun conservadora. ¿De qué forma entender los terratenientes, que permanecieron históricamente inmodificables tras siglos de dominio eclesiástico? El terrateniente o el monarca “prestaban” su tierra y eso era la idea de rentabilidad (y de crédito): aquello que las tierras y su gente en su forma cotidiana podían producir en determinado tiempo, susceptibles de ser registradas por el actuario. Es más, la figura histórica del actuario también permanece inalterable como la del terrateniente desde su aparición romana ¿Cómo entender el largo proceso de la Reforma Luterana y la decadencia borbona sin la necesidad de eso que llama el estado secular DESAMORTIZACIONES?

Es en la recuperación histórica del triste trascurso del régimen fiscal y tributario, apostólico-romano, donde comenzamos a desentrañar los mecanismos de expansión del comercio internacional, constituido éste para mantener los regímenes acreedores y deudores. Tal es el “mecanismo” de esos “sistemas complejos”: el comercio internacional y su jurisdicción. Si su mecanismo es el comercio internacional, su reconstrucción la podemos hallar también en su contrapartida, en la crítia histórica del derecho comercial. ¿Qué particularidad hay en la relación comercio internacional y derecho mercantil?

Que el derecho mercantil se encuentra en la jurisdicción de lo privado, para “fortuna” del buen especulador mientras que el comercio internacional se operativiza en su forma jurídica-constitucional –¡con esto juegan a crear “mercado” y “estados”! Se protege, en suma, la fiscalización y el crédito en el régimen de propiedad privada. Quién redacta estas líneas, hasta el momento, se declara neófito en materia de “comercio” y “derecho”, pero es bastante lógico y plausible resarcir la ausencia de un análisis “complejo” partiendo de los suministros histórico-sociológicos tras estos dos ámbitos de la tecnocracia liberal. Pero, justamente, hay más que sospecha que, tras esta infame confluencia bipartita se encuentra el desarrollo social de conceptos como “empréstito” y “rédito”, no como forma de inversión, sino como una forma más disminuida llamado interés sujetos a las tasas inflacionarias.

Háyanse en esta confluencia al “nacionalismo” a partir del régimen constitucional de un régimen tributario, y del otro lado, la propiedad privada consagrada en el derecho mercantil por los cuales se sostienen la relaciones comerciales.

La aparición del banco, más o menos allá por la Italia renacentista, comparativamente hablando, sería no sólo la materialización institucional, es además la mediación entre recaudadores y los modificadores al valor. El banco, en efecto, es el mayor patrimonio inversor de un corriente grupo de cobradores al servicio de otro buen postor, no en evolución diacrónica al crédito como hace suponer Graeber, sino convergente, sincrónico a este y al valor.

Continuando fuera del análisis institucional y material, tenemos este otro desenvolvimiento fenomenológico que resulta de la apreciación del valor. Pero Graeber cae en este gravísimo error, siguiendo el 3er. capítulo En deuda. Una historia alternativa de la economía, y cito: “los economistas han desechado otros elementos de la riqueza de las naciones: por ejemplo, la teoría del valor-trabajo y su desaprobación de las sociedades anónimas” ¡no en otra cosa, en incorporar la teoría del valor-trabajo ha versado la escuela neoclásica durante todo el siglo XX! ¿Es que no hubo esta recuperación contemporánea por parte de Graeber? La teoría del valor trabajo no es otra cosa que los análisis materialistas de la producción modificados a ciertos regímenes laborales, ora introducidos por el keynesianismo dentro de las leyes de oferta y la demanda, ora iniciados por Engels en su fábrica. De esta manera, la extracción del plusvalor ya no se limita en el trabajo ¡sino extrayendo el valor del salario por medio del consumo! Tan fácil entender lo anterior como que una fábrica recupera sus pérdidas si esta dispone un mercado interno de compra y venta para costear sus insumos.

Tanto a Smith como Proudhon en alguna parte se sinceraron al respecto, sobre la imposibilidad de dar con una forma exacta del valor, dads sus continuas oscilaciones. En cambio, Marx, la escuela neoclásica y austríaca creyeron haber dado con el santo grial al determinar algunos de sus movimientos en las fases de producción y rentabilidad. Lo que es más, podemos hacer una síntesis de ambas posiciones económicas con ayuda de mates contemporáneas: sí, es posible; y no, no es deseable la absoluta determinación del valor, refiriéndome especialmente para el caso del valor de cambio. Algo semejante ocurre con el movimiento browniano en su más pura forma intuitiva de entender el fenómeno; pero al tratar de obtener mayor certeza sobre las oscilaciones o “devenires” de una partícula se torna inmanejable el conjunto de datos, por lo que es conveniente introducir ciertos sesgos muy bien discriminados.

De aquí antepongo eliminar, ya sea toda forma especulativa crediticia, de interés y de monopolio (particular) o bien, toda forma de valor de cambio como lo es su forma general.

Como sea, tenemos al valor entre la mediación acreedor y deudor, configurando, por un lado, la indeterminación del desposeído por cuya nulificación se elevan las expectativas sobre la necesidad –como bien puede ser nulo el hecho de “poseer toda la riqueza espiritual del mundo”–; o bien, la parte más determinante, la prerrogativas de quien dispone para sus efectos del valor. Describir estos aspectos, a no dudarlo, es entender y llegar a incidir sobre algunos aspectos claves del desenvolvimiento económico de las fases de producción e intercambio, para su eventual corrección. Empero, no creo conveniente ni necesario la sistematización de las herramientas científicas y matemáticas como para crear algo semejante a una “teoría general de valor”. El valor de uso determina la regularidad con que se deprecia o se mantiene su apreciación mientras que el valor de cambio no es más que la indeterminación de las variables imposibles de homologar, acaso, por medio de meras aproximaciones. Pero me cuestiones si en una sociedad anarquistas y/o comunista el valor de cambio tenga, en verdad, algún valor más allá de su cuantificación material.

En resumen, crédito y deuda nace de la par del régimen tributario y de fiscalización permitido por la evolución del derecho y el comercio hasta secularizar sus propias funciones. Pero a fin de preservar el valor de la riqueza en el PIB (derechas) o en el salario (izquierdas) el “sistema complejo” en Graeber no es otra cosa que el desarrollo de las instituciones financieras bien conmensuradas al origen y evolución de los mecanismos hacendarios (fiscales) incapaces de atentar contra su propio régimen especulativo.

Esto es, la “nacionalización de banco” en su régimen hacendario o “suspensión de la deuda” en su forma crediticia, son letra muerta por quienes anticipan las reglas del juego modificando a su antojo las prerrogativas del valor. Basta que un accionista o multinacional se declare en bancarrota a fin de recuperar el valor aproximado de sus empréstitos ¡ay, a esto juegan esos pusilánimes gobernantes de Grecia, abaratando literalmente su país! ¿Cómo? ¡Recaudando para hacienda y cobrando servicios públicos precisamente desde el valor de cambio de la explotación y en el consumo (teoría del trabajo-valor).

Pues ¿en qué podemos rastrear los dichosos créditos tan adorables por Graeber? En el mercado inmobiliario, en la adquisición o enganche para un auto, casa y línea blanca, principalmente ¡precisamente los productos por los cuales se tiene bien medida la tasa de interés a fin que tanto el precio y el coste se mantengan depreciados! Donde Graeber ve “riqueza” en verdad no es otra cosa que depreciación. Hay suficiente motivo para sospechar que en realidad el valor constante de la deuda no es la inversión mucho menos el interés, es la depreciación, y esto podría representarse geométricamente, no en forma escalar como hace la oferta y demanda, sino en un espacio Hilbert, a manera de cómo se infla una burbuja en la medida que su obsolescencia se incrementa producto de su propia depreciación.

Tras toda esa verborrea materialista se encuentra inmersa todas estas contradicciones: ¡porque su lenguaje, aun el matemático, aguarda por ser deconstruido!

_________________________________________________

Por último es conveniente una aclaración, a manera de epílogo. Falta matematizar y operativizar las proposiciones aquí vertidas, del mismo modo la escuela austríaca o el mismo Graeber han evitado usar matemáticas, quien sabe por qué razón. Por mi parte, debo confesar aun me encuentro en la recuperación matemática del paso de la mecánica a la dinámica en cuanto su reconstrucción contemporánea (pero estoy en el camino, y no me equivoco en decir que, buena parte de estas matemáticas, nace con la teoría de campos de Maxwell-Heaviside y las operaciones exclusivamente geométrica entre formas, ángulos y figuras de Klein y HIlbert, de hecho, son invariantes y transformaciones semejantes a las matemáticas relativistas). Pero espero solventar craso error en el futuro, a fin de lograr una mayor contundencia, y elegancia, hay que decirlo, a las proposiciones sostenidas aquí. Por supuesto, no pienso en un tratado, sólo pienso en la coherencia metodológica no del todo constituida en este y solamente para este texto, para sostener y hacer posible el paso de las matemáticas decimonónicas a las contemporáneas, que arrojan luces mucho mejor estas últimas sobre los aspectos mencionados al inicio, sobre qué es lo cualitativo y lo cuantitativo, anisotropías y demás, por los cuales se operativiza racionalmente el valor.

Advertido lo anterior, la literatura en materia historiográfica y sociológica es abundante, más aun, en relación a la documentación jurídica y comercial por los cuales la constitución nacional y la propiedad privada han evolucionado respectivamente en derecho mercantil y comercio internacional. Bastaría incluir esta documentación a la formulación de las variables geométricas y algebraicas. Si falta aun describrir las contradicciones del trabajo es porque su mecánica institucional (jurídica y comercial) oculta las modificaciones al valor que dicha institucionalidad imprime en la forma de interés o de crédito, para depreciar las contribucionbes del trabajo.

Posiblemente a nivel local la diferencia no sea tan notable, acerca de la depreciación en el trabajo y en los objetos de uso corriente; pero en aspectos macroeconómicos determinan el valor de los ingresos entre países y la propia rentabilidad del salario para imprimer arbitrariamente un tope a su distribución. Si precisamente no existe un salario fijo internacional PARA TODOS LOS PAÍSES es porque el régimen fiscal necesario atomiza las relaciones productivas entre naciones en sus respectivas constituciones. Esto significa que el valor del trabajo, lo que sea que esto fuera dentro y sólo dentro del capitalismo (sea por el oficio, tiempo, esfuerzo o utilidad) jamás podrá alcanzar un valor exacto que pueda alcanzar el monto de su realización. Dicho de otro modo, tanto las formas de pago (inversión, dinero, trueque, papel-moneda, etc) tendrían que disponer de un monto ABSOLUTO capaz de pagar por encima de su propio costo, de manera que “una verde” pueda pagar todas las “rojas” (sea lo que fueran las “verdes” y las “rojas”). Lo único semejante, las únicas relaciones que las pueden, curiosamente, son las relaciones humanas más “humanas” en las cuales la deuda o el préstamo entre amigos, no pocas veces, quedan saldados con mucho menos de lo que se había convenido, si no es que olvidado.

Sin embargo, aun asumiendo esta deficiencia sobre la matematización necesaria para representar todo lo anterior, no significa que la recuperación colectiva del desarrollo epistémico en las matemáticas debiera detenerse. Precisamente, la reconstrucción tanto matemática como epistemológica es indagar acerca de los avances científicos por los cuales una sociedad ha dispuesto sus adelantos y modificaciones a su forma de pensar y de vivir, que no es poca cosa el hecho de desentrañar los mecanismos del cambio entre paradigmas, revoluciones sociales y científicas.

Tarea pendiente y asumida.




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#2
Gracias compa.
A leerlo.





Firma de Santiago Salvador Franch [Imagen: tumblr_nh0lt6xr8X1tf767po1_500.gif]

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Gracias dadas por:
#3
esta super bueno




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Gracias dadas por: Santiago Salvador Franch


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